Dominicana, República. Historia. HIST.
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Historia
1. Desde el tratado de Ryswick hasta la revolución haitiana. Al firmarse en 1697 la paz de Ryswick entre Francia y España, la isla Española o de Santo Domingo se dividió en dos partes (para la historia anterior a 1697; v. ESPAÑOLA, LA). El occidente de la isla quedaba en poder de Francia (v. HAITI III) y el resto es lo que constituye la actual R. D. (para lo relativo a límites, v. i). Como la frontera entre ambas zonas no había sido convenientemente delimitada, los conflictos fueron frecuentes. En 1706, se frustró el plan francés de ocupación de la capital española: Santo Domingo. También fracasó el proyecto de apoderarse del territorio español (1714), pero la penetración en la parte correspondiente a España proseguía con astucia, ampliando cada vez más los franceses sus cultivos. De nada sirvieron las protestas del gobernador Pedro Niela Torres. Por el contrario, la aceptación de una zona neutra propuesta por los franceses sirvió para que éstos extendieran sus dominios. En 1713 los franceses ocuparon Bayahá y casi toda la costa hasta la desembocadura del Dajabón. A fin de impedir este avance, se creó un puesto militar al N., en la orilla del Dajabón. Este río y el Pedernales, al S, fueron reconocidos, en 1731, como extremos de la línea fronteriza. Sin embargo, los franceses continuaron internándose, por lo que desde 1731 a 1770 los choques armados fueron casi constantes. A pesar del convenio provisional de 1771, la cuestión no llegó a resolverse satisfactoriamente. En 1773 se ratificó el convenio y el 29 feb. 1776 se concertó un tratado de Límites, en San Miguel de la Atalaya, que sirvió de base para establecer definitivamente la frontera en el tratado de Aranjuez de 1777 (cfr. E. Rodríguez Demorizi, La Era de Francia en Santo Domingo, Santo Domingo 1955, 24-32).Casi toda la historia de la isla, hasta comienzos del último cuarto del s. XVIII, estuvo condicionada por la disputa fronteriza. Esta situación agravó la pobre economía de la parte española, bastante despoblada (hacia 1739, unos 6.000 hab.). Durante la guerra de la Oreja de Jenkiss (1739-48), que terminó desenvolviéndose en el marco general de la guerra de Sucesión de Austria (v.) y enfrentó a España e Inglaterra en América, los dominicanos tuvieron una brillante intervención en sus expediciones en corso, organizadas por el gobernador Pedro de Zorrilla, marqués de Gándara (1739-50). Su sucesor, Francisco Rubio y Peñaranda (1751-59), tuvo que vencer las dificultades ocasionadas por el terremoto de 1751, que destruyó totalmente la ciudad de Azua. Su obra repobladora la continuó el gobernador Manuel de Azlor y Uríes.Desde 1778, con la pragmática de libre comercio (Reglamento y aranceles reales para el comercio libre de España a Indias), se inició una nueva época de resurgimiento económico. A partir de mediados de siglo se había aumentado la población con inmigrantes procedentes sobre todo de Canarias. Así pudieron repoblarse villas decadentes o abandonadas (Puerto Plata, Montecristi) y fundarse otras nuevas (Samaná, Sabana de la Mar, Las Caobas, Baní). Solamente la ciudad de Santo Domingo costa-. ba en el último tercio del s. XVIII con 30.000 hab.; Santiago, ca. 28.000. En total, unos 100.000 hab. La ganadería, el cultivo del tabaco y la industria azucarera contribuyeron a una cierta prosperidad. Al crearse definitivamente el virreinato de Nueva Granada (1739), Venezuela pasó a depender de la Audiencia de Santo Domingo hasta la erección de la Audiencia de Caracas (1787). También dependió de la Audiencia de Santo Domingo la colonia de Luisiana, cedida a España por Francia (17631800). En 1799, la Audiencia se trasladó a Puerto Príncipe (Camagüey), en Cuba.A pesar del auge de la zona española, ésta contrastaba enormemente con la francesa, más desarrollada, pero también con mayores problemas sociales, a causa de su numerosa población negra y de las ideas de libertad e igualdad proclamadas por la Revolución francesa (1789). Los negros dominicanos eran mejor tratados por los españoles y no ofrecían peligro inminente para el mantenimiento del orden, pudiéndose en algunos casos manumitirse. En 1791, se extendió el conflicto racial y político por la zona francesa, repercutiendo también en la española. Las autoridades de Santo Domingo apoyaron y dieron refugio a negros y mulatos sublevados contra los franceses, pero entregaron a éstos al mulato revolucionario Vincent Ogé. La guerra entre Francia y España, a raíz de la decapitación de Luis XVI (1793) enfrentó abiertamente a los españoles y franceses de la isla de Santo Domingo. España apoyaba a los negros sublevados. En la lucha intervino también Inglaterra, que tenía sus pretensiones sobre la isla, llamada por los colonos blancos ante el creciente movimiento de los negros sublevados (cfr. E. Cordero Michel, La revolución haitiana y Santo Domingo, Santo Domingo 1968).El caudillo negro F. Toussaint Louverture (v.), que se había unido a las tropas españolas, se pasó nuevamente a los franceses ante la promesa de libertad absoluta a los negros (1794). Esta defección provocó la de otros cabecillas y sus tropas. Los anteriores triunfos españoles cambiaron de signo, en parte también por las enfermedades. La lucha terminó al firmarse entre España y Francia la paz de Basilea (22 jul. 1795), por