Economía ECON.
Categoria:
Economía
1. Sentidos y clasificación. 2. Antecedentes históricos. 3. Objeto y definiciones. 4. Entorno y desarrollo.1. Sentidos y clasificación. La voz e. puede hacer referencia a tres cosas que, si bien están interrelacionadas, son distintas. Primariamente, puede tener el significado de Ciencia Económica, disciplina empírica que forma parte del conjunto o sistema de Ciencias sociales (v. CIENCIA VI). En segundo lugar, puede referirse a la "óptima utilización de recursos escasos, bien sea en términos de maximización de la cantidad y de la calidad de los bienes y servicios producidos, a igualdad de costes o volumen dado de recursos; o bien, en términos de minimización de los costes o de la cantidad de recursos utilizada, sin variar la calidad ni el volumen de los bienes y servicios producidos (en palabras más técnicas, la óptima utilización de recursos se indica como la maximización del output a igualdad de inputs o la minimización de inputs a igualdad de output; v. INPUT-OUTPUT). Por último, e. puede representar el sistema (forma, organización u orden) económico imperante en un país, región o área geográfica.Esta triple distinción se relaciona entre sí, de manera que la definición del campo particular de la fenomenología social que abarca la e. cuando nos referimos a ella como Ciencia social, varía según cuál sea el tipo de e., la organización social donde tienen lugar los fenómenos económicos, y según cómo se desarrolle en la misma la actividad humana que persigue la e. de los recursos. Precisamente el modo de entender esta última provoca un sistema económico (y político y social, en suma) distinto y ambos, a su vez, un concepto y método diferente de la Ciencia económica.En su segunda acepción, e. tiene un sentido vulgar de ahorro de recursos. En este caso puede hablarse, p. ej., de e. de escala (v.) para denominar el abaratamiento de costes o mejoras en la producción surgidas del aumento del tamaño o dimensión de la planta, industria o empresa; de e. interna, como el beneficio que se logra gracias a una más eficiente utilización de los recursos propios derivados de la introducción de mejores métodos productivos y de reorganizaciones ad hoc; y de e. externa (v.), como aquella que se genera por el desarrollo general de la industria y de la e. de un país (debidas a mejoras en infrastructuras, a superior cualificación de la mano de obra, o a otros motivos por el estilo).En su tercer significado, e. forma parte de un conjunto de elementos políticos, jurídicos, sociales y, naturalmente, económicos, relacionados entre sí y armónicamente conjugados, como corresponde a la definición de sistema. total. El orden o forma económica, el sistema económico, está ligado a los órdenes jurídico, político y social. El sistema contiene las reglas conforme a las cuales se despliega la actividad económica, dentro de determinadas órbitas de cultura, cosmovisión y época y según W. Sombart (Die Drei Nationalókonomie, 1930), una e. se caracteriza por la combinación de tres elementos: un cierto espíritu, un conjunto de instituciones y una técnica especial. Un espíritu de sustento o de lucro, de arraigo tradicionalista o de convicción racionalista, y de individualismo o de solidarismo; un conjunto institucional, que constituye el marco de la organización económica, que puede ser de competencia atomística, de competencia imperfecta, de oligopolios o monopolios, de intervención absoluta, de orientación o planificación indicativa, etc.; y una técnica, en el sentido de procedimiento que facilite una mayor o menor aceleración del progreso tecnológico, de la organización de la producción y distribución de bienes y servicios, y de expansión y divulgación de los conocimientos. Como se observa, ni el espíritu, ni la organización del mercado ni la técnica condicionan por sí solas la forma u orden económico: es la combinación de los tres elementos la que se manifiesta en distintas realizaciones concretas, esto es, en diferentes sistemas económicos o e. reales. Para F. H. Knight (The Economic Organization, 1933) las diferentes e. surgen de los diversos criterios con que se pueden abordar las funciones que el sistema económico ha de desempeñar: determinar la composición del producto total, organizar la producción, distribuir el producto (o, lo que es lo mismo, la renta), proveer para el futuro y asignar stocks fijos de bienes en plazos más o menos cortos. En este contexto, de e. igual a sistema económico, se habla de e. libre, descentralizada o de mercado (v.) para designar aquel sistema en el que los principales procesos y operaciones económicas los lleva a cabo la empresa privada sin demasiadas interferencias por parte del gobierno, el sistema de precios es el regulador principal dependiente de una concurrencia competitiva de oferentes y de consumidores y existe el derecho de propiedad privada; de e. dirigida, de dirección central, centralizada, con planificación (v.) central para aquel sistema en el que no existe propiedad privada de los medios de producción importantes y la asignación de recursos y la producción de bienes y servicios se decide mediante un plan económico realizado por parte de una unidad u oficina central de planificación; y de e. mixta, tipo al que pertenecen la mayoría de países, si bien hay que aclarar que es una cualidad de distinto contenido para casi cada uno de ellos.Puede ser que la e. de un país, una región o cualquier otra área geográfica esté aprovechando o no los recursos de que dispone. En este caso, se puede distinguir la e. subdesarrollada (en sus distintas versiones eufemísticas de atrasada, insuficientemente desarrollada o en vías de desarrollo), de la e. desarrollada o avanzada; mientras la primera es incapaz de aprovechar la potencialidad productiva de todos- sus recursos utilizando métodos modernos de producción y el nivel de tecnología y conocimientos disponible, la segunda ha alcanzado ya una plena utilización de todos sus recursos materiales y humano. W. W. Rostow (The Stages of Economic Growth, 1960) llama a esta última situación, e. madura; en ella la e. de un país o región se ha desarrollado hasta el punto que puede utilizar plenamente la tecnología existente, y encuentra su sitio dentro de la e. internacional (o del país al que la región pertenece), si bien esta situación de madurez