Enviado Especial (periodismo) MEDIOS
Categoria:
Medios de Información
Recibe este nombre el periodista a quien su empresa -periódico, emisora o estación de TV- envía a algún lugar, para cubrir la información de cualquier acontecimiento que revista particular interés. Según la importancia o la escena del acontecimiento, se nombra e. e. a un periodista nacional o a otro de internacional. En ocasiones puede ser un redactor genérico el encargado de tal misión, o también un simple corresponsal de prensa, que se desplaza de su habitual residencia, sede de su corresponsalía. Ahora bien, es precisamente la condición usual de redactor volante la que hace del periodista especializado en ello un auténtico e. e.El trabajo del e. e. viene a ser, en los periódicos o revistas que ya tienen destacados corresponsales de prensa fijos, un complemento de éstos. El e. e. es el periodista viajero por antonomasia, aquel que está continuamente entre aviones, barcos, trenes y coches; es el que ofrece una versión más singular de los acontecimientos, no tanto por estar cercano a ellos, como por poseer preparación específica y experiencia profesional en ello. Parte considerable de la importancia de los grandes órganos informativos radica precisamente en disponer de un elevado número de e. e., trabajando unas veces de modo individual, y otras en equipo. El buen e. e. vive en una alerta permanente que condiciona todos sus reflejos hacia el descubrimiento perenne de almas, sucesos y paisajes. Ha de tener una capacidad constante de asombro, y un continuo deseo de ir más allá del tópico o de la verdad comúnmente admitida, riesgo que amenaza en ocasiones al corresponsal de prensa permanente. El e. e. tiene la ventaja de sorprender matices imprevistos de los hechos; por no estar afincado en el lugar desde el cual actúa, puede expresar con mayor libertad juicios que, por los compromisos sociales -cuando no por otras razones de interdicción legal-, le están vedados al periodista residente habitual. Una característica del e. e. es el examen personal de los hechos, y transmitir más impresiones al lector sin mediación ni interferencias. Éste espera siempre, como es lógico, algo más detallado, penetrante y completo que los simples relatos de las agencias de prensa. Toda la fluyente realidad que tiene ante los ojos ha de ser captada por el e. e., y contada con tal arte, que aunque el lector esté a miles de kilómetros de distancia sienta el hecho con la cercanía, la viveza y el realismo casi de quien lo está viendo.Naturalmente, el mejor e. e. ha de poseer todas las dotes del buen periodista: rápida asimilación de la materia a tratar, sentido de la noticia, capacidad de transmitirla íntegra... Tal vez sobresalgan específicamente en su quehacer dos aspectos importantes: primero, facilidad de improvisación para dictar con urgencia, por radio o teléfono, a taquígrafos o magnetófonos, y segundo, una notable capacidad de coordinación de esfuerzos que permita que su trabajo llegue a tiempo al periódico, la emisora o la estación de TV, conociendo no sólo las posibilidades de transmisión desde el lugar en que se encuentre, sino el complejo mecanismo, organización y horarios del órgano receptor. La mejor información del mundo pierde valor, si no se logra que sea recibida oportunamente. Aquí también cuenta la gran diferencia existente entre el corresponsal de prensa y el e. e., ya que mientras el primero tiene tradicionalmnte resuelto casi desde el momento inicial su técnica de transmisión -lugares, días y horas-, el segundo ha de cubrir su perentoria necesidad de transmisión en lugares siempre diferentes, en días imprevistos, y, generalmente en circunstancias poco propicias.JOSÉ ALTABELLA.
BIBL.:J. Y J. THARAUD, Grands reportages, París 1946; J. ALTABELLA, Historia del reporterismo, en el Programa de seminarios y cursos monográficos de la Escuela Oficial de Periodismo, Madrid 1966-1967; E. DELPÈCHE, Souvenirs d’ un reporter. Ce que je n’ai pas dit, París 1947.
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