Ecuador, República de El. Sociología y Política. POLÍTICA
Categoria:
Política
Al igual que el resto de Suramérica, está en un largo periodo político de transición. A lo largo del s. XX su población ha ido tomando mayor conciencia social, lejos de la politización extremista de otras zonas del continente. En el país no se ha evidenciado de forma tan radical, como, p. ej., en Argentina o Perú, la deficiencia de las estructuras políticas de integración.Un interior poblado de indios, en parte semisalvajes, y una creciente población urbana, dedicada a la industria y a los servicios, son los dos polos que determinan la vida política del país. Entre ambos encontramos un campesinado numeroso y homogéneo, apenas politizado y al que la escasez de comunicaciones mantiene aislado respecto a las ciudades, con un bajo nivel de escolarización y un analfabetismo que, si bien ha descendido notablemente (38,5% en 1966, 14% en 1993), aún es un problema. El resultado es la escasa participación del pueblo ecuatoriano en la política, que es privativa de la oligarquía conservadora del interior y de la burguesía liberal de la costa. Entre estas dos clases, sirviendo de árbitro, aunque favoreciendo el carácter nacionalista de la segunda, está el Ejército, que dentro de las fuerzas armadas suramericanas ha sido uno de los que más motines, golpes y complots ha fraguado.A finales del decenio 1960-70 se descubrieron importantes yacimientos petrolíferos, que transformaron la vida económica de E. En 1972 comenzó la exportación masiva de petróleo, gracias a la cual durante el periodo 1972-78 se pudieron mejorar las infraestructuras (carreteras, sobre todo), conseguir un crecimiento industrial acelerado (una media del 7,8%) y transformar el déficit crónico de la balanza de pagos en superávit; aunque el reparto de la renta nacional siguió mostrando grandes desigualdades. La caída de los precios del petróleo en el mercado internacional, el deterioro de la agricultura y otras causas, hicieron que el rápido crecimiento de la economía ecuatoriana comenzase a menguar desde 1979. En 1983 el PIB ya registró un crecimiento negativo y la deuda externa empezaba a ser preocupante. Sin embargo, los datos socio-económicos de E. no llegaron a alcanzar los extremos de otros países iberoamericanos; por ej., el porcentaje medio de inflación en E. para 1980-89 fue del 34,4%, muy alejado del 392% de Bolivia o del 161% del Perú, por citar a dos países de su entorno. En la última decena del s. XX, E., al igual que otros países iberoamericanos, ha recomenzado una etapa de desarrollo económico.E. nació a la independencia en 1809, bajo el influjo de los principios expuestos en la Constitución norteamericana; principios que de alguna forma han perdurado a través de las diversas Constituciones como base del Derecho político de la nación, aunque realmente se hayan visto gravemente quebrantados con revoluciones, pronunciamientos y periodos dictatoriales, elementos que junto a los incidentes fronterizos con Perú, han marcado la vida política del país (v.III, 4).Su primera Constitución data de 1812, pero no llegó a cobrar vigencia. Desde entonces, E. ha conocido 18 Constituciones.Después de un golpe de Estado, el 16 feb. 1972, y el subsiguiente periodo de gobierno militar, el 15 en. 1978 se aprueba en referéndum la decimoctava Constitución de E. En 1984 fue reformada. Con arreglo a ella, E. es una República unitaria de régimen presidencial electivo, cuyas funciones están distribuidas entre los poderes ejecutivo, legislativo y judicial. Opta por un sistema electoral de doble vuelta (v. ELECCIONES) y establece la edad de voto, que es obligatorio, en los 18 años. En el preámbulo de esta Constitución, como en las anteriores de E., se recoge una invocación a la protección de Dios.El Presidente de la República es el titular del poder ejecutivo. Es elegido por sufragio directo para un periodo de cuatro años. No puede ser reelegido. El poder legislativo radica en el Congreso nacional, unicameral, compuesto por 72 miembros, 60 de los cuales son elegidos por su circunscripción provincial para un periodo de dos años, y los 12 restantes congresistas son elegidos en circunscripción nacional para un periodo de cuatro años. El poder judicial está en manos del Tribunal Supremo, con sede en Quito, y de los demás tribunales inferiores, así como del Ministerio fiscal.Desde los albores de la República, los dos partidos que se han disputado el poder han sido el conservador y el liberal, ya en el s. XX se ha sumado a esta lucha la opción socialdemócrata.Entre otras organizaciones internacionales, E. es miembro de la Asociación Latinoamericana de Integración (v.), de la OEA (v.), de la OPEP (v.) y del Pacto Andino (v.). En 1952 extendió sus aguas jurisdiccionales a 200 millas de la costa. Un punto muy importante de su política exterior es la reivindicación de una zona de 175.000 Km² perdida en la guerra de 1941 contra Perú, y que provocó incidentes armados entre estos dos países en 1981 y en 1983 (v. IV). E. es miembro de la Cumbre Iberoamericana, que se inauguró en 1991 en Guadalajara (México) y que todos los años reúne a los Jefes de Estado y de gobierno de los 21 países iberoamericanos.V. t.: tv.BIBLI.: R. BORJA Y BORJA, Las Constituciones del Ecuador, Madrid 1950; J. N. AQUISTAPACE, Diccionario de la política, 2 ed. Madrid 1976; S. M. LIPSET, A. E. SOLARI, Élites y desarrollo en América Latina, Buenos Aires 1968; G. BOSSANO, Vicisitudes de la nacionalidad ecuatoriana, Quito 1975; L. SÁNCHEZ AGESTA, La democracia en Hispanoamérica, Madrid 1987.FRANCISCO RUBIALES.III. HISTORIA. 1. Introducción. El país que hoy se llama E. es el que se llamó Quito desde tiempo inmemorial. El nombre actual obedece a un cambio desafortunado, por influencia de las mediciones geodésicas de los académicos franceses del s. XVII, hecho en un periodo de transición, como el de la Gran Colombia, en la Ley de División Territorial dictada por Bolívar. Al separarse el llamado Departamento del Sur de la entidad estatal que quiso forjar el Libertador, mantuvo aquel nombre un joven general venezolano, alma del movimiento separatista, llamado Juan José Flores, por completo desvinculado hasta entonces de la tradición gloriosa del Quito. Pero E., en realidad, no es sino la entidad nacional cuyos orígenes se pierden en la memoria del hombre que allí vivió. Es el heredero jurídico de lo que fue el Estado de Quito durante la emancipación; la real audiencia y presidencia de Quito, en la colonia; la gobernación de Quito, en la conquista; el imperio de Quito, bajo Atahualpa; el reino de Quito, frente a la invasión incaica; el Quito, simplemente, en el más antiguo recuerdo de sus habitantes.2. Época aborigen. La prehistoria. 1) El Paleoindio en la región ecuatorial de los Altos Atufes (¿13000? 