será sobrepasada por una e. de gran consumo en masa e incluso más allá del mismo.Puede hablarse también de e. sobrecargada o en tensión, para indicar la que se encuentra en un estado de inflación reprimida o latente, si bien ésta es una perspectiva más de funcionamiento que de estructura. También se puede diferenciar una e. cerrada, de una e. abierta, según que el sistema económico del país o de la región se halle incomunicado respecto del resto del mundo (o del país) o bien mantenga relaciones económicas con el mismo. La e. puede ser también una e. de trueque (o natural), si el intercambio de bienes que tiene lugar en la misma se efectúa físicamente, o una e. monetaria, si aquél se realiza por medio de dinero. Y según cual sea el sector predominante en la actividad económica, puede hablarse de e. agrícola, industrial, turística, y así sucesivamente.Nos queda por detenernos en el primer significado de E. enunciado al principio.2. Antecedentes históricos. ¿Cómo ha tenido lugar la aparición de esta rama científico-social? ¿Cuáles han sido las distintas denominaciones que ha recibido o con que todavía se la nombra? ¿Cómo se la puede definir? J. A. Schumpeter (Epochen der Dogmen und Methodengeschichte, 1914) sentó los trazos maestros del proceso de decantación que condujo a la aparición de la Ciencia económica. Dos fueron los cauces a través de los que discurrieron las vagas ideas que sobre los aspectos económicos de las relaciones sociales se dieron durante siglos, si bien ambos no se encontraron para alumbrar el río de la e. científica: el pensamiento especulativo de los filósofos y las controversias sobre cuestiones de orden práctico.Por un lado, aunque los pensadores de la Antigüedad -al menos Aristóteles, sin duda- y sus descendientes hasta la eclosión del s. XVIII se dieron cuenta de que la actividad económica del hombre suponía por sí misma una cuestión interesante, dedicaron sus esfuerzos a otros problemas (políticos, éticos, religiosos, morales, metafísicos, etc.).De todos modos, con el transcurrir evolutivo de las filosofías subyacentes a dichos problemas, acompañado de concreciones auténticas de nuevas ideas (auge de la filosofía racional, aparición de una ética cultivada por sí misma, autonomía del derecho natural como reconocimiento de un derecho aparte de toda legislación concreta), se facilitaron los cimientos precientíficos de la E. y sus manifestaciones primeras: teorías del valor, de la división del trabajo, del precio, de la recaudación de impuestos, del dinero y de la riqueza, del interés.Por otra parte, y paralelamente, las no complicadas relaciones económicas de las sucesivas épocas no eximieron de la necesidad de formular normas legales o consuetudinarias y discutir públicamente sobre ellas; escribieron al respecto hombres prácticos preocupados, no por la visión filosófica y especulativa del asunto, sino por la resolución de la problemática que la observación directa y el quehacer cotidiano les ponía ante sus ojos: negociantes en Inglaterra, funcionarios de la administración pública (cameralistas; v. CAMERALISMO) en Alemania, comerciantes y monetaristas en Italia.En los dos sentidos descritos, la E. había existido, pues, desde siempre. W. Letwin (The origins of Scientific Economics, 1963) ha puesto de manifiesto que la e. fue siempre tan vital en la vida de los mercaderes, moralistas y hombres de Estado, que los mismos nunca habrían podido desempeñar sus tareas sin entender sus principios básicos; de manera análoga a como los constructores supieron siempre algo de Física. La propia etimología señala el uso inicial del término e. En griego o íx o v o u E a procede de oíxovol.ot, ecónomo, y éste de olxor, casa, y voto;, administrar. Se trataba, pues de la e. práctica familiar, de la administración de los asuntos del hogar. Sin embargo, el vocablo trascendió inmediatamente el ámbito del simple hogar para significar todo lo relativo a las relaciones totales de la sociedad; exactamente lo mismo que hoy sucede con esta multívoca palabra, si bien hay que matizar las distintas denominaciones que puede recibir y sus contenidos respectivos.Es normalmente aceptado que el título E. política aparece por primera vez en 1615 en el trabajo, más práctico que científico, de A. de Montchrétien, Traicté de l´Économie Politique. Este término de nuevo cuño se tradujo en el Political Economy inglés y, si bien su traducción más aproximada en lengua germánica es Volkswirtschaft, e incluso el término Nationalókonomie, en Alemania no se abandona el sendero iniciado en los s. XVIII y XIX con la Ciencia cameral, Kameralwissenschaft (o Ciencia del Estado, Polizeiwissenschaft) que se transforma posteriormente en Staatsuiirtschaf t, abarcando el estudio de los principios de la Administración pública y las políticas económicas del gobierno para el mejor hacer de los asuntos del Estado. La añadidura de la palabra política (politique. Political, National) supone una adición al concepto inicial encerrado en e. (économie, Economy, ókonomie, Wirtschaft), en el sentido de que la administración ha de ser la del hogar nacional de y por todos los ciudadanos del país (Volk), y para los mismos donde el estado (Staat) ejerce un superior control.Más modernamente apareció el vocablo inglés Economics, que incorpora al Economy las técnicas económicas, supone un ir más allá de la simple política pública de naturaleza económica y, al mismo tiempo, con él se quiere eliminar la literatura superflua, de tipo simplemente especulativo, que ciertos escritos sobre temas económicos no dejan de ser. El sufijo ics expresa el deseo de acercarse a las disciplinas más científicas: Physics, Mechanics, Mathematics, etc. Según J. A. Schumpeter (History of Economic Analisis, 1954), el primero en introducir el nuevo nombre fue A. Marshall con su famosa obra Principles of Economics (1890); para B. B. Seligman (Main Currents in Modern Economics, 1962), el inventor del nuevo vocablo fue, y no por mera casualidad sino respondiendo a una corriente de pensamiento que quería despolitizar la E., el prof. W. S. Jevons, quien dejó inacabada a su muerte (1882) una obra, intitulada también Principles of Economics.No obstante, como sostuvo y aún defiende con ardor VI. H. Dobb (Introduction to Economics, 1932) Economics no es lo mismo que Political Economy, pues la disciplina que