Ercilla y Zúñiga, Alonso de
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Biografía GER
Biografía. Poeta y soldado español. Hijo de un jurisconsulto importante y de una dama de la infanta doña María, hermana de Carlos V. N. en Madrid el 7 ag. 1533. Su familia procedía del país vasco, de Bermeo, sitio recordado con orgullo por el autor:"mira a Bermeo, cercado de maleza, cabeza de Vizcaya, y sobre el puerto los anchos muros del solar de Ercilla, solar fundado antes que la villa".La muerte prematura del padre obligó a la viuda a pedir la protección real para la educación de sus hijos.El pequeño Alonso entró a la Corte como paje del príncipe don Felipe, futuro Felipe II. Fue educado por los mejores maestros y alcanzó conocimientos del mundo y de los hombres que revelan luego su obra. Viajó por el centro de Europa y acompañó a su señor a Inglaterra con ocasión del matrimonio de éste con María Tudor. Estando allí resolvió ir a América. Hasta Londres habían llegado dos noticias infaustas del Nuevo Mundo: muerte de Valdivia e insurrección en el Perú. Como virrey del antiguo país de los incas se designó a Andrés Hurtado de Mendoza, noble español que viajó acompañado de su hijo don García. E. también fue de la comitiva. El cargo de gobernador de Chile recayó en Jerónimo de Alderete, quien falleció antes de asumirlo. El nuevo virrey resuelve entonces designar a su hijo gobernador interino. En Lima, Ciudad de los Reyes entonces, muchos valientes jóvenes, E. entre ellos, se aprestaron a acompañar a don García. El viaje se hizo por mar, con una escala en La Serena. Un furioso temporal alcanzó a las naves, que llegaron a la bahía de Penco bastante descalabradas. Inmediatamente después empezó la expedición al S, a través de selvas vírgenes y de belicosos indígenas. E. llegó hasta el seno de Reloncaví, cruzando el "desaguadero" en una nave ligera. Lo recuerda con orgullo: "Aquí llegó, donde otro no ha llegado, don Alonso de Ercilla, que el primero en un pequeño barco deslastrado,con sólo diez pasó el desaguadero...".En marzo de 1559 se inició el camino de regreso hacia el N. A la altura de La Imperial, el autor tuvo una disputa con Juan de Pineda ante el gobernador que no aceptó el desacato y condenó a muerte a ambos contrincantes, pero en el último momento conmutó esta pena por la de destierro. E. recuerda con dolor su obligada partida de Chile, donde estuvo a punto de ser decapitado. Después de una breve estancia en Perú, el viajero tornó a su patria, donde puso término a la obra que empezara a escribir en los mismos lugares de las batallas y otros sucesos.Obra. La Araucana se publicó en tres partes, en 1569, 1578 y 1589; todas ellas dieron gran prestigio al autor, que fue alabado por Cervantes, Quevedo y otros ingenios del Siglo de Oro. Contrajo matrimonio con la acaudalada dama María de Bazán y desempeñó funciones diplomáticas y comerciales de importancia. M. en Madrid a fines de 1594.La Araucana es el gran poema épico de la conquista de América, un monumento literario que honra no sólo a Chile sino a todo el Continente. Se centra en la lucha entre españoles y araucanos (v. I) hasta tal punto que no deja lugar para el amor ni para la relación de otros sucesos distintos a los bélicos. Al menos tal fue la intención del autor quien, sin embargo, con el afán de evitar la monotonía, suele introducir algunos asuntos que lo desvían de su propósito central. Alguna vez, en efecto, nos habla del amor entre algunos indígenas y de hecho relata las batallas de S. Quintín y Lepanto y la invasión de Portugal por tropas castellanas. Estos tres acontecimientos guerreros en que Felipe II obtuvo grandes éxitos están destacados y recordados brillantemente. Ello lleva a pensar en la posibilidad de que la unidad superior del poema está más allá de la guerra misma de Arauco: en el canto a los triunfos militares del gran rey español. No se olvide que éste fue amigo del poeta