3500 a.C.). La presencia del hombre en la región andinoecuatorial de América del Sur se remonta a 15.000 años de antigüedad por lo menos. En tan lejana época ya se había establecido en el territorio que es hoy la República del E. el hombre primitivo americano, nómada recolector y cazador, descendiente de los grupos iniciales que, por Behring, arribaron al norte del continente y desde allí, poco a poco, fueron expandiéndose. En Punín, en la hoya del Chambo, y en Alangasí, en la del Guayllabamba, se han encontrado cráneos humanos correspondientes al Paleoindio. En Alangasí, además, se halló un mastodonte que presentaba, en su cráneo, heridas curadas de punta de lanza. La industria lítica de esta época, en efecto, se compone de variado muestrario de artefactos tallados. Se han hallado sobre todo en la región de Quito y sus contornos (El Inga, laderas del monte Ilaló, a cuyos pies está Alangasí, y del volcán Pichincha), y en la Cueva Negra (Sigsig, hoya del Paute).2) Periodo Formativo de la agricultura y la cerámica (3500-500 a.C.). A las caletas, habitadas por pobladores paleolíticos, arriban desde el mar diversas oleadas sumamente reducidas de navegantes. Náufragos quizá, o tal vez exploradores o prófugos de remotas tierras (¿Japón?, ¿Indonesia?, ¿Polinesia?), que traen adelantos culturales, como la cerámica, y quizá formas incipientes de agricultura. Al parecer, su contacto con los núcleos precerámicos desarrolla y aun origina la civilización y la cultura, con fuerza expansiva hacia otros núcleos del litoral pacífico de América y regiones interiores, aun la cuenca hidrográfica del Amazonas. Desde tan remotas épocas el hombre ecuatorial aparece vinculado apasionadamente a la cultura; hace florecer la cerámica, la perfecciona, la desarrolla, la divulga y transmite (v. VI l). Parece que hay una corriente formativa que llega por tierra, a través del Cauca, proveniente de las costas del Pacífico e incluso del Atlántico, del istmo de Panamá y hasta de más al N, y que en el territorio ecuatoriano se expande por la región interandina, por lo menos del Carchi al Chimborazo, confluyendo en la planicie del litoral cisandino con la otra corriente formativa más antigua, venida por Inar.Esta migración cultural parece desarrollar técnicas líticas nuevas, caracterizadas por diversos tipos de hachas pulimentadas y, quizá también difunde de N a S el uso de glifos grabados en rocas naturales. Las últimas investigaciones de la arqueología permiten dividir el Formativo en tres periodos: el temprano, caracterizado por la cultura Valdivia, en la costa norte de la península de Santa Elena (3500-1500 a. C.); el medio, con las culturas Machalilla, también en la costa septentrional de Santa Elena (20001000 a. C.); Tabuchila, en Manabí; Río Verde y Río Mate, en Esmeraldas, región litoral; y Cuasmal, en el Carchi; Quito al pie del Pichincha (2000 a. C.) y Macaji, hoya del Chambo, en la Sierra; y el tardío o floreciente, singularizado por la cultura Chorrera, en la cuenca del Guayas (1500-500 a. C.), probable evolución, ya con peculiaridades propias, de influjos varios provenientes de las anteriores fases del Formativo costeño y serrano, cultura que se proyecta en la costa (Bahía de Caráquez i, en Manabí) y en la Sierra (Alausí, hoya del río Chanchán; Monjashuaico, hoya del Paute). La alfarería de esta época, toscas vasijas de variados colores y diversa decoración generalmente incisa, comprende ollas globulares, tazas hemisféricas y botellas de pico recto y asa de estribo. Aparece la pintura iridiscente. Son notables las figurillas femeninas de barro cocido (¿culto a la fertilidad?) y los anzuelos de concha. La dieta comprendía mariscos, pescado, animales de caza, frutas silvestres y los primeros productos agrícolas: calabazas, fríjoles, maíz. Quizá cultivaban también el algodón. A partir de la cultura de Machalilla, algunas tribus comienzan a practicar la deformación craneana.3) Desarrollo regional de las culturas aborígenes (500 a. C.-1000 d. C.). A lo largo de un milenio y medio las semillas culturales implantadas en el Formativo germinan y se desarrollan, con manifestaciones propias, en las diversas regiones, tanto de la Sierra como de la Costa ecuatorianas. Nuevas migraciones de núcleos marineros, esporádicas en su mayor parte, y tal vez casuales, arriban a la costa manabí, originando una alta civilización (Bahía de Caráquez II), que da lugar a una serie de movimientos de pueblos. Por tierra y mar se desplaza, hacia el norte, primero (fama-Coaque; La Tolita), y hacia la Sierra, luego (El Ángel, Ilumán, Quito), entrando en contacto con núcleos de influencia chibcha arcaica (Cuasmal II); por el interior de la región costeña, fluye hacia el sur (Guangala; fambelí). Por otra parte, avanzan desde el Perú, en devolución de aportes, influencias culturales de Chavín (v.) al comienzo (Challuabamba; Narrío temprano), y de Tiahuanaco (v.) al final (Narrío tardío; Chordeleg). En este periodo se inicia también un movimiento de penetración hacia el Napo (Yasuní). Núcleos jívaros, a lo largo de los Andes orientales, intentan reiteradamente penetrar en la Sierra.Tan intenso movimiento de pueblos e influencias hace vórtice en el centro del E., donde se manifiestan nuevas culturas (Tejar-Río Daule-Guayaquil, en la Costa; Tuncahuán, Panzaleo I, en la Sierra). El desarrollo cultural se presenta, sobre todo, en la alfarería, muy diversificada, que logra formas clásicas, de gran belleza, de modo especial en la estatuaria antropomorfa, en la que sobresalen Bahía de Caráquez, Guangala y La Tolita (variedad de figurillas, desde las de reducido tamaño, 5 a 10 cm., hasta las de grandes dimensiones (50 cm. a 1 m.); en la amplia utilización de la pintura negativa y de la policromía positiva, pre y poscocción; en el uso de sellos o pintaderas; en el desarrollo de núcleos urbanos y en la metalurgia del cobre, oro y hasta platino, que alcanzan un grado notable, sobre todo en La Tolita y El Ángel. La sociedad aparece fuertemente estratificada, con clases sociales dominantes (jefes, guerreros, sacerdotes y hechiceros), pueblo (artesanos, agricultores) y posiblemente trabajadores esclavizados. El culto religioso, en especial a la maternidad, es notable, con santuarios como el de la isla de La Plata, ofrendas y sacrificios (inclusive, según parece, de niños). La navegación marítima es ampliamente practicada y son muy probables los contactos periódicos con Mesoamérica. La agricultura progresa enormemente y se mutiplican las especies cultivadas.4) Integración cultural de los pueblos aborígenes (1000-1500). Al finalizar el primer milenio de la Era cristiana, los avances cayapa-colorados (La Tolita) hacia la Sierra Norte culminan con la implantación de una casta dominante en Quito, Cayambe y Caranqui. Los núcleos serranos, que han alcanzado un alto grado de civilización, logran cierta unidad cultural, impulsada por el comercio, a pesar de estar separados por los nudos y de batirse frecuentemente en guerras mutuas, que a veces se evitan por medio de alianzas transitorias y aun definitivas, primera fase de un proceso de unificación política. Una confederación de tribus, la de los caras o caranquis, con centro en Quito, expande cierta forma de unidad política que avanza, por el N, hasta el Carchi, por el S, hasta Puruhá, incluyendo toda la región de Panzaleo, y que se vincula, hacia la Costa, no sólo con las tribus de la zona de Esmeraldas, sino también con las que se identifican con la alta cultura Milagro-Quevedo, famosa por su orfebrería; la construcción de túmulos funerarios o de vivienda (tolas) da cierta uniformidad a estos grupos y permite suponer la presencia de una casta dominante, que les hacía construir con trabajo esclavizado.Otra confederación es la cañari, también de alta cultura (Tacalzhapa, Narrío tardío) y más homogénea culturalmente que la anterior, con notable desarrollo en la técnica de los metales (Chordeleg, Sigsig); muy vinculada a la precedente, está la tercera gran confederación, la manta, compuesta por tribus de marinos comerciantes de la zona litoral, especie de liga hanseática del Pacífico ecuatorial aborigen, cuyo centro es la misma ciudad de Manta, donde se ha desarrollado también otra alta cultura caracterizada por la navegación de altura y una admirable industria lítica monumental (sillas de piedra, estelas, frisos). A este último grupo, pero con típica altivez isleña, pertenecen los indios de La Puná. Núcleos orientales tratan de introducirse en la Sierra, en empujes frecuentes: lo consiguen al sur, en donde los paltas, pueblos jívaros (tal vez, por tanto, aravacos), avanzan también hacia la Costa, por el abra del Jubones. La confederación de los quitus, que incluye a los panzaleos, penetra en cambio en la región Quijos. La influencia cultural serrana se expande por el río Napo y llega, mediante movimientos de flujo y reflujo, hasta la desembocadura del Amazonas (Marajó). La cerámica logra en todo E. cierto sello de unidad, pese