Ejército HIST.
Categoria:
Historia
I. Historia general de la institución. II. Ejército griego. III. Ejército romano. IV. Estudio sociopolítico.1. HISTORIA GENERAL DE LA INSTITUCIÓN. 1. Concepto y definición. Cicerón emplea la voz exercitus para designar un cuerpo de tropas y Varrón lo define "exercitus dicitur, quia exercendo fit melior", es decir, lo concibe como conjunto de individuos que perfeccionan su profesión militar ejerciéndola. Tal definición resulta demasiado imprecisa, aunque acierte a señalar una de las principales características, y abre el camino a la acepción figurada la referencia genérica a cuantos coinciden en una determinada profesión o circunstancia, si se estima que son muchísimos, como cuando Rodbertus llamó "ejército de reserva" a los proletarios en espera de ocupación.Refiriéndonos a las numerosas definiciones dadas por los tratadistas militares de todos los tiempos, e incluso a la del Diccionario de la Lengua Española -"gran copia de gente de guerra con los pertrechos correspondientes, unida en un cuerpo a las órdenes de un general"-, todas resultan insuficientes o inadecuadas, sobre todo para la concepción actual de la guerra y de la función del E.; ni éste tiene como única misión la bélica, ni en la guerra participan actualmente sólo quienes de un modo permanente o temporal, voluntario o forzoso, toman como profesión el prepararse para ella. Hoy, como dice el general López Muñiz en su Diccionario enciclopédico de la guerra, "desde que se llega al estado de guerra, toda la nación es Ejército". La llamada guerra total procura la destrucción completa del país enemigo, porque en ella intervienen (sin distinciones entre frente y retaguardia, ni entre quienes emplean las armas y quienes hacen posible su empleo de un modo u otro, directa o indirectamente) todos los elementos de las naciones beligerantes. Se puede admitir, pues, con López Muñiz, la definición de más absoluta generalidad: "el Ejército es la nación en armas". No obstante su remota etimología, la voz E. no se empleó en castellano hasta muy entrado el s. XVI. Para expresar la misma idea se aplicaron, antes, las de acería, fonsadera, batalla, mesnada, hueste y, a principios del XVI, armada, derivada de la italiana armata, origen también de armée y de army (francesa e inglesa respectivamente).La necesidad del E. está en relación con la condición fáctica del hombre que, como pone de manifiesto la historia, importa la legitimidad del recurso a la fuerza en servicio de la justicia. Como dijo John Dryden -con frase pesimista, pero en más de una ocasión verdaderala paz no es con frecuencia sino la guerra enmascarada, ya que sólo se mantiene por el temor a la guerra. En tono más positivo afirmó Vegecio en De re militar¡ "si quieres paz, prepara la guerra"; y Cervantes, por boca de Don Quijote, señaló que "las armas tienen por objeto y fin la paz, que es el mayor bien que los hombres pueden desear en esta vida".2. Evolución histórica. Los primeros E. de los que existe mención escrita fueron los de Moisés, Ciro, Darío y Jerjes, con referencias concretas a las masas militares persas en las obras de Jenofonte, y a las griegas de la guerra de Troya en las de Homero. Fue Esparta el primer Estado griego (v. II) militarmente organizado y, aunque con diferencias muy sensibles, de él se copiaron sus instituciones militares, pero no la educación exclusiva del pueblo para ser soldado. De efectivos reducidos, en contraste con las gigantescas masas persas, suplieron el número con la disciplinada cohesión de sus formaciones, sobre todo desde que Epaminondas introdujo la falange y el orden oblicuo, perfeccionados en la falange macedónica, con la que los 40.000 hombres de Alejandro se apoderaron del Imperio persa, defendido por más de un millón de guerreros. Los romanos organizaron sus E. (v. III), compuestos exclusivamente por los ciudadanos al principio, y por aventureros voluntarios más tarde, sobre bases muy distintas a los macedonios, caracterizándose por la agilidad y espíritu ofensivo introducidos con la legión, cuya divisibilidad permitía adoptar diversas formaciones, según conviniese, y disponer de reservas maniobreras dispuestas a apoyar puntos débiles, taponar brechas o modificar los ejes y frentes de combate. Por término medio, el E. romano constaba de cuatro legiones (de 4.200 