y que aparece como destinatario de la obra, pero tal hipótesis no empaña en modo alguno la significación de los hechos de Arauco; por el contrario, quedan engrandecidos al integrarse en un quehacer universal.La Araucana nace cuando España alcanzaba el apogeo de su Época de Oro. La lengua había logrado una plenitud después de los escritos de Nebrija y Juan de Valdés y luego de los poemas dulces y brillantes de Garcilaso de la Vega y Fernando de Herrera. Pronto aparecerían las obras cimeras de Lope de Vega, Cervantes, Luis de León, Juan de la Cruz y Quevedo. La influencia italiana, que a principios de siglo había resultado un tanto escandalosa, estaba definitivamente asimilada. Petrarca (v.), Sannazaro (v.) y Ariosto (v.) eran modelos para todos. También para E., quien sigue muy de cerca el Orlando furioso, de este último. El uso de la estrofa octava real, la iniciación de cada uno de los 37 cantos con disquisiciones morales y filosóficas, la traducción casi literal de ciertos pasajes incluso, muestran bien a las claras esta influencia, natural en un hombre culto del Renacimiento (v.) español. E. tiene conciencia de ella y no se avergüenza ni la oculta. El sentimiento idealizado de la naturaleza y la descripción siempre positiva y también ideal de las personas, especialmente de los indígenas, es otra expresión del carácter renacentista de la obra. Añádase que las citas mitológicas, las referencias expresas a Virgilio (v.) y otros autores de la Antigüedad, la pasión por conocer nuevas regiones, etc., conforman absolutamente tal carácter, que hace de La Araucana un caso más de cultivo de la épica (v.) culta.Pero La Araucana aparece también como una obra de, con rasgos primitivos y autóctonos. No todo es imitación en sus páginas. Por el contrario, lo decisivo es un modo personal y creador de recibir la tradición y de renovarla en el marco extraño del Nuevo Mundo. Las guerras que aquí se narran no son como las contadas por Ariosto, aventuras fantásticas que rematan en intervenciones mágicas y sobrenaturales; no predomina un ambiente cortesano ni irónico, sino el severo y veraz del campo de batalla en que los soldados se juegan la vida a diario. No olvidemos que E. experimentó personalmente las vicisitudes de la guerra, sabedor de que era la ocasión de llevar a cabo "temerarias empresas memorables", junto a indígenas de costumbres primitivas, por tierras inexploradas, a través de mares solitarios y desconocidos. En él coexisten el antiguo paje real, culto y a la moda, con el soldado recio y aventurero, expuesto a morir en cada combate. Su obra literaria está influida por ambas realidades. El E. que aparece en las octavas del poema es el Ercilla total: culto y primitivo, europeo y americano, español y chileno. Cuando en él se destaca la valentía del araucano no se está cediendo ante los viejos moldes épicos de Homero y Virgilio, sino que se está admirando algo visto y recordado en forma personal. Esta experiencia americana llevó a E. a centrar su obra en un protagonista colectivo (el pueblo español y el araucano), apartándose de la retórica tradicional.H. MONTES BRUNET.
BIBL.: F. ALEGRÍA, La poesía chilena, México 1954; S. DINAMARCA, Los estudios de Medina sobre Ercilla, Santiago de Chile 1953; R. LATCHAM, Escalpelo, Santiago de Chile 1925; J. T. MEDINA, Historia de la literatura colonial de chile, Santiago de Chile 1878; ÍD, La Araucana de don Alonso de Ercilla y Zúñiga, 5 vol., Santiago de Chile 1916-23 (Textos, Documentos, Vida e Ilustraciones); M. MENÉNDEZ PELAYO, Historia de la poesía hispanoamericana, 2 vol., Madrid 1948; H. MONTES, Estudios sobre La Araucana, Valparaíso 1966; F. PIERCE, La poesía épica del Siglo de Oro, Madrid 1961; E. SOLAR CORREA, Semblanzas literarias de la Colonia, Santiago de Chile 1935; M. A. VEGA, Literatura chilena de la conquista y de la Colonia, Santiago de Chile 1954.
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