Encuadernación LIT.
Categoria:
Literatura
La e. nace cuando el libro adquiere la forma actual (s. IV d. C.) y su fin es conservarlo. Con este objeto reúne en un solo cuerpo las hojas de un texto, que, cosidas o pegadas unas a otras, se resguardan entre dos tapas o cubiertas unidas a un lomo convenientemente sujeto al cuerpo del libro. La e. pronto se convierte en un bello oficio, ya que la superficie de las cubiertas es susceptible de recibir una decoración artística que refleja las técnicas y el arte de cada época.1. Primeras encuadernaciones: s. VI-XIII. Las primeras e. en piel decorada corresponden a libros de los monasterios coptos (v.) del s. VI d. C.; van adornadas con pequeños hierros, líneas incisas y cuero calado que deja ver el fondo de otro color; su técnica es la gofrada (sin oro) y su estilo, lineal o de temas estrellados, imitados todos de la parte geométrica de los mosaicos romano-bizantinos de suelos. Sigue luego la e. árabe copiada de la anterior (pero sin calados), al conquistar los musulmanes estos países en el s. VII, conquistas que continúan hacia O por el N de África, España y Sicilia. La España arabizada, tomó este estilo de pequeños hierros en forma de cordoncillo, que originan recuadros, llenan los ángulos y usan medallón central, estilo que alcanza gran importancia en el califato de Córdoba y en los reinos de Taifas; en los s. XII a XV el reino granadino impone sus temas geométricos estrellados imitando trabajos en madera (techumbres, puertas, muebles), cuyos modelos fueron los alicatados de la Alhambra. Característica de las e. árabes es su forma "de cartera", a modo de sobre, de pieles montadas sobre material flexible (cartón).Desde al-Andalus pasan varios de sus temas a las e. de los reinos cristianos peninsulares (León, Castilla, Aragón), y de éstos a Europa, en la gran serie de e. románicas (s. XII-XIII), producidas en monasterios de ambos lados del canal de la Mancha (Hobson) o por los encuadernadores de la Sorbona (Michon): muy características, van decoradas con chapitas de diversas formas de temas decorativos románicos; yuxtapuestas, forman recuadros o rellenan los centros; otros modelos sencillos reciben, como ellas, la denominación e. monásticas.Desde el s. VI, coincidiendo con el esplendor del Imperio bizantino y, sucesivamente, en las épocas carolingia, prerrománica y románica, se produce una serie de e. lujosas, conservadas en las cámaras regias y en los tesoros de monasterios y catedrales; son ejemplares de orfebrería (oro, plata), marfiles, esmaltes y piedras finas, casi siempre combinados entre sí; citaremos, entre otros muchos, el Evangeliario de Teodelinda, reina de los longobardos, s. VII (Monza, catedral); el de S. Marcos de Venecia, s. VIII; el Psalterio de Carlos el Calvo, s. IX (Biblioteca Nacional, París); el Evangeliario de S. Gall, por el monje Tutilo, s. IX-X; del s. XI son los Evangeliarios bizantinos con esmaltes, de las Bibliotecas de Siena y Marciana y el del Tesoro de S. Marcos (Venecia). Al arte popular corresponden las cubiertas de esmaltes de Limoges. Ejemplares notables en España son el Evangeliario de la Reina Felicia de Aragón (1084), en plata repujada, con figuras de marfil (Museo Metropolitano, Nueva York); la bellísima de esmaltes de Silos, s. XII (v. ESMALTES), en el Instituto de Valencia de D. Juan, Madrid y Museo Cluny, París; y la del Missale Sancti Rufi, comúnmente llamado Evangeliario de Tortosa, en esmaltes aragoneses, s. XIII-XIV (Tortosa, catedral).2. Siglos XIII al XV. Les corresponde el estilo gótico; la decoración, gofrada y yuxtapuesta, forma recuadros y líneas verticales, con plaquitas que contienen temas heráldicos y motivos góticos (cardinas). Las técnicas son dos: incisa y estampada. Notable diferencia española es el fenómeno