se arropa bajo aquel manto abandona las relaciones entre las clases y los grupos sociales, como demuestra la obra contenida en el segundo nombre, tal como la desarrollaron economistas de la talla de A. Smith, D. Ricardo, J. S. Mill y C. Marx, entre otros; son términos con algo más que diferencias verbales: son diferentes concepciones de lo que debe ser la E., diversas en clase y propósito, de modo que mientras la primera puede ser superior en acabado y precisión, es al mismo tiempo mujho más limitada en su campo y está más falta de realismo; los cultivadores de la primera son economistas simplemente, mientras que los de la segunda son economistas políticos. A este respecto, es famosa la postura de D. Robertson (Lectures on Economic Principles, 1956), quien aclaraba estas cuestiones a sus estudiantes diciendo que "lo primero que se debe señalar es que hace casi tres cuartos de siglo nuestra disciplina cambió tranquilamente de nombre; ustedes estudian Economics, pero yo soy un anacronismo ... se me llama profesor de Political Economy".De todos modos, mientras en los países de habla anglosajona la distinción prendió, así cómo en Italia, donde se habla de Economía o Economía Política, en Alemania, el término equivalente al Economics inglés, Sozialókonomie o Sozialókonomik, no ha conseguido imponerse del todo. En español, se usa E. con ambos sentidos, lo que hace todavía más difícil la clarificación sobre el contenido que cada usuario da a su concepto particular de Ciencia económica, aunque en los últimos años existe un movimiento encabezado por los prof. J. Sarda Dexeus y J. Prados Arrarte, entre otros, con objeto de recuperar el término E. política en su significación tradicional enraizada con toda la problemática de la fenomenología total de la sociedad, a la par que reducir el de Ciencia económica o el de E. a secas al enmarcado por el inglés Economics, simple tratamiento formal de los fenómenos económicos aislados del resto del contexto político-social de la comunidad.Junto a este breve repaso de la evolución semántica y de contenido de la Ciencia económica, se pueden resumir rápidamente los derroteros de la historia del pensamiento económico, sin adentrarnos en los vericuetos y detallé de obras y doctrinas y de sus autores correspondientes. Siguiendo el consenso generalmente más aceptado, dejaremos constancia de los hitos fundamentales que jalonan aquellos caminos hasta que cuajó la E. científica. Por el lado especulativo, hay que registrar las aportaciones de Aristóteles (v.) y, después de un largo periodo, las de T. Moro (v.) (Utopía, 1516; ejemplo primero de los criterios de eficiencia y productividad que están en la base de la E.); 1. Locke (v.) (Some Considerations of the Lowering of Interest and Raising the Value of Money, 1695; por su carácter práctico esta obra sitúa al filósofo en el grupo de economistas que tratan de cuestiones de la vida económica real); D. Hume (v.) (Political Discourses, 1752); y F. Hutcheson (System of Moral Philosophy, 1755).En la vertiente de las discusiones sobre asuntos prácticos, hay que señalar a N. Oresme (Traité de la première invention des monnaies, 1370; se trata del primer ejemplo de obra experimental en el terreno de la E.); al napolitano A. Serra (Breve trattato delle cause che possono lar abbondare li regni doro e d’argento, dove non sono miniere, 1613); al español J. de Mariana (15371623; v.); a Colbert (1619-83), ministro de Hacienda de Luis XIV; a T. Mun (England’s treasure by foreign trade, 1664); a J. Child (Observations Concerning Trade and the Interest of Money, 1668); a W. Petty (Political Arithmetick, 1682); a N. Barbon (A Discours of Trade, 1690); a D. North (Discourses upon Trade, 1691), y, por encima de todos ellos, a R. Cantillon (Essai sur la Nature du Commerce en général, 1734, obra que se considera como el primer estudio sistemático y profundo de la E. política en su conjunto). Queda claro que, pese a la introducción del título E. política por Montchrétien, durante más de una centuria este nombre siguió relegado a segundo término por el imperio del vocablo comercio. Hasta mediados del s. XVIII no se reemplazó en Francia la rúbrica commerce por oekonomie, escrito así, de modo que no hubiera dudas acerca de su origen griego. F. Quesnay (Tableau Oeconomique, 1759) y J. Steuart (Inquiry into the Principles of Political Oeconomy: being an essay on the science of domestic policy in free nations, 1767) marcan el punto culminante del cambio de denominación.Es más, los seguidores de Quesnay se autotitularon économistes; sin embargo, esta primeriza denominación, hoy y bajo su sentido actual, puede decirse que correspondía ya a Cantillon -y también a sus sucesores, Tucker (1719-99), Steuart (1712-80) y A. Smith (1725-90)-, al ser el primero realmente acreedor al título de lo que nadie jamás había sido anteriormente: economista. Todos los esfuerzos de ambas corrientes de pensamiento económico -filosófica y práctica, o incluso, una tercera mezcla de estas dos (caso de Locke y Hume)- a lo largo de los s. XVII y XVIII, culminaron en la obra del que se acostumbra a tener por "padre de la Economía", A. Smith (v.), An Inquire finto the Nature and Causes of the Wealth of Nations, 1776; la E. como ciencia era un hecho.3. Objeto y definiciones de la Economía. Pasemos a la tercera cuestión del primer y principal apartado. ¿Qué es la E.? A esta pregunta se ha respondido de mil modos distintos y mil veces la respuesta ha sido insuficiente. Tantas han sido las discusiones, que en el transcurso del tiempo ha aparecido un inacabado y no menos presuntuoso afán de haber dado con la "piedra filosofal", obligando a denunciar el poco provecho que se saca de estos esfuerzos, "destinados a resultar artificiosos (...), innecesarios e indeseables" (G. Myrdal, Vetenskap och politik i nationalekonomin, 1930).Esto es lo que llevó a un economista de la talla de J. Viner a expresar la perogrullada: "economía es lo que hacen los economistas". Y en parte no anda desencaminado cuando se expresa conscientemente con tal aparente falta de rigor y primitivismo. Tres juicios más pueden servir para arrojar luz sobre la cuestión definitoria antes de adentrarnos, definitivamente, en ella. Así, nada menos que J. M. Keynes (1936; v.) llega a afirmar que "una sola definición es insuficiente para manifestar la