infantes y 300 jinetes, más igual número de hombres como tropas auxiliares), pero en las guerras Púnicas se llegó a los 8’0.000 infantes y 6.000 jinetes, frente a las tropas mercenarias de Aníbal, algo inferiores en número. Aumentaron sus efectivos, perdiendo su carácter nacional con las guerras civiles y reformas de Mario, hasta que Augusto redujo el número de legiones a 25, les dio el carácter de E. permanente y las distribuyó por las extensas fronteras del Imperio. Después, progresivamente, se nutrieron sus filas con los bárbaros fronterizos, disminuyó su valor técnico, se aumentaron sus efectivos hasta llegar casi a las antiguas muchedumbres armadas orientales y el poderío militar de Roma sucumbió.Durante la Edad Media, en Europa, desaparecido el Imperio romano de Occidente, "no hubo, dice Macaulay, verdadera distinción entre el militar y el paisano, porque todo hombre libre tenía la facultad de llevar y usar armas para su defensa y, así, todos los ciudadanos eran soldados". La obligación de acudir, armados en caso de guerra, era común, aunque en número o por tiempo limitados; el rey convocaba a los señores mesnaderos del sistema feudal, que tenían derecho a la leva de tropas y uso de bandera, y se ponía al frente de la hueste o cabalgada. Predominó en esta época la caballería y, salvo casos excepcionales, las tropas reunidas no eran muy numerosas. Sólo las Cruzadas dieron ocasión a la formación de enormes E. (medio millón de hombres reunió en Constantinopla la primera), pero sin cohesión ni valor técnico y mal organizados. En el mundo árabe de la misma época se hacía la recluta de tropas mediante asignación de contingentes a las tribus, en proporción a sus posibilidades, y la unidad superior, mandada por un emir, reunía unos 5.000 hombres, predominando también la caballería.La leva de mesnadas del sistema feudal europeo condicionaba la potencialidad de las huestes reales a la asistencia de los nobles con las suyas. Para compensarlo, los monarcas protegieron y vigorizaron los municipios, que les proporcionaban las milicias concejiles, y al resultar éstas insuficientes surgió la idea de los E. permanentes. Su origen, en España, puede encontrarse en la batalla del Salado (1340) y sitio de Algeciras (1344), según Almirante; se citan también el Ordenamiento de la milicia, promulgado por Alfonso XI en las Cortes de Burgos de 1388, la Compañía de Cien Donceles, por él creada, y la de los Mil continos a caballo, que lo fue por Juan II de Castilla; pero sus primeros ensayos fueron realmente, como señala López Muñiz, las Compañías de ordenanza en Francia (1445) y, en España, la Santa Hermandad (v.), cuando fue reorganizada (1476) por los Reyes Católicos ante el inconveniente que presentaban las tropas de acostamiento (especie de milicias locales uniformadas, también creación suya), por disolverse al terminar cada campaña.Ciñéndonos a las tropas de tierra (para las navales, v. MARINA), la evolución del E. durante el Renacimiento se manifestó en la aparición y perfeccionamiento de las armas de fuego (v. ARTILLERÍA) y en la progresiva conquista, por parte de la infantería (v.), del papel principal en la batalla. El Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba (v.) organizó su E. con dos coronelías de infantería (12.000 hombres), un millar de jinetes pesados y ligeros y medio centenar de piezas de artillería (porque no eran muy numerosos los E. en aquella época), creando una característica escuela militar española, aunque se diesen algunas modificaciones orgánicas al sustituir las coronelías por los tercios (de 12 compañías de 250 hombres) que integraban la unidad superior, el escuadrón de infantería, de nueve a 12.000 hombres, y adoptar la caballería el arma de fuego con preferencia a la lanza, aumentándose algo, no mucho, el número de las tropas que intervinieron en las guerras de Carlos 1 de España contra Francia, protestantes de Alemania y flamencos.Más tarde, otro genio militar, Gustavo Adolfo de Suecia, partiendo de los escasos contingentes de las levas feudales y ampliándolos con voluntarios extranjeros, alcanzó efectivos de 60.000 hombres, tras organizar la infantería en regimientos de mosqueteros y piqueros, dotar a la caballería de espada y pistola, además de la carabina o arcabuz, y aligerar las piezas de artillería para que acompañasen