Dominicana, República. Lengua y Literatura. LIT.
Categoria:
Literatura
Lengua. La incorporación más importante al español fue la del léxico indígena, llevada a cabo en los primeros tiempos, hasta mediado el s. XVI. El arcaísmo es rasgo peculiar del habla dominicana. Subsisten veder, creder, atanto, muy mejor, tan mejor, etc. Los antillanismos que penetraron en el español siguen vivos en Santo Domingo: aji, batata, maní, bohío..., junto a otros que no se usan en el español común: baiguá, guaba, haití..., casi todos ellos de ascendencia taína de tipo arauaco, si bien no faltan las palabras de posible origen caribe: totuma, colibrí, mico.Fenómenos destacables de su fonética, de gran semejanza con la andaluza, son: vocales más abiertas que las castellanas; unificación de s, ss, e, z en s sorda; yeísmo; j faríngea, con simple aspiración que a veces desaparece: mujer > muer. Las implosiva se aspira: lah cosah. Las nasales finales se reducen a una nasal velar. La clase popular tiene una fonética más revolucionaria. En las regiones rurales, las vocales se oscurecen por abocinamiento de los labios. Hay contracción de vocales iguales: todo > too > to; puede > pue. El diptongo eu inicial se contrae: Usebio. El diptongo uo final también se reduce mudo > muo > mu. Hay contracción de los verbos, seguidos de otras voces: puedo > po; -era > ea > a; -eron > eon > ón o én; como en quisieron > quisién o quisién. Los diptongos en ue crearon una consonante velar de refuerzo: güérfano, güésped. La r intervocálica desaparece en ocasiones: fuera > fua; mire usted > mi hté. La desaparición de la s es muy frecuente. También puede reducirse a aspiración faríngea: loh amigo, y puede asimilarse a la consonante siguiente: mimmito. R y 1 pueden neutralizarse en un archifonema intermedio entre ambos, que se representa indistintamente por r o 1: cardo-caldo. La r puede transformarse en aspiración faríngea, incluso con resonancia nasal: calme, mejoh. R y 1 pueden asimilarse a la consonante siguiente: cueppo, puppo, e incluso pueden vocalizarse en i: come¡, poique, sueido.Respecto a morfología y sintaxis, los fenómenos más destacables son: desaparición de las formas vos y vosotros. Se usan tú y ustedes que sirven para la segunda persona del singular y ségunda y tercera del plural. Los complementos átonos lo, los, la, las son siempre acusativos; le y les siempre dativos. Entre los campesinos subsiste el arcaico ge (se): ge lo digo. Ti, tigo pueden usarse como nominativos si el sujeto es compuesto: yo y ti..., yo y tigo... El posesivo vuestro ha desaparecido. Subsiste el arcaico quien en uso plural. La conjugación ha perdido la forma correspondiente a vos, vosotros. La clase culta mantiene el futuro de subjuntivo en - re. Popularmente se unifican en - iar los verbos terminados en -ear: parear> parear. Existen los arcaicos semos, so, vide. truje. El diminutivo general es -ito y también -ico si en la sílaba anterior hay una t o un grupo tr. El diminutivo campesino - ingo, inga se supone de origen africano: chiquiningo, cerquininga. El arcaico ello, que pervive como sujeto impersonal, ha adquirido una significación evasiva o concesiva.Literatura. Periodo colonial. En la isla, primer núcleo cultural español en América, residieron ilustres españoles: Fernández de Oviedo, Las Casas, Alonso de Zurita, Juan de Castellanos, Tirso de Molina y otros. Pese a este buen ambiente cultural, M. Henríquez Ureña afirma, y con razón, que "la verdadera historia de la literatura dominicana comienza con la independencia... 1844. Hasta ese momento sólo es dable hablar en Santo Domingo de historia de la cultura" (o. c. en bibl.). Sin ser raros los cultores de las letras, no hay en el periodo colonial ninguna gran figura. En el s. XVI merece citarse Cristóbal de Llerena (1540-m. antes de 1627), autor de un entremés satírico representado en 1588, que es causa del destierro temporal del autor. En el s. XVII, Tirso de Molina testimonia la existencia de certámenes poéticos. En esta época abundan predicadores, teólogos y juristas y no escasean memoriales y relaciones de gran interés, como la de Luis jerónimo Alcocer (1598-1665?). En el s. XVIII, Pedro J. Peguero escribe Historia de la conquista de la Isla Española, obra de poco mérito. Antonio Sánchez Valverde (1720?