naturaleza de la Economía"; por su parte, su discípula J. Robinson (1956) opina que "no presenta ninguna ventaja (y sí mucho error) el dar de las palabras definiciones más exactas que el tema al cual se refieren"; y G. Myrdal sentencia que "el único concepto que un economista no necesita definir con precisión es el de Ciencia de la Economía". Todos ellos no parecen más que seguir al gran metodólogo que fue en E. el padre de Keynes, J. N. Keynes quien había dicho que "puede afirmarse de la definición de Economía política, como ocurre con la mayoría de otras definiciones, que la discusión que lleva a la misma posee mayor importancia que la fórmula particular elegida en última instancia" (The Scope and Method of Political Economy, 1890).Dicho esto, que significa aventurarse en el tema con un considerable bagaje preventivo, se puede pasar a ver el abanico de las principales definiciones, aunque, naturalmente, haya de excluirse la exhaustividad. Aunque circunstancialmente ya Aristóteles definió a la E. como "la ciencia de la riqueza" y durante siglos el criterio de la riqueza y sus variaciones cuantitativas y desplazamientos estuvo en la base del pensamiento económico (recuérdese el título de la obra principal de A. Smith, Investigación acerca de la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones), se acepta que la definición en sí, y como tal, está ligada a J. B. Say (1767-1832; v.) y alcanzó su punto álgido con J. S. Mill (1806-76; v.): "ciencia que estudia la riqueza y las leyes de su producción y distribución". En España, parece ser que este concepto de la E. fue introducido por el economista asturiano, contemporáneo de Say, A. Flórez Estrada (1765-1853; v.). Se trata de una definición que presenta, de entrada, el inconveniente de la falta de precisión del vocablo "riqueza".Todavía relacionada con la anterior manera de definir la E. existe un grupo de definiciones que se aproximan a esta disciplina como aquella que trata del bienestar material. Entre ellas cabe citar las definiciones de A. Marshall (1842-1924; v.): "la E. es el estudio de las actividades del hombre en los actos corrientes de la vida; examina aquella parte de la acción individual y social que está más íntimamente relacionada con la consecución y uso de los requisitos materiales del bienestar (...). Así, pues, es, por una parte, un estudio de la riqueza, y, por otra -siendo ésta la más importante-, un aspecto del estudio del hombre"; y de E. Cannan (1861-1935): el propósito de la E. Política es "ocuparse de las causas del bienestar material o riqueza de los seres humanos considerados como individuos y en conjunto, lo mismo que en grupos".A esta clase de definiciones es a las que dedica su ataque más duro L. Robbins (v.) en su obra An Essay on the Nature and Significante of Economic Science (1932), la cual, por la influencia que ha ejercido, puede decirse que ha sido el ensayo metodológico más importante en lo que va del presente siglo dentro del campo de la E. Y, en efecto, una definición del tipo de las señaladas deja de lado las actividades -económicas sin duda, como han exclamado muchos economistas- que no persiguen la obtención de bienes materiales (o "riqueza" en el sentido del lenguaje corriente).Esto nos lleva a la discusión de actos productivos e improductivos (A. Smith) o económicos y no económicos (E. Cannan), ambos englobados hoy bajo el manto de la E., y entonces salta a la vista que las definiciones centradas en el término "riqueza" y/o la idea de "bienestar material" enfocan el problema económico bajo un prisma parcial y, por tanto, inadecuado.De todos modos, la tradición de esta clase de definiciones está muy arraigada en el pensamiento anglosajón, y ha llegado hasta nuestros días; así, se puede registrar la definición de E. R. A. Seligman "la Economía trata del fenómeno social centrado en la provisión de las necesidades materiales de los individuos y de los grupos organizados" (Encyclopedia of Social Sciences). Asimismo, Ch. Gide que "sin tratar de precisar más, la Economía política tiene por objeto, entre las relaciones de los hombres que viven en sociedad, sólo aquellas que tienden a la satisfacción de sus necesidades materiales; todo, en fin, lo que concierne a su bienestar" (Príncipes d’ Économie Politique, 1923). Centrar la Ciencia económica en el estudio de las necesidades materiales significa limitarla tanto como cuando se define alrededor del bienestar material, pues existen acciones humanas "económicas" que tienden a satisfacer necesidades inmateriales o cubren un aspecto no material de la riqueza, como pueden ser, por ej., la actividad de un camarero o la de una empleada doméstica.Otro grupo de definiciones puede colocarse bajo el rótulo común de atender al fenómeno del cambio y de la formación de los precios. La definición de la E. como "ciencia de los precios y de los cambios" tuvo eco entre los teóricos de la utilidad marginal y del equilibrio general. Las motivaciones, elevadas al rango de leyes, de los individuos para intercalar bienes, podían sumarse formando el comportamiento de un grupo, y agregarse los cambios para llegar a formar todas las transacciones de la comunidad. a la sombra de los motivos y los intercambios aparecían los precios, que regulaban todo el sistema (esquematizado matemáticamente) hasta alcanzar el punto de equilibrio en que el que utilidad y satisfacción de necesidades se optimizan. S. Jevons (183582; v.), L. Walras (1834-1910; v.), W. Pareto (18481923; v.); G. Cassel (1866-1954; v.), entre otros muchos, han seguido esta concepción de la E. O como hizo Adolf Weber, en sentido ampliatorio, decir que abarca "el estudio de las relaciones mutuas de las economías individuales" (Allgemeine Volkswirtschaftslehre, 1928).Sin embargo, resultan unas definiciones frágiles, pues al dedicar su atención a las relaciones económicas entre individuos, a los intercambios y a los precios, excluyen del ámbito de la E. aquel pensar dedicado a interpretar los sistemas económicos en los cuales las razones de cambio tienen poca importancia o prevalecen razones sociales o extraeconómicas o los precios pierden su virulento significado (sistema con dirección central), con lo que, como se ha indicado al principio, resulta que el orden u organización económica nos influye en el propio concepto de la E. Tampoco nos dicen