la que los españoles cedían su parte en la isla de Santo Domingo. Refiriéndose a esta paz, Manuel Godoy escribe en sus Memorias: "Ningún tratado de la Francia con las demás potencias en aquella época (y en las posteriores mucho menos) ofreció menos sacrificios que el tratado de Basilea entre Francia y España, si es que puede llamarse sacrificio la cesión de la parte española de la isla de Santo Domingo, tierra ya de maldición para los blancos, y verdadero cáncer agarrado a las entrañas de cualquiera que fuera su dueño en adelante. Nuestros principales colonos la tenían ya de hecho abandonada: su posesión era una carga y un peligro continuo; muchas poblaciones y parroquias habían sucumbido por la dura necesidad al poder anárquico de los negros y mulatos". El juicio del favorito de Carlos IV es exagerado y no se atiene a la realidad de los hechos. Parece más bien dictado por el deseo de justificar una paz que, ciertamente, no fue demasiado desfavorable a España.2. Dominio francés. Cuando se firmó la paz de Basilea, Toussaint Louverture se había hecho casi dueño de la colonia francesa. En el tratado se estipulaba que los españoles debían abandonar el territorio al mes de conocer la noticia, pero la evacuación no se llevó a efecto tan pronto. El comisionado francés Roume, que residía en Santo Domingo, negó a Toussaint Louverture el permiso para desespañolizar la isla, cuya parte española continuaba aún bajo la administración del mariscal de campo Joaquín GARCÍA Moreno. Además, las autoridades francesas querían conservar este territorio al margen de las querellas entre criollos, negros y mulatos que afligían a Santt-Domingue. En 1798, Louverture consiguió que los ingleses abandonaran la isla; en 1800, obtuvo a la fuerza autorización para ocupar la zona española en nombre de Francia. Después que el general Moyse conquistara Santiago, entró victorioso en Santo Domingo (27 en. 1801). Dividió la isla en cinco departamentos y éstos en distritos. Sustituyó los cabildos por municipalidades y decretó la libertad de los esclavos. En Santo Domingo, dejó a su hermano Paul como gobernador. Los españoles no tuvieron más remedio que emigrar, aunque Louverture tratara de impedirlo.El 9 mayo 1801 se aprobó una Constitución para toda la isla, por la que Louverture se erigía en comandante en jefe del ejército insular y gobernador general vitalicio con derecho a nombrar sucesor, proponer leyes, ejercer la censura, etc. Haití y Louverture seguían fieles a Francia. El nuevo gobernador buscó la colaboración de la Iglesia y obtuvo la ayuda de Norteamérica. Sin embargo, Napoleón Bonaparte, dueño ya de los destinos de Francia, quiso desconocer la Constitución y declaró nula y sin valor la ocupación de la parte española. Para librarse de Toussaint y de los otros jefes de color, envió una expedición al mando del general Victor Emmanuel Leclerc, cuñado suyo. Abandonado Louverture por algunos de sus generales, perdió en la lucha. Según E. Cordero (o. c.), no fue abandonado por sus generales, pero casi todos se rindieron. Después de una serie de choques armados, llegó a un pacto con Leclerc. Capituló y en 1802 se embarcó deportado rumbo a Francia, donde murió en 1803. Aunque los franceses habían reconquistado la parte española, la isla no había quedado pacificada. En octubre de 1802, se levantaron los negros ante el temor de que se restableciera la esclavitud, como ya se había hecho en algunas de las Antillas menores, por orden del entonces cónsul Napoleón. Jean-Jacques Dessalines (v.) se apoderó de la zona occidental y dejó al mando de ella al mulato Alexandre Sabés Pétion (v.). Dessalines fue nombrado comandante en jefe de las fuerzas rebeldes, tras llegar a un acuerdo con Pétion, que aceptó la jerarquía superior de Dessalines. En 1803 reconquistó el Norte, consiguiendo además que los franceses, entonces al mando del general Donatien Rochambeau, fueran expulsados, excepto de la parte oriental. Dessalines se hizo dueño de la isla. En Santo Domingo, sin embargo, continuaron los franceses, que también recuperaron el departamento de Santiago (15 mayo 1804), aunque no por mucho tiempo.El 1 en. 1804 se declaró la independencia de la antigua colonia de Sannt-Domingue, que pasó a llamarse Haití (tierra de montañas), con capital en Puerto Príncipe. Nacía así la segunda república del continente, que estrenaba su independencia con una matanza de blancos. El creador de esta república, Dessalines, restableció la esclavitud y se erigió en Emperador, título sin carácter hereditario. Por supuesto, ni los españoles ni los franceses de Santo Domingo reconocieron su autoridad. Tampoco el Gobierno francés reconoció la independencia de Haití, considerándose Francia dueña de iure de toda la isla.Cuando el 17 dic. 1806 cayó Dessalines asesinado, el Imperio haitiano se transformó en república. Fue elegido presidente el negro Henri Christophe, pero A. Sabés Pétion, en desacuerdo con él, constituyó otra república en el sudoeste de la isla. Muertos estos dos caudillos, unificó el país haitiano el mulato Jean-Pierre Boyer (1818-43). Mientras tanto, en la parte oriental seguía dominando Francia por medio del gobernador Louis Ferrand, que hizo frente a las invasiones haitianas de 1804 y 1805, y contra el que se alzaron los dominicanos, cada vez menos numerosos (se cree que en 1805 sólo había en Santo Domingo unos 6.000 hab.) a causa del