a la compleja multiplicación de sus formas, técnicas, decoraciones y variedades. La metalurgia se incrementa con el uso de la plata, por influencia del sur. Las técnicas lapídeas sobresalen, tanto para las piezas en miniatura como para las megalíticas, de modo particular en Manta, pero también entre los quitus y los cañaris. La zona de Esmeraldas (Atacames) posiblemente sigue manteniendo vinculaciones con Mesoamérica, aunque esporádicas. Hay dos grandes grupos de idiomas; el esmeraldeño-cayapa-colorado-caranqui-pasto y el manta-huancavilca-puruhá-cañari-mochica. El panzaleo sigue participando de ambos y sirve de puente, aunque con influencia especial del colorado-caranqui, lo mismo que el puruhá, por la sujeción o alianza de la confederación quiteña.En el Oriente había una gama enorme de tribus, dialectos e idiomas: cofanes, muratos, jívaros, awishiris, záparos, conambos, sabelas. La tradición aborigen mantuvo vivo el recuerdo de la migración marinera de Carán a Manabí, donde fundó Bahía de Caráquez, se desplazó luego hacia el Norte, y se internó, con el decurso de los tiempos, por el Esmeraldas, hacia la Sierra. Hasta este punto, esa tradición, coincide con el movimiento de culturas del periodo de desarrollo regional (Bahía de Caráquez, Jama-Coaque, La Tolita); lo demás pertenece ya al periodo de integración. Los caras conquistaron Quito y posteriormente se expandieron por Caranqui, zona a la que dieron su nombre después de sojuzgar a los anteriores pobladores, llegando hasta Carchi, por el N; por el S, avanzaron hasta Mocha. Sus reyes adoptaron el nombre de shiris; su pueblo se llamó, en la Sierra, simplemente quitos, por el último cacique de la zona situada al pie del Pichincha, que murió resistiéndoles, a cuyo pueblo sojuzgaron y con el que poco a poco se mezclaron; también se llamaron caras. Cuando la sucesión no pudo continuarse por línea de varón, por ser heredera la princesa Toa, se formalizó una alianza con Puruhá, por medio del matrimonio de aquélla con Duchicela, heredero de esta nación, hijo de Condorazo. La confederación caranqui-quito-panzaleo-puruhá, más conocida con el nombre célebre de reino de Quito, ante el peligro incaico se confederó también con los cañaris, inmediatos vecinos al S, y opuso tenaz resistencia a la expansión cuzqueña.La protohistoria. 1) Resistencia de las tribus andinoecuatoriales a Túpac Yupanqui. Imperaba en el Cuzco el célebre inca Pachacútec Yupanqui cuando su hijo Túpac Yupanqui, obedeciendo sus instrucciones, comenzó, hacia 1450 aprox., sus avances en dirección al territorio de lo que es hoy E., donde encontró la más apasionada resistencia. Su ejército habría sido de 200.000 hombres, cifra sin duda exagerada, pero en todo caso era un cuerpo militar forjado en tres siglos de lucha continua, aguerrido, disciplinado y valeroso. Varios años duró la oposición de los paltas y cañaris a Túpac Yupanqui. Se cuenta que antes de la batalla que decidió la sujeción de esta zona, el Inca envió un ultimátum a cañaris y quitos, aliados contra él: "Estamos en nuestra patria y naturaleza -le respondieron-. Somos libres y no queremos servir a nadie ni ser tributarios". No le fue, pues, fácil la conquista, pero, una vez terminada, Túpac Yupanqui tuvo un hijo en Tomebamba, la capital cañar¡, quien, educado en el Cuzco, había de sucederle, con el correr de los años, con el nombre de Huaina-Cápac (v.). La resistencia de los puruhaes, panzaleos y quitos fue también larga y heroica.Hualcopo, el jefe quiteño, se retiró a Mocha y allí resistió al invasor, negándose a rendirse: "Sólo con la muerte perderé mi reino y mi independencia", fue su respuesta al inca Túpac Yupanqui que le invitaba a deponer las armas. Tras el desastre de Lacatunga, los restos del ejército quitu se retiraron hacia el norte, mandados por el joven cacique Cacha, sucesor de Hualcopo, que aplicó una política de tierra arrasada y, luego de demoler Quito, se hizo fuerte en las peñolerías de Cochasquí y Cayambre. Las tropas de Túpac Yupanqui, sin animarse a dar una nueva batalla, prefirieron ocupar la abandonada ciudad, capital de la gran confederación organizada por los caras; dicha ciudad había sido fundada por el legendario Quitumbe, el cual (según los mitos panandinos era también antecesor de los incas), impresionado por la verticalidad del sol y considerado dios y padre de su estirpe por los monarcas cuzqueños, determinó establecer una gran ciudad sobre el mismo asiento cara. Túpac Yupanqui emprendió el regreso, bajando a Manabí, desde donde con pilotos mantas realizó un viaje por mar hasta unas islas, que se supone fueron las Galápagos, aunque no faltan quienes creen pudo haber llegado hasta la Polinesia.Vuelto al Cuzco, dejó su trono al morir a su hijo HuainaCápac.2) Resistencia de las tribus ecuatorianas a Huaina-Cápac. El nuevo Emperador del Incario se hallaba en Tiahuanaco cuando fue informado de una sublevación general de las tribus del reino de Quito. Pregonó la guerra y partió con un ejército nutrido como el de su padre, dejando en el Cuzco a su hijo Huáscar. Los chachapoyas y los tumbes le opusieron resistencia, pero los dominó, al igual que a los punaes y huancavilcas. Estableció luego su cuartel general en Tomebamba, su ciudad natal, a la que embelleció con espléndidas construcciones. Hizo terminar el camino imperial que la unía al Cuzco, y en seguida emprendió la tarea de sojuzgar a los sublevados quitus. Los primeros combates volvieron a darse en Achupallas y Tiocajas, inclinándose la victoria a favor del Inca, quien intimó la rendición, übteniendo la altiva respuesta de Cacha: "Yo he nacido libre y señor de mi reino y quiero morir como señor y como libre, con las armas en la mano, antes que sujetarme al oprobioso yugo extranjero". Veinte años duró, en total, la guerra de Quito, que terminó en la batalla de Yaguarcocha (lago de sangre), con el exterminio de los sublevados.3) Quito, corte imperial del Incario. Como medida de apaciguamiento y siguiendo una práctica tradicional de los incas, Huaina-Cápac resolvió hacer un nuevo matrimonio y casó con Paccha, la hija del rey Cacha. De este enlace nació Atahualpa (v.). Hizo grandes construcciones para embellecer la capital quiteña que, con la presencia del Emperador, durante los muchos años que en ella vivió, se convirtió en la verdadera corte del Tahuantinsuyo. Completó el camino de Quito a Tomebamba, desde donde la calzada avanzaba hasta el Cuzco. Y mantuvo el control sobre la remota capital de su padre por medio de su ayllu, al que denominó Tomebamba, y de los numerosos mitimaes cañaris que la guarnecían. Indudablemente fue Huaina-Cápac el Inca más sobresaliente y poderoso. En su reinado alcanzó el Tahuantinsuyo la máxima extensión. El francés Legohuir ha dicho de él que es "el mayor de los ecuatorianos primitivos, el mayor de los incas y el más grande de los antiguos americanos, el exponente más encumbrado de la raza americana". Hacia 1526, el inca Huaina-Cápac recibió noticias de la aparición en Esmeraldas de una nave extraña. Tales noticias intranquilizaron al anciano monarca. A la angustia sé sumó pronto la enfermedad y ambas acabaron con la vida del Inca. Antes de morir, Huaina-Cápac hizo su testamento. Por él dividió en dos partes el Imperio: la una, para su hijo cuzqueño Huáscar, que comprendía desde Jauja hasta Chile; y la otra, que había pertenecido a los antiguos quitus y a sus tribus confederadas, para su hijo quiteño Atahualpa.4) El Inca quiteño Atahualpa, señor del Tahuantinsuyo. Atahualpa es ya figura histórica. En él se unieron las estirpes reales de los incas del Cuzco y de los shiris de Quito. Nació en esta ciudad probablemente en los últimos años del s. XV. Vivió siempre junto a su padre Huaina-Cápac y fue su hijo predilecto, habiendo aprendido a su lado el arte del buen gobierno y el ejercicio de las armas. Cuatro o cinco años le dejó en paz su hermano Huáscar, pero una disputa de jurisdicción encendió la guerra fratricida, que ensangrentó el Imperio. Numerosas batallas sostuvieron los dos ejércitos. En Quipaipán, cerca del Cuzco, fue vencido Huáscar por los generales quiteños Quizquiz y Calicuchima, quienes entraron vencedores en la ciudad sagrada del Cuzco, capital del Imperio, y proclamaron la soberanía absoluta de Atahualpa. Todo el Tahuantinsuyo se le sometió. El nuevo Inca se hallaba en Cajamarca cuando llegó Pizarro.3. Época hispánica. 