Escocia (scotland). Historia Antigua y Medieval. HIST.
Categoria:
Historia
En el a. 84 se puede decir que comienza la historia de E. En esta fecha el general romano Julio Agrícola, después de vencer a los caledonios, ocupó el país de los pictos, que pronto habría de denominarse E., situado en la parte norte de Gran Bretaña. Pictos y caledonios, pueblos de origen céltico, se agrupaban en tribus Y eran gobernados por caudillos. Pese a sus continuos intentos, la dominación romana nunca fue total ni duradera, pues sólo se extendió de manera parcial y tropezó con la oposición de los aborígenes, celosos de su independencia, que fueron difícilmente contenidos. Adriano levantó la muralla de su nombre para detener las correrías de pictos y caledonios y, aun afianzada por Antonino Pío, acabó siendo destruida. Septimio Severo consiguió algunos éxitos, pero efímeros y, en tiempos de Teodosio el Grande, ciertas victorias permitieron a éste la creación de la provincia de Valentia.Los orígenes. Hacia el 410 terminó la acción de los romanos en E. El país quedó en una confusa situación, determinada por los asentamientos que desde el s. III habían efectuado en el territorio los escotos, que se situaron en el oeste (Argyll); los anglos (v.), en el este (Lowlands) y los britanos, en el sudoeste (Alclyde). Todos ellos, fusionados con los pictos del norte y los caledonios, dieron lugar a la formación de E., que surgió como un conglomerado de pequeños reinos: Pictlandia, Dalriada, Strathclyde y Bernicia. Paralelamente a la estabilización de estos pueblos, penetró el cristianismo, consolidado hacia el s. VI, gracias a la labor de los misioneros nativos y a los monjes irlandeses del monasterio de San Columbano, establecidos en lona. La Iglesia escocesa se organizó monásticamente, según costumbre de los países célticos, y, tras la expansión del feudalismo, encajó en el patrón tradicional medieval, dependiendo directamente del Papado.A finales del s. VIII, E. fue devastada por las invasiones escandinavas que, después de varios años de saqueo continuo, dejaron como única huella colonizadora algunas poblaciones en el norte y noroeste. La penetración de estas gentes no logró sino acelerar la toma de conciencia de los escotos, y, así, la primera etapa hacia la unidad se dio con la fusión de escotos y pictos, bajo la autoridad de Kenneth Mac Alpin (840), rey de los escotos de Dalriada. De ahí derivó la nomenclatura Scotland (tierras de escotos) que hasta hoy han perdurado.La consolidación escocesa. La unidad escocesa se mantuvo ya inalterable a pesar de las continuas luchas dinásticas, debidas al carácter electivo de la corona, entre las familias de los escotos y la de los Addh, que se alternaban en la sucesión. Semejantes disputas ocasionaron una indudable debilidad interior y originaron la primera prestación de vasallaje a los reyes ingleses (924), circunstancias ambas que desde entonces presidieron la historia de E.Malcolm II estableció la frontera con Inglaterra en el río Tweed (1018) y Malcolm III contrajo matrimonio con la princesa sajona S. Margarita (v.), bajo cuya influencia y la de su hijo la lengua y las costumbres sajonas se extendieron por las tierras bajas, mientras el celta mantenía su primacía en las montañas. Esto explica la intervención de Eduardo el Confesor (v.), de Inglaterra, apoyando a Malcolm III, quien también hubo de hacer frente a los normandos que, tras varias escaramuzas, se conformaron con rendir vasallaje al rey escocés, a cambio de algunos asentamientos en las costas. Al morir Malcolm III (1093) volvió a estallar la guerra civil, a la que puso fin su hijo Edgardo, que reagrupó las fuerzas del reino (1097). Desde este momento, el poderío de E. fue en aumento, extendiendo su dominio hacia el sudeste (Lothians) y posteriormente hacia el sudoeste (Strathclyde). Alcanzó su punto culminante, tras una serie de breves reinados, con David I (1124-53), auténtico forjador de la independencia nacional y organizador de un Estado, donde los antiguos jefes provinciales y las jerarquías eclesiásticas se convirtieron en colaboradores del monarca, siguiendo en todo ello las formas del feudalismo anglonormando. David sostuvo varias