elevado contingente de emigrantes. Uno de éstos, Juan Sánchez Ramírez, refugiado en Puerto Rico, acaudilló la rebelión contra los franceses, con ayuda de otros españoles de Cuba y Puerto Rico. El 10 nov. 1808 venció en Palo Hincado, batalla en la que perdió la vida el gobernador Ferrand. Ayudado por una escuadra inglesa, conquistó la ciudad de Santo Domingo (8 jul. 1809), constituyéndose nuevamente la colonia española, de la que Sánchez Ramírez fue nombrado intendente y capitán general por la Junta Central de Sevilla, sin que los haitianos, divididos entre sí, opusieran resistencia a los vencedores.3. Retrocesión a España del territorio dominicano. Muerto Sánchez Ramírez (1813), le sustituyó Carlos de Urrutia. La colonia se recuperó poco a poco con la reincorporación de los emigrados. En principio, sólo se exportaba tabaco y ganado; posteriormente, madera, miel y aguardiente. El comercio se benefició de la colaboración inglesa. Se importaban bienes de consumo, aunque en pequeña cantidad. Los alimentos escaseaban, más que las enfermedades. Este periodo de lenta recuperación, que comprende desde la reconquista (1809) hasta la ocupación haitiana (1822), es lo que se ha denominado la "España boba". La población total se aproximaba a los 50.000 hab. La principal autoridad era el gobernador y capitán general. Administrativamente se dividió el territorio en cuatro partidos, cuyas capitales eran: Santo Domingo, Santiago de los Caballeros, Compostela de Azua y Santa Cruz de El Seibo. La expulsión de los franceses, los ciudadanos más activos, perjudicó económicamente a la colonia, retrotraída por Francia a España según el tratado de París de 1814.Con el apoyo del comisario regio Francisco Javier Caro, regresaron algunas familias dominicanas residentes en Cuba, Puerto Rico, Venezuela, etc. Pero ni política ni socialmente se hizo mucho, pues España atendía más bien a la guerra contra Francia y al movimiento de independencia de la América continental, cuyas repercusiones se hicieron sentir en la colonia dominicana, donde se registraron algunas conspiraciones e intentos revolucionarios. El más importante fue el acaudillado por el lic. José Núñez de Cáceres, que proclamó el "Estado independiente de la parte española de Haití" (1 dic. 1821), como se decía en el Acta Constitutiva que sustituyó a la Constitución española de 1812, entonces en vigor. Gobernador político y presidente del nuevo Estado era Núñez de Cáceres, a quien asesoraba una junta Provisional del Gobierno. Su intención de unirse a la Gran Colombia, para recibir ayuda, fracasó, porque Bolívar (v.) no estaba en condiciones de hacerlo. Tampoco el presidente haitiano, que aspiraba a la unidad e indivisibilidad de la isla, aceptó la nueva situación, por lo que invadió "la parte española de Haití".4. Ocupación haitiana. Duró de 1822 a 1844. Los dominicanos solicitaron auxilio inútilmente a Francia y no pudieron evitar que el 9 feb. 1822 Boyer entrara victorioso en Santo Domingo. Acto seguido, se suprimieron todas las libertades individuales y se confiscaron los bienes de los que se ausentaban por temor a la represión. Asimismo, se clausuraron la Univ. de Santo Tomás de Aquino y las iglesias, excepto la catedral. Los bienes eclesiásticos fueron expropiados en beneficio del Gobierno. Para impedir el predominio blanco, se importaron negros de los Estados Unidos, aunque con muy poco éxito. Se restringió la libertad de comercio y se cerraron los puertos a la navegación extranjera. La implantación del servicio militar obligatorio motivó el éxodo de la población joven. En estas circunstancias, el enfrentamiento haitianodominicano fue frecuente y, en ocasiones, sangriento. El clima de insurrección era invariable y abarcaba amplios sectores. A fomentarlo contribuyeron las sociedades patrióticas La Trinitaria y La Filantrópica, cuya acción se intensificó a partir de 1838. A la cabeza de los descontentos se encontraba Juan Pablo Duarte (v.), imbuido de las ideas liberales que había aprendido en Europa. Su labor se vio facilitada por la oposición a Boyer existente entre los haitianos que consideraban su régimen opresivo. Al frente de ellos se encontraban los reformistas, respaldados por la juventud dominicana, que pretendían hacer partícipe al pueblo del "banquete de la civilización" (Manifiesto de 1 sept. 1842). La revolución popular, a la que se unió parte del Ejército, derrocó a Boyer (13 mar. 1843), que tuvo que huir a Jamaica. El sustituto de Boyer, Charles Rivière Hérard, mulato, así como los dominicanos de posición holgada y los reformistas haitianos se opusieron a los proyectos independentistas de Duarte y los jóvenes liberales dominicanos. Pero el 27 feb. 1844 se proclamó la República D., independiente de Haití, aunque no de España, el mismo día en que había capitulado la guarnición haitiana de Santo Domingo ante las tropas mandadas por el general Pedro Santana y otros patriotas.5. Nacimiento de la República Dominicana. Cuando se declaró la independencia, Duarte se hallaba fuera del país. La junta Central Gubernativa, presidida por el conservador Tomás Bobadilla, pidió el auxilio de Francia a cambio de la cesión de la península de Samaná. Los franceses no accedieron, por lo que los dominicanos tuvieron que valerse por sí mismos para hacer frente a la invasión haitiana. Dominada ésta con las victorias de Compostela de Azua y Santiago de