nada este tipo de definiciones acerca de los juicios valorativos a los que la E. necesita frecuentemente llegar, por la sencilla razón de que un mero sistema de ecuacions simultáneas no contiene en sí mismo ninguna norma, opinión ésta muy compartida, pero que ha dado pie a grandes convulsiones en el seno de la E. científica, y al nacimiento de distintas ramas dentro de ella, como se verá más adelante.Una corriente más moderna de definiciones se encuentra en aquellos autores que no relacionan la E. con un tipo particular de actividad económica de los hombres, sino con un aspecto que lleva consigo toda actividad económica de los mismos: el de escasez y elección. Si bien antes ya se había sugerido esta vía conceptual, o se había puesto ya énfasis en la relación entre las categorías finesmedios, como hizo O. Spann (1878-1950) al decir que la E "es la representación general de medios para un fin", realmente fue en 1932 cuando el inglés L. Robbins (v.) puso en boga su famosa definición: . "La Economía es la ciencia que estudia la conducta humana como una relación entre fines y medios limitados que tienen diversa aplicación".El estudio de la conducta humana supone el de las acciones de los hombres; pero no toda la acción humana es objeto de la E. Esta es la razón por la cual se ha intentado distinguir entre ambos ámbitos de acciones. Así, el estudio de toda acción humana ha sido denominado Praxeología por L. von Mises, en contraposición a Cataláctica, denominación con la que el economista-filósofo rebautizó a la E. en cuanto "ciencia de los cambios o de los fenómenos del mercado", es decir, dentro de uno de los grupos de definiciones antes visto; la paternidad del nombre de Cataláctica se atribuye al arzobispo Whately (1787-1863) y con él se intenta dar un contenido objetivo a esa "ciencia de los cambios", disciplina científica esencialmente positiva, es decir, desprovista de todo juicio de valor. Este nuevo intento de denominación de la E., o reparto de ella entre Cataláctica y Praxeología, no ha tenido, sin embargo, demasiada fortuna.Las acciones humanas estudiadas por la E. son aquellas que envuelven al individuo en una serie de elecciones: elección entre fines que no se pueden obtener coetáneamente (no sólo no se pueden alcanzar en el mismo momento, simultáneamente, sino tampoco en la misma cantidad); elección entre medios escasos para conseguir el (los) fin(es) elegido(s). Se trata, por tanto, de una conducta humana en la que el cálculo racional ha de intervenir forzosamente."En su actividad de elección, los individuos siguen en efecto ciertos criterios, ciertas normas, dictadas por la experiencia o sugeridas por su intuición o por su razonamiento. El estudio de estos criterios, de estas uniformidades, constituye precisamente el contenido de la Economía", escribe, dentro de esta línea, F. di Fenizio (Economía Política, 1949).El prof. norteamericano P. A. Samuelson (v.), en su famoso Curso de Economía moderna, describe la E. como "el estudio de la manera en que los hombres y la sociedad utilizan, haciendo uso o no del dinero, unos recursos productivos escasos para obtener distintos bienes y distribuirlos para su consumo presente o futuro entre las diversas personas y grupos que componen la sociedad"; a continuación, explica lo que no es la materia científica que intenta definir: no es e. doméstica, en el sentido de llevar la administración o las cuentas del hogar; tampoco se trata del campo comúnmente conocido por "negocios", por lo que no explica cómo hacerse millonario ni cómo administrar un negocio (v. EMPRESA), ni es pura ingeniería que estudia y explica cómo se fecunda el trigo, p. ej., Pero, sin embargo, ayuda al ama de casa, al hombre de negocios o al ingeniero en sus respectivos quehaceres, si éstos han aprendido a conocer y comprender los fenómenos económicos y las fuerzas individuales y sociales que hay tras ellos.A la misma corriente se apunta R. Barre (Économie Politique, 1955), cuando dice: "La Economía política es la ciencia de la administración de los recursos escasos. Estudia las formas que adopta el comportamiento humano dentro de las posibilidades que ofrecen tales recursos, analiza y explica las modalidades según las cuales un individuo o una sociedad debe utilizar medios limitados para la satisfacción de deseos numerosos e ilimitados". Asimismo, O. Lange (Scope and Method of Economics, 1946) señalaba como objeto de la E. "el estudio de las formas de administrar los recursos escasos". Y E. Schneider (Einführung in die Wirtschaftstheorie, 1947), define el dominio de la Ciencia económica como "aquel sector de la actividad del hombre consistente en actos de disposición de medios escasos para la realización de fines humanos que resultan de necesidades y deseos".Las definiciones montadas sobre los conceptos de escasez y elección superan los inconvenientes de aquéllas que se constituyen sobre la riqueza y sobre las causas del bienestar material, pues si bien es cierto que la escasez de bienes materiales es una de las limitaciones de la conducta, no es menos importante la escasez de tiempo y de los servicios de otras personas; luego, realmente la posición defendida por L. Robbins, después tan profusamente adoptada, supera los inconvenientes de los conceptos estrictos de riqueza y bienestar material. Por otra parte, se trata de unas definiciones, las construidas alrededor de E.=Ciencia, de la elección de los recursos escasos, que eluden los inconvenientes de las del tipo cambios y precios; evitan el tema del número de electores o el no menos importante de cómo se elige, y no dejan de lado la posibilidad de fijar normas para la utilización adecuada de medios encaminados a cubrir fines económicos, políticos o sociales.Sin embargo, el tipo de definiciones de Robbins, Samuelson, Barre, Bresciani-Turroni, di Fenizio, Koopmans, Boulding, Schneider, Gide, Brandis, y tantísimos otros, adolecen de un formalismo tal que, como ha puesto de manifiesto P. Masse (Operational Research into Practice, 1958), aunque los fines respectivos son diferentes, parece obvio que se trata de t _n tipo de definición que se puede aplicar tanto a la E. como al arte militar. La misma investigación operativa, si bien en una técnica al servicio de la E., no es más que un conjunto de procedimientos matemáticos que permiten maximizar o minimizar