guerras con los ingleses por la posesión de Northumberland y, pese a sufrir la derrota de Standard, pudo conservar parte de sus conquistas en esta región.Las intromisiones inglesas. La falta de continuidad sucesoria en el trono de E. a la muerte de David I trajo consigo trascendentales problemas, ya que permitió que los ingleses llevaran a cabo, a partir del s. XIII, continuas tentativas para dominar el país e imponerle de nuevo un vasallaje efectivo. Así, bajo Alejandro II, E. perdió Northumberland, aunque poco más tarde pasaron a depender de este reino las Hébridas y la isla de Man. La crisis se acentuó cuando Eduardo I de Inglaterra (v.) aprovechó su arbitraje en el pleito sucesorio escocés, entre las dinastías de los Balliol y los Bruce, para reconocer como rey de E. a Juan de Balliol (1292), a cambio de que éste le prestase vasallaje. El Consejo de E. (asamblea o especie de Dieta, en la que tenían asiento los nobles feudales y los representantes de algunas ciudades) no quiso tolerar esta situación y obligó a Juan de Balliol a firmar una alianza con Francia (1297), a la sazón en guerra con Inglaterra, lo que supuso una ruptura total con Eduardo I. Este, declaradas las hostilidades, derrotó a los escoceses en Dumbar y Berwick y sometió a E., deponiendo a Juan de Balliol.Contra el dominio inglés estalló una sublevación popular que acaudilló Guillermo Wallace, auténtico héroe nacional, quien, apoyado por el noble Roberto Bruce, consiguió sobre Eduardo I la victoria de Stirling (1297) y, con ella, la conquista de Dundee y Edimburgo. Pero una nueva ofensiva de Eduardo I destrozó la resistencia escocesa. Wallace fue vencido y enviado a Inglaterra, donde sería juzgado, condenado a muerte y decapitado. No obstante, el espíritu de independencia escocés halló en Bruce otro caudillo, que obtuvo sobre Eduardo II la gran victoria de Bannokburw (1314), culminada por el tratado de Northampton (1328), por el que Inglaterra reconocía la independencia de E. Un año antes, y para sentenciar la paz, se reunió en Cambuskonneth el primer Parlamento escocés.La defensa de la independencia. Pese al esfuerzo desarrollado hasta el momento en pro de su soberanía, la minoría de edad de David II Bruce fue aprovechada por Eduardo III de Inglaterra (v.) para imponer en el trono escocés a Eduardo de Balliol (1332), lo que obligó a huir a Francia a David II. Mas también ahora las acciones nacionalistas, dirigidas por Murray y Douglas, unidas al comienzo de la guerra de los Cien Años (v.), que paralizó las energías de Inglaterra, obstaculizaron la influencia de los ingleses. Éstos se vieron en la necesidad de retirarse del país (1338); gracias a ello, David II pudo regresar a E., siendo reconocido tanto por Francia como por Inglaterra.El sucesor de David II fue Roberto II (1371-90), el primer Estuardo (v.) que gobernó en E. y cabeza de una DINASTÍA que vio declinar las ambiciones de la monarquía inglesa, que entonces padecía una crisis interna (guerra de las Dos Rosas), apoyándose en el robustecimiento de sus lazos con Francia. Pero no tuvo el mismo éxito interiormente, ya que las apetencias de la aristocracia feudal escocesa provocaron en el s. XV un nuevo estado de guerra civil, en el que Roberto III se vio dominado por el duque de Albany, que secuestró al monarca y se erigió en regente de E., tras la muerte de aquél en el cautiverio. En 1424, Jacobo 1, hijo de Roberto, que había huido a Francia, regresó y restauró la situación, que sería alterada a lo largo de toda la centuria en múltiples ocasiones, debido al gran poder de la nobleza. En medio de tal inestabilidad, el matrimonio (1503) de Jacobo IV con Margarita Tudor, fue antecedente (v. III) de la unión posterior de las coronas de Gran Bretaña. Esto y la crisis religiosa encabezada por Knox abren a E. las puertas de la Edad Moderna.A. BRAOJOS GARRIDO.
BIBL.: W. S. CHURCHILL, Historia de los pueblos de habla inglesa, Barcelona 1959; P. H. BROWN, History of Scotland, Cambridge 1931; J. R. GLOVER, Story ot Scotland, Edimburgo 1960; C. R. MACKENNION, Highlands in History, Edimburgo 1960; R. L. G. RITCHIE, The Normans in Scotland, Edimburgo 1954.
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