los Caballeros, comenzó en Santo Domingo la lucha por el poder. Duarte había regresado y se colocaba al frente de los liberales, enfrentados a los conservadores de Pedro Santana. En principio (9 jun. 1844), el liberal Francisco del Rosario Sánchez se hizo con la presidencia de la Junta Central Gubernativa, pero la escisión del partido liberal favoreció el triunfo de Santana, primero como jefe de Gobierno y luego como presidente de la república, una vez promulgada la Constitución (6 nov. 1844), de corte liberal e inspirada en la española de 1812 y en la norteamericana.El entonces presidente de Haití, Louis Pierrot, continuaba con la idea de sus antecesores de unidad insular bajo dominio haitiano. Estas pretensiones motivaron un nuevo enfrentamiento con los dominicanos, que resultaron vencedores en las batallas de La Estrelleta y Beller; por mar, en Puerto Plata (noviembre 1845). Conseguida una tregua, el Gobierno de la R. D. intentó infructuosamente la protección de España y Francia.Hasta el 4 ag. 1848, en que Santana renunció a su cargo de presidente de la república, el país vivió bajo una dictadura militar, con un régimen’ policiaco que anulaba las libertades individuales. El robo se castigaba con pena de muerte. Este castigo recibió un soldado por adueñarse de un racimo de plátanos (cfr. R. Marrero Aristy, o. c. en bibl. 1,330). Tribunales especiales se hacían cargo de los reos políticos, de modo que la jurisdicción ordinaria apenas intervenía. La obra legislativa fue amplia, puesto que todo quedaba por hacer: organización municipal a través de la Ley de Ayuntamientos, creación de escuelas primarias por medio de la Ley de Instrucción Pública; leyes de Régimen de Aduanas, de Gastos Públicos, de Pesas y Medidas, de Imprenta, de Comercio Marítimo, etc. El país se dividió en cinco provincias: Santo Domingo, Azua, Santa Cruz de El Seibo, Concepción de la Vega y Santiago.La situación no cambió mucho con la elección para la presidencia del general Manuel Jiménez, de origen liberal, que había sido hasta entonces ministro de Guerra y Marina (8 sept. 1848). El nuevo presidente tuvo que hacer frente a la invasión haitiana de 1849. En abril de ese año, Azua cayó en manos de los haitianos. El desastre hizo que se avivaran las gestiones para que una potencia extranjera (España, Francia o Inglaterra) aceptara ejercer su protectorado sobre la república. Ante el fracaso de estas negociaciones, Santana se hizo cargo del Ejército, venciendo en Las Carreras, batalla que sirvió para rechazar la invasión haitiana, pero no pacificó la república, por la división de sus hombres más significativos, partidarios unos de la anexión a Estados Unidos, descontentos otros del presidente Jiménez, que hubo de marcharse de su país. El 24 sept. 1849 tomó posesión de la presidencia Buenaventura Báez. Bajo su mandato, hasta 1853, se fomentó la prensa libre, la enseñanza universitaria, la agricultura, la ganadería y la inmigración. Nuevamente se planteó la cuestión del protectorado, cada vez con mayor interés por las amenazas haitianas de invasión. Ésta se produjo por última vez en 1855, cuando Santana regía nuevamente los destinos de la R. D. Las tropas dominicanas vencieron a las del emperador haitiano Faustin Soulouque en Santomé, El Cambronal (cerca de Neiba) y Sabana Larga.España, que hasta 1855 había rechazado todas las propuestas de protectorado, anexión y ayuda con respecto a la R. D., y que ni siquiera había reconocido la independencia del país, cambió de actitud por la creciente influencia norteamericana en la isla que podía lesionar los intereses españoles en el Caribe. El 18 feb. 1855 firmó un tratado de reconocimiento, paz, amistad, comercio, navegación y extradición, ratificado unos meses después. El gobierno de Santana, desde 1853 hasta mayo de 1856, en que asumió la presidencia constitucional de la república el general Manuel de Regla Mota, se caracterizó por un progresivo acercamiento a Estados Unidos. La primera reforma constitucional de 1854 restringió los poderes del Ejecutivo. Las facultades del Congreso Nacional y del poder judicial se ampliaron. Se nombró un vicepresidente de la república, y las cámaras legislativas adoptaron los nombres de Senado y Cámara de Representantes. En la segunda reforma constitucional del mismo año se volvió a un sistema menos liberal y más paternalista. Se suprimió el Congreso Nacional, se fortaleció el Ejecutivo a expensas del Legislativo. Se dificultó la independencia del poder judicial, y las libertades individuales fueron mermadas. La nueva legislación resultó invariablemente represiva.Poco duró el mandato de Regla Mota, adicto de Santana. Seis meses después de su llegada a la presidencia, renunció a ella. Fue elegido para sustituirle Buenaventura Báez, patrocinado esta vez por el cónsul español Antonio María Segovia, decididamente antisantanista y dispuesto a impedir el entendimiento dominicano-norteamericano. Santana fue encarcelado y expulsado del país. La revolución del 8 jul. 1857, provocada por el fraude del papel moneda, que perjudicó los intereses de los cosecheros y comerciantes de tabaco de Cibao, produjo la caída de Báez y su Gobierno, sustituido por otro provisional y éste por el Congreso Constituyente (26 oct. 1858), presidido por el diputado Benigno Filomeno Rojas. Pero las luchas entre federalistas y unionistas, y el mal estado del país, hicieron