mudéjar: los árabes que, al avanzar la reconquista, quedaron trabajando en los reinos cristianos con su peculiar modo de hacer; en la e., los elementos-tipo son los hierros de cordoncillo, aptos para innumerables combinaciones; los cristianos impusieron su heráldica y temas goticistas, originando la extensa serie de e. góticomudéjares, extremadamente originales (Biblioteca Nacional, Madrid, Archivo Corona de Aragón, Barcelona). Característica es la forma de cartera en pergamino y ornamentación de correíllas formando estrellas: son propias de libros administrativos (Hospital de Tavera, Toledo). Durante la época gótica, y especialmente en el s. XV, fue costumbre sujetar los libros con cadena a los pupitres: de ahí el llamarse e. encadenadas (Bibliotecas de Zutfen, Holanda; Cambridge y Medicea, Florencia). El s. XV fue particularmente fecundo en novedades. Para España, con la creación de los más bellos temas arábigos estrellados, con espléndidos modelos de gran lazo central o imitando la geometría de techumbres y ensamblados en madera. Otra novedad notable es la aplicación del grabado a planchas de metal para decorar las e.; nace en Alemania y los Países Bajos y se acepta rápidamente en Inglaterra; España no las realiza; los temas son ornamentales y de figuras de santos. Otro gran avance es el empleo del oro, cuyo origen español ha sido reconocido por investigadores extranjeros; Italia lo hace suyo y, de allí, pasa a los demás países; en el instrumental se crea la rueda, pequeño cilindro metálico en el que se graba un motivo ornamental que origina una especie de cinta decorada, lo que amplía mucho la ornamentación; la policromía apunta tímidamente.En este mismo siglo, Persia abandona los modelos de tradición árabe y se tornan espléndidos por la influencia sasánida y de las miniaturas chinas, con finísima decoración floral dorada y toques de color y oro, utilizándose, desde el s. XVI al xVIII, planchas grabadas con paisajes y animales, escenas de caza y de corte; su forma es la de cartera (Biblioteca Nacional, París; Museos Británico y Victoria y Alberto, Londres).La serie de orfebrería durante la época gótica y el s. XVI presenta modelos ricos en todos los países: citaremos solamente el Evangeliario de Nuestra Señora de Namur, s. xiri; el de la Sainte-Chapelle, París, s. XIV; el del Cardenal Cervantes (Ávila, catedral), s. XV, todos de plata; la magnífica del Evangeliario de Pamplona (catedral), s. XVI, totalmente renacentista, en plata dorada; y la del Evangeliario de Vich, ms. de 1557 cuya e., de aspecto goticista extraordinariamente arcaizante, presenta la Crucifixión con la Virgen y S. Juan, y el Señor entre S. Pedroy S. Pablo, sobre fondos que imitan los cueros repujados góticos, obra del platero barcelonés Sebastián Roura, llamado Sitiar, que la cobró en 1561 (Museo episcopal, Vich).3. Renacimiento. En el s. XVI, el arte del Renacimiento triunfa en todos los países con extraordinaria variedad de aspectos. Venecia, el gran centro librario, emplea abundantemente el oro en sus modelos, bien a pincel o a hierro, aquél por imitación de la e. persa, país con el que Venecia comerciaba; y éste por influencia de Nápoles, donde encuadernadores españoles del reino de Aragón al servicio de los reyes napolitanos de la dinastía aragonesa, trabajaban el estilo mudéjar con toques de oro (14431495). Típicas venecianas son las e. aldinas, con floroncillos y hojitas acorazonadas. De influencia clásica romana es la serie que presenta en su centro imitaciones de camafeos; se atribuyeron al bibliófilo y médico genovés Demetrio Canevari y actualmente a miembros de la familia Farnesio. Otros modelos presentan decoraciones geométricas en forma de cintas con o sin color. Pero las perturbaciones políticas y guerreras de mediados del