Egipto (misr). Historia Moderna y Contemporánea. HIST.
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Historia
Desde el s. XIV era patente la decadencia de la dinastía mameluca. Sus sultanes, mayoritariamente de origen circasiano, se consideraban simples jefes de un ejército de ocupación y reducían el provechoso tráfico comercial entre el mar Rojo y el Mediterráneo, al cargarlo con ópresivos tributos; además, la desempleada soldadesca mameluca había perdido su eficacia militar (v. MAMELUCOS, DINASTÍA DE LOS). Esto explica la poca resistencia que encontró el turco Selim I cuando ocupó El Cairo (20 en. 1517) y se proclamó sultán de E., con el apoyo de un grupo de mamelucos que esperaban conservar su status bajo el nuevo régimen. Selim realizó pocos cambios administrativos. Por supuesto, disolvió la anterior unión política de E. y Siria (v. SIRIA, IV), convirtiendo cada uno de estos territorios en una provincia turca. En cambio, mantuvo el régimen de propiedad, que hacía de gran parte del país un feudo de los mamelucos; conservó en sus puestos a los emires mamelucos como jefes (beys) de los 12 sanyaq (provincias), en que se dividió E.; y no detuvo la recluta de circasianos. A los seis regimientos que creó Selím, su sucesor Solimán añadió otro y, en el s. XVIII, elementos turcos y mamelucos aparecían complicadamente entrelazados en la élite dominante. El único cambio radical fue la obligación de pagar un impuesto anual al Gobierno de Estambul (la Puerta), lo que motivó que E. entrara en el s. XVII en un periodo de decadencia durante el cual, aunque se han exagerado los nocivos efectos de la dominación turca, ciertamente la población egipcia estuvo sometida a intolerables medidas tiránicas.1. Los pachás y los beys. El E. otomano fue confiado inicialmente a tres poderes: el pachá, el jefe del ejército y el cuerpo de los antiguos mamelucos, destinados a contrapesarse y espiarse. El pachá o gobernador era nombrado anualmente por el sultán; desde Solimán 1, estaba asesorado por dos cámaras (Dzwán mayor y menor), en las que estaban representadas las jerarquías religiosas y militares; y residía en la ciudadela de El Cairo, colocada a las órdenes del jefe de las tropas.Durante el s. XVI, el Gobierno tripartito estuvo controlado por los pachás, de los cuales algunos fueron celosos cumplidores de su deber, otros auténticos tiranos. Como la Puerta (v. HORDA DE ORO) sólo se preocupaba de cobrar sus impuestos, en los demás triunfaba la arbitrariedad, y el país se hundió en un caos peor que el del periodo mameluco. A fines del s. XVI los pachás, sometidos al ejército, perdieron el poco prestigio que les quedaba, debido a los frecuentes cambios de gobierno en Estambul; el ejército se hallaba fuera de todo control y comenzó la lucha por la hegemonía dentro de la élite otomano-mameluca. A comienzos del s. XVII se sucedían los motines (v. TURCOS).En el s. XVII, la importancia de los pachás cedió ante los beys, generalmente de origen mameluco, que al principio fueron 12 y pronto 24. Absorbieron las principales funciones del Estado y, aunque rivales entre sí, dominaron E., reduciendo al pachá a la condición de un simple figurón. Entre estos beys, que gobernaban un país atrasado y empobrecido, el más importante fue `Ali Bey el Grande que, a partir de 1750, se impuso militarmente a sus colegas y llegó a declarar la guerra al sultán (1767), aliándose al pachá de San Juan de Acre, quien derrotó al ejército otomano enviado para restablecer el orden (1769). Prácticamente independiente, Alí gobernó unos años con prudencia y capacidad organizadora; pero, cuando quiso consolidar su independencia conquistando Siria, su aventura le costó la vida (1773), abandonado de todos.En el cuarto de siglo posterior a la muerte de `Ali Bey, la Puerta se ve obligada a reconocer la usurpación