Directorio POLÍTICA
Categoria:
Política
Sistema político instaurado en Francia con motivo de la reacción termidoriana y ante la anarquía a la que había llegado la Revolución, que se extendió desde 1795 hasta 1799.La reacción termidoriana (27 jul. 1794) acabó con la influencia de los jacobinos y pretendió establecer un régimen que mantuviese el orden y, alejado de extremismos, continuase fiel a la República. Se iniciaron una serie de reformas que dieron lugar al nuevo sistema conocido por el D. Se redactó una nueva constitución para el gobierno permanente de la República, que entró en vigor en 1795 (Constitución del año 111). El sufragio universal, que había sido introducido en 1792, desapareció en la República de 1795. Sólo los ciudadanos que hubiesen cumplido los 25 años y que pagasen impuestos, tendrían derecho al voto. Esto reducía el total de electores a un número de 30.000. Se establecieron dos asambleas que detentaban el poder legislativo: el Consejo de los Quinientos (les Cinquecents) y el Consejo de Ancianos (les Anciens), de 250 miembros, casados o viudos, todos mayores de 40 años. El poder ejecutivo fue entregado a un Directorio de cinco miembros que, elegido por los Consejos, tenía la facultad de designar a los ministros. Controlaba además los asuntos del interior, ejército, policía y asuntos extranjeros. Sólo las finanzas eran administradas separadamente por cinco funcionarios del tesoro y cinco miembros de la contabilidad nacional, elegidos también por los directores. La administración experimentó una acusada centralización que, aunque menor que la de 1792-93, era bastante más fuerte que la de 1791. La administración de justicia no sufrió sensibles cambios.La situación económica. El coste de la vida en Francia había aumentado monstruosamente desde 1790. La situación de las clases más pobres era lamentable. Babeuf, un personaje que se había erigido en portavoz de los demócratas, trataba de ganarse la adhesión del pueblo criticando la nueva Constitución; afirmaba que la Revolución sólo había beneficiado hasta el momento a la burguesía, y que las clases populares seguían siendo tan pobres como siempre. Los realistas, por su parte, también trataban de explotar la situación a su favor. Consiguieron colocar a cerca de 200 diputados suyos en los consejos y esperaban hacerse dueños del poder, bien consiguiendo la mayoría en el cuerpo legislativo, o bien por la fuerza, con la ayuda de algún general adicto a su causa.En realidad, el D. no contaba con una sólida base donde apoyarse. Solamente podía descansar en una burguesía enriquecida gracias a la adquisición de bienes nacionales y a los contratos con el gobierno para facilitar pertrechos de guerra. La influencia que el D. podía haber ejercido en otras clases estaba tan limitada por la excesiva separación de poderes y por la rigidez de la Constitución, que para sobrevivir tuvo que recurrir a continuos golpes de estado.El primer Directorio. Los hombres que ocuparon primeramente el cargo de directores fueron Barras, Reubell, La Révelliére, Carnot y Letourneur. Aunque de muy diversas tendencias, estos directores trataron al principio de rodearse de sinceros republicanos, especialmente jacobinos; pero Babeuf, su principal dirigente, se mantuvo apartado. Se intentó entonces arrestarlo, pero oculto entre sus amigos y seguidores, conspiró contra el D. La crisis económica seguía agravándose y se intentaron algunas soluciones. El assignat, que había perdido por completo su valor, fue reemplazado por el mandat territorial, que sólo era una versión de lo mismo y que perdió el 70% de su valor al poco tiempo de ser lanzado. Se volvió entonces a la moneda de metal, lo cual necesariamente significó una repentina deflación, muy perjudicial para las clases pobres. Sin un criterio fijo y divididos internamente sus miembros, el D. resolvió, presionado por Carnot, dirigir su acción contra los babouvistes. Babeuf y algunos de sus seguidores fueron apresados y condenados a muerte. En las elecciones de primavera de 1797 (a. V) que afectaron a un tercio de los consejos legislativos, los moderados obtuvieron un marcado éxito; Letourneur tuvo que ceder su puesto en el D. al moderado Barthélemy. Esta influencia de los moderados, entre los cuales había muchos realistas en los Consejos, llevó