a la infantería. En Francia, el E., perfeccionado por Turena, aunque sin ser todavía nacional, ni permanente, ni regular, falto de disciplina, uniformidad y administración, aumentó progresivamente sus efectivos hasta reunir más de 100.000 hombres en tiempos de Luis XIV. Y en Prusia, donde se le impuso una férrea disciplina y se logró la mejor organización de la época al dividir el territorio en zonas regimentales para las levas, aunque completase los efectivos con tropas mercenarias, la infantería estaba constituida por batallones de cinco compañías de fusileros y una de granaderos, regimientos de caballería pesada y ligera, y artillería de sitio, regimental y a caballo (la principal novedad), a razón de cuatro piezas por cada 1.000 hombres; pero los efectivos totales no pasaron de los 76.000 al subir al trono Federico II en 1740.Fue con la Revolución francesa, por la voluntaria y masiva participación de los ciudadanos en una guerra de signo político y nacional, cuando comenzaron a aparecer los grandes efectivos de tropas, de hasta medio millón de hombres distribuidos en varios E., y se creó, como unidad orgánica superior, la división. Posteriormente, Napoleón Bonaparte (v.), aunque inició sus campañas con reducidos efectivos, los incrementó considerablemente a partir de 1805, organizando como nueva gran unidad, para facilitar el mando, el cuerpo de E., compuesto por dos o tres divisiones (integradas por regimientos de infantería, con cuatro batallones de cuatro compañías de fusileros, una de granaderos y una de tiradores, más un batallón de depósito, y por grupos de escuadrones de caballería ligera, baterías de seis piezas de artillería, a razón de una por cada 1.000 hombres, y servicios auxiliares) y la reserva del cuerpo de E., tanto de artillería como de caballería pesada. La malograda campaña de Rusia en 1812 se inició con la Grande Armée, formada por cuerpos de E. que sumaban 600.000 hombres (de ellos, 70.000 jinetes y 30.000 artilleros, con más de mil cañones). En sus últimas campañas se redujeron los efectivos a la mitad, y aun a poco más de 100.000 hombres en la batalla de Waterloo (v.).No cesó el progresivo incremento del número de hombres que participaban en las guerras, porque, además de aumentar la población de las naciones, aquéllas no perseguían ya la resolución de cuestiones dinásticas, la represalia contra hechos o actitudes de otro monarca, ni la satisfacción de ambiciones expansionistas. Bastaban para ello reducidos contingentes de tropas mercenarias y no permanentes. Ahora, las nuevas motivaciones interesaban a todos los ciudadanos de la nación, y ésta mantenía un E. permanente, por medio del servicio militar obligatorio, reforzado en caso necesario por la movilización de todos sus recursos humanos y económicos, merced a una perfecta y minuciosa organización previamente estudiada. Así, al terminarse la guerra de Secesión, los Estados Unidos licenciaron un E. de más de un millón de hombres. En la guerra de 1877, los rusos movilizaron dos millones y medio de combatientes frente a los turcos. En 1904, el E. ruso contaba ya con más de cuatro millones de soldados. Y en las dos Guerras mundiales, los efectivos de los E. beligerantes fueron ya de decenas de millones, pudiéndose hablar de "la nación en armas", pues todos los hombres, bastantes mujeres y toda la potencia industrial y económica de cada país se implicaron en la conflagración.Almirante, el gran comentarista militar, llama la atención, apoyándose en muchas citas de otros escritores, sobre las ventajas de los E. pequeños, y la realidad ha demostrado repetidamente que no siempre acompaña la victoria a la superioridad numérica. Por ello, aunque las circunstancias hayan variado bastante hasta el tiempo actual, se debe seguir meditando sobre los problemas derivados de la participación de muchos millones de combatientes, no sólo por los elevadísimos presupuestos necesarios para el mantenimiento de un suficiente poderío militar, y el riesgo, ya experimentado en algún caso, de que el aumento de éste desemboque en una guerra, sino también porque, ante el esperado predominio de las armas nucleares en el futuro, existen tres argumentos que aconsejarán la sustitución del número por la calidad de los combatientes y de sus métodos de combate.El primero es la rapidez, ya apuntada en la guerra