Dali, Salvador
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Biografía GER
Famoso pintor español contemporáneo, n. en Figueras (Gerona) el 11 mayo 1904, hijo de homónimo, notario de la ciudad, y de Felipa Doménech. No era el primogénito, pues el matrimonio había tenido anteriormente otro niño, muerto, tempranamente, y acaso esta pérdida obligó a que los padres multiplicasen sus cuidados y mimos al joven Salvador, que no consiguió aprender nada en el colegio, que se reveló como un artista precocísimo y que demostró respaldar esta vocación con dotes nada comunes. Prueba de éstas es que, al someterse en 1921 a los ejercicios previos para el ingreso en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, de Madrid, dejó pasar los días de la prueba cambiando constantemente el dibujo requerido hasta hacerlo rapidísimamente en las horas últimas, perfecto, pero diminuto. Esta etapa de didáctica madrileña, que D. seguía ávidamente, para ver de pertrecharse con una buena técnica para el futuro, acabó con dos expulsiones de dicha Escuela; la segunda y definitiva, por declarar incompetente al tribunal examinador, en 1926.Antes y después de esta fecha, D. había pintado ya mucho, sin centrar su estilo, que unas veces, se daba a continuar en cierto modo la tradición de la pintura catalana de entonces, y otras abundaba en las más abruptas rebeldías, siendo muestra de lo primero el portentoso dibujo de 1925, en ningún caso inferior a J. A. Ingres, en que retrata a su padre y a su hermana. De por entonces data su amistad con Federico García Lorca (v.), amistad que perseveraría, y que llevó a D. a colaborar, con escenografías y maniquíes, en las primeras piezas dramáticas del gran poeta granadino. En 1926 pinta El cesto de pan, pieza de convicción de su virtuosismo técnico, al que permanecerá siempre fiel. Pero esta excelente naturaleza muerta no deja prever la complicación que, para las inquietudes dalinianas, suscitaría el conocimiento, en París (1928) de Picasso, Tristan Tzara (v. DADANMO) y Paul Éluard, en un momento en que el surrealismo (v.) alcanzaba su máximo auge, prestigiado, entre otras publicaciones, por la rev. "Minotaure". El afecto para con Picasso, aparatosísimo al principio, como habían de ser todos los afectos y aversiones de D., se cambió pronto por la entrega total al grupo surrealista. Al pintar en 1927 -o convertir en pintura- su absurdo slogan, La sangre es más dulce que la miel, ya cuenta con todos los sacramentos de dicho grupo.Primera etapa de su obra. En 1929, hace su primera exposición parisiense en la galería Goemans, que sería seguida por otras, en 1930, 1931 y 1932, en la galería Pierre Colle, en la misma capital. Ciertamente, el D. que nos muestra este periodo es el más característico de todos sus avatares. Acomodaciones del deseo, La persistencia de la memoria, La vejez de Guillermo Tell, cte., son cuadros programáticos de las insistentes aberraciones de D., con abstrusos simbolismos sexuales y otros que han hecho fortuna, como el de los relojes ablandados y derretibles. Un momento feliz hay que situar en los preliminares de la creciente fama que esta actividad creadora le propinaba, y es su fugaz dedicación al cine, produciendo, en colaboración con Luis Buñuel (v.) dos famosísimos f ilms surrealistas que marcan época en la historia del cine: Un perro andaluz, de 1930, y La Edad de Oro, de 1931. Se estrenaron y proyectaron en medio de considerables escándalos y algarabías, que era justamente lo que ambicionaba D.Ha de decirse que, a la sazón, éste se jactaba de su natural violento, revolucionario y sacrílego. Y buscaba achicar a todos sus camaradas del grupo surrealista con hazañas inéditas, p. ej., la de pintar, en El juego lúgubre -que adquirió el vizconde de Noailles- un hombre con los calzoncillos defecados. D., en sus Memorias, relaciona la aparición de este cuadro con la de Gala, la que iba a ser prontamente su esposa y, progresivamente, musa, diosa y ángela tutelar de su vida. Se trataba de Elena Diarahov, conocida por Gala cuando era esposa del poeta Paul Éluard, y rusa de nacimiento. El enamoramiento mutuo fue instantáneo, y Gala se separó del poeta y se unió a D., necesitado de protección, ya que ha sido siempre el hombre más desamparado de la tierra para cuestiones prácticas, mientras Gala es eficacísima. Pronto comienza ella a aparecer en los cuadros de su esposo (Gala y el "Angelus" de Millet inmediatamente antes de la llegada de la anamofosis cónica, de 1933; Retrato de Gala, de 1935). Corresponden ya estas obras a la época de los grandes triunfos norteamericanos, que comienzan en 1933 y se perpetúan durante casi una quincena de años.Durante los mismos, se hacen más oscuramente aberrantes los temas tratados por el artista, a la par que se alargan