-99) es autor de un curioso tratado, El Predicador, dos volúmenes de sermones panegíricos y de misterios, con la primera descripción de la isla hecha por un dominicano: Idea del valor de la Isla Española y de las utilidades que de ella puede sacar su monarquía. La cesión de la parte española de la isla a Francia (1795) provoca las primeras emigraciones, especialmente a Cuba, donde Antonio del Monte y Tejada (1783-1861) escribe la Historia de Santo Domingo desde el descubrimiento hasta nuestros días, en buena prosa. Francisco Muñoz del Monte (1800-65), poeta retórico, sigue los cánones de la poesía del s. XVIII con alguna nota romántica, sin llegar a grandes cimas; con más acierto cultiva el periodismo polémico. En 1821 aparece el periódico El Duende, fundado por José Núñez de Cáceres (1772-1846), autor de ingeniosas fábulas; huido a Venezuela, escribe violentos y agudos artículos. De 1822 a 1844, periodo haitiano, la vida intelectual se enrarece. Desde 1823 no hay universidad, y la censura impuesta por las autoridades ahoga las publicaciones. Son frecuentes entonces los manuscritos anónimos con sátiras políticas.De la independencia a nuestros días. 1) La poesía. El romanticismo lo introduce Manuel María Valencia (181070), poeta de ecos melancólicos (La víspera del suicidio). La generación de la independencia nace bajo el romanticismo y la influencia de J. Meléndez Valdés (v.), M. J. Quintana (v.), J. N. Gallego (v.). Félix María del Monte (1819-99), autor del primer himno patriótico, es el verdadero patriarca de esta literatura; romántico, cultiva la leyenda, doloras al modo de Campoamor (v.), la poesía sentimental elegiaca y político-patriótica. Nicolás Ureña (1822-75) canta las nostalgias del exiliado; con él aparece la poesía religiosa en la literatura dominicana. Con Del Monte y José María González (1830-63) introduce la nota criollista en idilios rurales. José Joaquín Pérez (1845-1900) es el máximo cantor del destierro (Vuelta al hogar) y de lo aborigen (Fantasías indígenas); acusa influencia de Bello (v.), -Quintana y de la poesía social (El herrero). En su última época atisba el modernismo en Contornos y relieves. Es la primera gran figura de la lírica dominicana junto con Salomé Ureña (1850-97), poetisa y educadora de su nación (La gloria del Progreso. La f e en el porvenir). Su acento quintanesco se dirige al futuro. La obra de S. Ureña tiene siempre gran perfección formal y hondo lirismo; canta magistralmente el sentimiento de la naturaleza en La llegada del invierno. La obra lírica de Gastón Fernando Deligne (1861-1913) va de la sátira a la poesía erótica, de la poesía filosófica .(Aniquilamiento) a la patriótica (Ante la bandera). En Ololoi refleja la tiranía de Ulises Heureaux (v. iii). En Romances de la Hispaniola pinta historias de la isla. Poeta de rara perfección, lo mejor de su obra es el poema breve de tema psicológico (Soledad. Angustias).En tiempos poco propicios entra el modernismo a Santo Domingo, y no llega a arraigar. Fabio Fiallo (18661942), amigo personal de Darío, es esencialmente romántico; canta al amor, influido por Bécquer y Heine (Forever. Gólgota rosa). La primera poesía modernista es Mi vaso verde de Altagracia Saviñón (1886-1942). Uno de los principales modernistas es Osvaldo Bazil (18841946), aunque mantiene la influencia de Bécquer (Rosales en flor y Arcos votivos). Federico Bermúdez (18841921) canta a los humildes con simpatía humanitaria. Desde el postumismo, se fragua la nueva poesía dominicana. Esta corriente inicia la ejecución de la tradición decimonónica que guiaba la poesía dominicana, descubre la tierra y arremete contra todo pasado literario. Domingo Moreno Jimenes (n. 1894) es el pontífice postumista, auténtico poeta, de desigual obra y tono personal. Otilio Vigil Díaz (1880-1963), autor de innovaciones, a las que llama con el nombre de veedrinismo, domina la imagen arbitraria y el verso libre. Manuel Zacarías Espinal (190133), autor de sonetos modernistas, consigue una obra original en sus poemas veedrinistas. El postumismo pasa sin dejar