Electrochoque FÍS.
Categoria:
Física
Terapéutica empleada en determinados pacientes psíquicos, basada en la provocación de convulsiones por descargas de corriente eléctrica.Recuerdo histórico. Hacia 1930 se observó cómo algunos psicóticos (v. Psicosis) crónicos que además padecían ataques epilépticos, mejoraban a veces de sus síntomas después de sufrir una serie de crisis de gran mal (v. EPILEPSIA). L. Von Meduna estableció una técnica de provocación de crisis (choques) con la inyección intravenosa de cardiazol. V. Cerlettí y L. Bini, en 1937, utilizaron el paso de una corriente eléctrica de 100 voltios entre dos electrodos colocados en las zonas fronto-temporales, durante unas décimas de segundo, logrando unas crisis convulsivas generalizadas con pérdida general de la conciencia desde el primer instante y de características muy parecidas al ataque de gran mal epiléptico; dieron a su técnica el nombre de electro-choque. El uso de convulsiones inducidas eléctricamente desplazó a la terapia convulsiva por, fármacos (de Von Meduna) por las siguientes ventajas: el acto médico es técnicamente más simple, y además existe una inmediata pérdida de conocimiento en el enfermo.Medios y técnica. El aparato original para la terapéutica electro-convulsiva lo construyó Bini. Los modelos empleados en la actualidad son múltiples. Entre la diversidad de aparatos que se expenden, a mayor simplicidad de los mismos parece corresponder una mayor seguridad en sus efectos. Se emplea la corriente alterna del circuito. de la luz eléctrica, que tiene una frecuencia de 50 a 60 ciclos. Los electrodos son de varios tipos, desde los simples discos de metal a los complicados con articulaciones propias de adaptación a la forma de la cabeza. La resistencia de la piel al paso de la corriente se reduce por un electrodo de gelatina, tal como se usa en las técnicas de electrocardiografía y de electroencefalografía (v.); o bien frotando las sienes con alcohol mezclado con una pequeña cantidad de solución salina saturada, para eliminar la capa de grasa de la piel.La cantidad de corriente debe de ser suficiente para provocar la convulsión, la cual varía ampliamente de un enfermo a otro. La diferencia de potencial de 70 a 130 voltios durante 0,1 a 0,5 segundos provocará una convulsión de técnica corriente. La mayoría de los terapeutas, en su técnica habitual, aplica más de la dosis mínima necesaria con el fin de evitar fracasos. G. Sogliani fue el primero que mantuvo el voltaje constante a 110 voltios y aumentaba sólo el tiempo del paso de la corriente si era necesario: Debe evitarse siempre el llamado shock mancato o choque frustrado, el cual se caracteriza por vértigo violento, náuseas y fenómenos vasomotores. En raras ocasiones se han visto convulsiones unilaterales, que son completamente imprevisibles y no pueden provocarse a voluntad; cuando éstas ocurren se aplica inmediatamente otro estímulo eléctrico para transformar el ataque unilateral en generalizado.Carácter clínico. La convulsión desencadenada eléctricamente repite la mayor parte de las manifestaciones de una convulsión espontánea; está caracterizada por una fase tónica que aproximadamente después de diez segundos se transforma lentamente en una fase clónica con movimientos espasmódicos, que al principio son rápidos y de poca duración y más tarde se hacen lentos e intensos, hasta que pasados unos 30 ó 50 segundos se debilitan y desaparecen. La convulsión se acompaña de apnea o suspensión respiratoria. Algunos pacientes pierden orina, semen y más raramente heces. El ataque es seguido por un coma del que el paciente despierta en un estado confusional que dura de cinco a 30 minutos o más. Preparación del paciente. Antes de indicarse el tratamiento con e. debe practicarse un examen de tórax, para excluir alteraciones importantes del corazón, aneurisma de aorta o infecciones pulmonares. También se practicará un electrocardiograma, pues añadirá más conocimiento del estado del corazón del paciente para superar la descarga eléctrica.Corrientemente se suele aplicar el e. por las mañanas