a que se intentara una rápida paz y se abandonaran los proyectos de futuras anexiones. Sin embargo, los directores republicanos no estaban dispuestos a complacer estos deseos de los consejos y su política no se dirigía precisamente hacia la paz. Se veían apoyados por los refugiados extranjeros que querían liberar su patria y por los militares que querían continuar la guerra.La guerra en el exterior. En el 1796, el joven general Bonaparte (v.) alcanzaba en Italia resonantes éxitos, mientras que el ejército francés en Alemania, dirigido por generales más viejos y expertos, fracasaba una y otra vez en su intento de llevar la guerra al sur. Napoleón, dando muestras de su genio militar, atravesó los Alpes, separó a los sardos de los austriacos y derrotó a ambos, ocupando todas las plazas fuertes del norte de Italia. El D. pensó entonces lanzar un ataque contra la Santa Sede para acabar con el poder temporal del Papa; pero surgieron discrepancias entre los directores sobre el alcance que tendría esta acción y Bonaparte tomó la iniciativa. Comprendiendo la fuerza espiritual que el Papa tenía en Francia, donde la gran mayoría de la población continuaba siendo católica, desechó la idea de continuar una campaña contra Roma, dirigiéndose únicamente contra los Estados Pontificios de Bolonia. Por el tratado de Tolentino (20 jun. 1796), el papa Pío VI se comprometía a pagar cierta cantidad a los invasores y a persuadir a los católicos franceses de que se sometiesen a la República. Con los territorios conquistados en el N de Italia, Napoleón constituyó la República Cisalpina. Al año siguiente (1797) se reanudó la campaña contra los austriacos, acercándose el ejército francés peligrosamente a Viena. Austria no tuvo más remedio que aceptar las condiciones del tratado de Campo Formio (7 de octubre), por el que Francia obtenía los Países Bajos austriacos y las islas Jónicas, así como el reconocimiento de la República Cisalpina. Como compensación, Austria recibió la antigua república de Venecia, pero se comprometía a no intervenir más en los asuntos de Italia. Por otra parte se concertó la reunión de un congreso en Rastatt para redistribuir las tierras que habían integrado el Sacro Imperio Romano a fin de compensar a los príncipes alemanes del territorio que habían perdido al adelantarse la frontera francesa hasta el Rin. Estos éxitos alcanzados por Bonaparte en Italia, favorecieron a los que apoyaban la continuación de la guerra. Napoleón se convirtió en el conquistador de la Coalición y sus triunfos sirvieron para estabilizar en parte la economía francesa, gracias a los elevados impuestos pagados por los vencidos. Sin embargo, la situación financiera en Francia distaba todavía mucho de ser satisfactoria.Los realistas y los moderados, que se reunían en el club Clichy (de aquí su nombre de clichyens), aprovecharon la situación para rechazar una serie de leyes contra los émigrés y los curas refractarios que no habían querido hacer juramento de fidelidad a la República. Pensaban que los directores, entre los cuales contaban ya con dos aliados, aceptarían sus ideas si Barras se les uniese. Por otra parte contaban también con el general Pichegru, que había sido elegido presidente del Consejo de los Quinientos, para organizar un golpe de estado. Pero la conspiración fue descubierta: Barras recibió de Bonaparte algunos papeles recogidos en Italia a un agente realista, que delataban la traición de Pichegru, y se puso definitivamente al lado de Reubel y La Révelliére: con ello el D. tenía clara mayoría republicana. Una há’Sil maniobra de los directores produjo la detención de los principales lÍDeres clichyens por las fuerzas del general Hoche, quien fue nombrado poco después ministro de la Guerra. Los consejos legislativos seguían teniendo, no obstante, mayoría moderada y achacaron a los directores dos infracciones de la Constitución: por una parte, la entrada de tropas en el rayon constitutionnel (París y sus alrededores) sin el consentimiento de las asambleas legislativas; por otra, el nombramiento de Hoche como ministro, no reuniendo requisitos para ello. El D. tuvo que retroceder, y no encontró más solución que acercarse a Bonaparte. El triunvirato Barras, Reubell y La Révelliére pidieron ayuda a algunos de sus generales que habían marchado