desmesuradamente sus títulos (Proporción atmosferocefálica en el acto de ordeñar un arpa craneana, El espectro de Vermeer de Delft pudiendo ser utilizado como mesa, Un boticario levantando con extremada precaución la cutícula de un gran piano; Construcción blanda con judías hervidas, aviso de guerra civil, etc.). Al mismo tiempo, muy claros símbolos sexuales como El espectro del sex-appeal, cual si persistiera en D. alguna frustración de este carácter, que preferimos ignorar, pese a las claves incesantemente proporcionadas por el artista.Todos estos excesos, la exagerada propaganda norteamericana, más buscada por D. que recibida, su acusada mercantilización, y, en fin, la conminación surrealista a una toma de postura política ante las inmediatas guerras española y mundial, bien previstas, originaron la secesión de D. del grupo a que perteneciera tan vocacionalmente. Tanto Louis Aragon como André Breton le despidieron iracundamente, y el segundo anagramizó el nombre del artista en Avida Dollars. Poco afectaron a D. estas excomuniones, que, por el contrario, y una vez consumada la disolución del surrealismo, incluso le ayudaban social y económicamente.Continuó su labor, y aun pintó cuadros tan interesantes como Familia de centauros marsupiales, de 1941, pero comenzando a agudizar su mercantilismo y su colaboración en propagandas comerciales, a la vez que acentuaba su loca sed de fama, renombre y constante atención.Segunda época. En 1948 regresa definitivamente a España, y el que había sido revolucionario, blasfemo y sacrílego, anuncia públicamente su conversión a todo: a la Iglesia, a los poderes constituidos, a los repertorios más tradicionales. De 1948 data su Leda Atómica, de 1951 su Cristo de S. Juan de la Cruz (Museo de Glasgow), de 1954 la Crucifixión, de 1955 La última Cena (National Gallery, Washington), de 1957 Santiago Apóstol. Pero en 1954, entre los temas dichos, un cuadro tan salaz como ya su propio título, joven virgen sodomizada por su propia castidad es indicio de que no le abandonaba su numen pasado. De las más recientes preocupaciones de D., su recreación, en 1960-62, de La batalla de Tetuán, de Mariano Fortuny y la pobre ocurrencia del Atleta cósmico, mínimo esfuerzo traductor de Mirón, pintado para la Olimpiada de México de 1968. Le es obligatorio participar de todo gran acontecimiento nacional o internacional. No puede evitarlo.Juicio crítico. Presentada la biografía del pintor en sus hechos y etapas más esenciales, se impone el juicio crítico, que debe comenzar con el aserto de que D. es uno de los pintores más dotados de la historia, singularmente en lo que atañe al óptimo dibujo. Pero sus innegables dotes han sido cruelmente desperdiciadas, tanto en la secuencia revolucionaria como en la que se dice católica. Su insaciable morbosidad, sus complejos sexuales, sus monstruosas proporciones de mal gusto, su fidelidad a determinados símbolos a los que concede desacostumbrado poderío, su escatología, han sido una y otra vez traducidas a un lenguaje pictórico lamido y perfilado que no es sino reaccionaria regresión al peor momento plástico del s. xlx, esto es, al de J. L. Meissonier, tan admirado por D. Esa técnica, en los años recientes, se ha hecho aún más retrógrada, y se diría que ello divierte al que tenía condiciones para haber sido uno de los más grandes pintores de nuestra era. É1 procura creer que es, no uno de los primeros, sino el primerísimo, y, al proclamarlo así, acompaña la convicción con tal y tan escandaloso despliegue de exhibicionismo y espectacularismo que no puede sino repeler y contristar. Constantemente imagina disfraces, mixtificaciones, fines de fiesta, etc., que no le pueden conceder sino la efímera gloria de una noticia periodística, cuando sus condiciones le autorizaban a obtener un sólido renombre de verdadero, de fabuloso pintor. No lo ha deseado así, prefiriendo la discutible fama de la excentricidad, llevada a términos imposibles de enjuiciar. Pero, no obstante, D. pasará a la historia como ejemplo vivo de los traumas y trastornos del s. xx, finalidad a la que cada día más parece propender la gestión de uno de los artistas -lo repetimos- mejor dotados de todos los tiempos.V. t.: SURREALISMO IV.J. A. GAYA NUÑO.
BIBL.: S. DALí, Vida secreta de Salvador Dalí, Buenos Aires 1944 (libro de exagerada sinceridad, que debe conocer todo el que se interese por el artista); íD, 50 secretos mágicos para pintar, Barcelona 1951; ÍD, Dalí on modern art, Nueva York 1957; J. T. SOBY, Salvador Dalí, Nueva York 1941; J. A. GAYA NuÑo, Salvador Dalí, Barcelona 1950; A. M. DALI, Salvador Dalí, visto por su hermana, Barcelona 1949; R. SANTOS TORROELLA, Salvador Dalí, Madrid 1952; R. DESCHARNEs, Dalí de Gala, Lausana 1962.
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