el valor de una función-objetivo, tanto si éste es la destrucción de un establecimiento militar estratégico del enemigo, como si es la gestión de stocks, una partida de ajedrez o la tasa de crecimiento de una e.; por ello, como señala M. Godelier (Rationalité et irrationalité en Économie), una mejor utilización de los medios disponibles limitados, y de usos alternativos para conseguir unos fines deseados, tarea a la que se aplica la investigación operativa, no define mejor el problema económico que el arte militar o la teoría de la información.Estas definiciones "formales" también presentan otros graves inconvenientes: el principal es el de que se basan en la ya señalada hipótesis de racionalidad, que aparece implícita en los razonamientos que acompañan a las definiciones citadas, cuando existe un cierto desacuerdo sobre el propio concepto de racionalidad humana, concepto amplio en el que se integra la racionalidad económica o principio económico del uso óptimo de los recursos escasos o E. en el segundo sentido que le hemos asignado al principio; por demás, las definiciones formales ignoran los problemas esenciales de adaptación de los medios a los fines y de éstos a aquéllos en la cambiante realidad socio-económica y política del mundo en que vivimos; como dijo hace más de 30 años C. Sutton (The Relation Between Economic Theory and Economic Policy, 1937): "La aceptación del punto de vista del profesor Robbins debe comportar el abandono de grandes trozos de la doctrina tradicional, especialmente en el campo de las finanzas públicas" (y en el de establecer criterios para la política económica).A la conceptuación imperante entre la mayoría de los economistas occidentales le hace falta, en opinión de M. Godelier, tres condiciones: 1) que la E. se defina en términos reales y no en términos formales, en términos de estructura y no de comportamiento o conducta; 2) que la estructura específica de un sistema u orden económico determinado sea conocida o bien supuesta en este sentido, para que se pueda analizar la racionalidad del comportamiento de un sujeto económico en el seno del sistema u organización; 3) que sea dada y conocida una determinada estructura de necesidades de los miembros de la sociedad, es decir, que se parta de una determinada jerarquía de fines-objetivos.Pueden darse también definiciones materiales de la E. Una de ellas es la del Inst. de Economía de la Acad. de Ciencias de la URSS, que señala que "la Economía política es la ciencia del desarrollo de las relaciones sociales de producción, es decir, de las relaciones económicas entre los hombres, y esclarece las leyes que gobiernan la producción y la distribución de los bienes materiales de la sociedad humana, a lo largo de las diversas fases de su desarrollo"; junto a su claro enfoque de tipo histórico, resalta en este caso el énfasis que esta clase de definiciones ponen en el aspecto social de la producción. No es el aspecto técnico de la producción (que estudian la Física, la Química, la Mecánica, la Agronomía, etc.) el que constituye el objeto de estudio de la E., sino las "relaciones sociales de producción" o "relaciones económicas entre los hombres", en su interdependencia con las "fuerzas productivas". Fuerzas productivas que en la E. marxista son el conjunto de medios de producción más el grado de cualificación y el nivel de experiencia de los hombres que se sirven de ellos; y que, junto a las relaciones de producción, forman, lo que se llama "modo de producción". En conclusión, en este caso las fuerzas productivas son el aspecto técnico del modo de producción y constituyen el componente más dinámico del mismo, mientras que las relaciones sociales de producción "forman la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social", según palabras de Marx. Por último, otro elemento de esta definición, las leyes que gobiernan las relaciones sociales de producción y distribución de los bienes materiales, expresan el nexo causal que rige dichas relaciones de modo necesario, permanente y objetivo, independientemente de la voluntad de los hombres; al desaparecer las condiciones económicas que las sustentaban, se destruye la vigencia de dichas leyes, con lo que termina una fase del desarrollo de la sociedad, y se crean las condiciones para la aparición de otra nueva.Después del amplio abanico de definiciones que acabamos de presentar lo que queda claro es que no existe ninguna definición exacta y última de la E. Es un lugar común que la E. se ocupa de los precios; de las cantidades producidas, distribuidas y consumidas de los bienes y servicios; de los salarios; del paro obrero; del interés; del comercio exterior; del tipo de cambio; y de tantos otros temas análogos. Empero, después del largo muestrario de definiciones señaladas y de la digresión anterior acerca de las variaciones semánticas de la E., no puede decirse que "el nombre no hace a la cosa", ni que la cosa sea la misma para todo el mundo. Esto es importante, pues según cual sea la etiqueta y según cual sea el concepto, tales serán las consecuencias que se deriven para el entendimiento y la influencia deliberada de los fenómenos económicos de la sociedad.En este sentido, seguramente que, en mayor o menor grado, todas las denominaciones y todas las concepciones apuntadas son útiles para describir algún aspecto del mismo problema: las actividades económicas de los hombres, entendidas, como hace F. Perroux (L’Economie du XXe Siècle, 1961), como una suma de las desarrolladas por los seres humanos a la vez individuales y personales; y como una serie de actividades condicionadas por las presiones de, e insertas en los determinismos sociales.De ahí que la E. no pueda librarse de las imposiciones y servidumbres que el hecho de ser ciencia, empírica y social, impone. Por ello, no puede haber comprensión seria y plenaria, ni interpretación justa del problema económico, ni, por tanto, definición adecuada de la E., hasta tanto los aspectos económicos de las relaciones humanas no sean analizados de conformidad al proceso social individual y global de toma de decisiones (políticas, económicas y sociales) de la que son parte integral. Dentro ya de la iniciación de esta nueva senda, cabe registrar la definición debida a G. Myrdal, según el cual "el cometido de la Ciencia económica consiste en observar y describir