a París desde Italia y Napoleón vio en esta ocasión la oportunidad de acabar con los realistas y los clichyens, que le habían atacado con motivo de sus campañas en Italia.El 18 Fructidor. En la noche del 3 al 4 sep. 1797, (17-18 Fructidor, a. V) fueron arrestados los principales clichyens y el director Barthélemy. Carnot consiguió escapar. Las elecciones anteriores fueron invalidadas y algunos de los diputados deportados. Todas las leyes reaccionarias que habían sido aprobadas en este periodo, fueron anuladas, y se volvieron a poner en vigor las antiguas disposiciones contra los emigrados y contra los curas refractarios. Desde este momento, tanto los consejos como el D. perdieron libertad de acción, ya que en realidad dependían del ejército de Italia y de su jefe Napoleón Bonaparte. Dos directores republicanos, François de Neufcháteau y Merlin de Douai, reemplazaron a los que habían salido con motivo de este nuevo golpe de estado. El 18 Fructidor dio mayor unidad al D. y acentuó su política antirreligiosa. Las directrices a seguir en el exterior serían marcadas desde ahora por Napoleón, que, gracias a su prestigio, se iba adueñando poco a poco de los resortes del poder.Sin embargo, la cuestión de las finanzas seguía siendo el principal problema a resolver. El ministro de Finanzas, Ramel, propuso un plan para reducir la deuda nacional mediante una declaración de bancarrota. El D. se vería así libre de la tutela financiera que le ataba a los generales. Un tercio de cada bono del Gobierno, el thiers consolidé, permanecía inscrito en el gran libro de la deuda pública. Los otros dos tercios fueron refundidos por medio de bonos, los cuales, hasta cierta cantidad, podrían ser utilizados como pago para la adquisición de propiedad nacional. Los accionistas y los que guardaban grandes sumas de dinero serían los que sufrirían las consecuencias de este plan, pero el problema de las finanzas fue parcialmente resuelto. De otro lado, los ingresos del Estado fueron aumentados con nuevos impuestos.A pesar de todas estas medidas, el régimen de Fructidor no consiguió la esperada estabilidad. Los jacobinos emprendieron una política extremista y el D., compuesto por republicanos moderados, comenzó a mirarlos como sospechosos. Las elecciones de abril de 1798 (a. VI), aunque cuidadosamente preparadas por el Gobierno, dieron una mayoría jacobina, pero los consejos legislativos invalidaron a muchos de los candidatos elegidos mediante el coup d’état del 22 Floreal.El tercer Directorio. En estas circunstancias, la guerra en el exterior comenzó a cobrar importancia de nuevo. La situación en Italia no era ni mucho menos estable. Facciones de afrancesados y de partidarios del Antiguo Régimen se oponían entre sí en los Estados Pontificios, Austria volvía a intrigar en Roma a finales de 1797, y Napoleón esperaba cualquier oportunidad para menoscabar la autoridad del Papa. El 28 dic. 1797, en unos incidentes que estallaron en Roma, murió el general francés Duphot. Era la ocasión que esperaba el D. para lanzarse contra los Estados Pontificios. El 10 feb. 1798 Roma fue ocupada por las tropas francesas, proclamándose la República Romana, que duraría hasta marzo de 1799. Pío VI fue confinado en Toscana y después conducido a Francia, donde moriría el 29 ag. 1799. Mientras tanto, otro ejército francés había penetrado en Suiza proclamando la República Helvética. Ante la imposibilidad de invadir Inglaterra, como hubiese sido su deseo, Napoleón y Talleyrand indujeron al D. a enviar una expedición a Egipto. Esta idea fue acogida con agrado por los directores, pues así alejaban temporalmente a un hombre que, aunque había habido necesidad de recurrir a él, empezaba a convertirse en peligroso.La expedición partió de Tolón en marzo de 1798 y, tras evitar la armada del almirante Nelson, que operaba en el Mediterráneo, desembarcó en Alejandría, venciendo a los mamelucos en las Pirámides. Nelson, para cortarles la retirada, abatió a la escuadra francesa en Abukir y dejó aislado al ejército francés en Egipto. Obligado a efectuar todas las operaciones por tierra, Napoleón se dirigió a Siria donde obtuvo varias victorias. Pero la epidemia de peste que se extendió por aquellas tierras y la ayuda que los ingleses prestaron a los sitiados de S. Juan de Acre, obligaron a