de atribuciones realizada por los beys, que aumentan su insaciable rapacidad. A fines del s. XVII, E. es una desorganizada provincia del Imperio otomano donde el poder pertenece nominalmente al pachá o walí, y efectivamente a los mamelucos. Precisamente, para restablecer la autoridad turca, aunque el verdadero designio es atacar a Inglaterra en un punto vital, se organiza oficialmente la expedición francesa contra E. (1798), cuya trascendencia pese a que los franceses sólo se mantuvieron allí hasta septiembre de 1801, es decisiva; al demostrar la incapacidad de los mamelucos para defender el país, les asesta un golpe del que no se repondrían; con la creación por Napoleón de un Diwán en el que tienen asiento los egipcios, por quienes nadie se había preocupado hasta entonces, se pone las bases del nacionalismo, y la ruptura de los lazos que le unen al Imperio turco, hace de E. un foco de conflictos entre las grandes potencias europeas.2. La lucha por la emancipación. Napoleón no tarda en chocar con los turcos que, con ayuda británica logran restaurar en E. la autoridad del sultán. La complicada situación que se produce va a ser aprovechada por Muhammad `Ali que, de 1805 a 1848, reduce toda oposición interna, potencia los recursos económicos del país, conquista el norte del Sudán, demuestra la eficacia del nuevo E. en la guerra de la independencia griega, consigue el reconocimiento del pachalato hereditario en su familia y hace de E. el primer país árabe dotado de un gobierno moderno.Los últimos años de Muhammad ’Ali y los de sus sucesores `Abbás I (1848-54) y Sa’id (1854-63) fueron de letargo. En cambio, el enérgico Ismá `il I (1863-79) marcó una nueva etapa hacia el E. moderno. Con el título de jedive, que le concedió el sultán, Ismá’il se lanzó a una política de reformas y modernización, que se puede simbolizar en el canal de Suez; pero, más fastuoso y despilfarrador que Muhammad `Alí, sumió al país en la bancarrota e hipotecó su independencia, controlada a partir de entonces por Francia ,e Inglaterra. Y cuando Ismá’i1 pretendió emanciparse, la presión franco-inglesa obligó al sultán a destituirle (1879) y nombrar jedive a su hijo Tawfiq (1879-92). Éste, más dócil y menos político que su padre, va a tropezar ante el movimiento nacionalista, que ya se había desarrollado en época de Ismá’il, con la aparición de una prensa política al estilo de al-Ahrám (1875), y que ahora encabeza el coronel `Arabi Pachá. Convertido éste en ministro de Guerra, su xenofobia escapa a todo control y desemboca en las matanzas de los cristianos de Alejandría (1882). Teóricamente para defender al jedive, en realidad para salvaguardar sus propios intereses, Francia e Inglaterra se dispusieron a intervenir. Al fin, ante las vacilaciones francesas, Inglaterra lo hizo sola.3. La ocupación británica. Así comienza la ocupación inglesa de E. (1882) que, al principio, se creyó sería momentánea y que, de hecho, fue de larga duración. Las tropas inglesas serán las únicas fuerzas militares del país, y el cónsul general y agente diplomático inglés E. Baring, futuro lord Cromer, un verdadero virrey. El primer problema que ocupa a los británicos es el Sudán (v. SUDÁN III), donde se ha producido la gran sublevación del Mahdi. Puesto que E. carece de recursos económicos y tropas, la intervención de Gran Bretaña era algo impuesto por las circunstancias; pero el hecho pesaría ya siempre en las futuras discusiones, y los ingleses se aprovecharían de ello. La conquista comienza en 1895 y termina con la convención de 1899, que colocaba al Sudán en situación de condominio anglo-egipcio. Desde entonces, la posición de Gran Bretaña en E. se consolida y aún se asegura más al firmarse la convención anglo-francesa de 1904, por la que Francia renuncia a señalar un plazo a la ocupación inglesa.