1) Conquista del Quito por los españoles. El 16 nov. 1532 tuvo lugar el célebre golpe de mano de Cajamarca en el que Atahualpa, Emperador del Tahuantinsuyo, cayó prisionero en manos de F. Pizarro (v.). A poco ofrecía su rescate, pero el 29 ag. 1533 fue ejecutado por el conquistador. La muerte de Atahualpa fue recibida con no disimulada alegría entre los incas del Cuzco, que veían en él al usurpador advenedizo, pero llorada en el Quito: "Chaupi punchapi tutayarca" (anocheció en la mitad del día) fue la desolada voz de sus súbditos. Los generales de las tropas quiteñas, Quizquiz, Calicuchima, Rumiñahui, iniciaron escaramuzas de resistencia que al fin fueron vencidas. Entre los lugartenientes de Pizarro que participaron en el botín, el capitán Sebastián de Belalcázar (v.) ansiaba una gobernación propia. Desde San Miguel de Piura partió por su cuenta hacia el norte, rumbo a Quito. Logró vencer la aguerrida resistencia de Rumiñahui; con habilidad jurídica y mediante negociaciones económicas pudo también evitar un enfrentamiento con el capitán Pedro de Alvarado (v.), que atraÍDo por la nombradía de Quito había venido desde Centroamérica con expedición propia; supo, en fin, calmar las preocupaciones de Pizarro y Almagro, y luego de los episodios fundacionales de 15 y 28 ag. 1534, el 6 de diciembre de ese mismo año estableció en Quito Cabildo y Regimiento, efectuando la fundación castellana de la ciudad sobre las ruinas de la urbe aborigen. San Francisco de Quito se convirtió pronto en un emporio de actividad española, centro de atracción de conquistadores y punto de partida de expediciones fundadoras y misioneras. Además de Quito (v. QUITO II) y Guayaquil (v. GUAYAQUIL iI), fueron fundadas San Gregorio de Portoviejo, Ambato, Riobamba, Chimbo, los puertos de Atacames, Manta y Bahía de Caráquez; Loja, Santa Ana de los Ríos de Cuenca; Zaruma, al finalizar el s. XVI, e Ibarra, a comienzos del XVII.También se emprendieron desde Quito las exploraciones al Oriente, hacia el país de la canela. Las inició Díaz de Pineda, teniente de gobernador de Quito, en 1538, quien llegó a la zona de Quijos. En 1541 Gonzalo Pizarro, su sucesor en el cargo, partió de Quito, mientras desde Guayaquil Francisco de Orellana (v.) hacía lo mismo, los dos llevados del deseo de explorar Eldorado (v.); ambos llegaron al río Coca, donde se construyó un bergantín, en el cual Orellana, impedido de volver a su base por la corriente del Napo, realizó la hazaña descubridora del río Amazonas, el 11 feb. 1542, cuyas aguas le llevaron al Atlántico, mientras Pizarro, cansado de esperarle, volvió a Quito. Por haber partido de esta ciudad la expedición descubridora, durante mucho tiempo fue conocido el Amazonas con el nombre de Río de San Francisco de Quito. Las expediciones se hicieron cada vez más frecuentes y se fundaron las ciudades de Jaén, Macas, Zamora y Baeza. Hacia fines del s. XVI había en la región amazónica cuatro gobernaciones dependientes de Quito: Quijos, Macas, Bracamoros y Yaguarzongo. Las luchas civiles entre los conquistadores tuvieron un triste epílogo en la llamada guerra de Quito, en la cual participaron, de un lado, el virrey del Perú, Blasco Núñez de Vela, y de otro, Gonzalo Pizarro; en la batalla de Iñaquito (1546) éste venció al virrey, que fue decapitado. El pacificador La Gasca haría lo mismo con el rebelde poco después.2) El obispado y la presidencia de Quito. En 1541 Carlos V, en cédula real, otorgó a Quito categoría de ciudad y escudo de armas. En 1545, a petición del Emperador, el papa Paulo III la erigió en obispado (v. iv, 1).En 1556 se le concedió estandarte y el título de "Muy Noble y Muy Leal". En 1563, en fin, Felipe II estableció la real audiencia y presidencia de Quito, dándole por distrito, "por la costa, hacia la parte de la ciudad de los Reyes, hasta el puerto de Paita, exclusive, y por la tierra adentro, hasta Piura, Cajamarca, Chachapoyas, Moyobamba y Motilones exclusive, incluyendo hacia la parte susodicha los pueblos de Jaén, Valladolid, Loja, Zamora, Cuenca, La Zarza y Guayaquil, con todos los pueblos que estuvieren en sus comarcas y se poblaren; y hacia la parte de la Canela y Quijos tenga los dichos pueblos con los demás que se descubrieren, y por la costa hacia Panamá, hasta el puerto de Buenaventura inclusive, y la tierra adentro a Pasto, Popayán, Cali, Buga, Champanchica y Huarchicona...". Desde entonces, a lo largo de lo que quedaba del s. XVI, se completó la organización administrativa y eclesiástica del reino de Quito, se establecieron las principales órdenes religiosas, comenzó la producción económica en haciendas, obrajes y batanes, aunque también la triste explotación del indio en encomiendas y mitas. Se inició la vida cultural, en la que merecen especial mención los franciscanos ladoco Ricke y Pedro Gosseal, fundadores de la primera escuela y divulgadores de las técnicas agrícolas y artesanales europeas, y el dominico Pedro Bedón. Dos nuevos conatos de rebeldía, aparte del de Gonzalo Pizarro, fueron: en 1583 la fracasada conspiración de Miguel de Belalcázar, hijo del conquistador y de una india quiteña; y en 1592 la revolución de las Alcabalas, serie de motines contra este impuesto, dominados a sangre y fuego, en los cuales los criollos sublevados quisieron inclusive proclamar un "rey de Quito".3) El siglo XVII: apogeo de la presidencia de Quito. Si la primera mitad del s. XVI representa para el reino de Quito la doble subyugación, primero a los Incas y luego a los españoles, y toda una secuela de transformaciones profundas, la segunda mitad significa la consolidación del dominio español, el afincamiento de la civilización europea, la estructuración administrativa, cultural, económica y religiosa de la presidencia de Quito, así como el desenvolvimiento de sus principales urbes. Con tales bases, el s. XVII contempla el apogeo de la real audiencia, cuya riqueza, lamentablemente construida sobre el dolor indígena, permite la vida universitaria y cultural (Univ. de San Fulgencio, San Gregorio y Santo Tomás de Aquino, a cargo de agustinos, jesuitas y dominicos, respectivamente), la expansión misionera en el Amazonas y la explosión del arte quiteño (v. vi, 2; QUITO iv). En esta ciudad se construyen la mayor parte de los preciosos templos, conventos y monasterios, de modo particular San Francisco, La Compañía, Santo Domingo y San Agustín; descuellan el P. Carlos (v.) en la escultura, Miguel de Santiago (v.) y Goríbar (v.) en la pintura. Quiteños ilustres, entre los que sobresalen fray Gaspar de Villarroel (v. v) y el jesuita Pedro Mercado, llevan el nombre de su tierra por toda América e incluso a Europa. Florecen la castidad y el sacrificio de Mariana de Jesús (v.), hoy santa de la Iglesia católica, canonizada por Pío XII. Y el esfuerzo es tal que se desafía la furia de los frecuentes terremotos y se reconstruyen tenazmente las ciudades devastadas, afrontándose también el peligro de las invasiones corsarias. Pero en general el s. XVII es el siglo de la paz y la estabilidad administrativas bajo el paternalismo colonial.4) El siglo XVIII: descontento y crisis. Aunque la primera mitad del s. XVIII es una continuación del XVII, insurgen cada vez con más valor los sentimientos del propio valer en los criollos, acrecentados con la designación del primer magistrado nativo para la presidencia de la audiencia y por el brillo que lejos de estas