gran huella. Tiene importancia la rev. "La Poesía Sorprendida" (1943), que, sin renegar del pasado, es puerta abierta a la innovación. Sus poetas se completan con Los Nuevos. Destacan Rafael Américo Henríquez (n. 1899), artífice de la palabra y del color; Tomás Hernández Franco (1904-52), cantor sensual del trópico; Manuel del Cabral (n. 1907), poeta del negro antillano; Franklin Mieses Burgos (n. 1907), maestro de "La Poesía Sorprendida", influido por Alberti y Aleixandre, de gran personalidad; Freddy Gatón Arce (n. 1920), que pasa de cantar tinieblas demoniacas a cantar la luz; Héctor Incháustegui Cabral (n. 1912), que gira sobre temas sociales; Antonio Fernández Spencer (n. 1923), buen poeta y crítico. Actualmente, se advierte un gran renacer en la poesía dominicana.2) Novela, tradición y cuento. Alejandro (1822-1906) y Javier (1816-84) Angulo Guridi son autores de los primeros relatos novelescos, pero la primera gran novela es Enriquillo (V. GALVÁN, MANUEL DE JESÚS). Francisco Gregorio Bellini (1844-98) en Engracia y Antoñita presenta la vida social y política de la isla con buenos cuadros de costumbres, pero adolece de excesivo sentimentalismo. Federico GARCÍA Godoy (1857-1924) inicia la novela de ambiente nacional en su trilogía: Rufinito, Alma dominicana y Guanuma, añadiendo el tema histórico al costumbrismo de Bellini. Tulio M. Cestero (1877-1955) reconstruye en La sangre la tiranía de Ulises Heureaux. La tradición tiene poco desarrollo; su máximo exponente es Cosas añejas, de César Nicolás Penson (1855-1910). No abundan los cuentos romántico-realistas de ambiente local. Los Cuentos frágiles de Fiallo indican la influencia de Gutiérrez Nájera. Son también artísticos Las manzanas de Mef isto, del mismo autor. José Ramón López (1866-1922) da escenario totalmente regional a sus Cuentos puertoplateños. Sócrates Nolasco (1844) plasma la vida campesina con estilo fuerte y conciso en Cuentos del Sur y Cuentos cimarrones. Juan Bosch (n. 1909) es el gran renovador de la narrativa dominicana. Sus libros de cuentos, Camino real, Indios, Dos pesos de agua, y su novela La mañosa, han alcanzado merecido renombre por su estilo y por los temas densamente humanos. Over, de Ramón Marreo Aristy (1912-54), es quizá la mejor novela sobre la explotación de la caña. fenjibre (1940), de Pedro A. Pérez Cabral, es otro manifiesto contra la tiranía y tiende a la caricatura. Hilma Contreras (n. 1913) escribe con gran estilo narraciones breves.3) El teatro. Es iniciado, tras la independencia, conobras románticas, por F. María del Monte: El mendigo de la catedral de León, Antonio Duvergé, El último abencerraje, etc. Javier Angulo Guridi escribe el drama Iguaniona y piezas cómicas. José Francisco Pellerano (184479) triunfa en la comedia de costumbres (El que menos corre, vuela). Arturo Pellerano (1865-1916) se inicia bajo la influencia de Echegaray, pero evoluciona hacia una corriente más realista, y triunfa plenamente con De la vida. Al iniciarse el s. xx, Ulises Heureaux, hijo, es un gran conocedor del teatro francés moderno. El teatro parece hoy estar en decadencia, aunque no falten autores como Horacio Pérez Licairac (1895-1958), Pedro René Contín (n. 1907), Carmen Natalia (n. 1917), Carlos Curiel y Manuel Rueda (n. 1921).4) Ensayo y crítica. Los hijos de Francisco Henríquez y Salomé Ureña son altas figuras de las letras hispanoamericanas (V. HENRÍQUEZ UREÑA, PEDRO Y MAX). Max Henríquez Ureña ha cultivado la poesía, el ensayo y la crítica literaria. Su fina sensibilidad, buen criterio y vasta cultura hacen de él un auténtico hombre de letras. Su Breve Historia del modernismo es libro único en su tema. Juan Pedro Jiménez (n. 1902) ha publicado ensayos tan sugestivos como Luchemos por nuestra América, Al margen de Ortega y Gasset y Seis poetas cubanos.L. ORTEGA GALINDO.
BIBL.: P. HENRÍQUEZ UREÑA, El español en Santo Domingo, Buenos Aires 1941; M. HENRÍQUEZ UREÑA, Panorama histórico de la literatura dominicana, Santo Domingo 1965; 1. BALAGUER, Historia de la literatura dominicana, Santo Domingo 1956; A. FERNÁNDEZ SPENCER, Nueva poesía dominicana, Madrid 1953.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.