Egipto (misr). Prehistoria, Arqueologia y Etnologia. HIST.
Categoria:
Historia
El Valle del Nilo constituye una unidad geográfica que desde la época predinástica se transforma en una unidad histórica. El nombre de E. se deriva de h.t-k3-Pth, una denominación de la ciudad de Menfis (v. VIII, 1). E. propiamente dicho comprendía en la Antigüedad hasta la primera catarata (Asuán), continuaba al sur por Nubia, muy pronto incorporada a E., hasta el sur de la segunda catarata. Los límites del Imperio a lo largo de su historia llegaron, con oscilaciones, hasta Siria, y por el sur hasta Kerma en el Sudán. Todo este valle, de una fertilidad prodigiosa, gracias a la crecida anual periódica (llega a El Cairo a mediados de julio) pudo soportar, a partir del Neolítico, una densidad de población, cuyo número exacto desconocemos, pero sin duda una de las mayores de la Antigüedad. Desde el punto de vista arqueológico constituye E. uno de los países más ricos, y a partir de mediados del s. XIX sus ruinas adquieren un prestigio casi legendario. Numerosas misiones arqueológicas trabajan en este país con resultados sorprendentes. La repercusión internacional de los hallazgos en E. se mantiene a pesar de los años de actividad científica. Los primeros arqueólogos desarrollaron una labor que unía la aventura a la ciencia, para transformarse después en auténticas misiones científicas, que poco a poco han tratado de reconstruir la historia de este viejo país. En este artículo enumeramos sucintamente los principales yacimientos y culturas que se sucedieron en el Valle del Nilo.1. Egipto predinástico. Restos del Arqueolítico y Paleolítico medio hay en las terrazas superiores: Valle de los Reyes, Qiná, Nay` Hamádi, Yebel Ahmar y el Fayum. El Paleolítico superior aparece en Halwán, Luxor, etc. Sin embargo, durante el Neolítico es cuando se individualiza la cultura del Valle del Nilo y adquiere características propias. Los yacimientos de esta época se encuentran a gran profundidad, cubiertos por los continuos arrastres del río que dificultan su excavación. Solamente han podido estudiarse, los situados en el borde del desierto, y en ellos destacan las industrias de hachas pulidas, puntas de lanza, arpones de hueso, cerámica a mano, domesticación de animales y cultivo de cereales, todo lo cual perfila una nueva edad llena de posibilidades. Las comunidades neolíticas agrupan varias chozas y silos de manera irregular, rodeadas de una empalizada. Entre ellas, cabe destacar algunas que por su importancia dan nombre a una etapa, como ocurre con Merimde Bani Salám, yacimiento característico del bajo Egipto, y Tasa, típica del Alto Egipto.La etapa siguiente o predinástica supone un enriquecimiento cultural que se manifiesta en el empleo cada vez mayor del cobre y en un menor uso de la piedra, aunque ambos coexistan durante esta época y prácticamente hasta el final del E. faraónico. Prescindiendo de los yacimientos del Fayum (v.), que algunos colocan al final de la etapa, citaremos el de Ma’ádí, cerca de El Cairo. En este momento el auge cultural del Alto Egipto es muy superior, como demuestran las estaciones de al Badárí, con habitaciones, que pudieron ser tiendas o chozas de materiales perecederos, pero con tumbas ovaladas y rectangulares, con el muerto contraído y ajuares de cerámica y adornos decorados en su mayoría. La cerámica roja pulida con el borde negro, según Baugartel, denota el origen sudanés de los badarienses, aunque los animales que criaban y las plantas que cultivaban eran de origen asiático.Inmediatamente después sigue la fase de Nagada I (Nayada), de la que se conocen principalmente los cementerios con tumbas de rico ajuar y una cerámica con decoración de líneas blancas cruzadas, y que, en general, es afín a la de las regiones asiáticas de Arabia. Nagada II supone un avance cultural de grandes consecuencias. Llega al Alto Egipto, siguiendo la ruta del wadi Hammámat, un nuevo pueblo cuyo origen se desconoce, posiblemente de Asia occidental y de estirpe semítica. Tal vez se deba a ellos el desarrollo de la red de canales de riego a lo largo del Valle del Nilo, hecho que apunta hacia una economía comunitaria que ha de producir la