Debussy, Claude-achille
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Biografía GER
Vida. Compositor francés y uno de los más grandes maestros de la Historia de la Música. Su influencia revolucionaria fue decisiva para la evolución musical en el mundo del s. xx, habiendo dado origen a nuevas técnicas y formas de escuchar la música.N. en Saint-Germain-en-Laye, cerca de París, el 22 ag. 1862 y m. en París el 25 mar. 1918; era hijo de un matrimonio de la baja clase media, muy modesto y totalmente ajeno a la música. Sus precoces dotes musicales llamaron la atención de Mme. Mauté de Fleurville (antigua alumna de Chopin y suegra de Verlaine), quien le hizo ingresar en el Conservatorio de París (1873), donde fueron sus principales maestros Marmontel, Lavignac, Guiraud y Massenet, a quienes irritaban y seducían al mismo tiempo las dotes anticonformistas y antiacadémicas del muchacho. Para ganarse la vida entra como pianista al servicio de Nadjeda von Meck, con quien viaja por toda Europa; así es como experimenta sus dos primeros y grandes choques: la música de Musorgski y la de Wagner. Acaba sus estudios en el Conservatorio en 1884 con un Gran Premio de Roma. Durante la Exposición Universal de París, en 1889, oye las músicas javanesa y annamita, que son para él una revelación. A partir de entonces, el genio de D. inauguraría esa especie de orientalización de la música occidental que será una de las características del s. xx.Su primera gran obra original data de 1894, Preludio a la siesta de un fauno de Mallarmé; éste es el nacimiento de la música moderna, con cuanto comporta de libertad de forma y de novedad en el empleo de los timbres. Desde ese momento su vida es la propia de un burgués acomodado, sobre todo después de su matrimonio con una mujer de la sociedad parisiense, Emma Bardac. De 1896 a 1902 trabaja en la composición de Peleas y Melisanda, obra estrenada en la ópera Cómica, la cual suscitó un verdadero escándalo por su tema (Maeterlinck) y por el hecho de que en ella rompía D. con los tradicionales convencionalismos del bel canto. Durante el periodo 1902-08 produce sus primeras obras importantes para piano, en las que rompe con la plástica tradicional del juego pianístico y crea una escritura basada en estructuras rítmicas y sonoras irracionales. Entre 1905 y 1913 prosigue su evolución orquestal (libertad de forma, alquimia de los timbres, refinada complejidad de la armonía), que culmina en los Juegos, obra profética de la música actual. En su último periodo, D. rompe ya todos los lazos con la estética simbolista y se eleva hacia la música pura (tres sonatas, Estudios para piano, Blanco y Negro). Desde 1910 padecía de un cáncer de evolución lenta que acabó por producirle la muerte.Obra. La verdadera significación del arte debussysta ha sido objeto, durante largo tiempo, de un malentendido, debido a sus turiferarios, los cuales no veían la verdadera novedad ni juzgaban más que partiendo de conceptos todavía románticos. Ellos fueron quienes le clasificaron como músico impresionista y músico francés. Pero el arte de D., en constante renovación, escapa a todo encasillamiento. Es indudable que el compositor fue un patriota durante la guerra franco-alemana y que su música revela gran claridad y concisión, lo cual es muy francés. Pero D. es el primer músico del mundo que al salir de la crisis nacionalista del romanticismo encontró un arte verdaderamente universal, como lo era la música antes del s. xtx. En cuanto a la etiqueta de impresionista, provenía de la impresión de vaguedad e imprecisión que daban las novedades de su armonía, de su rítmica, de su instrumentación y de sus formas, que rompían con las normas tradicionales. Si algún movimiento extra-musical ha repercutido momentáneamente en D., no es el impresionismo de Claude Monet, sino