tierras alcanzan algunos de sus hijos, como Pedro Vicente Maldonado, reconocido aquí mismo como notable por los académicos franceses que, desde 1736 a 1739, llevan a cabo la medición de un arco de meridiano, presididos por el ilustre Carlos María de La Condamine. La expulsión de los jesuitas en 1767, muchos de ellos criollos (los más notables de los cuales son el P. Juan de Velasco, célebre historiador, y el P. Juan Bautista Aguirre, poeta eximio), trae consigo un hondo malestar y una toma de conciencia sobre la injusticia que se comete. Por otra parte, desaparece con ellos el régimen nacional impuesto en el cultivo de sus numerosas propiedades agrarias, lo que origina la escasez general de productos y un encarecimiento de la vida. Otras reformas de orden económico implantadas por la Administración española bajo Carlos III, sobre todo el cobro de tributos para sostener fortalezas foráneas en Cartagena y Santa Marta, acrecientan la decadencia de la otrora próspera audiencia. Adquiere auge y gravedad el contrabando. Nuevos terremotos empeoran la situación. Hay pobreza general, inclusive hambre. Y se producen violentos alzamientos de indios. Como sedimento inevitable, el descontento se generaliza.Los criollos encuentran en la presencia de los peninsulares el origen de todos los males; muchos españoles, por su parte, piensan que todavía puede manejarse la colonia en su provecho, como en los tiempos de bonanza. La pugna se agrava y llega a los mismos conventos; y el nuevo estallido de mediados del s. XVIII, la revolución de los Estancos, no hace sino augurar lo que vendrá a comienzos del XIX: la independencia. Tres criollos, Miguel Tobar de Ugarte, comprometido en una conspiración a favor de Túpac-Amaru; Miguel de Jijón, noble propulsor del progreso material de Quito y prototipo del intelectual ilustrado; y el precursor de la emancipación, escritor y médico Dr. Francisco Eugenio Espejo (v.), simbolizan el inconformismo de la época, perseguidos todos ellos, el primero y el último, por la autoridad civil, que les sepulta en rigurosas prisiones, hasta hacerlos morir; el segundo, por la Inquisición. Cuando en 1799 llega a Quito como presidente el barón Luis Héctor de Carondelet, la situación de la audiencia de Quito, que ya había inquietado al presidente García de León y Pizarro, se había vuelto tan angustiosa que el nuevo magistrado, en informe reservado al rey en que sugería soluciones, la califica de "extremada miseria", "la pobreza más decidida y agobiada". Pese a sus empeños, nada eficaz hace la corona por remediar tantos males. Nada de extraño tiene, pues, que en un campo de cultivo tan propicio para protestas y reclamos, haya surgido, a comienzos del s. XIX, el primer estallido independentista contra España, la lejana metrópoli, en cuyo beneficio se implantó el libre comercio y se tomaron otras medidas económicas que arruinaron a sus provincias de ultramar y, a la postre, revirtieron contra ella.4. Época nacional. Independencia. 1) La revolución del 10 de agosto de 1809. Los discípulos del Dr. Espejo habían seguido después de su muerte alentando los ideales emancipadores y habían logrado obtener algunas posiciones directivas de segunda importancia en el Gobierno, en la universidad y en el Ejército, conquistando al mismo tiempo no pocos simpatizantes tanto en el clero secular como en el regular. Uno de ellos, el capitán Juan Salinas, había dirigido con éxito un cuerpo de tropas destinado a proteger Panamá cuando en 1806 los ingleses amenazaron América por varios puntos y desembarcaron en Buenos Aires. En tal ocasión circuló profusamente en Quito una oda manuscrita que exaltaba la capacidad criolla para gobernarse y para defenderse por las armas, a pretexto de lo cual se señalaba claramente el ejemplo de EE. UU. "que sacudió un yugo tan tirano". Su autor era el abogado Manuel Rodríguez de Quiroga. Por otra parte, la noticia de los sucesos de España causaron honda inquietud. José Mejía Lequerica, casado con una hermana del Dr. Espejo, había combatido en Madrid el 2 de mayo y escribía relatando los hechos; Carlos Montúfar, hijo del marqués de Selva Alegre, amigo y confidente de Espejo, había luchado también en Bailén, y, como ellos, otros varios nativos del reino de Quito. Las noticias eran, pues, de primera mano. Conocedores de ellas, los discípulos de Espejo se reunieron en la Navidad de 1808 en la hacienda de Los Chillos, de Juan Pío Montúfar, y concibieron un plan revolucionario, que no llegó a realizarse de inmediato porque una delación dio con cinco de ellos en la cárcel. Se inició un proceso, acusándoseles de reos de Estado, pero la hábil defensa, primero, el robo mismo del proceso, después, y hasta el cohecho del fiscal, sirvieron para que recobraran la libertad.La conspiración prosiguió hasta que el 10 ag. 1809 se dio el golpe con tanta precisión que no hubo que lamentar derramamiento de sangre. El conde Ruiz de Castilla, presidente de la audiencia, fue depuesto; las autoridades españolas, reducidas a prisión; ganados los cuarteles y constituido un nuevo Gobierno, bajo el nombre de junta Soberana, con tratamiento de majestad. La noticia causó conmoción; era la primera vez que soberanía y majestad dejaban de atribuirse al rey en Hispanoamérica. Se comunicó el hecho a las provincias y a los virreyes de Santa Fe y Lima, así como a los cabildos de América y a los varios corresponsales. Pero pronto Quito quedó completamente aislado; las ciudades de Pasto, Guayaquil y Cuenca se aprestaron a rechazar por las armas a los revolucionarios; Bogotá y Lima enviaron sendos ejércitos; Panamá preparó refuerzos. Las bisoñas tropas insurgentes fueron derrotadas en el Guáytara y Zapuyes. No quedó más remedio que pactar con el antiguo presidente de la audiencia, quien ofreció no tomar ninguna represalia. Ante la promesa, toda resistencia terminó; las tropas realistas, provenientes del norte y el sur, entraron en Quito. Sin embargo, el conde Ruiz de Castilla no cumplió la promesa; los autores de la intentona fueron acusados, procesados y detenidos. Algunos lograron huir. Las medidas de represión se extremaron. Terminada la indagatoria, el fiscal Arechaga emitió su acusación pidiendo pena de muerte para 40 de los principales dirigentes, así como para 32 de los 160 soldados de la guarnición que plegaron a la junta la noche del 10 de agosto, los que debían ser sorteados, uno de cada cinco; y penas de presidio para cerca de 50 comprometidos más, aparte de confiscaciones y otras sanciones de toda índole. La angustia y zozobra producidas en la ciudad por el quebrantamiento de la palabra empeñada por el presidente Urriez se acrecentó sin límites al conocerse la acusación fiscal.Al recibirse en Quito, poco después, la noticia del arribo del coronel Carlos Montúfar, hijo de D. Juan Pío, designado comisionado regio por la Junta Central, una sorda preocupación apareció en las autoridades realistas, en contraste con la alegría del pueblo. Tal estado de cosas culminó en sangre el trágico 2 ag. 1810. Aquel día un reducido grupo de patriotas, alevemente incitados por provocadores, asaltó el cuartel real con ánimo de dar libertad a los presos, pero, ante la alarma, soldados realistas mataron bárbaramente a los detenidos y 32 dirigentes patriotas fueron asesinados. Tumultos callejeros se produjeron aquel día como por generación espontánea; el pueblo quiteño se enfrentó a las enfurecidas tropas realistas, exaltadas por la muerte de uno de sus capitanes. Cerca de 300 víctimas, entre los dos bandos, fueron el resultado del antagonismo, y los motines terminaron solamente por la intervención del obispo Cuero y Caicedo. Carlos Montúfar no alcanzó a llegar a Quito a tiempo para impedir el sangriento suceso. Pero, una vez en esta ciudad, restauró una nueva junta de Gobierno, bajo la presidencia del propio Ruiz de Castilla y la vicepresidencia de su padre, el marqués de