institución típicamente egipcia del nono. Aumenta el uso del cobre, las casas son rectangulares con una planta y un patio, los vasos de piedras duras se hacen frecuentes y la industria del sílex alcanza una gran perfección. Continúan fabricándose las cerámicas antiguas y surge la gran cerámica pintada de esta cultura. En el terreno del arte se anuncian los rasgos esenciales de lo que será el arte faraónico.2. Imperio antiguo. Hacia el 3100 a. C., E. está unido a una sola monarquía y este momento se expresa en el arte con una serie de obras de extraordinaria calidad: las paletas de Oxford, Hierakómpolis y Narmer, la maza del rey Escorpión, el cuchillo de Yebel el-`Arq y otras. En la arquitectura, las dos primeras dinastías (3100-2700 a. C.) dejan sus grandes tumbas reales, en forma de mastabas, como ocurre en Sagqára (o Sakkára, v.), donde sobresalen las de Merneit, de Hemaka y de la reina Nihotep, construidas de piedra y adobe, con muros exteriores reentrantes y gran cámara funeraria. Paralelamente, sigue empleándose la tumba prehistórica de fosa con ligera superestructura. En el Alto Egipto hay otro centro de grandes tumbas en torno a Abidos (v.). La escultura de bulto redondo aparece a finales de la II dinastía, y el bajorrelieve está representado con auténticas obras maestras como la estela del rey Serpiente. Las artes menores muestran una enorme varidad de objetos de metal, piedra y cerámica, pudiendo decirse que, a finales de la II dinastía, el arte egipcio había encontrado el camino para su expresión artística definitiva.Durante las dinastías III y IV (2700-2500 a. C.), se acuña una manera de hacer en la historia del arte que dura hasta fines del Imperio antiguo y se caracteriza por la frontalidad, el triunfalismo en la imagen del faraón y las dimensiones colosales en los monumentos funerarios. A comienzos de la época, el genio de Imhotep crea para Zoser la gran pirámide escalonada de Saqqára, en la que aparece un tipo de tumba que, continuando la tradición de la mastaba (v.), evoluciona hasta producir la serie de pirámides, las cuales son un rasgo característico de la arquitectura egipcia. Con la pirámide (v.) la piedra entra de lleno en la construcción. La pirámide escalonada domina un complejo de edificios rodeado por un muro de más de kilómetro y medio, con el templo funerario adosado. La pirámide fue construida en cinco ampliaciones distintas, partiendo de una mastaba inicial. Entre ella y las verdaderas pirámides se proyectaron cuatro edificios piramidales, dos de ellos en Zawiyat al-`Iryán al sur de Gizá. El tercero es la pirámide de Dahsúr, pensaba como verdadera pirámide pero terminada apresuradamente con un ángulo distinto. Le sigue la pirámide de Meidum, también construida en varias veces, con su templo funerario y su calzada, obra de Snefru, quien seguramente construyó otra pirámide más. Ésta es una verdadera pirámide, pero el apogeo de este tipo de tumba lo constituye el grupo de Gizá (v.). Keops construye la gran pirámide de 230 m. de lado y una altura de 146,59 m., empleando como maestro de obras al visir Henaon. Hecha de grandes bloques de hasta 15 t. de peso y el relleno interior de piedra local. Contiene dos cámaras principales y varios corredores, siendo de notar que el sarcófago real fue construido durante la edificación, dado que es más ancho que el corredor de acceso. Kefren levanta otra pirámide de tamaño igual que la anterior. Cierra el grupo de Gizá la de Micerino.La idea de la pirámide continúa en las dinastías V y VI, destacando el conjunto de Abúsir, donde se repite el complejo de pirámide, templo funerario, calzada y templo del río, como en Gizá. La idea fundamental se mantiene en Deir-el-Bahari (v.) y llega hasta la época meroítica en el Sudán. Paralelamente siguen construyéndose las enastabas que se agrupan en los grandes cementerios de Gizá y Sagqára. Como complemento puede citarse la gran esfinge de Gizá, tallada en la roca, retrato de Kefren, entre cuyas garras tiene una laja de granito que recuerda el sueño de Tutmosis I V antes de ascender al trono.La escultura de bulto redondo está representada durante el Imperio antiguo con obras maestras. Los balbuceos de la época