posible la reincorporación de Santana, dueño una vez más de la situación. Económicamente, ésta era desastrosa. Para remediarlo, se acudió a concesiones en favor de compañías extranjeras. A partir de la caída de Soulouque (1859), mejoraron las relaciones con Haití, que pareció renunciar a sus intentos de soberanía sobre la R. D. A España se le propuso abiertamente que se anexionara su antigua colonia. Como la proposición llegó en un momento oportuno, cuando el general O’Donnell (v.) hacía revivir los sueños imperiales con sus victorias en Marruecos, la anexión se efectuó jurídicamente por RO de 19 mayo 1861, dada por Isabel II (v.).6. Anexión a España. Se mantuvo hasta 1865. Más que de anexión debería hablarse de reconquista, por la oposición armada que suscitó en varios lugares de la isla. En contra de lo que se había informado al Gobierno español, no existía unanimidad entre los dominicanos con respecto a esta reincorporación, que tampoco resultó beneficiosa para ninguno de los dos países, aunque se consiguiera evitar nuevas invasiones haitianas. La primera rebelión contra el dominio español, encabezada por el coronel José Contreras en Moca, fue reprimida sangrientamente en mayo de 1861. Responsable de la rebelión era Santana, nombrado gobernador y capitán general. Haití no sólo protestó, sino que prestó su apoyo a los descontentos, algunos de ellos refugiados en territorio haitiano. A las protestas internacionales se unieron especialmente Chile y Perú. Los Estados Unidos, que en 1861 habían comenzado la guerra de Secesión (v.), se encontraban demasiado ocupados para intervenir en otros asuntos que no fueran los suyos. Napoleón 111 de Francia (v.), que desde 1861 pretendía establecer una monarquía en México, veía con buenos ojos la nueva situación dominicana. Inglaterra, en estrecha colaboración entonces con franceses y españoles, se mostraba indiferente.Una de las primeras víctimas de la guerra restauradora fue el general Francisco del Rosario Sánchez. Condenado a muerte por un Consejo de Guerra, fue fusilado con otros 21 compañeros. Las medidas represivas de Santana tuvieron el apoyo de Francisco Serrano (v.), entonces capitán general de Cuba, uno de los que más habían trabajado por la anexión de la R. D., pensando más bien en su carrera política. Pero los españoles destinados al país anexionado tenían también sus objetivos particulares que chocaban con los de los dominicanos. Algunos de éstos querían gozar de autonomía y considerarse ciudadanos de un Estado asociado, pero hubieron de soportar difícilmente el sistema de monopolio y centralización, y se vieron desplazados por los militares y políticos venidos de la Península para medrar. El mismo Santana se sintió defraudado al ser postergado y reducido en sus acostumbradas atribuciones omnímodas. El 2 en. 1862 renunció al cargo de gobernador y capitán general, recibiendo, como recompensa a sus servicios, además de una pensión vitalicia, el título de marqués de Las Carreras. Le sustituyó como gobernador el teniente general Felipe Rivera y Lemoine, bajo cuyo mandato los dominicanos continuaron siendo desplazados de los cargos públicos por los españoles.En 1863, el descontento se extendió al pueblo. Aunque la revolución de ese año fue dominada, el gobernador Rivera llegó a proponer sin resultado que se desocupase el país. En ese mismo año, los rebeldes proclamaron la reinstalación de la República D., obra de José María Cabral, Gregorio Luperón, Pedro Antonio Pimentel, Benigno Filomeno de Rojas, José Antonio Salcedo, Gaspar Polanco, Benito Monción, etc. Rivero fue sustituido por el general Carlos Vargas, que también fracasó en su intento de dominar la rebelión, a pesar de la ayuda prestada por Santana. Tampoco pudo hacer nada efectivo el siguiente y último gobernador José de la Gándara (1865-65), quien se enfrentó a Santana. La súbita muerte de éste (14 jun. 1864), antes de ser embarcado a Cuba, sumó más partidarios a la causa revolucionaria. La mala situación de los españoles en la R. D. movió al general Ramón María Narváez (v.), vuelto al poder en 1864, a abandonar el país dominicano. Vencida la oposición de la reina, las Cortes decretaron el abandono el 3 mayo 1865.7. Segunda República Dominicana. Comenzó con la lucha por el poder y la división en partidos. Continuó con una rápida sucesión de presidentes, situación que se prolongó hasta la ocupación norteamericana en 1916. Los grupos más destacados eran el "azul" y el "rojo", integrado el primero por liberales de la restauración, en el que se mezclaban heterogéneamente militares e intelectuales; el segundo, más homogéneo, lo componían principalmente los llamados baecistas, que desde 1853 habían luchado contra el santanismo. Al frente de los "azules" se encontraba eventualmente José María Cabral, proclamado protector de la república el 14 ag. 1865. Unos meses después, la Asamblea General eligió a Buenaventura Báez como presidente, quien sustituyó la Constitución liberal recientemente estrenada por la de 1854. Esto produjo su caída y la formación de un triunvirato compuesto por Pedro Antonio Pimentel, Gregorio Luperón y Federico de Jesús GARCÍA. La Asamblea Constituyente volvió a poner en vigor la Constitución de 1865 y eligió presidente de la república al general José María Cabral (1866), quien inició negociaciones con los Estados Unidos para obtener un empréstito a cambio de