de los Seis Días, con que se desarrollarán los acontecimientos. Las fuerzas acorazadas y las aéreas, con fuegos atómicos tácticos y estratégicos, permitirán maniobras veloces y profundas destrucciones en la retaguardia, que impedirán la movilización de las reservas y de los recursos en el tiempo y en la cuantía necesarios para hacer intervenir grandes unidades del tipo de las empleadas en las últimas Guerras Mundiales. Es el segundo la potencia y extensión destructoras de los proyectiles de cabeza atómica. Será precisa la máxima dispersión, en todo momento, de reducidos, pero potentísimos y veloces núcleos de combate, para disminuir las posibilidades de masivas destrucciones, lo cual hará imposible la intervención de efectivos cuantiosos. Y el tercero es el creciente tecnicismo. La dificultad del manejo de las complicadísimas máquinas de guerra y de los instrumentos de control inmediato o remoto exigirá un elevado porcentaje de especialistas, preparados mediante costosa y prolongada instrucción, reclutados entre personas con aptitudes y conocimientos básicos indispensables, todo lo cual se opone a la improvisación y a la escasa instrucción que tienen que acompañar siempre a la movilización masiva de combatientes.3. En España, concretamente, limitándonos a esbozar la evolución de su E. de tierra desde que adquirió un carácter permanente, recordaremos que su primera manifestación fue la de las llamadas tropas de acostamiento, organizadas por los Reyes Católicos (v.) para posibilitar la unidad nacional, que concibieron de acuerdo con el principio de nacionalidad como nueva idea política de la estructuración europea. Con ellas, bajo su mando directo y supremo, pretendieron limitar el poder de los nobles, que constituía un peligro para sus propósitos. Eran milicias locales, cada una con uniforme propio que las distinguía, y se reunían para tomar parte en una campaña o para ser revistadas anualmente, disolviéndose después. Organizadas en capitanías, como unidades independientes, varias de ellas formaban una batalla, y la reunión de éstas en número de unos 6.000 hombres constituía una división. Así se organizó el E. de 50.000 infantes y 12.000 jinetes que conquistó Baza, el de 30.000 infantes y 30.000 jinetes que combatió a los portugueses, y el de 32.000 infantes y 10.000 jinetes que consiguió Granada. Pero como su permanencia, cohesión y disciplina no eran completas y dejaban temporalmente indefensos a los Reyes Católicos frente a la nobleza, el 27 abr. 1476 reorganizaron la Santa Hermandad conforme a unas nuevas ordenanzas.Todas las ciudades, villas y lugares mantendrían a su costa un jinete por cada 100 vecinos y un hombre de armas por cada 150, de modo permanente. Su establecimiento tropezó con serias dificultades, superadas poco a poco por las anuales Juntas Generales, hasta que en julio de 1486 se promulgó el Cuaderno de las Leyes Nuevas de la Hermandad, garantizándose la cohesión al constituirse un Consejo Real de Hermandad, y la disciplina al someter todas las capitanías al mando supremo del Duque de Villahermosa, capitán general de la Santa Hermandad Nueva. Doce capitanías de 834 hombres (un alférez abanderado, ocho atabaleros, 24 cuadrilleros, 80 espingarderos y 720 lanceros), más 2.500 peones encorazados y otros tantos ballesteros con que fueron aumentadas en 1488, constituyeron un verdadero E. permanente de 15.000 hombres, que prestó enormes beneficios al país, no sólo en el mantenimiento del orden público y aniquilamiento de las guaridas de forajidos a sueldo de algunos nobles, sino también en acciones contra levantiscos alcaides de castillo y fortalezas, y en la guerra de Granada (v.). En 1498, por motivaciones económicas, al suprimirse las características militares de esta organización, aunque subsistió, la Santa Hermandad Nueva dejó de constituir un E. permanente.Pero la idea de éste se mantuvo en las Guardas Viejas de Castilla, también creadas por los Reyes Católicos en 1493, pues las nuevas armas de fuego exigían la organización de milicias especiales que permitiesen el aprendizaje de su empleo y la instrucción en los ejercicios tácticos introducidos en el remozado arte de la guerra. Esa reducida presencia de E. permanente permitió al card. Cisneros decir, al mostrárselo con algunas piezas de artillería a la Diputación de la Grandeza: "psos son mis poderes". Felipe el Hermoso también constituyó su escolta real como un pequeño E. permanente con la guardia amarilla, con los arqueros de Borgoña y los suizos. Poco después se hicieron famosos los tercios, reunión de compañías o banderas, bajo el mando de un maestre de campo, organizados de modo permanente con voluntarios mercenarios españoles y extranjeros, así como las cornetas o escuadrones de caballería también permanentes. Sin embargo, fueron las ordenanzas de Felipe II (v.) las que establecieron definitivamente un E. de 60.000 hombres, distribuidos en tercios provinciales. Por desgracia, el empobrecimiento del Tesoro en la época de los últimos Austrias, la carencia de capitanes de la talla de un Gonzalo Fernández de Córdoba, Paredes, Dávila, Farnesio, Spínola o Alba, y el bienestar proporcionado por las ocupaciones burocráticas alejaron del ejercicio de las armas a quienes no fuesen meros aventureros, y el E. español entró en clara decadencia.Con el advenimiento de los Borbones, al iniciarse el s. XVIII, la organización del E. español sufrió una honda transformación, copiándose la francesa. Felipe V sustituyó los tercios por batallones de trece compañías, organizó la caballería en regimientos y creó un batallón de arcabuceros al servicio de la artillería. Muy pronto, ese E., en el que ya no se admitían más extranjeros que italianos y valones, comenzó a sufrir modificaciones. En 1704, las milicias provinciales de infantería se organizaron en batallones de 500 hombres, pasándose poco después a los regimientos de 12 compañías, de los que había 33 en 1734. Comenzó a desarrollarse la caballería con la creación de los húsares en 1742 y la distribución de aquélla en 14 regimientos de línea y ocho de dragones en tiempos de Carlos III. También este monarca organizó el real cuerpo de artillería en 1762 y reorganizó las tropas de infantería al dividir los regimientos en nueve compañías, una de granaderos y ocho de fusileros. En 1802, la infantería se dividió en regimientos de línea y batallones ligeros, contingentes que se aumentaban con las milicias provinciales en caso de guerra. En 1803 se ordenaron los regimientos de caballería a base de escuadrones, y los dragones se transformaron en cazadores a caballo y húsares. La guerra de la Independencia (v.) motivó un considerable aumento de tropas, sobre todo de infantería, que llegó a contar con 350.000 hombres repartidos en 120 regimientos de línea, 22 batallones de cazadores y ocho de granaderos.Terminada la guerra, en 1815 se crearon los regimientos de lanceros, de caballería, y dos de guardias españolas, de infantería, en 1818. La creación de la milicia nacional tuvo lugar en 1837; en 1841 se distribuyeron las fuerzas de infantería en 40 regimientos de línea y 50 de milicias, pero en 1847, al disolverse estos últimos, los contingentes de infantería se dividieron en permanentes y de reserva. En 1867 se crearon los terceros batallones en cada regimiento de infantería, y dos años más tarde la caballería se distribuyó en dos regimientos de coraceros, dos de carabineros, ocho de lanceros, seis de cazadores, dos de húsares y cuatro de remonta, además de 20 comisiones de reserva. Análogas continuas modificaciones experimentaron las unidades de las restantes armas, cuerpos y servicios del E., a causa de las agitadas mudanzas políticas del s. XIX, y lo mismo ocurrió tras la pacificadora restauración borbónica, pero fueron de escasa importancia, y se redujeron en muchos casos a simples cambios de uniforme o de denominación de las unidades. Tan sólo mencionaremos, por su indudable trascendencia: la desaparición del anómalo privilegio otorgado a la oficialidad de los cuerpos facultativos para la obtención de empleos superiores en las armas generales, que tuvo lugar en 1888; las modificaciones introducidas en 1885 y 1896 para el reclutamiento, establecido por la segunda a base de sorteo y posibilidad de redención a metálico, incluso para caso de guerra; la organización por regiones, en 1891, con la aparición de las primeras disposiciones reguladoras de la movilización general; la organización de los cuerpos de E. en 1893, y el establecimiento del servicio militar obligatorio en 1912, aunque manteniendo ciertos beneficios (en la forma de prestarlo) para los que abonasen una determinada cuota