s. XVI, arruinan este arte.De Venecia y Milán pasan a Francia las nuevas técnicas y el empleo del oro, que se desarrollan grandemente en talleres parisienses: la variedad de modelos, su perfección en técnica y pieles, les dan la supremacía. Comenzó el gran impulso el tesorero de Francisco I, Juan Grolier (1479-1565), bibliófilo y coleccionista, cuyos libros le han dado fama imperecedera; sus modelos característicos llevan composiciones lineales, rectas o curvilíneas con hojitas y floroncillos aldinos y entrelazos, muchas veces con mosaicos a pincel (estilo Grolier). Más amplio de decoración es el estilo Enrique II (1547-59), con grandes cartelas de curvos perfiles y cintas mosaicadas (Biblioteca Nacional, París) con la H de Henry, la C de Catalina de Médicis, su esposa, y medias lunas alusivas a Diana de Poitiers, su amiga. De estilo Grolier son los libros de Thomas Maieu (Maioli), secretario de Catalina de Médicis. Otro modelo es el sembrado, en que toda la superficie de las tapas se decora con hierros repetidos simétricamente (Biblioteca Nacional y del Arsenal, París); nuevo modelo muy usado es el de planchas de centro y ángulo; pero el más espléndido de todos es el atribuido a los Eve (padre e hijo), encuadernadores del rey (1579-1634), y modernamente llamado a la fanfare por el título de la obra Fanfares et corvés abadesques, 1613, que J. Thouvenin encuadernó en 1829 para el escritor y bibliófilo Ch. Nodier copiando aquellos modelos: en una armadura geométrica de óvalos y cuatrifolios, unidos entre sí por fileteados curvos, se originan espacios de diverso perfil, rellenos de espirales con hojitas y perlas, flexibles ramas de menudas hojas y hierrecillos florales (Bibliotecas Nacional, Mazarina y del Arsenal, París; Museos Británico y Victoria y Alberto, Londres). En Alemania continúa la decoración gofrada durante el s. XVI con tipos imitando tejidos y, sobre todo, con planchas generalmente con retratos (Lutero, Melanchton, los Electores), que se completan con numerosas ruedas renacentistas de grutescos; el oro se introduce tardíamente en estilo italiano-Grolier. En Inglaterra se emplean largo tiempo las planchas de temas varios; se usó el oro por primera vez bajo Enrique VIII, siguiendo el estilo italiano; grolieresco también es el de los libros del coleccionista sir Thomas Wotton (1521-87); en la época isabelina, el modelo de planchas de centro y ángulo es el más frecuente, con o sin oro. Holanda empleó mucho este tipo, combinado con el sembrado.En España durante el s. XVI continúa el mudejarismo, y como novedad aparece la decoración renacentista de finas ruedas de grutescos, imitando la ornamentación de la orfebrería, de donde se han denominado platerescos estos ejemplares dispuestos en recuadros y losanges. También continúa la forma de cartera (Granada, catedral); subsiste largamente la técnica gofrada, pero a partir del segundo tercio del siglo, el oro acaba por desplazarla. No se imitan los tipos italianos y franceses, pero a fines del s. XVI aparecen las primeras típicas e. barrocas o de transición, con un gusto popular muy acentuado, reflejo de otras artes decorativas, como son los bordados de las regiones de Toledo, Salamanca, Zamora o las Alpujarras, modelos bien distintos a cuanto se hacía en Europa; proceden de los talleres de las dos ciudades donde radicaban las chancillerías, Valladolid y Granada. (Col. Babra, Barcelona).4. El siglo XVII. Es una época en la que todos los países representativos producen modelos de suntuoso aspecto. La decoración se realiza con oro y con finísimos hierros compuestos con líneas de puntos (al punteado o pointillé); las Ianfares evolucionan de este modo, atribuyéndose en un principio a un Le Gascón y ahora a Florimond Badier, porque firma ejemplares de esta serie.En este siglo