Emisora TECNOL.
Categoria:
Tecnología
Una e. es el conjunto de elementos técnicos capaces de registrar, amplificar y transmitir al espacio unos programas sonoros realizados con el propósito de que sean captados por receptores más o menos lejanos y escuchados por un público indeterminado.El primer paso teórico lo dio lames Clerk Maxwell (v.) de la Univ. de Cambridge en 1873. Cuatro años después, Hertz (v.) comprobó empíricamente la validez de esta teoría. Más adelante, en 1894, Stepanovich Popov inventó la antena y en el mismo año Marconi (v.) en Italia logró transmitir y captar señales. Cuatro años después, el 12 jul. 1898 se empleó en Inglaterra el nuevo invento con motivo de unas maniobras navales. El mismo año, a los pocos meses, se empleó por vez primera el periodismo para transmitir a la redacción los resultados de un acontecimiento deportivo. Ya entrado el s. XX, John Fleming (v.) construyó la primera válvula termodinámica, capaz de convertir la corriente alterna en continua, y trabajando sobre esta lámpara Lee De Forest inventó la lámpara triodo. Ambas se complementan porque la primera hizo posible la radiotelefonía y la segunda logró la amplificación de potencia que hizo posible la transmisión de la voz humana a través del Atlántico en 1906. Los periódicos y agencias de prensa vieron rápidamente el interés que ofrecía este nuevo medio de comunicación a distancia y, a partir de 1907, empieza a generalizarse su uso por las agencias de prensa.Clases de emisoras. Se pueden clasificar de acuerdo con distintos criterios. Según la frecuencia, se dividen en baja frecuencia (BF), frecuencia intermedia (FI), alta frecuencia (AF) y muy alta frecuencia o frecuencia modulada (FM). Otra clasificación más simplista es según el uso de la e.: de aficionados, para la navegación, comerciales, estatales... La división más usual es según la longitud de onda. Se considera onda larga la comprendida entre 500 y 10.000 m.; media entre 100 y 500; corta entre 10 y 100 m. y ultracortas entre 0 y 10 m. La longitud de onda y la frecuencia, es decir, los metros y los kilociclos, están en una relación constante que es metros por kilociclos igual a 300.000.Las ondas cortas, es decir, aquellas situadas entre los 10 y 100 m., tienen la propiedad de reflejarse en las capas altas de la atmósfera, en la ionosfera, y volver a la tierra logrando de este modo un alcance mayor que las ondas medias y largas. Este mayor alcance ha dado lugar, especialmente a partir de 1930, a un imperialismo radiofónico por parte de los países más poderosos, que lanzan al aire con alcance mundial sus programas de propaganda política y económica. Durante la II Guerra mundial, ambos bandos beligerantes trataban de atraerse los países neutrales, a la vez que hacían mella en la moral del contrario. Acabada la guerra, desapareció Alemania de las ondas, pero al poco tiempo, al estallar la guerra fría, surgió en Radio Moscú un nuevo oponente de la BBC y de La Voz de América. Todas trataban de tener e. más potentes y más horas de emisión.En 1930 apareció, en el Telefunken Zeitung, un artículo del científico Runge en el que trataba teóricamente la frecuencia modulada, es decir, sobre las ondas de 0 a 10 m., capaces de transportar más sonidos por segundo y, por tanto, con mayor fidelidad que una onda media. Había nacido la Hi-Fi. Este artículo tuvo un eco importante, porque al poco tiempo fue llevado a la práctica por el francés Chireix y durante la Guerra mundial fue ampliamente utilizado por la marina de los Estados Unidos para sus comunicaciones. Estas ondas, igual que las de TV, no se reflejan en la ionosfera ni siguen la curvatura de la Tierra, por lo que su alcance máximo es de unos 100 Km., a no ser que se intercalen repetidores.Control de oyentes. Puesto que la conexión de un receptor con una u otra e. es gratuita y sin ninguna limitación, la tasa por la posesión de un receptor suele ser mínima y el precio de adquisición tampoco es elevado. Hay que considerar que el público oyente de una e. es amplio y no seleccionado, salvo por el interés que despierte un determinado programa dirigido por su contenido hacia un determinado grupo social. El número de personas que escuchan una determinada e. o programa se denomina audiencia y tanto a la e. como a los posibles anunciantes le interesa conocerla con el mayor detalle posible. Para esto se necesita contestación a las siguientes preguntas:-¿Qué se escucha? Emisora, programa, horas, duración.