Enrique II de Francia
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Biografía GER
Monarca de la casa de Valois. N. en St. Germain-en-Laye. Ocupó el trono francés entre los años 1547 y 1559, sucediendo a su padre Francisco I. Contrajo matrimonio en 1533 con Catalina de Médicis (v.). Comenzó a reinar muy joven para enfrentarse a los arduos problemas de su época, ante los cuales mostró tanto ánimo y espíritu de iniciativa como inexperiencia.Política interior. Francia comenzaba a vivir por aquellos años el problema religioso. Los grupos protestantes, y especialmente los evangélicos, se extendían por el país, y proliferaban especialmente en las zonas de predominio urbano, como Normandía, Bretaña, Provenza, Delfinado y Aquitania, o en ciudades como Lyon, Metz, Orleáns y otras. A esta difusión se vino a sumar algo más tarde la del calvinismo, mucho más activa y proselitista, dotada de un carácter polémico y conquistador, que alteró, en grado mucho mayor que el luteranismo, la vida pública y el ambiente intelectual del país.Por otra parte, el problema religioso se imbricó con el político, al abrazar las confesiones reformadas -especialmente el calvinismo- amplios sectores de la nobleza de segunda clase, que, a imitación de lo sucedido en Alemania, quiso proyectar su reformismo hacia un mantenimiento de los privilegios señoriales y una descentralización respecto del poder monárquico. Quizá E. II no hubiera necesitado del acicate de este peligro político para ponerse abiertamente en contra del movimiento calvinista -pronto llamado en Francia hugonote-, puesto que el monarca era decididamente católico, y mostró un celo creciente por asegurar la unidad religiosa del reino. A fines de su reinado -junio de 1559- promulgó el edicto de Ecouen, en el que se tomaban medidas enérgicas contra la iglesia reformada.Política exterior. Un tanto en contradicción con su política religiosa, E. II dedicó todos sus afanes exteriores a la lucha contra la casa de Austria; bien es verdad que esta política le vino impuesta por el cerco de Francia, rodeada por todas partes de estados dependientes del Emperador, y por la lucha -no resuelta- que había emprendido su padre, Francisco I, por romper aquel cerco. En 1551 firmó E. una alianza con el duque de Parma, con objeto de recuperar el Milanesado, y de esta tensión se pasó casi directamente a la Liga de Chambord, por la que el monarca francés llegó a un acuerdo con los príncipes alemanes rebeldes al emperador Carlos V. F.II se comprometía a prestar ayuda económica y militar, a cambio del título de vicario del Reich y la expectativa a la corona imperial, además de las plazas de Cambrai, Metz, Toul y Verdun. La gran aventura comenzó con las mejores perspectivas. Mientras Mauricio de Sajonia avanzaba sobre Innsbruck, donde se encontraba el emperador enfermo y desanimado, el rey de Francia penetraba por el flanco occidental y se apoderaba de los tres obispados (Metz, Toul y Verdun). Más tarde pudo entrar también en Cambrai. Sin embargo, la guerra tendía a estabilizarse. Carlos V pudo recuperarse parcialmente frente a los príncipes (Dieta de Passau, 1552), y, por su parte, los alemanes comenzaron a mirar con recelo a sus interesados aliados, los franceses. Las campañas de 1553 y 1554, a pesar de los grandes esfuerzos de E., fueron de resultado incierto, y en alto grado onerosas para los dos bandos. En 1555 se iniciaron negociaciones, que culminaron a principios de 1556 con la tregua de Vaucelles.La disputa había llegado a un punto muerto, que no significaba en absoluto su TCSG;ución. Bastó la elevación al solio pontificio de un papa antiespañol -Paulo IV (v.)-, para que E. II se decidiera a romper la tregua, y, confiando en la ayuda del pontífice y los príncipes italianos, se lanzara de nuevo a la lucha, esta vez contra el sucesor de Carlos V, Felipe II. La campaña de Italia, dirigida por el duque de Guisa, resultó un completo fracaso, gracias a la pericia del general español, duque de Alba. Entretanto, Felipe II en persona emprendía la invasión de Francia desde los Países Bajos. La batalla de San Quintín (v.) (10 ag. 1557) fue un serio descalabro para los franceses. Una segunda derrota, al año siguiente, en Gravelinas, aconsejó a E. el camino de la paz, que se firmó en Cateau-Cambrésis (v.) en abril de 1559. España consagraba al fin su hegemonía europea, y el rey francés, desengañado de su ansia aventurera de juventud, se disponía a seguir, en colaboración con los españoles, una política netamente católica. La muerte (París, 10 jun. 1559) le impidió cumplir esta promesa.V. t.: CATALINA DE MÉDICIS; CATEAU-CAMBRÉSIS, PAZ DE.M, DOLORES R.AB,ADÁN.
BIBL.: L. ROMIER, Les origines politiques des guerres de religion, II, París 1916; M. BARRE-DUPARCQ, Histoire de Henri II, París 1887.
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