la realidad social empírica y en analizar y explicar relaciones causales entre hechos económicos"; o bien, como decía cuatro décadas antes J. N. Keynes (1890) "la Economía es la ciencia que trata de los fenómenos que surgen de las actividades de la humanidad en su vida social". Y a lo máximo a que puede aspirar es, en opinión de R. Lipsey "a reducir el porcentaje de incertidumbre que existe en problemas que nos conciernen; pero nunca podrá reducir esta incertidumbre a cero" (An Introduction to Positive Economics, 1963).4. Entorno y desarrollo. En el tema de la acción y efecto de fijar con claridad la significación de una palabra o la naturaleza de una cosa, pueden adoptarse dos posturas completamente opuestas. Bajo un prisma que puede tildarse de histórico, se puede ver la definición de una ciencia como la cúspide del esfuerzo metodológico empeñado en aprehender el concepto de la misma; esta es la conocida posición de J. S. Mill (v.), para quien la definición, "como la muralla de una ciudad, normalmente se erige no para servir de receptáculo a los edificios que pudieran surgir a continuación, sino para circunscribir un conjunto urbano ya existente". En cambio, otros autores sostienen la conveniencia de contar con la definición como una herramienta, todo lo provisional que se quiera, pero sin la cual se pierde la aguja de marcar en la investigación futura.En el caso de la E. se han visto ambas posturas. Y los resultados de las dos posiciones muestran bien a las claras que, en cualquier caso, la visión adoptada queda afectada por la concepción metodológica del economista y por su particular Weltanschauung o ideología, juicios valorativos en suma.La E. se enraíza así con el resto de disciplinas que forman el conjunto o sistema de Ciencias sociales (v. CIENCIA VI). La autonomía de las Ciencias sociales con respecto a las de la Naturaleza ha dado lugar a la subdivisión, a su vez, en varias disciplinas. Sin entrar en el problema epistemológico de la unidad de las Ciencias sociales, defendida a ultranza por Comte (v.), Marx (v.) Durkheim (v.), cabe señalar que el pluralismo en este terreno se justifica por razones metodológicas según la naturaleza específica del objeto de estudio y por necesidades de subdivisión del trabajo científico; de todas formas, la subdivisión de las Ciencias sociales ofrece grandes dificultades, por lo que cualquiera que sea la que se adopte tiene un carácter bastante artificial. Con esta advertencia puede aceptarse la siguiente clasificación, donde se ponen de manifiesto las relaciones más próximas de la E.: además de ésta la más desarrollada de las Ciencias sociales, científicamente hablando, se pueden señalar la Sociología (v.): la última, pero la más profunda; la Política (v.): la más antigua, desde un punto de vista cronológico; la Antropología social (v.) y la Psicología social (v.): ambas producto del renovado interés por estos temas en tiempos recientes. Es muy difícil que se puedan amontonar todos los infinitos problemas sociales bajo una rúbrica. Por el contrario, teorías menos ambiciosas, pero metodológicamente mejor sustentadas sobre los precios, las relaciones obrero-patronales, los índices de natalidad, la conducta revolucionaria, la reacción comunitaria ante determinadas medidas legales, etc., son fácilmente posibles: así se justifica la subdivisión de cada rama del sistema de Ciencias sociales en otras disciplinas y especialidades, cuando no la mezcla de unas con otras (Sociología económica, E. social, Sociología política, Política económica, etc.), puesto que las distintas materias sociales no sólo son inseparables, sino que también son interminables.En el terreno de la E. puede hablarse de microeconomía y macroeconomía (v.). La primera hace referencia al estudio del sistema de precios y de los factores productivos en orden a la asignación de los recursos entre sus distintos usos, partiendo de las decisiones económicas de los particulares individualmente considerados o formando parte de pequeños grupos. Es una parte de la E. que tuvo gran predicamento en el último tercio del s. XIX y primero del presente, hasta que fue superada por la Macroeconomía, por obra de J. M. Keynes, The General Theory of Employment, Interest and Money, 1936. La Macroeconomía estudia las actividades económicas de los grandes grupos que expresa en magnitudes agregadas de empleo global, renta nacional, salarios medios, nivel general de precios, inversión total, etc., investigando su interrelación y comportamiento en orden a alcanzar el pleno empleo de todos los recursos y la óptima distribución del producto o renta lograda.Precisamente por esta última razón también cabe hablar de E. positiva y E. normativa. La E. positiva (o Teoría Económica; v.) describe los hechos tal como son, si lo descubre; estamos en terreno positivo al afirmar que el precio de un bien X aumenta si la demanda crece, permaneciendo invariable el resto de cosas (oferta, salarios, etc.). La E. normativa (o Política Económica) nos dice si hay que variar (o no) las cosas para que los hechos no se produzcan (o para que sí sigan sucediendo) igual; en este caso, y con referencia al ejemplo anterior, cabría decir que hay que incrementar la oferta del bien X para que el precio del mismo no aumente ante la presión de una demanda superior. En terminología al uso, diremos que la E. positiva hace referencia a lo que es, al ser, mientras que la normativa se refiere a lo que debería ser, al deber ser. El problema reside en la necesidad de objetivación de la Ciencia económica, eliminando de la misma todo juicio de valor, con lo cual nos circunscribimos al dominio de lo positivo; e incluso se intenta una E. neutral. Pero como la introducción de las valoraciones es un fenómeno inherente al desenvolvimiento de toda Ciencia social para que la misma tenga razón de ser, la E. positiva no puede ser aplicada a una realidad -la social- donde los juicios valorativos, dígase lo que se diga, asumen un papel preponderante; y de ahí nace el campo de lo normativo. Precisamente la relación entre normativa y sistema (forma, organización u orden) económico es total: éste forma la base de aquélla; según cuál sea el sistema económico tal será la norma económica que se aplicará (en una dictadura, p. ej., la escala de valoraciones imperante será la del dictador; en una sociedad