los encajes de aguja tuvieron aceptación enorme; esta predilección proyecta su influencia sobre las e., originando los tipos de encajes (a la dentelle), porque sus orlas imitan preciosas puntillas.El matrimonio de Ana de Austria, hija de Felipe III de España, con Luis XIII, llevó el uso de los encajes a los abanicos, objetos importados por la reina y moda acogida con entusiasmo por la corte francesa. El éxito inspiró a los encuadernadores, que crearon preciosos hierros imitando varillas, que ajustaron radialmente a los ángulos de los ejemplares y circularmente en el centro; son los modelos de abanicos. La moda pasó a Italia, que realizó ejemplares bellísimos y exquisitos, y a España, que la tradujo popularmente en versiones exuberantes; también Alemania, Suecia y Escocia acogen el tema largamente.Los tipos de centro y ángulos y los sembrados, a veces unidos, se emplearon mucho en Holanda, Inglaterra y Flandes, pero no en España; por último, el tipo de rameados, derivado también de elementos de las fanfares del s. XVI, engrandecidos por el barroquismo, se aceptan en España, que los adapta a la técnica menos refinada y más popular de sus artífices (Bibliotecas Nacional, Madrid, de El Escorial y Archivo Corona de Aragón). Finalmente, por influencia del jansenismo (v.), se originan modelos muy sencillos con las armas del poseedor, llamados tipos Du Seuil, aunque éste sea encuadernador del s. XVIII. Inglaterra utiliza los tipos ya citados y usa mucho las e. bordadas muy características de este país y época; a partir de 1650 se produce la serie de los modelos más suntuosos: se han atribuido a Samuel Mearne, encuadernador del rey Carlos II, aunque evidentemente corresponden a un grupo de artífices: es el tipo cottage roof, en oro y mosaicos, con decoraciones punteadas, flores naturalistas diversas (tulipanes) y rameados, estilo que se prolonga durante el s. XVIII hasta casi su fin (British Museum, Victoria y Alberto, Londres). Continúan realizándose e. de orfebrería para libros litúrgicos (misales) o de oración. Todos los países presentan modelos según el estilo barroco más recargado.5. Siglo XVIII. Siguen predominando los estilos franceses, ahora Luis XV y Luis XVI, rococó y neoclásico, aquél con dos modalidades: de orlas de encajes constituidas por hierros sueltos, cuyo elemento típico, la rocalla, adaptación abarrocada del acanto clásico, lo invade todo con sus movidos perfiles, unida a elementos florales; y la de mosaicos, que unas veces imitan incrustaciones de maderas diversas y, otras, los bordados chinos; la familia Derome, la de los Padeloup y P.-P. Dubuisson son los artistas de las orlas de encajes; y algunos Padeloup y Le Monnier, los maestros del mosaico (Bibliotecas Nacional, París y de Palacio, Madrid). Los encajes (v.) se copian en todos los países, sobresaliendo Italia con sus imbricados, enrejados y mosaicos pintados; España, en donde Antonio de Sancha realiza todos los modelos; Inglaterra prolonga largamente sus tipos barrocos cottage, pero f. Bate los produce rococó muy personales (Museo Victoria y Alberto, Londres). La época neoclásica representa una simplificación en el arte de la e.: sencillas ruedas de estilo dórico recuadran las cubiertas, decorándose más las lomeras; la Revolución francesa acentúa esta pobreza, y es ahora Inglaterra el país director y su figura cumbre Roger Payne (1730-97), imitado en España y otros países. España crea en Valencia las policromadas pieles llamadas "pastas valencianas".6. Siglo XIX y XX. En el s. XIX se impone el estilo imperio o napoleónico, con elementos clásicos densos y amplios de tipo romano, incluyendo algún tema egipcio, recuerdo de las campañas de Napoleón. Italia produce suntuosos ejemplares con roleos de acanto. España es ahora el país de modelos más