dineraria, anacrónico privilegio lógicamente desaparecido años después.El advenimiento de la II República, en 1931, con sus vicisitudes y variaciones de directrices políticas; el Alzamiento de 1936 y subsiguiente guerra civil hasta 1939; la estructuración del nuevo Estado español conforme a los principios fundamentales del Movimiento, que contemplan al E. como pieza indispensable que garantice la paz interior y exterior, necesaria para promocionar el progreso de la nación en un clima de orden y trabajo; y la exigencia de adecuar la organización del E. a la que adoptaron otros países tras las experiencias y enseñanzas de la II Guerra mundial y de las guerras locales que sucesivamente intranquilizaron al mundo, proporcionándole la potencia y eficacia de acuerdo con sus posibilidades económicas y presupuestarias, produjeron continuas y profundas transformaciones orgánicas en las fuerzas armadas, hasta desembocar en la organización actual. El número e importancia de las modificaciones que sucesivamente se produjeron imposibilita incluso el mencionarlas, y, respecto a la organización presente, no resulta adecuado exponer aquí tipo y denominaciones de las unidades, cuantía de las dotaciones, armamento de que disponen, ubicación, etc. Baste decir que, en la actualidad, la constitución y organización del E. español difiere de la de los países más poderosos sólo cuantitativamente, y responde al esquema general de los E. modernos. En cuanto a la división territorial v. CAPITANÍA GENERAL.4. Clasificación de los Ejércitos. Si hemos definido al E:como "la nación en armas", atendiendo a la concepción y características de la guerra en el tiempo actual, en un sentido más restringido lo definiremos como conjunto de las fuerzas armadas de Tierra, Mar y Aire de un país; cada una de esas clases de fuerzas armadas también se llama E., por lo que existen: E. de Tierra, constituido por las fuerzas de cualquier clase que desarrollan todas sus actividades única y exclusivamente en tierra, lo cual no empece su transporte por mar o aire al teatro de operaciones; E. del Aire, constituido por las que desarrollan las suyas principalmente en el aire, con plena autonomía, aunque cooperasen con las fuerzas terrestres o navales, y por las que, aun desplegando sus actividades solamente en tierra, están al servicio de aquéllas, de modo permanente y exclusivo; y fuerzas navales, que son las que despliegan las suyas exclusivamente en o desde el mar, y las que le auxilian o sirven permanentemente en tierra, así como las fuerzas combatientes aéreas o terrestres, que aun teniendo por misión actuar sólo en su propio elemento y con sus medios característicos, dependen de aquéllas, como unidades suyas propias, incluso si cooperasen con las fuerzas de los otros dos E.La voz E. aparece también, adjetivada, para expresar conceptos más restringidos y específicos. E. activo es la parte de la población de un país en condiciones de entrar en campaña a la primera orden, por encontrarse prestando servicio en filas o en situación militar que permita su inmediata movilización. E. aliado es el que, formado por parte del E. activo de un país, y constituyendo una gran unidad independiente y con mandos propios, colabora con el E. de otra nación amiga, en un mismo teatro de operaciones o en teatros diferentes, por identidad de intereses o sentimientos, o por haberse así previsto en acuerdos o tratados internacionales, pudiendo estar sometidos a un mismo mando supremo designado por ambos países. E. auxiliar es una parte de la milicia de un país que ofrece su concurso, generalmente mercenario, a otro país, quedando enteramente a su disposición y mando. E. beligerante es el conjunto de las fuerzas armadas de un país que, bajo el mando de un solo jefe supremo, participa en una guerra o en su preparación. E. colonial es el destinado a mantener el dominio sobre un territorio colonial, combatiendo si es preciso, y siendo, generalmente, parte integrante del metropolitano. E. combinado es el que, constituyendo una sola gran unidad y al mando de un solo jefe, está formado por fuerzas armadas de varios países, costeando cada uno las suyas. E. confederado se diferencia del anterior por el hecho de estar constituido de un modo normal y permanente sin implicar la existencia de una guerra ni su preparación. E. continental es la