-¿Quién escucha? Una o varias personas, edad, sexo, cultura.-¿Con qué atención se escucha? Mayor o menor interés.Para responder a estas preguntas hay varios sistemas, ninguno de los cuales puede considerarse perfecto, porque es casi imposible medir la atención que realmente se ha prestado al programa o porque las personas encuestadas cometen a veces errores involuntarios por culpa del cansancio u olvido, o voluntarios como cuando se dice haber escuchado, p. ej., un programa de carácter cultural que en realidad no se ha escuchado.Todos los sistemas comienzan por hacer un muestreo estadístico de los posibles oyentes, a los que se les somete a preguntas preparadas de antemano e iguales para todos. A partir de aquí empiezan las diferencias entré los distintos sistemas; así el diary method del Instituto Gallup consiste en entregar a la muestra de radioyentes una ficha en la que se marcan diariamente las e. y programas que se conectan, las horas y el número de personas de la familia que escuchan. Este método tiene el inconveniente de que las personas a las que se entrega la ficha se sienten en cierto modo participantes, por lo que tienden a aumentar los datos sobre lo que sería la escucha normal y, en consecuencia, los resultados son optimistas respecto a la realidad. Otro método es el de la llamada telefónica simultánea y consiste en telefonear durante la e. a una muestra de oyentes a los que se pregunta si tienen encendida la radio, en qué estación han sintonizado y cuántas personas la están escuchando. Este sistema sólo puede emplearse en países donde el teléfono esté tan difundido como la propia radio, para que la muestra sea verdaderamente representativa, pero además hay que tener en cuenta los posibles oyentes que no disponen de teléfono, como son los automovilistas y los que están de excursión con receptores portátiles.El único método que permite saber con precisión las emisiones y las horas en que está conectado un receptor es el de la grabación automática, puesta a punto por Nielsen en 1936. Consiste en un pequeño aparato que se coloca dentro del receptor y que graba automáticamente la emisión conectada. Este sistema es, en cierto modo, el más perfecto, pero no da información ni sobre la atención ni sobre el número de personas que escuchan. Indirectamente también se puede calcular la audiencia de un programa mediante el control de las llamadas telefónicas y cartas enviadas espontáneamente a la e. o bien mediante las llamadas o cartas que se fuercen desde la e. por medio de concursos, premios, peticiones, etc.A la e. como medio social de comunicación, tanto si es comercial, como si sus fines son políticos, religiosos o culturales, le interesa conocer tanto la zona de audición (mercado potencial) como el número de oyentes (clientes). Si se trata de e. comerciales, sus tarifas de publicidad estarán en relación con la audiencia, y si se trata de fines no económicos la audiencia dará la medida de la rentabilidad de la inversión y la conveniencia de seguir emitiendo o cambiar a otro medio de difusión. Uno de los medios de mantener la fidelidad de la audiencia es hacer una programación adecuada a los gustos y necesidades de los oyentes (v. RADIODIFUSIÓN) y puntual en las horas de comienzo y fin de los programas, especialmente si éstos se anunciaron con antelación, para no jugar con la paciencia del oyente, ni tener que rellenar con cualquier cosa (v. GUIÓN RADIOFÚNICO).CARLOS VECINO.
BIBL.: V. SORIA, Orientaciones radiofónicas, Madrid 1936; R. PRADALIE, L’Art Radiophonique, París 1951; A. DE SAINT-ANDRIEU, Les stations de Radiodiffusion, París 1954; A. ARIAS RUIZ, Radiofonismo, Madrid 1955; 1. R. RIDER, Broadcasting, Nueva York 1968.
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