Enfermedad MEDICINA
Categoria:
Medicina
Introducción. La delimitación conceptual entre los estados de salud y enfermedad ofrece dificultades, por la imposibilidad de adoptar un criterio que permitiera una distinción inequívoca de ambos estados, y ello es debido a que no son perfectamente evaluables los factores objetivos y subjetivos que tendrían que tomar parte en la formulación de tal criterio. Por salud se entiende, según Pitágoras, "la normalidad y armonía de las funciones orgánicas" -con una adecuación bastante amplia con las exigencias del trabajo, esfuerzos físicos, condiciones del medio ambiente, etc- Además de esta faceta subjetiva, para calificar a una persona como sana debe cumplir otros requisitos en relación con la morfología, la actividad funcional, el rendimiento vital y la normal conducta psíquica ante la sociedad y el ambiente (Laín Entralgo). Estas cualidades de la salud son difícilmente medibles y dependerán del momento y ángulo con que se analicen; tal ocurre al comparar la condición de "normalidad" de una persona de nuestra época con la de un guerrero de la Edad Media, o con la previsible de un tripulante espacial.Definición. El término e. procede de la palabra latina infirmitas, falta de firmeza, invalidez. Un vocablo griego pathos, padecimiento, es el origen de Patología, que expresa el estudio o tratado de las e. Ambas palabras indican un carácter subjetivo de la e., como una situación contraria a la salud, en la que la persona se siente cansada, sin fuerzas y con la pérdida del bienestar normal. Ya Hipócrates definió la e. como "todo lo que causa tristeza y molestias", una forma anormal de vida, una alteración de las condiciones vitales.Además de la astenia (del gr. astheneia, falta de fuerzas) y el padecimiento, factores subjetivos, la e. es reconocida por sus manifestaciones objetivas (signos) o por una lesión. Estos factores objetivos (nosos en griego; morbus en latín) han dado lugar a la Nosología, análoga a la Patología, aunque su uso ha quedado restringido para significar el análisis de la e. in genere, es decir, lo que es común a todas las e.Siguiendo a Balcells Gorina podemos considerar a la e. con los siguientes atributos: "No es algo extraño a nosotros, enquistado o parásito, sino nuestro mismo fisiologismo alterado, nuestra misma vida. Es un modo anormal de vivir. El cáustico o la bacteria son la causa, pero no la enfermedad. Es reactiva a agentes causales morbosos. Hay un agente causal, y frente a él la reacción del organismo. Sin reacción no hay enfermedad... Interfiere el destino humano, ya de forma definitiva, letal, ya de forma temporal".Las e. tienen una o varias causas (etiología), a veces desconocidas (e. esencial o idiopática). Las causas pueden ser exógenas (bacterias, alimentos, traumas, cte.) y endógenas o del propio individuo (edad, raza, constitución, herencia, diátesis, cte.). También influyen mucho las circunstancias del ambiente o peristasis (trabajo, situación geográfica, vivienda, higiene, medio social, alcoholismo). Además de la causa fundamental existen otras accesorias que influyen en la e. en un sentido u otro. Como dice Carda, una pulmonía tendría un curso más grave si aparece en un viejo, mal alimentado, alcohólico y con pobre vivienda; esta "constelación causal" marca una serie de circunstancias desfavorables que no se darían. otras veces.Para que exista e. es necesaria la reacción del ser vivo, que se pone en marcha por una serie de mecanismos (patogenia, engendrar enfermedad). Siguiendo el ejemplo de la pulmonía, las bacterias provocan en el pulmón la formación de un exudado o foco de inflamación que altera su estructura (consolidación) y origina trastornos funcionales respiratorios y circulatorios. Tales alteraciones estructurales y funcionales modifican el normal fisiologismo, y a través de esta fisiopatología se da lugar a las manifestaciones de la e., a los signos y a los síntomas (semiología).Con estas bases se tienen todos los elementos necesarios para enjuiciar la e., haciendo el diagnóstico (gr. día, a través y gnosis, conocer), previendo la evolución o juicio pronóstico y planteando el tratamiento o juicio terapéutico.Clasificación. Hemos tratado de dar unos conceptos sobre la e. en general, sobre el "cómo" y el "por qué" de sentirse enfermos. En la Medicina primitiva y poshipocrática, hasta Galeno (v.), se describían e. sólo desde un punto de vista sintomático (tisis, disentería, letargia, e. de los humores y de los órganos, cte.). Fue Sydenham en el s. XVII el creador del concepto de especie morbosa; por el análisis comparativo de los síntomas y signos, estableció las semejanzas y diferencias que se repetían de unos enfermos a otros. La especie morbosa sería un modo de enfermar que aparece sin variar en un gran número de individuos. Es una abstracción específica entre la e. genérica y la individualizada, porque aunque se trata de una entidad siempre provocada por igual causa y