Cursus
Categoria:
Cultura
La palabra, cursus etimológicamente suena a "curso, carrera"; entre los varios sentidos metafóricos que recibe se aplica al estilo y equivale, para los clásicos, a "proceso, sucesión" (Cicerón, De Or. 3,21; Part. Or. 52); "rapidez, fluidez del estilo" (Cicerón, De Or. 1,161; Quintiliano, 10,3,20); "evolución, marcha, desarrollo del tema" (Cicerón, Top. 1; Quintiliano, 8,4,8). Pero en Quintiliano encontramos un pasaje en que significa "la cadencia armoniosa del periodo"; en 9,4,70 va diciendo que el fin de la frase, en que el aliento respira y descansa, exige toda la atención del escritor (ib. 62), pero hay algunas cláusulas que se quedan en el aire y es necesario apoyarlas en algún aditamento para que concluyan agradablemente (ib. 69-70), y discurre así sobre una frase de Cicerón (Verr. 5,117): "Non uult populus Romanus obsoletis criminibus accusare Verrem", durum, si desinas; sed cum est continuatum his quae secuntur, quamquam nátura ipsa diuisa sunt "noua postulat, inaudFtd désidérát", sa1uus est cursus. "Está salvada la cadencia", dice Quintiliano, como podía haber dicho un curial de S. León o un gramático del s. xili.No ha de confundirse, en modo alguno, con la prosa rítmica, que atiende a la frase entera, porque el c. no se refiere más que a la cadencia de los miembros o del periodo, que Cicerón cuidó con el mayor esmero. La palabra c., pues, en el latín medieval indica una cierta manera de combinar las sílabas tónicas y átonas en la cadencia de la frase, que deja una impresión grata en el oído.Origen. Sólo podemos aquí indicar los resultados a que hemos llegado en otros estudios sobre el desarrollo de este recurso estilístico latino (cfr. artículos de "Helmántica", citados en bibl.).De entre las varias cláusulas finales que usaba Cicerón se destacan algunas en que coincide el acento (v.) de altura o tónico, que es el que se considera en el c. rítmico, con el de intensidad o cuantitativo, por el que regulaban los clásicos griegos y latinos sus cláusulas. Lo mismo hemos de decir de la coincidencia constante de los acentos de elevación y de intensidad de los dos últimos pies de los hexámetros de Virgilio, y en la mayor parte de los de Horacio, distribuidos de esta forma: excéssit áuitis (Virgilio, G. 3,228) que coinciden con las desinencias ciceronianas en crético espondeo, de todo lo cual surge el cursus planus. Las cláusulas más usadas por Cicerón son éstas:v -/-v!dicoreo precedido de créticov -I! lLcrético espondeo-’ v -/ / v doble crético.Ahora bien, si en estas cláusulas cuantitativas se distribuyen los acentos tónicos de forma que haya un número igual de tiempos entre el primer acento,y la cesura, y la cesura y el segundo acento, resultan los tres tipos de c.:Cláusulaf ecúndYtás / súbmYnistraYt; de donde el c. velox s.......~.......:... :cérnimur / ministráre.Cláusula-’v- -’m : quidquid ímpért% de donde el c. planuss, ,.. :satiáre quam cíbo.Cláusula-’u-J ’v- :depone’ fustiguim;de donde el c. tardus.f_-1-..,_ : requíras artíficis.La cláusula favorita de Cicerón éssé uidéátúr, peón primero espondeo, originó el c. trispondaicus .s.-.~-.~-.~. dóna sentiámus.El c., pues, es continuación de las cláusulas favoritas de Cicerón, en que por necesidad métrica tenía que coincidir el ictus del pie y el acento de la palabra, con lo que el oído recibía un deleite especial. Esas cláusulas eran las más frecuentes y las que más reprodujeron otros escritores. Para atribuir este origen tan noble al c. no es preciso que veamos convertidas de pronto las cláusulas métricas en fórmulas del c., basta que ellas vayan resistiendo a través de los siglos: métricas al principio, métricas y rítmicas luego, rítmicas al fin hasta fundirse en sus equivalentes del c. Este proceso se observa a través de Plinio el joven, de la cancillería de Nerón, de los escritores del tiempo de Antonino Pío y del propio Amiano Marcelino, a quien se considera como el’ primer representante del cursus.El c. surge naturalísimamente de estas cláusulas ciceronianas; conforme se va perdiendo la sensibilidad sobre el valor cuantitativo de las sílabas va cobrando todo el interés el acento tónico que regula el ritmo de la frase y singularmente de la cadencia final. De esta forma, sin notarlo siquiera, los escritores se hallan inmersos en el cursus.Fijación de la fórmula del cursus. El c. se regula por la ley de W. Meyer (o. c. en bibl.): "Las sílabas acentuadas de las dos palabras de la cláusula están separadas por dos o por cuatro, rara vez por tres, sílabas ¡"acentuadas". Para examinar el c. hay que contar las sílabas comprendidas entre los dos acentos. El c. planus tiene dos; el uelox cuatro; el tardus dos y dos también después del último acento, particularidad que lo distingue del planus; el trispondaicus tiene tres, razón por la cual tiende a desaparecer, y si se conserva algún tiempo es en atención a la famosa cláusula ciceroniana