la bahía de Samaná y concluyó un tratado de paz en Haití que no fue ratificado por el Congreso de este país (1867).Derribado Cabral por Báez (1868), éste se puso a la cabeza de los "azules" y asumió la presidencia de la república, con el título de dictador "por aclamación popular". Puso en vigor la Constitución de 1854, que le permitía ejercer poderes dictatoriales. Pero no todos los "azules" militaban en sus filas. Desde Haití y aun desde el interior de la república, otros jefes "azules" combatían a Báez. A pesar de las medidas de represión, uno de los puntos fundamentales de su gobierno, la paz interior, no pudo lograrse. La lucha civil se extendió por toda la isla con la participación de Haití. En cuanto a la crisis financiera, el empréstito concedido por Inglaterra provocó la inflación. La proyectada anexión a los Estados Unidos fracasó por no aprobarla el Senado norteamericano, pero Báez consiguió arrendar la península de Samaná a una empresa privada de EE. UU., que se denominó Compañía de la bahía de Samaná (28 die. 1872). Esta concesión fue aprobada posteriormente por el Senado Consultor dominicano y mediante plebiscito.La inmoralidad administrativa, la intolerancia, la miseria y la oposición armada terminaron con el régimen terrorista de Báez, contra el que se unieron "rojos" y "azules" en el Movimiento Unionista. Con la caída de Báez concluyó la guerra civil de los Seis Años y comenzó el "desfile" de presidentes, que hasta 1916 fueron los siguientes: Ignacio M. González (1874-76 y 1878), Ulises Francisco Espaillat (1876), Buenaventura Báez (1876-78), Jacinto de Castro (interinamente, 1878), Cesáreo Guillermo (1878-79), Gregorio Luperón (provisionalmente, 1879-80), Fernando Arturo de Meriño (1880-82), Ulises Heureaux (1882-84 y 1887-99), Francisco Gregorio Bellini (1884-85), Alejandro Woss y Gil (1885-86 y 1903), Juan Isidro Jiménez (1899-1902 y 1914-16), Horacio Vázquez (provisionalmente 1899 y 1902-03), Carlos F. Morales Languasco (1903-06), Ramón Cáceres (190611), Eladio Victoria (1911-12), Adolfo Alejandro Nouel y Bobadilla (1912-13), José Bordas Valdés (1913-14) y Ramón Báez (1914).González suprimió el arriendo de Samaná y dio al país otra Constitución. Durante su mandato se reanudaron las relaciones con España, firmándose un tratado de amistad y comercio (1875); con Haití se concluyó también un tratado (1874), en el que ambos países se comprometían a establecer las líneas fronterizas. Interiormente, se produjo la ruptura del unionismo. González aceptó la dictadura y organizó su propio partido, el "verde" (grupo burocrático). Después de las acusaciones de la Liga de la Paz, movimiento liberal, y presionado por la oposición "azul", González abandonó la presidencia. Con Espaillat volvieron al poder los "azules" y se intentó un gobierno civil, el primero en la historia de la R. D., que no pudieron respaldar los 300.000 dominicanos, en su mayoría ignorantes y políticamente deformados. Espaillat sustituyó el texto constitucional de 1877 por la Constitución despótica de 1854, y fue derribado por los mismos que le llevaron al poder. A los "azules", entre los que se encontraban Luperón y Meriño, se debió una cierta regeneración del país. El primero mejoró las relaciones con los Estados Unidos y la Santa Sede, fomentó la prensa libre y llevó a cabo la reforma constitucional; el segundo párroco de El Seibo, siguió fielmente los principios democráticos del partido "azul", desarrolló la industria azucarera y dejó un déficit de 270.000 $. Siendo presidente Báez, se creyeron encontrar los restos de C. Colón. El predominio de los "azules" duró hasta 1886.Con el segundo gobierno de Heureaux, negro apodado Lilés, se liquidó el régimen liberal. La Constitución fue reformada, se firmó un tratado comercial con los Estados Unidos (1891), se mejoraron las relaciones con Francia (1895) y el país se benefició materialmente, sobre todo con la extensión de plantaciones de café y cacao. Las negociaciones en torno a la bahía de Samaná con los Estados Unidos fracasaron. En 1895, se llegó a un acuerdo provisional de límites con Haití, sobre la base de uti possidetis, que despojaba a la R. D. de algunos territorios conquistados por los haitianos. En 1899, no se pudo llegar a una solución definitiva. Siguiendo una doble política, ayudó a los revolucionarios cubanos. El mismo Heureaux explicaba su actitud así: "España es mi esposa; Cuba mi querida". Realmente, no le importaban ni una ni otra. Acumuló una enorme deuda y procuró enriquecerse lo más que pudo, sin atenerse a principios morales. El juicio que pudiera merecer por sus actos no le interesaba. Cínicamente, confesaba: "yo no voy a leer la Historia" (cfr. R. Marrero Aristy, o. c. en bibl. 250). No pudo terminar su quinto mandato, porque cayó asesinado (26 jul. 1899). Su gobierno tiránico, la inestabilidad y diversas circunstancias hicieron renacer el caudillismo. "Bolos" y "coludos" o jimenistas y horacistas, seguidores de Juan Isidro Jiménez y de Horacio Vázquez respectivamente, se disputaron el poder y entablaron una lucha fratricida. Entre unos y otros, los lilisistas, apodados "colituertos", añoraban un gobierno fuertemente centralizado. Vázquez restableció la libertad de prensa. Jiménez llegó a un acuerdo provisional sobre límites (1901). Bajo su mandato, la injerencia norteamericana en cuestiones políticas y económicas fue en