El segundo problema es la recuperación económica. Cromer salva la crisis e inicia la prosperidad en 1886; gracias a ello puede realizar importantes reformas administrativas, en el sistema de impuestos y en los tribunales de justicia. Aunque se había alcanzado una prosperidad material hasta entonces desconocida, el nacionalismo se incrementó bajo el nuevo jedive `Abbás II (1892-1914). Muchos egipcios habían olvidado ya la tiranía turca y simpatizaban con la idea de apoyarse en el sultán contra Inglaterra; y, por otra parte, en 1905-1906 se produjo un renacimiento de fervor musulmán. Mustafa Kámil (1874-1908), con un grupo de estudiantes e intelectuales, reorganizó (1907) el viejo Partido Nacional, oponiéndose a la ocupación británica, reivindicando la independencia egipcia y propugnando un régimen parlamentario. Sus airadas peticiones de E. para los egipcios condujeron a un clima de anticristianismo y antieuropeísmo. Sin embargo, tras la prematura muerte de Kámil, el Partido Nacional perdió influencia y, al ser suspendido en 1914, era ya una fuerza agotada.Pero el nacionalismo no desapareció. A pesar de la mayor libertad administrativa concedida por Eldon Gorst, que había sustituido en 1907 al dimitido lord Cromer, y a las proyectadas reformas de lord Kitchener que llegó como residente general en 1911, en estos años se desarrollaron el Partido Nacional, nacionalista moderado, y el Partido Nacional Libre, de emigrados sirios, aunque ambos aceptaron la colaboración con los británicos. Cuando estalló la I Guerra mundial, el jedive `Abbas II visitaba Constantinopla y allí se quedó. Al unirse Turquía (v.TURQUÍA IV) a las potencias centrales e inclinarse el Gobierno egipcio hacia los aliados, la anómala situación se resolvió declarando a E. protectorado británico y sustituyendo al jedive por su tío Husayn Kámil (1914-17), que adoptaría el título de sultán de E. como expresión de su independencia ante la Puerta.Los egipcios consideraban que el protectorado debía cesar al terminar la guerra, y la creación de Estados árabes independientes en el Cercano Oriente (1918) aún estimuló más las aspiraciones de los nacionalistas, cuyos dirigentes fueron los miembros de la Delegación (en árabe, Wafd), del Partido Nacional, encargada de presentar sus peticiones ante el Parlamento británico. Al no dárseles satisfacción, estalló una revuelta general (1919) que determinó la sorprendente declaración de Inglaterra (1922), por la que garantizaba la independencia de E., a condición de que se mantuvieran el dominio británico en el canal de Suez y el status del Sudán, y se le encomendara la defensa de E. ante cualquier ataque exterior y la protección de los extranjeros y las minorías nacionales.4. La monarquía egipcia. El E. independiente se constituye como una monarquía parlamentaria.. El sultán Fu’ád, que había sustituido a Husayn Kámil en 1917, se convierte en rey (1923-36), con el nombre de Fu’ad I. Como la Constitución de 1923 concedía exageradas atribuciones al Ejecutivo, desde entonces la política egipcia implicará la lucha por el poder entre el monarca y la cámara parlamentaria controlada por el Wafd, que se había organizado como un partido político. Frente a él, la corte apoyará la creación de otros, como los liberal-constitucionales (1922) o el Partido de la Unión (1925), de escasos efectivos, pero que entran en todas las coaliciones antiwaídistas. Con carácter xenófobo, surgen tairnbién grupos extremistas, el más significativo de los cucnles es la Hermandad Musulmana (1928).Puesto que el enfrentamiento entre el rey y el Wafd hacía imposible el gobierno, Fu’ád suspende 1a constitución y disuelve el Parlamento (1928), gobernando coro los liberal-constitucionales hasta 1935. Son los años en que se desarrolla rápidamente el Misr, grupo de financieros egipcios apoyados por el Estado. Mas, poco antes de morir, Fu’ád restablece la Constitución, presionado:, por Inglaterra. Fárúq comienza su reinado (1936-52) y, a la vez, el Wafd, que se presenta como defensor de las garantías