Dión Casio
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Biografía GER
Historiador romano de lengua griega (n. ca. 155-m. ca. 230 d. C.). Su nombre completo era Cassius Dio Cocceianus. La denominación habitual española, consagrada por el uso, es en realidad incorrecta. Debiera ser no D. C. sino C. D.Familia y carrera. D. C. nació en Bitinia, siendo gobernador de aquella provincia su padre Cassius Apronianus. La familia procedía de los territorios romanos de Asia, concretamente de Bitinia. La lengua nativa de D. C., aunque bilingüe, fue, por consiguiente, el griego, no el latín. Dada su condición fue aceptado como senador, cargo que ya tenía su padre en los últimos años del reinado de Marco Aurelio. Ejerció sus primeros cargos públicos durante el reinado de Commodo, alcanzando la pretura bajo Septimio Severo. Durante este periodo, antes del 194 d. C., escribió su primera obra, una lista de prodigios y presagios en la historia romana, que dedicó al Emperador en cuanto concernían perfectamente a los acontecimientos que predestinaban la carrera de éste. El propio soberano aconsejó a D. C. dedicar su labor literaria a la historia de Roma, desde la llegada de Eneas hasta sus días. Durante 20 años se retiró de la vida pública, recluyéndose en Capua para escribir su obra. De esta labor le apartó la orden de Caracalla, a. 216, para acompañarle en su campaña oriental. A la muerte de éste debió retirarse nuevamente, aunque bajo Macrino desempeñó un cargo en Esmirna y Pérgamo.En los primeros años del reinado de Alejandro Severo fue nombrado procóncul de África y después gobernador de Dalmacia y Panonia. No parece que sus dotes en este sentido fueran particularmente brillantes, pues sus exigencias disciplinarias, puramente formales y protocolarias, provocaron las quejas de las tropas, que no apreciaban un gobernador sin experiencia militar. Esto le indujo a dimitir de su cargo. Alcanzó por segunda vez el consulado, el a. 229 d. C. Falleció el año 230 o poco después.D. C. es un personaje significativo de una época y de un sistema. Representante de la burguesía de su patria, vivió en Italia la mayor parte de su vida, disfrutando las rentas que recibía de sus propiedades asiáticas. Pese a su larga permanencia en Italia, escribió su obra en griego. Su ideario y sus prevenciones corresponden por completo a las ideas predominantes en el Senado romano de su época. Su carrera no es menos indicativa, aunque no debe olvidarse que cuanto conocemos de su vida nos ha sido narrado, en su casi totalidad, por él mismo. Por su origen y familia D. C. no parece vinculado a la dinastía severiana (v.). Incluso en su obra aparecen múltiples referencias que le muestran exhibiendo uq republicanismo retórico a la manera de Tácito, muy grato al ambiente del Senado romano. Consiguió ser protegido por Septimio Severo y Caracalla, de modo tal que su dedicación al estudio no impidió en manera alguna, el progreso de su carrera ni mantener múltiples relaciones con su tierra natal, cuyos intereses debió representar o proteger en Roma. No es menos significativa su carrera bajo Macrino, Emperador opuesto a cuanto D.-C. y su grupo de presión representaban.La obra. Perdido el opúsculo dedicado a Septimio Severo, cuya finalidad inmediata era obvia, ha llegado hasta nosotros tan sólo su Historia Romana. En origen su obra, que comprendía desde la llegada de Eneas a Italia hasta el a. 229 d. C., se desarrollaba en 80 libros divididos en tres grupos, desde los orígenes hasta César, de César hasta Marco Aurelio y desde el reinado de Commodo hasta el a. 229 d. C. Esta última era la más extensa y, en cuanto contemporánea, la más susceptible de contribuciones personales.Lo que ha llegado hasta nosotros es sólo una tercera parte, 1.34-60 y 78-79, aparte algunos fragmentos. Resúmenes de la misma fueron realizados por eruditos bizantinos, Zonaras los 1.1-30 y Xifilino los 1.61-80. Según D. C., la parte "contemporánea" fue preparada con particular cuidado y pudo disponer de una serie de documentos inéditos, singularmente el diario de Septimio Severo.Su significado. El modelo de D. C. fue Tucídides (v.). Ello debe entenderse únicamente en cuanto estilo y lenguaje retórico, también en cuanto a su vinculación a la enseñanza de los sofistas. Diferencia principal, en este sentido, es que Tucídides se vinculaba a la sofística del s. v a. C. y D. C. a la sofística del s. ii d. C. Por ello D. C. incide especialmente en el desarrollo de hipotéticos discursos y arengas. Por la misma razón se aparta del racionalismo de Tucídides, o se dilata en explicaciones de cómo un hecho, claramente imposible, es tal. La coincidencia se centra en lo que hoy consideramos menos aceptable de Tucídides, su afán por los efectos retóricos. En realidad, éste es un punto en el cual la crítica contemporánea no puede ser objetiva en su totalidad, por cuanto la educación moderna ha concedido a la retórica un significado harto distinto del que tuvo en el mundo antiguo.Mucho más grave parece la peculiar objetividad de D. C. Tucídides había intentado defender una actuación personal desafortunada, pero, paulatinamente, consiguió librarse de este preconcepto. Por el contrario, D. C. intentó defender exclusiva y continuamente los puntos de vista del grupo social cuyos exponentes eran los miembros del Senado romano. Literariamente D. C. alcanza en ocasiones una calidad tal, que puede ser argumento para considerarle uno de los mejores narradores del último helenismo, pero se trata más de una valoración de pasajes que de conjunto. En este sentido es especialmente indicativo el hecho de que D. C. haya sido poco traducido en el mundo moderno -p. ej., falta una traducción española- y explica su escasa repercusión en la cultura actual. Generalmente su prosa suena hoy a artificial, bien que no lo sea tanto cuando describe acontecimientos contemporáneos, y, en ocasiones, su descripción pueda ser considerada como realista.Como exponente de una clase social, D. C. ciñe su interés como historiador a los intereses de aquélla. En este sentido es sumamente ilustrativa la comparación de la temática de D. C. con la de su contemporáneo Herodiano, interesado por unos problemas y unos grupos sociales que no eran ya los del ambiente senatorial de D. C. Pero con ser este problema importante, no es el más significativo -por cuanto representa un hecho fundamental en la historiografía romana- cuando se trata de valorar la significación de D. C. como fuente histórica. Puntos claves en ésta son, no sólo reconocer hasta qué punto los esquemas mentales de D. C. alteraron sus juicios, sino hasta dónde pudieron influir en su presentación de los hechos.V. t.:HISTORIOGRAFÍA (Historia Antigua).ALBERTO BALIL.
BIBL.: F. A. WRIGHT, A History of Later Greek Literature, 2 ed. Londres 1951: S. MAZARINO, 11 pensiero storico classico, III, 2 ed. Bar¡ 1968; F. MILLAR, A Study on Cassius Dio, Oxford 1964.
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