Dos Rosas, Guerra de las HIST.
Categoria:
Historia
Se conoce con este nombre a la guerra civil que se desencadenó en Inglaterra en la segunda mitad del s. XV. Se la llama guerra de las Dos Rosas porque las dos principales familias implicadas en el conflicto utilizaban una rosa en su emblema, roja los Lancaster, blanca los York.Encarnizada y violenta, la guerra de las D. R. fue exclusivamente una pugna de familias aristocráticas. En su génesis confluían factores muy diversos. Con el establecimiento de la casa de Lancaster (v.) en el trono de Inglaterra, la guerra de los Cien Años (v.) había cambiado de signo, especialmente con la victoriosa ofensiva de Enrique V. Pero en tiempo de su sucesor, Enrique VI, los ingleses sufrieron graves derrotas. Coincidiendo con la aparición de Juana de Arco (v.), los ingleses retroceden apresuradamente, desde el fallido ataque a Orleáns (1428) hasta la pérdida definitiva de Normandía (1450). Los desastres militares repercutieron inmediatamente en Inglaterra. El Parlamento se negaba a conceder subsidios para una guerra que iba de mal en peor. Los barones intimidan a los oficiales reales y siembran el desorden en el país. La afluencia de tropas, expulsadas de Francia, aumenta la anarquía. El déficit de la hacienda real inglesa crece de forma alarmante, llegando las deudas de la corona, en 1450, a ser del orden de unas 40.000 libras. El desprestigio del gobierno ante el pueblo es total. Esta crítica situación coincidía con un monarca débil y enfermo, casado con la impopular Margarita de Anjou. La numerosa descendencia de Eduardo III (v.) suponía la existencia de un poderoso sector nobiliario, ligado al monarca, dispuesto a acaparar los puestos claves del gobierno. Así, p. ej., durante la minoría de Enrique VI el gobierno había estado dominado por dos tíos del rey, Humphrey, duque de Gloucester, y John, duque de Bedford. Incluso alguno de estos nobles podía alegar derechos al trono, al que los Lancaster habían accedido de forma violenta. En este caso se encontraba Ricardo de Yord (v. YORK, CASA DE).En la guerra de las D. R., pueden señalarse tres etapas: la, el enfrentamiento de Enrique VI con los York; 22, el triunfo de los York: Eduardo IV; 3a, el desenlace final: la caída de Ricardo III.1ª) El enfrentamiento de Enrique VI con los York (1450-61). Al mediar el siglo, el panorama era bastante confuso en Inglaterra. El descontento popular se canalizó en una revuelta en el sur del país, dirigida por Jack Cade. En la corte se disputaban el predominio Ricardo de York y el clan de los Beaufort, encabezado por Edmundo, duque de Somerset. Ricardo, que tenía un gran ascendiente entre los comerciantes y las clases populares, aspiraba a la sucesión, pues Enrique VI no tenía descendencia. Cuando el monarca, enfermo, hubo de abandonar el ejercicio de sus funciones (1453), Ricardo de York pidió ser regente. Pero en octubre de aquel mismo año nació un príncipe heredero, Eduardo. Enrique VI, repuesto pronto de sus dolencias, comprendió que en Ricardo de York tenía un peligroso enemigo, por lo que preparó su caída. La lucha entre el monarca y Ricardo se hizo inevitable. En St. Albaiis, donde encontró la muerte Edmundo de Somerset, vencieron los yorkistas (1455). Pero Ricardo no sacó mucho partido de esta victoria. La división entre Enrique VI y el de York se acentúa en los años siguientes hasta que desemboca en nuevas hostilidades. En octubre de 1460, Ricardo de York reclama el trono. Pero su carrera se trunca, poco después, al ser derrotado y muerto en Wakefield (diciembre de 1460). Este éxito de los Lancaster es seguido por el triunfo de la reina Margarita, en la segunda batalla de St. Albans (febrero de 1461), sobre Richard Neville, conde de Warwick, destacado dirigente de los yorkistas. Pero Enrique VI, siempre vacilante, no se decide a dar el golpe definitivo, lo que aprovechan sus enemigos para recomponer sus fuerzas. Eduardo, hijo de Ricardo de York, entra en Londres acompañado por Warwick, el "hacedor de reyes" (king-maker) y, en un gesto de audacia, se proclama rey en Westminster (4 mar. 1461). Inmediatamente, los yorkistas se vuelven contra los lancasterianos, derrotándolos en la batalla de Towton. Enrique VI, Margarita y el príncipe heredero huyen a Escocia. Eduardo IV (v.) había sido el gran triunfador. Los York habían arrebatado el poder a los Lancaster.2a) El triunfo de los York: Eduardo IV (1461-83). El ascenso de Eduardo IV era también el auge de Warwick. Este poderoso magnate intenta establecer una especie de tutela sobre el nuevo monarca. Warwick dirigió la lucha contra la indómita Margarita, en el norte de Inglaterra (1462-64), al final de la cual Enrique VI fue capturado y encerrado en la Torre de Londres. Pero el creciente prestigio de Warwick despierta los celos de Eduardo IV, que se siente incómodo con su protector. Entre ambos surgen diferencias, unas veces con motivo del matrimonio del rey (se casa con Isabel Wydeville, pese a la opinión contraria de Warwick), otras por la diferente orientación de la política internacional (el magnate defendía una postura filofrancesa, pero Eduardo pactó con Borgoña). Al final Warwick se pasa a la oposición (1468) y apoya la revuelta contra Eduardo IV. Después de reconstruir