Bonaparte a iniciar el repliegue hacia Egipto, donde todavía ganó la batalla terrestre de Abukir. Entretanto se formó la Segunda Coalición integrada por Gran Bretaña, Austria y Rusia, quienes gracias a las grandes sumas puestas a su disposición por William Pitt, ministro británico, pudieron poner en campaña mayores ejércitos. En la primavera de 1779 Francia era atacada en todos sus frentes, excepto por los Pirineos. Las derrotas se sucedieron y el ejército las achacaba a la política del Gobierno. Los jacobinos, que habían vuelto a tener mayoría en los Cinquecents desde las elecciones de abril de 1779, también veían al Gobierno como culpable del desastre. Lucien Bonaparte, hermano de Napoleón y dirigente de la oposición, aprovechó esta oportunidad para preparar un nuevo golpe de estado y desembarazarse de los directores que podían estorbar sus propósitos. El 18 jun. 1799 (30 Parairial, a. VII) se nombraron nuevos directores. Roger Ducos y el general Moulins, reputados jacobinos, junto con Barras, Siéyes y Gohier, constituyeron el tercer D. Fueron escogidos también ministros jacobinos, y esta acentuación de sus fuerzas condujo a una serie de represiones y de medidas extremistas que obligaron al D. a apartarse de su influencia y a buscar en su lugar la del ejército.Durante el verano de 1799 pareció cambiar la suerte del ejército galo. Los generales franceses Jourdan, Masséna y Moreau fueron derrotados en Alemania, en Suiza y en el N de Italia. En este país sufrieron el fracaso decisivo de Trevia (17-19 jul. 1799), que supuso la pérdida de todas las posesiones que habían conquistado. No obstante, durante los meses de septiembre y octubre, los ejércitos franceses volvieron a recuperarse, derrotaron en Holanda a un ejército anglorruso y rechazaron a las tropas del archiduque Carlos de Austria y a las rusas de Korsakof. Pero el D. seguía tropezando con la dificultad que se le había venido presentando desde el mismo momento de su instauración: la Constitución de 1795 estaba redactada para tiempos de paz y no preveía una situación de guerra. Además, la inestabilidad derivada de la reelección anual de un tercio del cuerpo legislativo, incitaba a los poderes ejecutivos a continuos golpes de estado.Esta situación iba a cambiar radicalmente ante el inesperado desembarco de Napoleón en Fréjus el 9 ag. 1799, cuando se le creía aún en Egipto. Inmediatamente, Siéyes y sus asociados pensaron en él para provocar una repetición de los coups anteriores, que esta vez sería definitivo al poner en vigor una nueva Constitución y acabar con la presión izquierdista. Bonaparte, por su cuenta, también pensaba en esa posibilidad para hacerse con el poder supremo, pero en beneficio propio. El 18 de Brumario (9 de noviembre), las tropas de Napoleón rodearon el castillo de Saint Cloud donde se hallaba reunido el Consejo de los Quinientos y lo disolvieron por la fuerza. Al mismo tiempo el D. quedaba deshecho por la dimisión de Siéyes, Roger Ducos y Barras, mientras que los otros dos directores fueron encerrados en el palacio de Luxemburgo.El fracaso del D. fue debido, en gran parte, a la debilidad del Gobierno que tuvo que entregarse en manos del ejército para poder subsistir. Los directores carecieron de genio suficiente para conseguir de nuevo la estabilidad en Francia, después de más de seis años de trastornos revolucionarios, y tuvieron que recurrir a las intrigas y a las conspiraciones para impedir a los extremistas por una parte, y a los monárquicos por otra, que llegasen a derrocar la Constitución. No obstante, este periodo de transición entre la Revolución de 1789 y la época del Imperio napoleónico, dio a Francia una cierta estabilidad económica y la preparó para la gran empresa que se avecinaba.V. t.: NAPOLEÓN 1 DE FRANCIA;REVOLUCIÓN FRANCESA.R. SÁNCHEZ MANTERO.
BIBL.: C. 1. H. HAYES, Historia política y cultural de la Europa Moderna, I, Barcelona 1953; V. PALACIO ATARD, Manual de Historia Universal, IV, Madrid 1960; G. LEFÉBVRE, Le Directoire, París 1950; J. GODECHOT, The interna! history ot France during the wars, 1793-1814, en The New Cambridge Modern History, IX, Cambridge 1965; G. LEFÉBVRE, Les thermidoriens, 2 ed. París 1946; R. GUYOT, Le Directoire et la paix de VEurope, París 1911.
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