aumento. "Bolos" y "coludos" unidos expulsaron del gobierno a Woss y Gil (1903).Con el Laudo de 1904, los Estados Unidos consiguieron intervenir en el manejo de las rentas y supeditar la legalidad de los Gobiernos a su reconocimiento, con lo que prácticamente Washington se reservaba la facultad de "nombrar" presidente. Morales, apoyado por los "coludos", quiso llegar aún más lejos, proponiendo un protectorado norteamericano y el arrendamiento de las bahías de Samaná y Manzanillo. El presidente norteamericano T. Roosevelt rechazó la forma del proyecto, pero terminó por convertir la R. D. en un protectorado de su país. La presencia de buques de guerra de Alemania, Italia, Holanda y Francia dio pie para que los Estados Unidos acudiesen "en socorro" de la endeudada R. D., ante el temor de que alguno de estos países se hiciera cargo por la fuerza de la administración de las aduanas dominicanas. "Con la mayor repugnancia", como escribió T. Roosevelt a su hijo (cfr. F. Morales Padrón, o. c. en bibl. 469), intervino en la R. D., apoderándose de las aduanas. Identificó así la doctrina Monroe (v.) con la intervención de un país americano, justificando ésta en su "corolario", según el cual los Estados Unidos se oponían a que una potencia no americana ocupase un territorio del Nuevo Mundo.Por la Convención de 1907, los Estados Unidos adquirieron el derecho de administrar las aduanas a cambio de la obligación de asumir la deuda. Como el 55% de los ingresos se destinaban a amortizar ésta y los intereses de los empréstitos, el país cayó en una situación de colonialismo económico. Se estimuló la inversión del capital norteamericano, dando facilidades, de tal modo que los Estados Unidos venían a ser los dueños de la R. D. a través de compañías privadas. El pueblo dominicano fue el menos beneficiado, y el plan de obras públicas apenas se llevó a cabo por las pugnas políticas. Estas llegaron a envolver al país en una completa anarquía, que determinó la ocupación norteamericana, pretextando el mantenimiento de la paz en el Caribe.8. Ocupación norteamericana. Contra el desembarco de los marines norteamericanos protestó el presidente Jiménez renunciando a su cargo (1916). Le sustituyó Francisco Henríquez y Carvajal, mientras los Estados Unidos imponían un régimen militar. El capitán de navío H. S. Knapp, ascendido luego a contralmirante, asumió las funciones ejecutivas y legislativas, titulándose gobernador de Santo Domingo. Los que se opusieron fueron dominados, tanto bajo su gobierno como en el de sus sucesores, los contralmirantes Thomas Snowden (1918-21) y S. S. Robinson (1921-22), que abolieron las libertades políticas y ejercieron una dura represión. El presidente Henríquez fue depuesto el mismo año de su elección.El mayor beneficio de la ocupación norteamericana se registró en la realización de obras públicas y en los planes de sanidad y educación. En 1920 se efectuó el primer censo nacional (hasta entonces lo había realizado la Iglesia sobre la población católica), que arrojó una cifra aproximada de 900.000 hab., incluyendo en este número los "gavilleros" en armas, que no pudieron ser tensados.Acordada la evacuación de tropas norteamericanas en 1922, fue elegido presidente provisional, en el mismo año, Juan Bautista Vicini Burgos, y pronto renacieron las luchas políticas entre horacistas o "coludos" (ahora Partido Nacional), "bolos" (ahora Partido Liberal dirigido por el general Desiderio Arias) y progresistas o velazquistas de Federico Velázquez Hernández. En 1923 se promulgó la ley electoral. Al año siguiente fue elegido Horacio Vázquez, y los norteamericanos terminaron de evacuar el país, pero mantuvieron la Receptoría General de Aduanas por el tratado Hughes-Peynado (1922), que prolongaba el convenio de 1907, ratificado en 1924.9. Era de Trujillo. CaÍDo Vázquez, le sustituyó el lic. Rafael Estrella Ureña (1930), con un gobierno transitorio para preparar las elecciones, en las que resultó vencedor "con un número de sufragios superior al de electores" (cfr. M. Niedergang, o. c. en bibl. 693) el entonces teniente-coronel Rafael Leónidas Trujillo (v.), oficialmente proclamado Benefactor de la patria en 1932. Su gobierno dictatorial se prolongó por sí mismo y por sus mandatarios hasta su muerte en 1961. Fue presidente efectivo en 193038 y 1949-52. A su amparo, ocuparon la presidencia jacinto B. Peynado (1938-40), Manuel J. Troncoso (194042), su hermano Héctor Bienvenido Trujillo (1952-60) y Joaquín Balaguer (1960-62).R. L. Trujillo suprimió todos los partidos políticos que no fueran el Partido Dominicano, único permitido. Se hizo con todos los poderes, con el mando de las fuerzas armadas y con los negocios más lucrativos. Su fortuna personal, al ser asesinado, se estimaba en unos 1.500 millones de dólares. El clan Trujillo era prácticamente dueño de la R. D. Del dictador eran más del tercio de las tierras cultivables. Sin embargo, dos tercios de los campesinos no poseían tierras, muchas de ellas poco o nada explotadas. El paro total o parcial llegó a afectar al 40% de la población. Los descontentos y los que huían de la represión y las torturas se refugiaron en Puerto Rico, Venezuela, México y, desde 1959, en Cuba, cuando triunfó en la isla la revolución de Fidel Castro (v.). 