las dispersas fuerzas lancasterianas y, gracias al apoyo francés, invade Inglaterra en 1470. Eduardo, sorprendido, huye. Enrique VI es restaurado, aunque sólo lo será por breve tiempo. Además las condiciones mentales de Enrique VI eran lamentables. El auténtico monarca era Warwick. Pero Eduardo IV reaccionó con prontitud y con energía. Contaba con el decidido apoyo del duque de Borgoña, Carlos el Temerario (v.). En la batalla de Barnet (abril de 1471), derrotó y dio muerte al inagotable Warwick. Al mes siguiente, en Tewkesbury, se consumó la derrota de los lancasterianos, ratificada por la muerte de Enrique VI y de su hijo. Las victorias de 1471 parecían poner fin a la época de debilidad monárquica. Las confiscaciones de los partidarios de los Lancaster permitieron aumentar los recursos de la monarquía. Eduardo 1V hizo grandes esfuerzos para restaurar el prestigio de la institución monárquica, tan decaído en los turbulentos años anteriores. Eduardo IV obtuvo notables éxitos en Gales y Escocia. Igualmente liquidó de forma definitiva la ya larga pugna con Francia, mediante el tratado de Picquigny (1475) que, aunque supuso una cierta humillación para el orgullo inglés, fue bien recibido, en especial por la burguesía, deseosa del restablecimiento del orden. Bajo este clima de paz, Inglaterra conoció un gran renacimiento del comercio. En el terreno político, era evidente la marcha hacia una monarquía fuerte, semiabsoluta. Tal era el panorama cuando Eduardo IV murió (1483), dejando como sucesor a un niño de 12 años, Eduardo V.3a) El desenlace final: La caída de Ricardo 111 (148385). Debido a la corta edad del nuevo rey se encargó del gobierno un tío suyo, Ricardo, duque de Gloucester. La propaganda posterior, de época Tudor, nos ha dejado la imagen de un Ricardo, auténtico monstruo de maldad. Es evidente que fue un buen soldado y un administrador capaz. Para reforzar su posición adoptó el título de Protector. Poco después encerró al príncipe Eduardo, y a su hermano menor Ricardo, en la Torre de Londres; los declaró bastardos y reclamó para él mismo el trono. No hubo oposición y así se convirtió en Ricardo 111. Pero el asesinato de sus sobrinos levantó un clamor de repulsión por todo el país. Algunos de los más fieles partidarios de Ricardo 111, como el duque de Buckingham, pasaron a la oposición. El partido Lancaster resucita y a su cabeza se coloca Enrique Tudor, conde de Richmond, emparentado con el viejo linaje gobernante. Ricardo III intenta ganarse el apoyo popular, estimulando el comercio y combatiendo la corrupción. Pero Enrique Tudor, que cuenta con la ayuda financiera francesa, desembarca en Gales, reúne a todos los descontentos contra Ricardo III y marcha contra éste. En la decisiva batalla de Bosworth (1485), Ricardo 111 fue derrotado y muerto. Bosworth fue el último episodio de la guerra de las D. R. El triunfador, Enrique VII, casaría con Isabel de York, una hija de Eduardo IV. Así, de una manera simbólica, se unían las rosas roja y blanca, dando fin a una contienda que había ensangrentado el suelo inglés durante más de 30 años.La principal consecuencia de la guerra de las D. R. fue la ruina de la vieja aristocracia. A los cuantiosos gastos militares que hubo de soportar la nobleza, protagonista de la pugna, hay que añadir las frecuentes confiscaciones y ejecuciones, que diezmaron a las familias de los barones. En cambio, la monarquía salió notablemente fortalecida. La incorporación de las tierras y dominios de los nobles derrotados en la guerra convirtió a la corona en el principal propietario del reino. El Parlamento, sin que fuera destruido, sufrió importantes recortes en sus funciones. Desde tiempos de Eduardo IV, entró a formar parte de la Cámara de los Lores una nueva nobleza, creación del monarca, destinada a defender la voluntad regia. La burguesía y la gentry, que habían adoptado una posición neutral en esta guerra de nobles, vieron con buenos ojos la quiebra de las grandes familias. La masa popular, cansada de la anarquía y la guerra civil, deseaba un gobierno fuerte. La paz y el orden, restaurados por Enrique VII, eran la condición necesaria para la expansión de la industria y del comercio. Así, a través de una agotadora guerra, típica de señores feudales, se había abierto paso en Inglaterra la monarquía moderna.J. VALDEÓN BARUQUE.
BIBL.: Fuentes: Davies’s Chronicle, continuación de la famosa crónica The Brut (1440-1461), Londres 1856; History of the Arrival of Edward IV, ed. J. BRUCE, Londres 1838 (ambas crónicas se inclinan hacia los York). Una visión general de la guerra la ofrece la obra de E. F. JACOS, The Fifteenth Century, 1399-1485, en Oxford History ol England, vol. 6, Oxford 1961. Otras obras importantes son: C. L. SCOFIELD, The Life and Reign of Edward the Fourth, 2 vol., Nueva York 1923; V. H. H. GREEN, The later Plantagenets; a Survey of English history between 1307 and 1485, Londres 1955; P. M. KENDALL, Richard the Third, Londres 1956; B. WILKINSON, Constitutional History of England in the Fifteentla Century, 1399-1485, Londres 1964; A. R. MYERS, England in the late Middle Ages (1307-1536), en Pelican History ol England, vol. 4, 1 ed. Harmondsworth 1952.
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