Selva Alegre. Pronto renunció el conde Ruiz, y la presidencia del Estado de Quito fue desempeñada por el obispo Cuero y Caicedo.El problema inmediato fue organizar la resistencia, tarea encomendada al coronel Montúfar, que logró obtener algunas victorias por el sur, aproximándose a Cuenca. La reacción española no se hizo esperar. El virrey Abascal envió, desde Lima, al general Toribio Montes con un fuerte ejército regular. Quito se aprestó para la defensa, acaudillada por el propio obispo-presidente. Poco antes se había reunido el Primer Congreso Constituyente, que el 11 dic. 1811 proclamó solemnemente la independencia y el 15 de febrero aprobó una Constitución política del Estado de Quito. Sin embargo, a pesar de las victorias alcanzadas al sur y de la toma de Pasto, por el norte, la acometida de las tropas realistas, formadas por soldados veteranos, fue tremenda. Para colmo de males, hubo divisiones intestinas entre los patriotas, por rivalidades entre influyentes familias del reino y, quizá, por divergencias doctrinarias entre embrionarios grupos políticos. Tras varias batallas, Montes conquistó Quito a sangre y fuego el 8 nov. 1812. La población había evacuado la ciudad: hombres, mujeres, niños y ancianos, y a la cabeza de todos el obispo Cuero y Caicedo, en impresionante éxodo, se dirigieron en masa hacia el norte.En San Antonio de Ibarra se dio el último combate el 27 del mismo mes y el 10 de diciembre cayó Ibarra. La represión fue brutal. El coronel Francisco García Calderón, uno de los jefes, fue fusilado en unión de numerosos oficiales. Carlos Montúfar logró huir; apresado al fin, fue enviado a Panamá, en donde volvió a escapar a Nueva Granada. Combatió a las órdenes de Bolívar, con quien entró en Bogotá. Enviado al sur, con dirección a Pasto, tomó parte en el victorioso combate de El Palo, con el grado de general, pero fue derrotado en la Cuchilla de Tambo. Prisionero, fue llevado a Buga y fusilado en 1816. Este jefe es sin duda la figura militar más importante de la independencia ecuatoriana. En cuanto al obispo, Montes declaró la diócesis sede vacante, se le confiscaron sus escasos bienes y biblioteca y fue luego confinado, muriendo en Lima, viejo y pobre, pocos años después. El marqués de Selva Alegre, que había renunciado el título, fue primero confinado a Loja, cargado de grillos, y enviado al fin a Cádiz, bajo partida de registro, condenado a exilio perpetuo, y no tardó en morir. No quedó dirigente sin recibir terrible castigo. Montes los juzgó a todos y cuando sólo así creyó pacificada la antigua audiencia, indultó a los pocos que no habían sido aún castigados. Así terminó, en medio de la más espantosa represión, la revolución de Quito, la más gloriosa entre las gestas históricas de este país. La Junta Soberana había durado apenas 80 días; la Segunda junta de Gobierno, algo más de dos años. Pero esos hechos abrieron cauce a toda la epopeya de la independencia en la América española. La influencia del 10 ag. 1809, el más original de los movimientos criollos por la libertad, fue enorme en toda América. Los revolucionarios de Valparaíso, ante la tragedia del 2 de agosto, ordenaron que el faro de aquel puerto chileno llevase una lápida en homenaje a Quito, "luz de América", nombre con el que desde entonces se ufana la ciudad.2) El 9 de octubre de 1820. Años más tarde, aprovechando el paso por Guayaquil de algunos oficiales venezolanos, los patriotas porteños, animados por José de Antepara que había sido secretario del precursor Miranda, tomaron en esa fecha los cuarteles de la ciudad, apresaron y destituyeron a las autoridades realistas y nombraron al poeta José Joaquín de Olmedo (v.) primer jefe político, y luego presidente de la Junta de Gobierno. Se pidió al punto auxilios a Bolívar y a San Martín. Organizado en seguida un cuerpo de ejército, comenzaron las operaciones hacia el interior, a fin de apoderarse de Quito, defendida por el mariscal Melchor Aymerich, pero lamentablemente las fuerzas patriotas fueron derrotadas en Huachi y Tanizahua. El 3 de noviembre de ese mismo año Cuenca proclamó también su libertad, al igual que otras poblaciones. Poco después llegó a Guayaquil el general Antonio José de Sucre (v.), enviado por Bolívar, con 1.700 soldados. Organizó y disciplinó a las tropas, pero, aun cuando detuvo el avance realista que bajaba de la Sierra, en el victorioso combate de Cone (Yaguachi), nuevamente fueron derrotados los patriotas en Huachi.Un armisticio dio tiempo a Sucre para preparar mejor su campaña y recibir refuerzos enviados desde el sur por San Martín, al mando del coronel Santa Cruz. El 21 abr. 1822 tuvo lugar la batalla de Tapi, que abrió a los patriotas las puertas de Riobamba; el 2 de mayo entraron en Latacunga y el 24 de ese mismo mes se libró la célebre batalla de Pichincha, en la falda misma de este volcán, a cuyos pies se encuentra Quito. En el sangriento combate, en el que se cubrió de gloria Sucre y en el que murió heroicamente por la patria el teniente Abdón Calderón, las tropas realistas fueron derrotadas, liberándose la ciudad de Quito, con lo que culminaron los afanes de los próceres que 13 años antes habían iniciado en esta ciudad el movimiento independentista de la América española. El 29 de mayo fue incorporada la capital de la nacional para hacer frente a las amenazas, primero, y al bloqueo, después. La oposición estuvo acaudillada por García Moreno (v.) y Pedro Moncayo, y encontró apropiado motivo de ataque en el asesinato del periodista Valencia, pero ambos fueron desterrados. El 10 mayo 1859 estalló una insurrección en Quito que proclamó el triunvirato provisorio de García Moreno, a la sazón en el exilio, Jerónimo Carrión y Pacífico Chiriboga. Pero Carrión, que era vicepresidente, reclamó su derecho exclusivo al mando e instauró un gobierno en Cuenca. El 31 de mayo hubo un choque entre las fuerzas del Gobierno constitucional y las del provisional, triunfando éste, pero aquél se impuso al fin en Tumbuco. Mas el general Robles no pudo consolidar su Gobierno, ante la sublevación de su jefe militar de Guayaquil, general Guillermo Franco; la proclamación del gobierno federal de Loja, por el Dr. Carrión Pinzano, y los progresos del Gobierno provisional, que se consolidó al fin en Quito. Con el país dividido en cuatro Gobiernos y el mariscal Castilla bloqueando las costas, desembarcando en Mapasingue y pactando con Franco, Robles no tuvo más remedio que renunciar y marchar al exilio, sin terminar su periodo, al igual que el general Urvina, que también se alejó del país. La guerra civil se polarizó entre el Gobierno de Franco, apoyado por el Perú, y García Moreno, que encarnó la resistencia nacional. Al fin Franco fue derrotado en la batalla de Guayaquil, el 25 sept. 1860, por García Moreno, con la ayuda del viejo general Flores, que puso su espada a disposición de éste.3) El periodo Garciano. De 1860 a 1875 domina la historia del E. la recia figura del Dr. Gabriel García Moreno. Salvo el lapso comprendido entre 1865 y 1869, en que detentaron el poder Jerónimo Carrión y Xavier Espinosa, cada uno de ellos dos años aprox., en el resto del periodo gobernó personalmente García Moreno. Este magistrado fue uno de los grandes constructores del E.; impuso con implacable rigor la disciplina colectiva, tras la desmoralizadora crisis nacional de 1859; persiguió a pícaros y malhechores, doblegó al militarismo y estableció un régimen de gobierno inspirado en los principios del Derecho político católico, aunque cometió excesos en su afán ordenador y quiso imponer la moral y la doctrina cristiana por medios rigurosos, lo que le valió la enemistad de los no creyentes, de gentes sectarias y aun comprometidas con sociedades secretas, pero también de no pocos católicos sinceros, que no creían idóneos los recursos impositivos en materia doctrinaria. Murió asesinado el 6 ag. 1875, sin culminar su progresiva