éssé uidéátúr, de la que se forma.Las principales tendencias rítmicas del s. iv al vil pueden resumirse así: 1) Eliminación progresiva del trispondaicus; 2) La palabra o el grupo final no tiene nunca el acento sobre la primera sílaba, porque el c. uelox y el tardus terminan en grupos de cuatro sílabas, y el planus por un trisílabo llano; 3) La palabra penúltima tendrá tantas sílabas postónicas cuantas pretónicas la última; los dos acentos están a igual distancia de la cesura; 4) A una palabra final podrá sustituirla un grupo equivalente (cfr. J. Guillén, Origen..., o. c. en bibl. 347).El c. se usa hasta el s. VII, se recupera luego en el xi, tiene su apogeo en el xiii, cuando viven los grandes místicos desde S. Anselmo a S. Buenaventura, y dura hasta el xv, en que volvió a caer; aunque se halla con frecuencia, sobre todo el planus, en la oratoria y otros géneros literarios destinados a la declamación, sobre todo desde el s. xvii al xix (W. Kayser, o. c. en bibl. 190).El cursus en la liturgia. Para examinar el c. en la liturgia hay que distinguir las piezas destinadas al canto o a la lectura en alta voz, y las que debían pronunciarse en voz baja. Entre las primeras se distinguen las oraciones y los prefacios; en las segundas gran parte del canon.1) En las oraciones se ha buscado el c. De las 1.030 cláusulas que se han observado en el Sacramentario leonino solamente nueve no están sometidas’a las normas del c. Lo ordinario es que las diversas fórmulas vayan alternando entre sí en una misma oración; p. ej., en ésta antiquísima de S. Fabián: "Infirmitatem nostram respice, omnipotens Deus, / et quia pondus propriae actiónis gráuat (p) / beati Fabiani martyris tu¡ atque pontificis / intercessio gloriósa nos prótegat (t)". A veces parecen los tres, como en la oración del Angelus: "Gratiam tuam -nóstris infúnde (p) / ut qui -incarnatiónem cognóuimus (t), per passionem éius et crúcem (p) / adglóriam perducámur (v)". Y en la oración del ofertorio: "Deus qui humanae substantiae -et mirabílius reformásti (v), da nobis-ésse consórtes (p) / qui- dignátus esa párticeps (t)". Colecta de la dominica XXI de Pentecostés: "Familiam tuam- continua, pietáte custódi (p) / ut - te protegénte, sit libera (t) / et - tuo nómini sit deuóta (v)". Es curioso que de las grandes oraciones del Viernes Santo, todas menos una terminan en c. uelox, que representa una tendencia medieval de reservar esta forma para el fin de las oraciones.El c. trispondaicus hemos dicho que aparece poco, pero no deja de sorprender que se encuentre frecuentemente en la semana de Pascua. En la oración de la gran festividad: Deus, qui -nobis aditum deuicta mórte reserásti; feria III: -quod fide percepérunt-; feria IV: -ad gaudia aetérna mereámur; domingo de "Quasimodo": -moribus et uíta teneámus; domingo II de Pascua: -iacentem múndum erexísti, combinado con dos t. y un v. En estas oraciones hay mucha más gracia que en las que tienen todas sus cláusulas dominadas por el c. planus, p. ej., domingo III después de Pascua.2) Los prefacios están destinados al canto, y muchos de ellos son verdaderas piezas literarias. Es, pues, evidente que la observancia del c. en ellos es de rigor. Véase, p. ej., el de los Apóstoles, magníficamente logrado: "Vere dignum -Te Domine supplíciter exoráre (v) / ut gregem tuum, Pastor aetérne, non déseras (t) / sed per b. apostolos tuos continua protectióne custódias (t), / ut iisdem rectóribus gubernétur (v) / quos -contulisti praeésse pastóres (p). El ideo -cumque omni militia caeléstis exércitus (t), hymnum -sine fíne dicéntes (p)".3) El canon, recitado en voz baja, tiene en principio que ser arrítmico, y así es, aunque no dejan de encontrarse las cadencias del c. sobre todo en las oraciones más antiguas, como el Communicantes, Hanc igitur, que a través de un t. un p. y otro t. termina en un trisp.: grége numerári. Y así también aparecen algunas cláusulas en c. en algunas oraciones siguientes, menos en las tres que dice el sacerdote antes de comulgar, que son mucho más recientes. Pero estos hallazgos de c. en el canon podemos pensar que son felices coincidencias; los compositores de las oraciones estaban habituados a los ritmos del c. y lo usaban casi por inercia.J. GUILLÉN CABAÑERO.
BIBL.: H. LECLERCQ, Cursus, en DACL 111,3193-3205 (con abundante bibl. hasta 1913); W. MEYER, Der accentuirte Satzschluss in der Griechischen Prosa vom 4. bis 16 Jahrhundert, Gotinga 1891; J. GUILLÉN, Estilística latina, 2 ed. Salamanca 1954, especialmente n° 331-348, 443-448; W. KAYSER, Interpretación y análisis de la obra literaria, Madrid 1954, 418-420, 433-434; J. GuiLLÉN, El ritmo en los discursos de Cicerón, I, El ritmo en las cláusulas internas, "Helmántica" 29 (1958) 183-216, y II, La cláusula final, ib. 30, 363-391; fD, Origen y constitución del "cursus" rítmico, "Helmántica" 41-42 (1962) 309-350.
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