originales con la decoración de cortina, deslumbradora y policroma, que vivifica el tipo imperio; su inventor fue Antonio Suárez (m. 1836), muy imitado.El movimiento romántico, surgido como protesta contra las formas clasicistas en boga, adoptó como fuente inspiradora la exaltación de los valores espirituales de la Edad Media. Todas las artes incluyen en sus decoraciones los temas góticos, creándose el estilo catedral, que el francés J. Thouvenin (m. 1837) llevó a la e., multiplicándose las fachadas, ventanales y rosetones; se trabaja con plancha grabada aplicándose con oro o gofrada y con mosaicos: todos los países acogen la moda; en España, con notas propias del plateresco y mudéjar. Francia origina otra modalidad que perdura hoy: la de copiar, perfeccionándolos, modelos de los s. XV a XVII (Trautz y Bauzonnet, este último maestro de los modelos fileteados). El segundo periodo de la época romántica se caracteriza por el uso de grandes rocallas, denominadas en Francia Luis Felipe y en España isabelinas; son planchas al guilloché o con fondos menudamente grabados para producir diversas matizaciones en el oro. Todos los países las emplean, acompañándose de mosaicos sobre pieles, terciopelos y moarés. En España destaca en Madrid la familia Ginesta. En el último cuarto de siglo los Marius Michel, en Francia, y W. Morris, en Inglaterra, renuevan la inspiración del arte de la e. Los temas florales, los geométricos y, finalmente, los interpretativos del texto, originan la e. moderna, herencia que recibe el s. XX hasta 1914; a partir de la posguerra, la inspiración es libérrima: se hace mayor hincapié en los temas interpretativos y se llevan a la e las nuevas manifestaciones de la gran pintura, desde el cubismo hasta el arte abstracto. Son famosos P. Nash en Inglaterra; Franz Weisse en Alemania; P. Legrain (innovador) y su continuador P. Bonet en Francia; maestros actuales españoles son César Paumard y Antolín Palomino en Madrid, y Emilio Brugalla en Barcelona.La e. en los países hispánicos de América, muestra un retraso en los estilos que perdura mucho tiempo, dando a los ejemplares una apariencia más antigua de su fecha real; México y Perú son países que destacan con modelos barrocos de gusto propio (Guías de forasteros del Perú, Biblioteca de Palacio, Madrid; y libros conservados en la Biblioteca Nacional, México); también Guatemala muestra originalidad (Palacio, Madrid). Los países de tradición sajona siguen, aunque tardíamente, la producción europea. Estados Unidos destaca desde el s. XIX. V. t.: ILUSTRACIÓN DEL LIBRO; LIBRO.M. LÓPEZ SERRANO.
BIBL.: L. M. MICHON, La Reliure française, París 1951 (con toda la bibl. importante anterior); CH. RAMSDEN, Bookbinders of the United Kingdom, Londres 1956; ÍD, London Bookbinders, Londres 1956; 1. P. HARTMAN, Bookbindings, Londres 1961; R. DEVAUCHELLE, La reliure en France, 3 vol., París 1959-61; E. DIEHL, Bookbinding, 2 vol., Nueva York 1946; H. HELWIG, Handbuch der Eiband-kunde, 3 vol. Hamburgo 1953-55; G. D. HOBSON, Maioli, Canevari and others, Londres 1926; G. MORAZZONI, La rilegatura piemontese nel’700, Milán 1929; H. THOMAS, Early Spanish bookbindings, Londres 1939; M. LÓPEZ SERRANO, La Encuadernación en España, Madrid 1942 (recoge toda la bibl. anterior); ID, Antonio de Sancha, encuadernador, Madrid 1946; ÍD, En torno a las encuadernaciones artísticas del Mundo Hispánico, "Boletín de la Dirección de Archivos y Bibliotecas" IV (1955) 75-79; M. ROMERO DE TERREROS, Encuadernaciones artísticas mexicanas, 2 ed. México 1943; L. H. THOMPSON, Introductory notes on the history of bookbinding in Spanish America, "Libri" X (1960) 10-22; V. CASTAÑEDA, Ensayo de un Diccionario biográfico de encuadernadores españoles, Madrid 1958.
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