expresión empleada en oposición a las de E. insular o E. colonial, cuando un país tiene también alguno de éstos. E. de bloqueo es el destinado a esta misión de incomunicación de un país, y está constituido, en general y preferentemente, por fuerzas navales. E. de desembarco es el destinado a realizarlo para situar tropas combatientes sobre un territorio, por aire, mar o ambas vías. E. de invasión es el que, con ánimo de intervenir en la vida interna de otro país, o de sojuzgarlo, dominarlo e incluso anexionárselo, se adentra y estabiliza en él. E. de línea es una expresión incorrecta y vaga, con la que se hace referencia, según los casos, a fuerzas armadas técnicas, o regulares, o en servicio activo, o normales, en oposición a milicias populares, a tropas irregulares, al E. de reserva o a tropas especialmente ligeras. E. de observación es la denominación dada a la parte de un E. de operaciones destacada de éste como reserva, en prevención de acontecimientos presumidos o esperados, y también se aplica al que apoya y protege a un E. de sitio contra un posible E. de socorro. E. de operaciones es el conjunto de las fuerzas armadas de Tierra, Mar y Aire, destinadas con misión bélica activa a un determinado lugar de operaciones, del cual toman su nombre, generalmente, aunque . también suelen numerarse si los teatros de operaciones son muchos y de enormes extensiones, como ocurrió en las últimas conflagraciones mundiales. E. de reserva es la denominación aplicada, bien como oposición a E. activo, bien a tropas permanentes no integradas en la organización militar de un país (del tipo de milicias nacionales voluntarias o de carácter político), bien a la parte del E. activo y beligerante que en tiempo de guerra se forma en el núcleo de la defensa, en apoyo o protección de la retaguardia, diferenciándose, en este caso, del E. de observación por su misión, menos presumible y determinada. E. de sitio es el destinado a rendir o apoderarse de una plaza o territorio enemigo totalmente rodeado e incomunicado por él. E. de socorro es el destinado a liberar o al menos a avituallar o a reforzar la guarnición de una plaza o territorio sitiado, pero también se da tal nombre al que acude en ayuda de otro contingente de tropas en situación comprometida. E. expedicionario es el enviado, con cualquier misión, a otros países o a territorios alejados de la metrópoli. E. federal es el conjunto de fuerzas armadas, de organización permanente al servicio de una federación, distinta de las propias de cada uno de los Estados que constituyen la federación. E. feudal llamamos hoy al conjunto de mesnadas de diverso origen (realengo, abadengo, concejil, etc.) que integraban los E. en la Edad Media. E. irregular se denomina, por oposición al regular o de línea, al formado por tropas carentes de una organización permanente y determinada, generalmente de carácter comarcal o político, como los llamados cuerpos francos, somatenes, guerrilleros, francotiradores, etc. E. nacional, denominación carente de sentido en la actualidad, o expresión redundante, por referirse al formado exclusivamente por los aborígenes de cada nación, como ocurre hoy en todos los países; tuvo un gran significado hasta mediados del pasado siglo, cuando era usual el empleo de tropas mercenarias, formadas por aventureros extranjeros. E. neutral es el que mantiene en pie de guerra, pero con carácter preventivo, un país, para hacer respetar su neutralidad y proteger su propio territorio de la amenaza que las conveniencias estratégicas de los beligerantes supone. E. peninsular es una expresión característica española para designar al E. metropolitano en oposición al colonial, unas veces, o para designar las tropas procedentes de la Península, llegadas temporalmente a otros lugares, y distinguirlas de las que normal y permanentemente radican en ellos. E. permanente es una denominación, hoy sin sentido casi, dado que todos los E. de los países europeos lo son, en mayor o menor grado, desde principios del s. XVI, pero aún se emplea para designar el carácter peculiar de las fuerzas armadas organizadas normalmente en tiempo de paz, para preparar militarmente a la población que habría de movilizarse en caso de guerra. E. real es otra expresión que sólo tiene sentido cuando se habla de la Edad Media, en la que cada señor tenía el suyo