15.000 confidentes de Trujillo constituyeron cuatro cuerpos de policías secretas o calies. La megalomanía, el nepotismo y el desenfrenado culto a la personalidad llegaron a su límite máximo. La ciudad de Santo Domingo cambió su nombre por el de Ciudad Trujillo.Entre las realizaciones más positivas del régimen trujillista pueden citarse las obras públicas, que afectaron particularmente a las comunicaciones, con magníficas autopistas; el plan de alfabetización, que redimió a parte del campesinado; la concesión del voto a las mujeres; la delimitación de fronteras con Haití y el tratado TrujilloHall (1940), que terminó con la intervención norteamericana de las aduanas. Además, liquidó la deuda exterior y organizó el sistema bancario, creando el Banco Central, el de Reservas y el de Crédito Agrícola e Industrial. En 1959, le faltó ya el apoyo de la Iglesia, que condenó, en una carta pastoral, sus métodos policiacos. A la invasión frustrada del 14 de junio de ese año, organizada por Cuba (F. Castro) y Venezuela (R. Betancourt), respondió con la financiación de un atentado contra su enemigo personal y político R. Betancourt (v.). La OEA condenó la actitud y el régimen de Trujillo. 20 naciones americanas rompieron sus relaciones diplomáticas e interrumpieron parcialmente las económicas con la R. D., cuya posición extremista resultaba incómoda para los demás países del continente.10. Hacia le democracia. Asesinado R. L. Trujillo, sus hermanos Arismendi y Héctor, así como el resto de la familia e íntimos, tuvieron que abandonar el país, una vez desvanecidos sus sueños de hacerse con el poder. Pronto entraron en escena los principales grupos políticos: Partido Revolucionario Dominicano (PRD), de Juan Bosch, hasta entonces exiliado; Unión Cívica Nacional (UCN), de Viriato A. Fiallo, conservadora e integrada por antiguos trujillistas; y el Movimiento 22 de Junio, de Manuel Tavarez justo. Fracasado el pronunciamiento del general Rodríguez Echeverría, éste y Balaguer tuvieron que dejar paso a la presidencia provisional del abogado liberal moderado Rafael Filiberto Ronnelly (1962). Bosch, de tendencia izquierdista, elegido a fines de 1962, fue derribado en septiembre de 1963, acusado de pronorteamericano por comunistas y castristas. La Junta civil que le sustituyó fue reemplazada por otra militar, y el país quedó envuelto en una guerra civil, que provocó la intervención de los Estados Unidos y de fuerzas de la OEA (1965). El general Wesin y Wesin, al mando de la junta de Gobierno, trató de reprimir la sublevación. Al coronel Francisco Caamaño Deño, elegido por el Senado y la Cámara de diputados, se enfrentó el general Antonio Imbert Barrera, presidente de la junta cívico-militar antiboschista y uno de los siete que intervinieron en el asesinato de R. L. Trujillo. Ambos dimitieron tras firmarse el Acta de Reconciliación Nacional (31 ag. 1965). Hasta las elecciones de 1966 en que fue elegido Balaguer, se hizo cargo de la presidencia de la república Héctor GARCÍA Godoy, solución intermedia entre conservadores y liberales. Tras el gobierno interino de Manuel Ruiz Tejedor (abril 1970), nuevamente ganó las elecciones Joaquín Balaguer (mayo 1970), del Partido Reformista.V. t.. ESPAÑOLA, LA; HAITÍ III.CARLOS R. EGUIA.
BIBL.: F. MORALES PADRÓN, Historia de América, Madrid 1962, 19-33; 166-170; 258-262; 324-329; 583-584; L. FLOREN LOZANO, Bibliografía de la bibliografía dominicana, Santo Domingo 1948; E. RODRÍGUEZ DEMORIZI, Documentos para la historia de la República Dominicana, Santiago de los Caballeros 1947; J. A. OSORIO LIZARAZO, La isla iluminada, Santo Domingo 1953; R. MARRERO ARISTY, La República Dominicana. Origen y destino del pueblo cristiano más antiguo de América, Santo Domingo 1958 (hasta 1930); P. HENRÍQUEZ UREÑA, Historia de la isla de Santo Domingo (República Dominicana y Haití) desde el siglo XVIII, en Historia de América, VIII y XII, dir. R. LEVENE, Buenos Aires 1948; C. ALCÁZAR, Los virreinatos en el siglo XVIII, Barcelona 1959; A. DEL MONTE Y TEJADA, Historia de Santo Domingo, Santo Domingo 1952-53; J. MARINO INCHÁUSTEGUI, Historia dominicana, Santo Domingo 1955; B. PICHARDO, Historia patria, 4 ed. Santo Domingo 1964; G. DEBIEN, Les colons de Saint-Domingue et la révolution, París 1953; E. RODRÍGUEZ DEMORIZI, Invasiones haitianas de 1801, 1805 y 1822, Santo Domingo 1955; M. A. PEÑA BATLLE, Historia de la cuestión fronteriza dominica-haitiana, Santo Domingo 1946; ID, El tratado de Basilea. Desnacionalización del Santo Domingo español, Santo Domingo 1952; J. M. SÁNCHEZ DIANA, Anexión de la isla de Santo Domingo a España bajo el reinado de Isabel II, "Anuario de Est. Americanos", XI (1954); V. GARRIDO, Política de Francia en Santo Domingo, 1844-1846, Santo Domingo 1962; M. NIEDERGANG, Las 20 jóvenes Américas, Madrid 1966, 685-716; M. HENRÍQUEZ UREÑA, Los yanquis en Santo Domingo, 2 ed. Madrid 1939; C. NEWTON, Santo Domingo. La guerra de América Latina, Buenos Aires 1965; C. GALLEGOS, Trujillo. Cara y cruz de una dictadura, Madrid 1968; E. CRUZ, La República Dominicana y su actuación internacional en la era de Trujillo, Madrid 1959; J. BOSCH, Crisis de la democracia de América en la República Dominicana, 4 ed. México 1965; A. S. LINK, La política de Estados Unidos en América Latina (1913-1916), México 1960; R. PATTEE, La República Dominicana, Madrid 1967; E. CHANG-RODRÍGUEZ (ed.), The lingering crisis: a Care study of the Dominican Republic, Nueva York 1969.
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