Ensor, James Sidney
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Biografía GER
Pintor belga de los s. XIX-XX, n. en Ostende el 13 abr. 1860; m. en la misma ciudad el 19 nov. 1949. El britanismo de su nombre propio v compuesto se explica fácilmente al saber que su padre, aunque nacido en Bruselas, era de origen inglés. En cuanto a la madre, netamente flamenca, pertenecía a una familia que poseía una tienda de "recuerdos de Ostende", esto es, conchitas, objetos de nácar y baratijas varias, que se encontrarán con frecuencia en la temática del artista. E. comienza a pintar en 1872, instruido por Michel van Cuyck, pasando luego, de 1877 a 1880, a la Academia de Bruselas, siendo ésta la única ciudad que conoció aparte del Ostende nativo; puede ser que para mostrar su total indiferencia para con los movimientos pictóricos a la sazón beligerantes. En 1881 expone en La Crisálida, amparado por Felicien Rops, y en 1884 participa, en Bruselas, en la colectiva del grupo Les XX, a cuya fundación contribuye. En 1887 pinta Carnaval en la playa, y, en 1888, Entrada de jesús en Bruselas, su obra más disparatadamente famosa, y a la que luego nos referiremos. Sigue una gran actividad de E. como grabador, al aguafuerte y a la punta, seca, más o menos desde 1888 hasta 1899. Y puede asegurarse que aquí concluye su carrera; el medio siglo que aún le queda por vivir lo dedica a composiciones literarias y musicales, sin duda de gran originalidad, pero sobre cuyo gusto sería preferible dejar de pronunciarse. No es tampoco muy depurado el que muestra en sus lienzos, respecto de cuyo temario ha sido lugar común recordar una y otra vez al Bosco y a Brueguel el Viejo, cuando sería más factible establecer un parangón -por supuesto, del todo casual- con el grabador mexicano José Guadalupe Posada. En efecto, ambos artistas usan y abusan de los esqueletos como protagonistas de sus obras; pero, así como Posada traslada un pensamiento popular, los esqueletos de E. se hacen gratuitos por lo reiterados, y por no ir acompañados, que se sepa, de intención o simbolismo alguno. Esqueletos disputándose un arenque. Esqueletos pretendiendo calentarse, Esqueleto examinando objetos chinos, etc. Incluso se conserva el retrato esqueletizado del artista, de 1899, inspirado en una fotografía obtenida doce años antes. Sería muy difícil advertir o tratar de sorprender en tales cuadros un pensamiento superior y capaz de superar la superficial gratuidad temática. Por lo menos, no es hacedera ninguna ligazón con el expresionismo nórdico, ello por no hablar de la natural discrepancia de fechas. Pero lo que sí salva decididamente a tanta absurdidad es el color. Cada una de estas escenas de osamentas, de gracia variable, está pintada con pasmosa riqueza de pasta y con verdadero goce cromático, y acaso sólo por tal razón ha sido posible emparentar a E. con el Bosco y Brueguel.Pero mejor todavía que los cuadros de esqueletos es prueba de esa su brillantez de pintor el cuadro que ya se citó y que lleva el raro título de Entrada de Jesús en Bruselas el martes de Carnaval de 1889. El lienzo, no menor de 3 por 4 m., antecedió a un grabado del artista sobre el raro tema, y parece haber sido realizado en un tiempo en que la precaria situación económica del artista no permitía grandes dispendios en tubos de color, que fueron suplidos por botes de preparación casi casera, suministrados por un industrial amigo. El cuadro, que por espacio de muchos años colgó en el estudio de E., sobre su piano, muestra una alocada multitud de gentezuelas grotescas, muchas de ellas con rostros horribles y deformes, más o menos ajenas al ingreso de Jesús en la capital belga. Varias de estas gentes llevan pancartas, sobre un estrado se preparan al recibimiento unas especies de grotescas autoridades, y el total respira un tono de absurdidad exenta de clave y de explicación congruente, cual pocas veces se ha dado otra semejante en la pintura europea. Otra obra posterior, de 1893, La consagración, casi monocroma, mucho más consciente de dibujo y de composición, pero igualmente -a lo que creemos- desprovista de clave, sorprende por el primitivismo frontal de su enfoque. En suma, hemos enjuiciado a un extraño, extrañísimo pintor, a ratos temperamental, a ratos frío, y, en todo momento, netamente aislado de las corrientes de su tiempo.J. A. GAYA NUÑO.
BIBL.: E. VERHAEREN, James Ensor, Bruselas 1908; W. VAMBESELAERE, L’Entrée du Christ à Bruxelles, Bruselas 1957; J. ENSOB, Les écrits, Bruselas 1944; P. HAESAERTS, Quand lames Ensor peignait "L’entrée de Christ à Bruxelles>>, <
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