constitucionales, gana las elecciones. Ambos han de enfrentarse con las consecuencias de la guerra de Abisinia, y el miedo a un cerco italiano les lleva a firmar con Inglaterra un tratado (1936) de 20 años de vigencia que establece la cooperación militar en tiempo de guerra, la gradual retirada de los británicos, que sólo se mantendrían en el Canal, y el paralelo aumento del potencial militar egipcio; al término del tratado, los ingleses abandonarían también el Canal. Aunque se evadía el problema sudanés, el prestigio de E. aumentó hasta el punto de poder ingresar en la Sociedad de Naciones. También Fárúq quería prescindir del Wafd, del que empezaban a separarse algunos miembros prominentes; así, el lugarteniente del presidente Nahhás, Mahmúd al-Nugrásí, pasó a la oposición en 1937, y otros destacados waídistas fundaron (1939) el Partido Saadista, dispuesto a colaborar con el rey. Éste, gracias a tales disensiones, pudo gobernar desde fines de 1937 sin el Wafd.En la II Guerra mundial (v.), mientras el país y el rey eran, por simple anglofobia, favorables al Eje, el Wafd era antinazi; por ello E. se declaró no beligerante. Ahora bien, la amenaza del Afrika Korps exigía un poder cohesivo, y los ingleses presionaron para que el Wafd formase gobierno. A cambio, el Wafd prestó su apoyo a los planes británicos. Eliminado el riesgo de invasión, la política exterior de E. se centró en los asuntos específicos del mundo árabe. El panarabismo (v.) no era una idea nueva, pero es ahora cuando empezaba a preocupar en E.Mientras tanto, el Wafd, que en sus anteriores Gobiernos defraudó las ilusiones de los obreros, quiso recuperar las masas con una ley laboral; pero el proyecto irritó a la oligarquía y ocasionó la tercera escisión en el partido, del que se separó el bloque wafdista independiente, lo que aprovechó Fárúq para formar un gobierno saadista, que sería quien declarase la guerra al Eje. El Wafd en la oposición, volvió a su vieja línea antibritánica, pidiendo la évacuación de las tropas inglesas, que se estaban retirando de todas partes menos del Canal, y ala unidad del Valle del Nilo". Y, al terminar la guerra, el Canal y Sudán se convirtieron en los principales temas polémicos, aunque había subyacentes otras cuestiones serias. Así, p. ej., la importante industrialización ha hecho aparecer en E. una población laboral cualificada, la más numerosa del Cercano Oriente, que demuestra su fuerza en la huelga de 1946; otro ejemplo es también el problema palestino (v. PALESTINA IV).Cuando Gran Bretaña anunció el fin de su mandato en Palestina, el 13 mayo 1948, las tropas egipcias, según la decisión de la Liga Árabe (v.), invadieron y ocuparon en 15 días la zona prevista por la ONU para el Estado árabe. Era el único frente en que los judíos perdían terreno; pero, las treguas de junio y julio, rotas ambas por los egipcios, la victoriosa ofensiva israelita les obligó a un retroceso general (enero 1949). Las negociaciones, patrocinadas por el mediador de la ONU, Ralph Bunche, condujeron al acuerdo de 24 feb. 1949, que establecía una zona desmilitarizada entre E. e Israel (v. ISRAEL III).El fracaso de la guerra, la complicación de la corte en la compra de armas defectuosas y las propias costumbres del rey desacreditaron a la monarquía. El Wafd, alejado del poder durante los trágicos acontecimientos, parecía ser el único recurso, y el rey llamó a su líder Nahhás (1950). Se inicia así un periodo de inusitada y tardía cooperación que de nada servirá. Aunque el Wafd denunció unilateralmente el tratado de 1936 y Fáruq se proclamó rey de E. y del Sudán, los ingleses ya habían adoptado medidas de seguridad en el Canal. La reacción de los antwajdistas y los incidentes con las tropas británicas determinaron la caída de Nahhás (febrero 1952).5. La revolución de 1952. Comienza entonces la agonía de la monarquía egipcia. Los grandes latifundistas y los ricos burgueses, tranquilizados con la permanencia británica, se aferran al poder agrupándose en torno del rey. El campesinado, que experimenta