obra de gobierno. Le sucedió en el primer momento su ministro de Gobierno, Xavier León, y luego, elegido por el voto popular que el propio García Moreno había implantado, uno de sus opositores el Dr. Antonio Borrero Cortázar, campeón del llamado liberalismo católico, quien no logró consolidar su poder, pese a sus capacidades, situado en el vórtice de las pugnas partidistas. Uno de sus jefes militares, el general Ignacio de Veintemilla le derrocó y gobernó al país como dictador, presidente constitucional y nuevamente dictador, durante casi ocho años (1876-83). Representante típico del militarismo criollo que usurpa el poder, la larga administración de Veintemilla pasó sin pena ni gloria, acumulando abusos y originando una transitoria unidad de todos los sectores políticos contra él, desde los conservadores garcianos, acaudillados por el general Francisco Xavier Salazar, hasta los liberales radicales, que seguían al general Eloy Alfaro (v.). Brotes guerrilleros dispersos lograron al fin coincidir bajo el mando de estos dos jefes, y depusieron a Veintemilla.4) El periodo Progresista (1883-95). Llámase así el lapso de 12 años en que gobierna el partido progresista, entidad política de transición entre el conservadurismo garciano y el liberalismo alfarista, inspirada en la escuela doctrinaria del liberalismo católico o conservadurismo progresista. Su mentalizador fue un hijo del general Flores, el Dr. Antonio Flores Jijón. Tres presidentes se suceden: el Dr. José María Plácido Caamaño (1883-88), cuyo gobierno fue agitado por las guerrillas liberales del general Alfaro, que fueron batidas con inexorable rigor, inclusive con el fusilamiento de varios de sus dirigentes, como el coronel Luis Vargas Torres; el Dr. Flores Jijón (1868-1872), que hizo un gobierno civilizado y honorable, pacificó al país y fomentó la cultura; y el Dr. Luis Cordero Crespo (1872-75), poeta y hombre pacífico, que ante el espectro de nueva guerra civil, motivada por el escándalo de la compraventa del buque Esmeralda entre Chile y Japón, en la que se utilizó indebida y al parecer dolosamente el pabellón ecuatoriano, prefirió renunciar, a pesar de que no tuvo responsabilidad personal alguna en el problema, llamado "la venta de la bandera" por los opositores de su gobierno. Este asunto sirvió de arma poderosa de agitación política. El vicepresidente Salazar, a quien le correspondió la sucesión, no pudo consolidar su gobierno. El 5 jun. 1895 tuvo lugar en Guayaquil el alzamiento que originó la dominación del partido liberal radical en E. La administración progresista permitió al país algunos avances de relieve, tales como la implantación del telégrafo, la divulgación de la enseñanza artesanal, el comienzo de la alfabetización masiva, la protección a la educación primaria, secundaria y universitaria, el estímulo a la labor académica, etc.; pero fue una de sus lacras el terrible nepotismo en la Administración, lo que originó el despectivo mote de "la argolla" con que fue bautizado este régimen por las gentes del pueblo.5) El periodo Alfarista. La figura dominante, de 1895 a 1912, en que murió asesinado, fue el caudillo liberal general Eloy Alfaro. Él llevó a cabo en E. una poderosa transformación doctrinaria que significó la ruptura entre la Iglesia y el Estado; la confiscación de los bienes eclesiásticos; la abolición del catolicismo como religión estatal; la enseñanza laica, en el sentido de no poder enseñarse la doctrina cristiana ni ser profesores los religiosos en los establecimientos del Estado; el registro civil; el divorcio, aunque también la consolidación de libertades y garantías ciudadanas que ya habían sido paulatinamente reconocidas, sobre todo la abolición de la pena de muerte, lo que no sirvió de impedimento para que el general Alfaro la aplicara. Además de él, en este periodo gobernaron elr general Leónidas Plaza (1901-06); Lizardo García, que fue derrocado por Alfaro a los cuatro meses; Carlos Freile Zaldumbide, en un primer breve interinazgo; Emilio Es otrada (1911), que murió a los pocos meses; y el mismo Freile Zaldumbide, en un segundo interinazgo.6) El periodo Placista (1912-25). El general Leónidas Plaza Gutiérrez, que ya había sido presidente de la República y que se había enemistado desde entonces con el general Eloy Alfaro, dominó desde la muerte de éste elo escenario de la república, sea directamente, como presidente, sea indirectamente, imponiendo quiénes habían de sucederle. Carlos Freile Zaldumbide, encargado del poder dutante los tristes acontecimientos que culminaron con el asesinato de los Alfaro, fue derrocado el 5 mar. 1912, a raíz del infausto asesinato del general julio Andrade,candidato a la presidencia de la República. Se hizo cargo del poder, otra vez en forma interina, el Dr. Francisco Andrade Marín, quien convocó las elecciones en las que triunfó el general Plaza para su segunda administración o (1912-16), la cual se vio enturbiada por el alzamiento guerrillero del coronel Carlos Concha, en Esmeraldas, que decía querer reivindicar el nombre de Alfaro, y por la grave crisis económica motivada por la Guerra mundial.Le sucedió Alfredo Baquerizo Moreno (1916-20), escritor, quien suscribió el tratado Muñoz Vernaza-Suárez, que arregló el problema limítrofe con Colombia, a costa de enorme sacrificio territorial para E. Luego fue elegido José Luis Tamayo (1920-24), que poco pudo hacer frente al dominio de la plutocracia bancaria, encarnada en el Banco Comercial y Agrícola de Guayaquil, que hacía y deshacía en el país. Las primeras reclamaciones obrerasl, motivadas por la angustia económica y las primeras prédicas marxistas culminaron con la matanza de millares de trabajadores por las balas represivas, el 15 nov. 1922. Le reemplazó Gonzalo S. Córdova, que no duró un año en el poder y fue abatido por el golpe del 9 jul. 1925. El periodo Placista se caracterizó por el dominio de las clases opulentas del país, terratenientes de la Sierra y banqueros y comerciantes de la Costa. Hubo varios avances, pero no en la proporción requerida por la aparente tranquilidad de las sucesiones presidenciales, efectuadas mediante el abuso descarado del fraude electoral, organizado en forma escandalosa por el propio Gobierno. La corrupción y desmoralización del país fue in crescendo, sobre todo en el último año. Contra ella se alzó en armas Jacinto Jijón y Caamaño, científico y jefe del partido conservador, pero fue derrotado.7) Periodo de la decadencia liberal. De 1925 a 1944 E. sufre un grave estado de descomposición política. Aunque principia y termina este lapso con gobiernos de mano enérgica, ninguno de los múltiples que se suceden logra terminar siquiera su mandato. Los cuartelazos son frecuentes. El pueblo busca afanosamente un caudillo que le conduzca y represente y lo encuentra al fin en José María Velasco Ibarra (v.), que también es derrocado. A raíz del golpe militar de 1925 hay primero dos Juntas Plurales de Gobierno, formadas por eminentes ciudadanos, que mutuamente se neutralizan; luego se encarga el poder a Isidro Ayora, médico y profesor universitario, que gobierna tres años dictatorialmente y dos como presidente constitucional, elegido por una Asamblea Constituyente. No logra cumplir su mandato, pero de 1926 a 1931 realiza una tarea fecunda, pese a múltiples arbitrariedades. Es el fundador del Banco Central del E., su obra más duradera. Le suceden, por tres meses, el coronel Luis Larrea Alba; por diez, Alfredo Baquerizo Moreno, que preside elecciones libres, en las que triunfa Neptalí Bonifaz, descalificado por el Congreso, pues se había puesto en duda su nacionalidad ecuatoriana. Un alzamiento en su favor del pueblo de Quito es ahogado en sangre, tras una batalla de cuatro días, lapso en el que Carlos Freile Larrea actúa como encargado del poder. Le sucede Alberto Guerrero Martínez, por tres meses. Él preside las elecciones, escandalosamente