afectando al mismo órgano, existirán diferencias de unos individuos a otros en relación con todo el conjunto de constelaciones causales (variedad clínica). En definitiva, lo que interesa al médico y a "su" enfermo es considerar esa especie morbosa individualizada.El avance en la identificación de las especies morbosas siguió en los s. XVIII y XIX con la pléyade de los anatomoclínicos (Morgagni, Bright, Hodgkin, Hunter, Laënnec, Charcot, Virchow).En las postrimerías del xix aparecen los grandes hallazgos bacteriológicos, sobre todo de Koch y Pasteur, con lo que toma gran significación el diagnóstico causal o etiológico.Nosotaxia (gr. nosos, enfermedad y taxis, ordenación). Es la ordenación y clasificación de las e., de las especies morbosas, al mismo tiempo que sirve para determinarlas y denominarlas.Se han utilizado muchos sistemas para dar nombre a los e. Unas veces por parecido a seres o cosas, como tuberculosis (del aspecto nodular o como tubérculos de sus lesiones), cáncer (de cangrejo, por las ramificaciones de los tumores), tifus (de estupor), ictericia (de icterus, amarillo), etc. En otras ocasiones se utilizan sufijos que indican el mecanismo o patogenia de la e.; así itis significa inflamación (hepatitis, meningitis, nefritis); osis, degeneración (nefrosis, amiloidosis, cirrosis); orna, tumoración (carcinoma, epitelioma, fibroma); ectasia, dilatación (bronquiectasia, angiectasia). También hay muchas denominaciones que indican la causa del proceso, sobre todo en las e. infecciosas como en la brucelosis o fiebre de Malta (producida por el bacilo de Bruce), salmonellosis o tifoideas y paratíficas (producidas por salmonellas), hidatidosis o quistes hidatídicos (producida por la hidátide o laenia echinococus), cte.; aquí el sufijo osis no tiene la misma significación que en las lesiones degenerativas. Por último, se utilizan nombres propios en honor del autor que las describió por primera vez, como e. de Adisson o insuficiencia de la corteza suprarrenal, e. de Hodgkin o linfogranuloma maligno, e. de Basedow o hipertiroidismo, etc.El sistema más científico para denominar las e. es el de utilizar un nombre que identifique el órgano o tejido enfermo, seguido de un sufijo para expresar la patogenia y una palabra final indicando la etiología: meningitis tuberculosa, o sea, inflamación de las meninges de origen tuberculoso; hepatitis virásica o inflamación del hígado por un virus; miocardosis amiloidea o degeneración del miocardio de origen amiloide; etc.En cuanto a la ordenación de las e., un criterio muy útil es el de considerar los factores etiológicos y patogénicos; en este sentido pueden clasificarse como debidas a:Traumas o agentes mecánicos, que producen heridas, fracturas, contusiones, lesiones viscerales, de cerebro, pulmón, bazo, etc.; los traumas menos intensos originan inflamación.Agentes físicos, como temperatura, aceleración, cambios de presión atmosférica, radiación, etc.Infecciones, debidas a bacterias, virus, mohos, protozoos y animales parásitos.Venenos químicos, como álcalis y ácidos, plomo (saturnismo), mercurio, arsénico, fósforo, benzol, etc. Enfermedades carenciales, debidas a una alimentación deficitaria de una manera global o parcial (defecto en hidratos de carbono, en grasas, en proteínas, en elementos minerales o en vitaminas) o a que otra e. anterior impida la asimilación de los alimentos (gastritis, úlcera, diarrea, cirrosis, diabetes). En este grupo debe incluirse la anoxia, mejor llamada hipoxemia, disminución de oxígeno en la sangre y tejidos, bien porque el aire respirado sea pobre en este elemento o porque su aporte a los tejidos esté dificultado como consecuencia de otros trastornos (engrosamiento de las arterias, trombosis y embolia).Otros tipos de e. son las causadas por aumento o disminución del número de las células (hipertrofias, atrofias y tumores), por la degeneración celular (arterioesclerosis, miocardosis, lipoidosis, cte.) por factores genéticos y constitucionales, por alteraciones metabólicas (diabetes, gota, obesidad), por trastornos alérgicos y las neurosis.Otro sistema de clasificar las e. es el topográfico o de localización. La mayor parte de los tratados de Medicina agrupan las dolencias en los diferentes órganos y sistemas. De esta manera se estudian las e, de los aparatos respiratorio, circulatorio, digestivo, urogenital y locomotor, igual que las de los sistemas nervioso, endocrino, hemático, retículo-endotelial y conjuntivo. Y dentro de cada uno de estos grupos se ordenan las e. con el criterio etiopatogénico antes expuesto.V. t.: PATOLOGÍA; DIETÉTICA; VITAMINAS; ANOREXIA.M. BONDÍA GARCÍA-PUENTE.
BIBL.: A. BALCELLS GORINA y OTROS, Patología general, Barcelona 1968; P. LAÍN ENTRALGO, Concepto de salud y enfermedad, en Patología general, Barcelona 1968; P. CARDA, Nosología, Madrid 1950; W. BOYD, An Introduction to the Study of Disease, Filadelfia 1962.
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