el simbolismo de Mallarmé, con todos sus refinamientos estilo 1900. Desde este punto de vista, obras como Preludio a la siesta de un fauno, El mar, Nocturnos, Imágenes, son, en cierto grado, simbolistas. Con mayor motivo Peleas y Melisanda, puesto que D. se propuso encontrar una equivalencia sonora al marcado simbolismo de Maeterlinck. Pero si se desea buscar a toda costa una equivalencia pictórica del arte de D., puede hallarse en Cézanne. No es, desde luego, una equivalencia de sensibilidad, sino un parentesco entre concepciones arquitectónicas comparables; hoy es evidente que las Montagnes Sainte Victoire, las Baignades o las Pommes de Cézanne, con sus juegos de estructuras casi pre-cubistas, tienen una semejanza con los juegos de estructuras musicales en los que fundamentó D. su sintaxis por exigencias de libertad y para huir de los patrones tradicionales. Antes de él, los músicos se contentaban con estructuras prefabricadas del género forma-sonata, formalied, obertura, etc., que servían para todo. El espíritu debussysta no puede ceñirse a estos encuadres y quiere hallar una forma enteramente nueva y adecuada al tema que trata; de ahí la creación de esos juegos de estructuras nuevas, juegos que son de por sí creadores de nuevos equilibrios musicales. Por esto puede considerarse D. tan alejado del arte germánico (del mismo modo que lo estaba de la Escuela de Vincent d’Indy), ya que el arte alemán de finales del romanticismo apuntaba hacia un gran academicismo formal. Y D. era lo contrario de un académico; para él no hay normas prefijadas; D. persigue su sueño sonoro y lo traduce con medios técnicos que va inventando sobre la marcha. De ahí esa libertad, característica esencial de su genio que hizo imperar todos los terrenos que pisó. En el terreno sinfónico, desde el Preludio a la siesta de un fauno hasta los juegos, no deja de suavizar la forma, de emancipar la armonía y la instrumentación, de dar nuevas dimensiones a la melodía y a la rítmica. D. escapa de eso que él llamaba "la ciencia del castor". Asimismo, en el terreno pianístico, desde Estampas, Máscaras y Children’s corner (Rincón de los niños) hasta los últimos Preludios y los Estudios, D. prescinde de toda fórmula digital proveniente del s. xix y encuentra la figuración que exige la nueva armonía. En fin, respecto al teatro lírico, Peleas y Melisanda prosigue la búsqueda de su, insignes antecesores (Monteverdi, Lully, Rameau, Wagner y Musorgski), es decir, se esfuerza por encontrar una prosodia lo más ajustada posible a la lengua hablada, abandonando los artificios de virtuosismo del bel canto. Desgraciadamente, la evolución lírica de D. no tuvo continuidad; durante largo tiempo el compositor acarició el proyecto de hacer una ópera sobre La caída de la casa de Usher, de Edgar A. Poe y sobre Tristán e Isolda, de Bédier, pero no llegó a realizarlas. Para el teatro aún produjo, sin embargo, El Martirio de San Sebastián, cuya refinada partitura no siempre concuerda con la grandilocuencia preciosista y tan poco debussyana de Gabriel d’Annunzio.Obras. Piano: Para el piano (1896), Estampas (1903), Imágenes (1905-07), Children’s corner (1908), Preludios (1910-13), Estudios (1915), Blanco y negro (1915). Música de cámara: Cuarteto para cuerda (1893), Tres sonatas (1915-17). Música sinfónica: Preludio a la siesta de un fauno (1894), Tres nocturnos (1898), El mar (1905), Imágenes (entre ellas Iberia, 1906-12), fuegos (1912). Melodías: Arietas olvidadas, Verlaine (1888), Cinco poemas de Mallarmé (1913). Teatro: Peleas y Melisanda (1902), El martirio de San Sebastián (1911).CLAUDE ROSTAND.
BIBL.: C. DEBUSSY, Monsieur Croche antidilettante, París 1926; L. VALLAS, Claude Debussy et son temps, París 1932; A. GOLEA, Claude Debussy, París 1966.
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