y en ayunas. Una comida fuerte, tomada poco antes del tratamiento, puede ser arrojada mecánicamente al contraerse los músculos abdominales. Los pacientes que presentan náuseas con facilidad deben ser medicados con atropina. En la actualidad es el anestesista quien prepara a los enfermos, en condiciones de anestesia general, con aplicación de relajantes musculares y oxígeno, durante la misma; el "tubo de boca" es necesario para evitar mordeduras de lengua. Ningún enfermo debe de levantarse hasta que esté tranquilo y pueda responder satisfactoriamente a preguntas sencillas.El miedo al tratamiento no se ha eliminado completamente en el e. El paciente pierde el sensorio inmediatamente y tiene amnesia para la totalidad del choque. El miedo está generalmente determinado por la aversión a estar inconscientes o por el temor de no despertar después del mismo. Fue el problema más grande que se planteó al principio, el enfermo desarrolla un miedo progresivo siendo incapaz de explicar la razón del mismo. Esta cuestión ha sido estudiada extensamente (W. Von Baeyer, R. 1. Young). La explicación más convincente a nuestro juicio la dio E. Schilge al definirla como "la experiencia agónica de la auto-destrucción".Una experiencia desagradable es la excitación posconvulsiva que puede durar de cinco minutos a media hora. W. Sargant y C. Slater creen que ésta no guarda relación con el tipo de psicosis, pero sí con los rasgos de la personalidad anterior y las pautas preestablecidas.Complicaciones. Las convulsiones repetidas pueden producir síntomas orgánicos. Han sido descritos como "reacciones psicótico-orgánicas" ocurridas durante el e. (L. B. Kalinowsky). El síntoma más constante es el deterioro de la memoria, seguido de síntomas en la esfera emocional y cuadros parecidos a la psicosis de Korsakoff (v. Psicosis). Es -de gran importancia práctica el reconocimiento de estos síndromes orgánicos. El electroencefalograma también se altera; las ondas lentas normales desaparecen entre una y cinco semanas en pacientes que reciben seis o menos convulsiones, y entre dos y seis meses o incluso más, en los casos de tratamientos prolongados (R. J. Young).Entre las complicaciones más frecuentes se hallan las fracturas producidas por la contracción muscular brusca. La ruptura completa de la cabeza del fémur, ocurre excepcionalmente si se sujeta mucho la articulación de la cadera (Sogliani, Somers, Richardsson y otros). Las fracturas del brazo, de la escápula y de la columna vertebral, así como las luxaciones del brazo y maxilar, y otras, fueron prevenidas por Bennet y Hobson, en 1940, con la aplicación de curare y más tarde con D-tubocurarina; técnicas ambas desechadas en la actualidad por la aparición de múltibles miorrelajantes exentos prácticamente de complicaciones.Indicaciones. Siguen siendo las mismas que se plantearon al principio de su aplicación, pero tienden a disminuirse toda vez que la avanzada terapéutica farmacológica ofrece un mejor control de su empleo y menores riesgos secundarios. Continúa empleándose el e. en las psicosis maniaco-depresivas donde el porcentaje de remisiones es muy alto (80-100%); se empleará tan pronto como su diagnóstico sea definitivo y esté suficientemente preparado el enfermo. No se puede olvidar el peligro de intento de suicidio por parte del paciente que va a ser sometido a este tratamiento, por ello es recomendable una pausa previa a la indicación para evitar en lo posible su realización; el intento de suicidio será mayor en depresiones moderadas que en las profundas, pues en ellas está abolida toda capacidad de iniciativa. Determinadas formas de esquizofrenia (v.) y otras psicosis con agitación y trastorno de los impulsos presentados en forma aguda son subsidiarias de este tratamiento.P. DE LUCAS ESTREMERA.
BIBL.: L. B. KALINOWSKI, Tratamiento por choque, psicocirugía y otros tratamientos somáticos en psiquiatría, Madrid 1953; M. REICHARDT, Psiquiatría general y especial, Madrid 1955; H. 1. WEITBRECHT, Manual de Psiquiatría, Madrid 1970.
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