tinita cristalizan en la III dinastía con la estatua de Zoser del Museo Egipcio de El Cairo, la cabeza de Brooklyn, etc. Culmina este arte con las estatuas sedentes de Rhotep y Nofret, de la época de Snefru. En la IV dinastía se producen obras de gran calidad: Hemon de Hildesheim, los retratos de Kefren, los de Micerino y la reina Chamererhepti. La V dinastía cuenta con estatuas como la del príncipe Ranofer, y crea el tipo de escriba, con las obras maestras del Louvre y El Cairo, además de una gran multitud de figurillas de arte casi popular que se entierran en las tumbas. La madera se incorpora como material de escultura y en ella se ejecuta el famoso "Alcalde del pueblo". Durante la VI dinastía hay un proceso de acusado manierismo y desaparece el rígido estilo que había informado el arte del Imperio antiguo. Se extingue el canon de belleza anterior. El relieve y la pintura conocen igualmente un momento de gran vitalidad dentro de los supuestos artísticos de la época.3. Imperio medio. El primer periodo intermedio (22422050 a. C.) supone la disolución de la sociedad antigua, y con ello el comienzo de una nueva caracterizada por el cultivo de las artes y las letras. Poco se conoce de ese periodo de transición, pero los monumentos conservados atestiguan una nueva sensibilidad que busca una expresión más delicada y quizá más realista. Los tebanos reunifican E. y crean el Imperio medio (dinastías XI a XIV), época clásica de la literatura egipcia (v. XI) y en la que las artes llegan a cimas muy altas. El centro del Imperio deja de ser Menfis (v.) y se traslada a Tebas (v.), que una vez capital centra en sí las fuerzas creadoras de este nuevo Imperio. Sin embargo, no pueden olvidarse los viejos centros del norte, donde continúa una actividad artística igual de importante. El arte tebano supone la elevación a categoría nacional del arte desarrollado en los nomos independientes durante el primer periodo intermedio. Estilísticamente, se vincula al pasado, pero con características propias. En tiempos de Mentuhotep II se construye el templo funerario de Deir-el-Bahari, que conjuga de manera magistral la relación entre edificio y paisaje natural. Al mismo tiempo se continúa la construcción de pirámides como ocurre en List, donde Sesostris I levanta una de 60 m. de altura. En Hawára, Ammenemet III construye otra pirámide, adosada a la cual estaba el famoso laberinto.Los templos de la dinastía XII se han venido abajo en su mayor parte o fueron empleados en la construcción de otros posteriores, pero se conservan algunas capillas como la de la diosa Renen-utet en Madinát al-Fayyúm. Ya durante la dinastía XI se había estructurado la idea fundamental del templo egipcio que tuvo su desarrollo definitivo durante el Imperio nuevo. La arquitectura funeraria, aparte las pirámides ya citadas, muestra en provincias las tumbas de los grandes funcionarios excavadas en la roca con unas columnas a la entrada que suelen denominarse protodóricas y grandes cámaras decoradas con escenas que generalmente narran las ocupaciones diarias del difunto. Se han hecho famosas las tumbas de Bani-Hasán, al-Barsá’, Nier y Asuán (v.) y otras muchas, todas ellas de la primera mitad de la dinastía XII. De esta época quedan restos de arquitectura civil. Junto a la pirámide de Sesostris II en Kahun se ha encontrado un conjunto de casas de obreros, cada una de las cuales tiene dos habitaciones principales y otras dos más pequeñas, de las que una sirve de cocina. Las casas son todas iguales y en ellas vivieron obreros empleados en la pirámide.La estatuaria del Imperio medio es una consecuencia del proceso que tuvo lugar al final del Imperio antiguo y primer periodo intermedio en busca de una mayor aproximación a la realidad objetiva. Destaca la estatua de Mentuhotep II de El Cairo. En ella se ha abandonado la actitud de los faraones antiguos y aparece la figura sedente con los brazos cruzados en un tamaño algo superior al real. La estatua en granito negro de Ammenemet I procedente de Tanis, en el museo de El Cairo, es de tamaño doble que el natural, característico de esta escuela, que se remonta a la dinastía XIII. Hay bellas estatuas de Sesostris I, Sesostris