esclavista, será la de los amos y no la de los esclavos; en una democracia, se supone que la escala de valoraciones de la mayoría se impondrá; etc.).Puede hablarse, también, en términos de E. pura y E. aplicada. La primera consiste, básicamente, en el análisis abstracto de los fenómenos económicos, esto es, prescindiendo de sus interrelaciones con los demás aspectos de la vida humana; la segunda, establece los conocimientos con miras prácticas. Mientras la E. pura tiene un carácter absolutamente especulativo, la E. aplicada es rabiosamente realista; mientras aquélla sólo se mueve en el campo hipotético, ésta lo hace en el de la problemática real, con intención de llegar a conclusiones para resolver las cuestiones prácticas y político-económicas.En este orden de cosas, gracias al creciente proceso de formalización que ha sufrido la Ciencia económica, tanto en las regiones etéreas de la más pura abstracción como por la necesidad de transformar la compleja realidad en esquemas aprehensibles, ha sido posible el espectacular avance de la misma en estos últimos tiempos, por lo que el número de adeptos de la E. matemática es cada vez más numeroso y mayor la necesidad de poseer profundos conocimientos matemáticos para desonvolverse en el entendimiento de la E.Por su parte, la E. estática se diferencia de la E. dinámica en que una considera estables los elementos básicos de la e. (necesidades, nivel tecnológico, población, etc.) y la otra no. El tratamiento del factor tiempo es más intensivo en la segunda que en la primera, pues en ésta no se elimina. La E. estática es de equilibrio; la E. Dinámica es de proceso. En la E. estática entra el factor tiempo a través de la senda de las expectativas, por la comparación de distintas situaciones de equilibrio (E. estática comparativa y E. estacionaria) y después del análisis dinámico de las condiciones de estabilidad. La E. dinámica se ha transformado, como es natural, puesto que los fenómenos económicos son de un movimiento íntimamente ligado al tiempo, en el centro de la investigación económica, en una triple vertiente: a) dinamización de la microeconomía y de la macroeconomía (E. dinámica pura o formal); b) fluctuaciones económicas y crecimiento, desarrollo y subdesarrollo económico (E. dinámica intrasistema); y c) comparación de la dinámica evolutiva de los diferentes sistemas económicos (E. dinámica intrasistema). La E. descriptiva, que estudia el desarrollo de procesos económicos concretos en lugares determinados, es otra categoría de la Ciencia económica, que se puede llamar Geografía económica. De la interacción del mapa del terreno económico (enumeración de hechos y situaciones) con el cuadro institucional en el que se desenvuelve, aparece una nueva disciplina, la Estructura económica (v. ESTRUCTURALISMO III). El estudio del desarrollo de procesos económicos concretos en tiempos determinados, corresponde a su vez a la Historia económica.La E. cuantitativa hace referencia a la acumulación de datos y series y al análisis de información estadística en el campo económico; por esto se la llama, también, Estadística económica (v. ESTADÍSTICA II). La compilación funcional, geográfica e histórica de cantidades económicas, su interpretación, el ensamblaje de las mismas mediante modelos y la consecución de las teorías y leyes por las que se rigen, es misión del Análisis económico. Si éste trata "de cómo se comporta la gente en cualquier tiempo y cuáles son los efectos económicos que produce el comportarse de tal modo", la Sociología económica, a la que antes nos hemos referido, trata "de cómo la gente llega a comportarse como se comporta", en expresiones de J. A. Schumpeter (v.). Sectorialmente, aparecen a su vez y de modo respectivo de E. monetaria, exterior, regional, agrícola, laboral, de los transportes, etc.En resumen, y utilizando el cuadro elaborado por Schumpeter, con ligeras adaptaciones, vista la evolución del sistema de Ciencias económicas 20 años después de la aportación de este genial economista, puede verse el Cuadro General de la E. que figura en la página precedente.V. t.: POLÍTICA ECONÓMICA; TEORÍA ECONÓMICA.J. JANÉ SOLA.
BIBL.: Manuales y tratados generales: ACAD. DE CIENCIAS DE LA URSS: Manual de Economía política, Buenos Aires 1969; R. BARRE, Economía Política, 3 ed. Barcelona 1964 L. BENAVIDES, Economía política general, Pamplona 1968; K. E. BOULDING, Análisis Económico, 9 ed. Madrid 1967; R. BRANDIS, Economía: principios y política, México 1962; F. DI FENIZIO, Economía Política, Barcelona 1958; C. GIRE, Curso de Economía Política, 8 ed. Buenos Aires 1969; W. FELLNER, Origen y contenido del análisis económico moderno, Barcelona 1963; J. M. FERNÁNDEZ PIRLA, Economía general, 2 ed. Madrid 1967; G. N. HALM, Sistemas económicos, Madrid 1964; W. F. ILCHMAN, N. T. UPHOFF, La ciencia política en la economía dinámica, México 1971; J. A. MÉNDEZ, Relaciones entre Economía y Ética, Madrid 1970; F. PERROUX, La Economía del siglo XX, Barcelona 1964; A. PIETTRE, Las tres edades de la Economía, Madrid 1962; O. POPESCU, Introducción a la Ciencia económica contemporánea, Barcelona 1964; L. M. PUGÉs, Economía, beneficio y ética, Barcelona 1970; L. G. REYNOLDS, Introducción a la Economía, Madrid 1968; L. ROBBINS, Teoría de política económica, Madrid 1966; Javier Arias P. A. SAMUELSON, Curso de economía moderna, 14 ed. Madrid 1966; J. M. SOLOZÁBAL, Curso de Economía, Bilbao 1970. Libros de bolsillo: M. DoBB, Introducción a la Economía, 3 ed. México 1961; A. FANFANI, Economía, Madrid 1962; J. PRADOS ARRARTE, Introducción al estudio de la Economía Política, Madrid 1971; G. SOULE, Introducción a la economía contemporánea, México 1950 K. WALTER y A. LEISTICO, Anatomía de la Economía, Madrid 1970. Revistas: INST. SÁNCHEZ DE MONCADA, CSIC., gAnales de Economía", Madrid 1941 ss.; CONSEJO ECONÓMICO SINDICAL NACIONAL, "De Economía", Madrid 1948 ss.; SOCIEDAD DE ESTUDIOS Y PUBLICACIONES, "Moneda y Crédito", Madrid 1942 ss.; EDIT. DE DERECHO FINANCIERO, "Revista de Economía y Hacienda Local", Madrid 1971 ss.; INST. DE ESTUDIOS POLÍTICOS, "Revista de Economía Política", Madrid 1945 ss.; INST. DE DESARROLLO ECONÓMICO, "Revista Española de Economía", Madrid 1971 ss.; UNIV. COMERCIAL DE DEUSTO, "Boletín de Estudios Económicos", Bilbao 1948 ss.
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