Enrique VII de Inglaterra
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Biografía GER
Iniciador de la dinastía Tudor (v.), gobernó su país entre 1485 y 1509, siendo para muchos historiadores el creador de la monarquía autoritaria en el territorio insular. N. el 28 en. 1457, tuvo una juventud muy azarosa por el recelo que despertaba en la casa de York (v.), entonces reinante, su condición de representante de sus rivales los Lancaster. Tal suspicacia se acentuó durante el agitado mandato de Ricardo III, ante cuya actitud el futuro E. VII debió exiliarse a Bretaña y más tarde a Francia, donde se mostró decidido admirador de Luis XI, de cuya obra gobernante extraería grandes lecciones. Regresado a Inglaterra el entonces conde de Richmond, venció a Ricardo III en la célebre batalla de Bosworth (agosto de 1485), que puso fin a la vida de su adversario y a la guerra de las Dos Rosas (v.), que había ensangrentado Inglaterra por espacio de más de 30 años. Convocado inmediatamente el Parlamento, fue reconocido por éste (noviembre de 1485), aunque, contrariando los deseos del joven monarca, sus miembros se abstuvieron de pronunciarse respecto a su legitimidad.Pacificación interna y actividad diplomática. Comprendiendo la fragilidad de su poder en un país dominado en casi su total extensión por los grandes señores feudales, que lo consideraban como un advenedizo al que únicamente habían apoyado por su odio contra el antiaristocrático Ricardo III, E. dedicó los años iniciales de su mandato a una intensa labor de restañamiento de la conciencia nacional, en la que ejercitó sus grandes talentos diplomáticos y en la que alternó, con rara eficacia, la firmeza con la clemencia y el tacto con la audacia. Su obra pacificadora pareció concluir al casarse con la princesa Isabel, hija de Eduardo IV, pudiendo de esta forma el primer Tudor unir en su escudo las rosas blanca y roja. Pese a ello, durante la primera década de su reinado se produjeron dos tentativas de restablecimiento de la casa de los York (v.), encabezadas por sendos impostores -Lambert Simnel y Perkins Varbeckque pretendían ser príncipes de aquélla. Prontamente Sojuzgadas, dichas revueltas acentuaron, no obstante, el carácter receloso del monarca y su sospecha hacia la alta nobleza, que más o menos encubiertamente había protegido las fracasadas intentonas. Después de casi medio siglo de guerra civil, E. supo encarnar en su persona las aspiraciones y deseos pacíficos de su pueblo, logrando identificar el bienestar y la seguridad con la naciente dinastía. De ahí, que a lo largo de un reinado de un cuarto de siglo las empresas militares y expansionistas fueron muy reducidas, aunque no por ello el primer Tudor renunció a los pretendidos derechos ingleses sobre la corona francesa. El acendrado sentimiento francófobo de sus súbditos le impondría, sin embargo, una esporádica participación en la lucha de Bretaña y el Imperio contra Carlos VIII. No obstante, poco después, por el tratado d’ Étaples (noviembre de 1492), E. acordaba la paz con su adversario. Poco antes de tal acontecimiento, el monarca inglés había visto reforzados su autoridad y prestigio internacionales merced a su alianza con los Reyes Católicos, cuya cláusula más importante acordaba el matrimonio de la infanta española Catalina con el heredero inglés, el príncipe Arturo.El fortalecimiento de la monarquía. Aunque E. VII mantuvo en todo momento atenta mirada hacia la política continental, los mencionados tratados diplomáticos clausuraron su actividad en este sentido, centrando a partir de entonces toda su obra y objetivos gobernantes en la consolidación de su dinastía, que creyó siempre insegura. Receloso ante el Parlamento, sólo lo convocó en seis ocasiones muy señaladas durante su dilatado reinado, extrayendo los recursos necesarios para la financiación de su política, de la explotación de las propiedades de la Corona, de los ingresos aduaneros, de las elevadas multas que impuso a sus adversarios, de empréstitos, etc. El celo y la tenacidad desplegados por E. VII por lograr, al margen del Parlamento, la fuerza económica, hizo que el tesoro real inglés fuese a fines del reinado el más acaudalado de toda la Cristiandad, estimándose en la suma, fabulosa para la época, de más de 1.000.000 de libras. Independizada así su obra de fiscalización del órgano parlamentario, el primer Tudor llevó a cabo una reestructuración casi completa del sistema administrativo y de la máquina burocrática de la Corona. Las metas, el carácter y la originalidad de esta labor son objeto aún de discusión entre los especialistas del reinado y en general entre los historiadores de las instituciones británicas. Para algunos, la tarea acometida y rematada con todo éxito por el iniciador de la dinastía Tudor tiene como notas dominantes la singularidad y la innovación; según otra corriente, la obra de E. VII sólo puede ser enfocada, para su exacta comprensión, desde una perspectiva medieval, constituyendo así su reinado la clausura de un ciclo institucional, abierto tiempo atrás por los Plantagenet y que tendió a reforzar el poder real sin alterar fundamentalmente el dualismo monarquíaparlamento que había presidido, y seguiría presidiendo, la historia constitucional inglesa.Sea ello lo que fuere, resulta indudable que el gobierno de E. VII marca un jalón capital en la plasmación insular de la monarquía autoritaria. El eje que articuló y sobre el que giró toda su tarea fue el Consejo Privado, en el que, a tono con las corrientes que informaron la labor gobernante de otros reyes europeos de la época, dio entrada a un gran número de elementos procedentes del estamento popular, que privaron así a dicha institución del monopolio nobiliario y eclesiástico que hasta entonces la había caracterizado. Al acercarse su fin, los miembros de la casa de York reagruparon sus fuerzas a la espera de una posible restauración. Para contrarrestar su acción, E. decretó un indulto general de sus deudores, con lo que aumentó, ante la inminente crisis, la popularidad de su dinastía. El 21 abr. 1509 moría en el palacio de Richmond.V. t.: TUDOR, DINASTÍA; YORK, CASA DE.J. M. CUENCA TORIBIO.
BIBL.: L. CAHEN y M. BRAURE, La evolución política de la Inglaterra moderna, México 1962 (excelente síntesis): S. T. BINDOFF, Tudor England, Harmondsworth 1950 (magnífica puesta a punto); E. LAPEYRE, Les monarchies européennes du XVI siècle, París 1967 (la mejor y más reciente introducción al tema);J. D. MACKIE, The earlier Tudor, Oxford 1962; G. R. ELTON, Tudor Revolution in Government, Cambridge 1953 (obra polémica); D. L. KEIR, The Constitutional history ol Modern Britain (1485-1937), 4 ed. Londes 1950.
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