II y Sesostris III, especialmente de este último, retratado muchas veces. De Ammenemet III, además de las grandes esfinges, se conservan excelentes retratos en traje real y sacerdotal. El relieve adquiere una perfección muy notable en busca de una simplicidad y una elegancia que le distingue. La pintura de las tumbas particulares es igualmente muy notable.4. Imperio nuevo. La invasión de los hicsos (v.) supone una quiebra en la historia política de E., pero sus consecuencias en el arte son escasas, por lo menos en las artes mayores. Una vez rehecha la unidad del Imperio (v. IV), comienza una época de prosperidad que influye en el arte. Los grandes recursos económicos a disposición de los faraones permiten una abundancia de monumentos como E. no había conocido hasta entonces. Al mismo tiempo, las tensiones espirituales de la época de Amenofis IV dan al arte egipcio uno de los virajes más importantes de su historia, creando algo nuevo en este país de tan rígidas tradiciones. La actividad constructora se extiende desde el Mediterráneo hasta el Sudán, escalonando a lo largo del Nilo templos, tumbas, palacios y fortalezas, que albergan colecciones inmensas de estatuas, pinturas, joyas, relieves y productos de las artes industriales de todo género.En cuanto a los templos, en Deir-el-Bahari el arquitecto Senmut construye uno para la reina Hatsepsut, inspirado en el de Mentuhotep ya mencionado. Consta de un patio bajo y tres terrazas escalonadas unidas por rampas de acceso. Destacan en él las elegantes columnas protodóricas de la columnata norte y los magníficos relieves que narran las expediciones enviadas por la reina al país de Punt y el nacimiento divino de la misma. A partir de entonces el templo egipcio queda canonizado en las partes esenciales de que constará en adelante: pilono, patio, sala hipóstila y santuarios. Todo ello está perfectamente calculado para que el acceso se restrinja a medida que se penetra. Se gradúa sistemáticamente la luz, cegadora fuera del templo, ligeramente sombreada en el patio, muy filtrada en la hipóstila, para transformarse en penumbra misteriosa en las capillas que albergan las estatuas de los dioses, a las que sólo tienen acceso los puros. Asimismo el templo se decora con expresivo relieve egipcio, que narra toda clase de hechos: mitológicos, cosmogónicos, políticos, militares, etc. La estatuaria adosada a las paredes, a las columnas, o situada en las capillas, contribuye a la belleza de estos edificios. Los faraones se representan en los pilonos y en las paredes, en actitud majestuosa y triunfalista. Los grandes conjuntos monumentales de esta época constituyen lugares en los que la piedad de los faraones acumula capillas, patios, salas, puertas, hasta producir esos bosques inmensos de construcciones que en algunos casos van desde los primeros faraones de la dinastía XVIII hasta los reyes helenísticos e incluso los Emperadores romanos. Es característico de la dinastía XVIII la elegancia armoniosa en la distribución de los espacios.Aparte de los templos al aire libre, se construyen en el nuevo Imperio, especialmente en Nubia (v.), templos excavados en la roca que producen sensiblemente el tipo clásico, pero con simplificaciones impuestas por la naturaleza del terreno excavado. La enumeración particularizada sería interminable. Citamos solamente los conjuntos monumentales de Luxor con su famosa hipóstila, Karnak, Abidos, el Rámsiylim, Madínat Habu, Buhen, Abu Simbel (v.), Tell-el-Amarna (v.), etc. junto a los templos, las tumbas reales constituyen otra dimensión importante de la arquitectura egipcia en el Imperio nuevo. En general continúan la tradición del hipogeo del Imperio medio, muy desarrollado en esta época. Las tumbas más características se concentran en la ribera occidental frente a la capital, en el Valle de los Reyes y en el contiguo Valle de las Reinas. Constan de un corredor con pequeñas cámaras simétricas que se extienden hasta la cámara funeraria. Los particulares se entierran en tumbas menores que imitan la disposición de las tumbas reales y varían según la categoría del difunto, y en algunos casos hasta usurpan algunos rasgos distintivos de aquéllas. De estas tumbas, lo