propio, siendo precisa tal denominación para distinguir la hueste o mesnada propia del monarca, junto a la cual podían o no combatir las demás. E. revolucionario es una expresión carente de significado militar y cargada de sentido político, empleada por primera vez por los sans-culottes de la Revolución francesa, cuyas masas se atribuyeron a sí mismas el carácter de E., y que desde entonces se emplea para designar al populacho, mejor o peor armado, más o menos organizado, con o sin atisbos de disciplina, pero siempre caracterizado por su finalidad subversiva, por la arbitraria designación de sus mandos, por sus acciones incontrolables, exclusivamente agresivas y violentas dentro del propio territorio nacional y por su corta existencia, que termina con su propia derrota o triunfo. E. sedentario es una locución, en cierto modo contradictoria, puesto que el concepto de E. implica la idea de dinamismo, pero que se emplea para designar aquella parte del E. activo de difícil movilización o desplazamiento por la misión o cometido a cumplir.Pero el más frecuente uso de la voz E. es para designar una gran unidad del E. de Tierra, de composición y efectivos previamente fijados. La agrupación de un cierto número de divisiones de infantería, caballería, montaña, motorizadas y acorazadas constituye un cuerpo de E., que dispone de sus propios servicios y tropas, y puede llevar a cabo, por sí solo, cualquier misión de guerra, puesto que cuenta no sólo con grupos y regimientos de artillería de todo género, además de la que acompaña a cada división, y batallones de las diferentes especialidades de ingenieros (zapadores, minadores, pontoneros, transmisiones, etc.), sino también con los servicios de sanidad, intendencia, transportes, etc., por lo cual se le considera hoy como la primera o más simple gran unidad autárquica. Varios cuerpos de E., alguno de los cuales puede ser total y exclusivamente "acorazado" para acciones profundas de explotación de éxito en la ruptura de frentes, constituyen la gran unidad tipo, el E., la más completa, táctica y logísticamente, capaz de desarrollar hasta el fin cualquier campaña, pues normalmente asiste una agrupación aérea táctica (que, si bien tiene mando propio .y autónomo, coordina su acción con la de la gran unidad E. a través de la Sección Especial de Apoyo Aéreo del Estado Mayor del E.); tiene a su disposición inmediata una gran masa artillera, aparte de la de sus cuerpos de E., y cuenta con reservas estratégicas constituidas por grandes unidades completas del orden de cuerpo de E., siendo el general jefe de E. quien prepara y conduce toda la campaña, señalando las misiones a cumplir por las grandes unidades que lo integran.Por último, el gigantesco volumen de los E. modernos, las masas de millones de hombres reunidos por la movilización total de las naciones beligerantes, hicieron imposible que el general en jefe ejerciese el mando directo sobre la totalidad, apareciendo una nueva gran unidad de orden superior a la del tipo E., el llamado grupo de E., fundamentalmente estratégico, de constitución variable conforme a las características y naturaleza del teatro de operaciones que se le asigne y del programa de acción que para cada uno de ellos haya concebido el general en jefe de todas las fuerzas armadas, de quien dependen directamente los generales jefes de los grupos de E., así como los jefes supremos del E. del Aire y de las fuerzas navales, para coordinar las acciones de los E. de Tierra, Mar y Aire, a través de un Alto Estado Mayor Central. El grupo de E. es, por tanto, un órgano de mando estratégico, que planea, dirige y coordina las operaciones que hayan de llevar a cabo los E. que lo integran, conforme a las concepciones del general en jefe, y, al no ser gran unidad logística, carece normalmente de medios de ejecución de los servicios, si bien, en ocasiones, se centralizan en él todos o algunos de los servicios.V. t.: ARTILLERÍA; CABALLERÍA; INFANTERÍA; MARINA; AVIACIÓN; SERVICIO MILITAR.F. RUIZ PLATERO.
BIBL.: j. ALMIRANTE, Bosquejo de la Historia militar de España, Madrid 1923; F. BARADO, Museo militar, Barcelona 1889; N. GONZÁLEZ SIMANCAS, Historia de los cuerpos del Ejército español, Madrid 1910; LÓPEZ MUÑIZ, Diccionario enciclopédico de la guerra, Madrid 1945.
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