un boom demográfico, padece el alza de los precios y la escasez de viviendas. El crecimiento de la criminalidad, las sublevaciones campesinas y las huelgas realizadas desde 1949 eran un aviso que no se escuchó. Parecía llegada la hora de los extremistas: la Hermandad Musulmana, que se había revelado como una organización nacionalista y terrorista y que, aun disuelta en diciembre de 1948, siguió actuando; y el ilegal partido comunista. Sin embargo, los beneficiarios de la situación no fueron ni uno ni otro, sino el Movimiento de Oficiales Libres, jóvenes militares que, desde la derrota de Palestina, planeaban el derrocamiento del régimen. Sus escasos miembros encontraron apoyo en el resto del ejército, en la prensa y en los partidos políticos de izquierda. Su lema era "eliminar la monarquía; los ingleses y los políticos"; y su hombre de paja, escogido antes del alzamiento, el general Naguib (Nayib), popular héroe de la guerra palestina. En el golpe de Estado de 23 jul. 1952 alcanzaron el poder, depusieron a Fárüq y le obligaron a abdicar en su hijo Fu’ád II (26 julio), tutelado por un Consejo de Regencia. Los partidos políticos existentes fueron disueltos (enero 1953) y no quedó sino el Agrupamiento de la Liberación, cuyo problema era el de la Junta de Gobierno: evacuación inglesa, inconcretas pero demagógicas reformas sociales, autodeterminación del Sudán, reforzamiento de los lazos con los otros pueblos árabes, etc. En febrero de 1953 se promulgó una nueva Constitución y en junio se proclamó la República con Naguib como presidente y primer ministro.Muy pronto se produjo la colisión entre Naguib y el coronel Nasser (v.), fundador y verdadero director del Movimiento. El primero, demócrata, ansiaba restaurar la normalidad constitucional; Nasser, con la mayoría de los Oficiales Libres, reformistas radicales, quería aprovechar la oportunidad para transformar el país y se apuntó en su haber los llamativos éxitos obtenidos en los primeros meses de gestión: reforma agraria (septiembre 1952), acuerdo con Gran Bretaña reconociendo la autodeterminación del Sudán (febrero 1953) y tratado de Suez (octubre 1954), por el que los ingleses se comprometían a evacuar el Canal en 1956. Liquidados los tres problemas más graves de la época anterior, Nasser cobró creciente importancia internacional. Apoyándose en su prestigio, pudo prescindir de Naguib, al que alejó de la política (noviembre 1954).6. El Egipto nasseriano. Las potencias occidentales creyeron que el tratado de Suez era un paso decisivo para incorporar E. al frente antisoviético. Nasser, por el contrario, lo veía como requisito previo para crear un grupo neutral de Estados árabes y, por cuanto implicaba la desaparición del amortiguador británico entre E. e Israel, como un imperativo para fortalecer el ejército egipcio. Esta visión se robusteció cuando Turquía e Iraq firmaron un tratado (febrero 1955), que era el embrión del pacto de Bagdad, por el que se escapaban al control de E., y cuando las tropas israelitas atacaron (1955) el pasillo de Gaza. La consecuencia fue la presencia de Nasser en la conferencia afroasiática de Bandung (abril 1955), que demostró su inclinación hacia las potencias neutralistas y abrió un abismo de separación con las occidentales, ahondando más aún al concluir un pacto en Checoslovaquia (septiembre).La situación desembocó en la crisis de 1956. El año comenzó políticamente al implantarse la nueva Constitución (16 enero), que configuraba a E. como un Estado árabe, en régimen de República democrática y de religión islámica. En junio, un referéndum la ratificó y Nasser fue elegido presidente. Nasser basaba sus esperanzas de desarrollo económico en la gran presa de Asuán, para cuya construcción, previo reconocimiento de la soberanía del Sudán, proclamado independiente en enero de 1956, le prometieron su ayuda USA, Inglaterra y el Banco Internacional (BIRD). Sin embargo, como manifestación de desagrado por el pacto con Checoslovaquia, todos retiraron sus promesas. Nasser respondió nacionalizando