que más interesa es su decoración pintada, testimonio de primer orden para estudiar la vida de E. Mantienen la tónica creada en el Imperio medio con una tendencia al idealismo artístico que produce una pintura manierista repetida con insistencia. El resultado son unas obras de gran pureza de línea, pero que poco a poco adquieren una frialdad de habilidad artesana. En ellas podemos seguir mejor que en la arquitectura la evolución espiritual del Imperio medio, desde el clasicismo de la época de Amenofis III hasta las creaciones de la dinastía XIX, pasando por la gran crisis de Tell-el-Amarna, momento definitivo en la evolución del arte.La reforma religiosa de Amenofis IV (v.) se refleja en el arte de un modo revolucionario. Una vez más el arte trata de buscar una expresión nueva de la realidad y su libre manifestación, que obedecía a los ideales de un faraón revolucionario y de unos cuantos partidarios decididos de su ideología. La temática comprende desde escenas de la vida corriente hasta abstracciones religiosas, que en el-Amarna son de un realismo inusitado. La estatuaria real abandona el realismo del Imperio medio y se modelan unas estatuas más elaboradas, aunque más elegantes. Citamos los retratos de la reina Hatsepsut de Berlín, de Tutmosis III de El Cairo, las esfinges de la citada Hatsepsut, los colosos de Memnon, la espléndida cabeza de la reina Teje de Berlín; en el periodo de el-Amarna destacan la cabeza de Amenofis IV, de El Cairo; la del mismo rey, de París; las dos cabezas de Nefertiti, de Berlín; las cabezas de las princesas, del museo de Berlín; el torso de princesa, de Londres; las estatuas de Tutankamon y las innumerables representaciones de Ramsés II. Las artes menores ofrecen en esta época una gran variedad debida a la mayor riqueza de E. y a la casualidad de conservarse el mobiliario completo de la tumba de Tutankamon. Muebles, joyas, vidriería y objetos de tocador, presentan una gama casi infinita en la que no siempre brilla la mejor calidad, pero que posee por lo regular una excelente factura.La última fase del arte egipcio presenta características de continuidad del Imperio nuevo y al mismo tiempo una vuelta progresiva a un arcaísmo que acaba en una imitación servil de los primeros balbuceos del mismo arte, pero sin el vigor de su momento auroral. En la arquitectura se destaca el templo de Hathor de Dándara y el templo de Horus de Edfú (v.), los cuales no ofrecen grandes novedades si no es la reducción a esquema de los templos de la dinastía XVIII. Resumen arquitectónico de la etapa final del arte egipcio son los edificios de la isla de Philae donde la piedad de los últimos faraones, los reyes helenísticos y los Emperadores romanos ha dejado una serie de obras maestras que son el canto del cisne de la gran arquitectura de E. Destacamos el templo de Isis en sus múltiples fases de construcción y el kiosco de la misma. La escultura produce obras con los tipos clásicos de escribas, cabezas de rara perfección, estatuas de faraones como la de Nectanebo I, la gran cabeza verde de Berlín, las innumerables estatuas de Isis y la cabeza de basalto de Viena. El relieve sigue las mismas normas de detalle y buen hacer, y poco a poco el arte griego penetra en los cánones del arte egipcio, evidenciándose su influjo en una mera representación anatómica que se basa en una concepción muy distinta del cuerpo humano; esto no significa que se pierdan los rasgos característicos del arte egipcio, los cuales sobrevivirán hasta los comienzos de la Edad Media en el arte copto (v. ETIOPÍA III), en el que se funden influencias faraónicas, griegas, romanas y bizantinas. Finalmente, el islamismo iconoclasta implantado en E. apaga las manifestaciones escultóricas del genio artístico. Para el arte de la Edad Media en adelante, v. XIII. V. t.: IV.F. PRESEDO VELO.
BIBL.: W. WOLF, Die Kunst Agyptens, Stuttgart 1957; C. MICHAILOWSKI, L’ Art Égyptien, París 1968; C. DESROCHES NOBLECOURT, El Arte Egypcio, Bilbao 1962; 1. PIRENNE, Historia de la civilización del antiguo Egipto, 3 vol., Barcelona 1963; 1. VANDIER, Manuel d’Archéologie égyptienne, 5 vol., París 1952-58.
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