fraudulentas, en las que triunfa Juan de Dios Martínez Mera, quien no puede gobernar ante los embates del diputado José María Velasco Ibarra y es derrocado antes de un año, sucediéndole Abelardo Montalvo, por 10 meses.Electo el caudillo popular Velasco Ibarra en 1934, cae en 1935. Le reemplaza Antonio Pons, por un mes; un nuevo golpe militar eleva como dictador a Federico Páez, que gobierna algo más de dos años. Se suspenden las garantías ciudadanas, hay desterrados y perseguidos, pero se llevan a cabo algunas obras importantes, entre ellas la fundación de la Caja del Seguro Social, que ejercerá fundamental papel en la capitalización del país. Su ministro de Defensa, general Alberto Enríquez, le derroca alzándose en su lugar por 10 meses. Obligado a entregar el poder, no sin antes promulgar el Código del Trabajo (1938), le sucede Manuel María Borrero, como constitucional interino, por tres meses. Aurelio Mosquera Narváez, ex rector de la Univ. Central, es elegido para cuatro años, pero muere pocos días antes de cumplir el primer aniversario de su gobierno. Andrés F. Córdova preside elecciones generales, en las que triunfa Carlos Alberto Arroyo del Río, candidato oficial, en forma fraudulenta. Alzó bandera en contra el candidato derrotado, Velasco Ibarra, quien desde el exilio mantiene implacable oposición. Arroyo del Río realiza una administración eficaz y constructiva, pero no logra evitar que la oposición cree de él una imagen deprimente; la agresión del Perú, en 1941, y el tratado de Río de Janeiro, de 1942, que recorta el territorio ecuatoriano en favor del vecino Perú, firmado bajo coacción moral y física, con dos provincias ocupadas por las armas, sellan la suerte del Gobierno de Arroyo, derrocado por un movimiento revolucionario de unidad popular en el que confluyen desde conservadores hasta comunistas. Este periodo presenta los estertores del partido liberal, empeñado en mantenerse en el poder contra la voluntad ciudadana. No lo puede lograr, a pesar de todas las argucias empleadas y de la sucesión de sus mejores hombres en el mando de la república.8) El periodo Velasquista (1944-72). La figura dominante en la escena política del E. será José María Velasco Ibarra. Durante este periodo ejercen la presidencia: Velasco Ibarra, segunda administración (1944-47), derrocado por el coronel Carlos Mancheno, su ministro de Defensa, contra quien se levanta Mariano Suárez Veintimilla, y se encarga del poder por 15 días; Carlos Julio Arosemena Tola (1947-48), interino; Galo Plaza Lasso, hijo del ex presidente general Plaza, que afronta el pavoroso terremoto de Ambato (8.000 muertos), y es el primero en terminar su mandato en casi un cuarto de siglo (1948-52); Velasco Ibarra, tercera administración, muy constructiva, que logra terminar (1952-56); Camilo Ponce Enríquez, ministro del Gobierno del anterior, que tiene una actuación enérgica y altamente progresista (1956-60), aunque enemistándose con su protector; Velasco Ibarra, cuarta administración (1960-61), es derrocado por su vicepresidente, Carlos Julio Arosemena Monroy (1961-63), hijo del interino, derrocado a su vez por los jefes militares que le sostuvieron en el poder. Los coroneles Ramón Castro Jijón, Luis Cabrera Sevilla, Marcos Gándara Enríquez y Guillermo Freile Posso forman una Junta Militar que gobierna casi tres años de forma dictatorial, e improvisando una política económica que resulta catastrófica. Son derrocados por un movimiento popular que eleva a la presidencia a Clemente Yerovi Indaburu, honesto y eficaz administrador, que restablece el Estado de Derecho mediante la convocatoria de una Asamblea Constituyente y se retira a la vida privada sin aceptar la continuación en el mando que se le ofrece. La Asamblea nombra nuevo mandatario interino a Otto Arosemena Gómez, desaprensivo cabildero de Guayaquil, que preside las elecciones en las que triunfa Velasco Ibarra, para su quinta administración (1968-72). Este, el 22 jun. 1970, suspende la Constitución (v. tt), desautoriza los partidos, disuelve el Congreso y asume plenos poderes políticos. A comienzos de 1971, Velasco obtiene un triunfo diplomático sobre Estados Unidos al defender la soberanía ecuatoriana sobre las 200 millas de su mar territorial.9) Los tres últimos decenios del s. XX. En febrero de 1972, Velasco Ibarra (fallecido en 1979) es derrocado por un golpe militar encabezado por el general Guillermo Rodríguez Lara, que se declara nacionalista y revolucionario. El intento de golpe de Estado del general González Alvear, en septiembre 1975, que provocó 20 muertos, demostró fisuras en el gobierno de Rodríguez Lara, que dimite en 1976, asumiendo el poder una Junta Militar presidida por el almirante A. Poveda Burbano, quien devuelve el poder a los civiles en 1978. En este año se aprueba la decimoctava Constitución del E. (v. n). Las elecciones presidenciales (primera vuelta, julio 1978; segunda, abril 1979) son ganadas por el socialdemócrata J. Roldós Aguilera. El desarrollo económico, generado por el descubrimiento de importantes yacimientos petrolíferos a finales de los años 60, se estanca. Entre el 28 en. y el 3 feb. 1981 se producen incidentes bélicos en la frontera con Perú, que se reproducen en 1983. Roldós muere en un accidente aéreo (24 mayo 1981), sucediéndole su vicepresidente Osvaldo Hurtado, democristiano, que tiene que enfrentarse a huelgas generales. Los temores de un nuevo golpe de Estado se disipan y el liberal-conservador León Febres Cordero gana las elecciones presidenciales de 1984. Febres perdió su dignidad política al capitular ante las presiones de un reducido grupo de militares que lo secuestraron en la base aérea de Taura en 1987; el Congreso le exhortó a dimitir, pero su obstinación en el cargo casi provoca un golpe de Estado. Las elecciones de 1988 fueron ganadas por el socialdemócrata Rodrigo Borja, fundador del Partido Izquierda Democrática, que favorece la paz y las libertades públicas, e inicia una recuperación económica. Le sucede el conservador Sixto Durán, vencedor en las elecciones de 1992, quien establece bases para un nuevo desarrollo económico de E.5. Caracteres de la historia del Ecuador. Como acabamos de ver, la historia del E. tiene un doble matiz de heroísmo y tragedia. Puede sintetizarse en pocas palabras: intensa y permanente lucha contra la adversidad. Pero a lo largo de ella hay destellos de excelsa luz que bien quisieran para sí pueblos más grandes y poderosos. Porque, pese a su reducida extensión territorial, ha brindado expresiones, ejemplares unas, vitales otras, al acontecer de Hispanoamérica. Encrucijada inevitable de migraciones en los orígenes del poblamiento y de las culturas aborígenes de América; patria del grande Atahualpa; matriz del descubrimiento del Amazonas; centro de evangelización en la gran cuenca hidrográfica de ese río; cuna de Mariana de Jesús, una de las pocas figuras que América ha ofrecido a los altares del catolicismo; núcleo capital en el arte del continente; forjadora de uno de los máximos precursores de la emancipación hispanoamericana, el Dr. Espejo; pionera de la libertad de las antiguas colonias españolas; clave del desenlace en la ecuación Bolívar-San Martín; abanderada del Derecho y la justicia en numerosas jornadas..., todo esto, y mucho más que podría decirse, creemos que guarda E. en su historia. Por eso, el recuento de su acontecer interesa no solamente a los ecuatorianos, sino a la América entera, que ve cómo este país se afana y esfuerza, enfrenta el dolor y la adversidad, ama sus ideales, no se resigna a las injusticias y vive, sufre, clama y avanza, sin avergonzarse de sus esencias ni de su pasado, sin renunciar a sus derechos, sin detenerse, sin dejar de levantarse en las horas de crisis ni olvidar sus alegrías, por acerbos que parezcan sus pesares.J. SALVADOR LARA.
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