el canal de Suez (26 jul. 1956), cuyos ingresos destinaría a la presa (v. II). Las interesadas protestas de USA, Inglaterra y Francia no sirvieron más que para crear un ambiente enrarecido que aprovechó Israel para invadir el Sinaí (octubre 1956). Francia e Inglaterra, arguyendo la necesidad de impedir la extensión del conflicto, desembarcaron en el Canal, pero hubieron de retirarse ante la general condena, incluida la de USA. En resumen, tras la crisis de Suez, Nasser, derrotado militarmente, se alzó con una victoria política y diplomática, robusteció su jefatura del mundo árabe y consolidó su dominio del Canal.En la cúspide de su poder, Nasser pudo controlar las empresas extranjeras, establecer un dirigismo eficaz sobre la economía y encuadrar las masas populares de manera que pudieran ser movilizadas al servicio de los nuevos objetivos. Con este último fin, el Agrupamiento de la Liberación fue sustituido por una nuevo partido único, la Unión Nacional, que quería establecer "una sociedad socialista, democrática, cooperativa". Más trascendente aún fue su política panarabista que condujo a la fusión de E. con Siria y Yemen (1958), origen de la República Árabe Unida. Esta heredó los problemas de las naciones que la constituían. Aunque mejoraron las relaciones con los occidentales y, por el contrario, se hicieron más tensas en algunos momentos (por el anticomunismo de Nasser) las mantenidas con el bloque soviético, fue la URSS quien desde 1959 prestó ayuda para la construcción de la presa de Asuán (v. I, 3).La República Árabe Unida se disolvió en octubre 1961; pero se conservó este nombre para el antiguo E. La disolución motivó la autocrítica de Nasser, su esquema de una Carta Nacional de Principios Socialistas y la reorganización del partido único que ahora se llamará Unión Socialista Árabe; pero no le hizo abandonar su panarabismo (pacto con Iraq y Siria, en 1963; acuerdo con Iraq, en 1964; creación del Mercado Común Árabe, en ese mismo año). No obstante, la reactivación del prestigio nasseriano se paralizó por su enfrentamiento con la Arabia Saudí en la cuestión del Yemen (v. YEMEN II), y, sobre todo, por el choque militar con Israel (v. ISRAEL III) que, en la guerra de los Seis Días (5-11 jun. 1967), infligió una dura derrota a Egipto. Una conjura contra el Gobierno (sept. 1967) y la mala salud de Nasser ensombrecieron más el panorama. Nasser m. el 28 sept. 1970, pero en jul. 1970 pudo ver la inauguración de la presa de Asuán.Muhammad Anwar al-Sádát, al que Nasser había designado vicepresidente en dic. 1969, sucede a éste. Aleja a los partidarios de una excesiva vinculación con la URSS y continúa la política panarabista, para lo que proyecta la Unión de Repúblicas Árabes (E., Libia y Siria), refrendada plebiscitariamente por los tres países (1971). En 1973 estalla la guerra del Kippur entre E. e Israel en la que E. no consigue nada. A partir de aquí Sádát se distancia progresivamente de la URSS y se aproxima a occidente. Así E. consiguió que Israel evacuase la ribera occidental del canal de Suez que pudo abrirse al tráfico en 1975. Un tratado de paz, firmado el 26 mar. 1979 entre E. e Israel, contempla la paulatina devolución a E. de los territorios ocupados por Israel en la Guerra de los Seis Días.O. GIL MUNILLA.
BIBL.: G. HANOSTAUX, Histoire de la nation égyptienne, París 1935-40; CH. H. POUTHAS, R. CLEMENT y J. B. DUROSELLE, Histoire de 1’Égypte (1517-1937), París 1948; J. S. BADEAU, The Emergence of Modern Egypt, Nueva York 1953; J. M. AHMED, The lntellectual Origins of Egiptian Nationalism, Londres 1960; C. P. HARRIS, Nationalism and Revolution en Egypt. The Role af the Muslim Brotherblood, La Haya 1964; J. M. LANDAU, Parliaments and Parties in Egipt, Nueva York 1954; M. COLOMBE, L’évolution de 1’Égypte, 1924-1950, París 1951; P. GÓMEZ APARICIO, Del viejo Egipto a la moderna RAU, Madrid 1960; M. RIAD, Egipto, fenómeno actual, Barcelona 1965; A. ABD EL MALEK, Egipto, sociedad militar, Madrid 1967.
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