Cruzadas, las HIST.
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Historia
I. Concepto. Las c. son expediciones iniciadas a fines del s. XI por europeos con el fin de conquistar los Santos Lugares. Por extensión, recibe el mismo nombre toda guerra a la que el Romano Pontífice haya concedido tal categoría, entre los s. XII y XVII, por haberse dirigido contra países o personas que en aquel entonces eran considerados enemigos notorios de la fe católica. La c. propiamente dicha es un fenómeno histórico surgido de las condiciones de vida y de mentalidad europeas a fines del s. Xl. He aquí los principales datos para comprenderlo:a) La tradición de peregrinar a los Santos Lugares, iniciada en el s. III, continúa tras la conquista musulmana (s. VII) gracias a la tolerancia islámica, a las buenas relaciones del califa de Bagdad con Carlomagno en el s. VIII, a la renacida potencia militar de Bizancio en el s. X y a la paralela disgregación islámica, pues en Egipto y Palestina se estableció una dinastía fatimí rebelde a Bagdad. Pero el número de los peregrinos europeos occidentales no es importante hasta los s. X y XI, gracias al fomento de aquellas piadosas romerías por los monjes benedictinos reformados de Cluny y al renacimiento de la paz en Europa tras el fin de las expediciones vikingas o normandas; los normandos, además, aumentaron el campo geográfico europeo y su interés hacia el Próximo Oriente sobre todo desde que conquistaron Sicilia y el sur de Italia a mediados del s. xi. Es importante señalar que los musulmanes no molestaron a los peregrinos ni entorpecieron casi nunca las peregrinaciones.b) Por los mismos años, los turcos selyucíes (v.) derrotan a los bizantinos en Manzikert (1071). Los selyucíes, islamizados hacía años y dominadores ya del califato de Bagdad, ocupan Asia Menor. La crisis militar provoca en Bizancio inestabilidad política y ruina económica: cuando Alejo I Comneno (v. COMNENOS, DINASTÍA) ocupa el poder en 1081, ha de hacer grandes concesiones a los mercaderes venecianos y apenas puede reconquistar el terreno perdido a pesar de las luchas internas entre los selyucíes. En consecuencia, Bizancio recibirá bien, aunque con recelos, la ayuda inesperada y acaso no solicitada de los europeos occidentales.c) En el s. XI destacan sendos rasgos dentro de la sociedad europea: de una parte, la madurez del sistema feudal (v. FEUDALISMO), diferente según los países; de otra, su incipiente disgregación en los aspectos políticos gracias al renacer de los poderes monárquicos y, en los económicos, merced al resurgimiento de la vida mercantil en algunos puntos de Europa, con la consiguiente formación de grupos sociales habitantes en ciudades y vinculados al comercio. El feudalismo proporcionará los moldes para la estructuración política de los establecimientos europeos en Tierra Santa, hacia donde verterá buena parte de sus impulsos bélicos y excedentes humanos inadaptados en una Europa más pacífica, más estable políticamente que la de siglos anteriores y en proceso de crecimiento demográfico. Las monarquías utilizarán la c. como motivo de prestigio, en alianza con el Papado. Las ciudades mercantiles italianas (Venecia, Génova, Amalfi, Pisa), mantendrán económicamente a los nuevos establecimientos, los comunicarán con Europa y llevarán a ellos peregrinos y combatientes gracias a sus flotas y al dominio conseguido en el Mediterráneo occidental desde la primera mitad del s. XI al desalojar de él a los mercaderes y barcos musulmanes. La c. es rigurosamente contemporánea de otros fenómenos similares: reconquista hispánica y auge de las peregrinaciones a Santiago, principalmente. Estos hechos forman un núcleo humano y una mentalidad, sobre todo en el sur de Francia, que acogerán con entusiasmo el llamamiento pontificio.d) La c. no sólo se explica por factores básicos, sino también por condiciones de mentalidad específicas dirigidas convenientemente por quienes tenían poder para hacerlo. Primero, religiosidad bien dispuesta, teñida por la angustia de la salvación y la esperanza apocalíptica en la pronta venida de Cristo, lo que hacía del viaje a los Santos Lugares obra suprema en pro de la salud eterna. Segundo, llamamiento del Papa, autoridad máxima, para lograr la conquista del Santo Sepulcro. Resultado: propagación de la idea de c. con rapidez inusitada, como movimiento pasional que despertaba una mística colectiva (Grousset). Movimiento que desbordará a veces la autoridad y los fines propuestos por el Papa: en la c. se mezclan el afán de poder y prestigio, el de los reyes y emperadores, la ola de espiritualidad, militarismo feudal y su espíritu caballeresco, los intereses comerciales mediterráneos, las nuevas condiciones políticas y demográficas de Europa, etc. La c. surge de la concurrencia de todas estas fuerzas y contribuye a su vez a delinear el futuro político y espiritual de Europa.2. La conquista de los Santos Lugares (10951100). El para Urbano II (v.) maduró la idea de la c. en 1095,durante su viaje a Cluny y a la Francia del sur, en relación con el examen de la situación bizantina, difícil en el plano religioso desde la excomunión del patriarca de Constantinopla Miguel Cerulario (v.) en 1054, pero más propicia en el político. Predicó la c. a fin de año ante el concilio reunido en ClermontFerrand; designó legado para dirigirla al obispo de Puy, Ademaro de Monteil, y fijó la fecha de 15 ag. 1096 para salida de la expedición conquistadora. Los cruzados conseguían indulgencia plenaria, recibían como emblema una cruz roja en el hombro y entregaban la custodia de sus bienes al obispo de quien dependieran hasta su regreso tras haber cumplido el voto de la peregrinación, cuyo incumplimiento los excomulgaba automáticamente.Las rutas de las primeras expediciones fueron terrestres. Una atravesaba Hungría y entraba en Bizancio por Belgrado, siguiendo hacia el SE por Nish, Sofía, Filipópolis y Adrianópolis. Otra comenzaba en Durrés, costa albanesa actual, y cruzaba la península Balcánica hasta Tesalónica. Alejo I preparó escoltas y alojamiento a lo largo de ambas. Las primeras masas que recorrieron la ruta húngara se habían reunido en Colonia a lo largo de la primavera de 1096: eran numerosos campesinos y algunos caballeros pobres fanatizados por las prédicas de Pedro el Ermitaño (v.) y de sus discípulos, en especial Gualterio Sans Avoir, Reinaldo y Godofredo Burel. De veinte a treinta mil personas llegaron a Constantinopla a mediados de julio, entre incidentes y tropelías, y fueron transportadas inmediatamente a la otra orilla del Bósforo. Sus sanguinarias acciones bélicas terminaron cuando los turcos mataron a casi todos en Civetot (octubre). Aquella "c. popular" fue la primera muestra de una faceta no deseada por el Papa durante su predicación: el despertar de una espiritualidad simple, anárquica, fanática y visionaria, nada ajena, por otra parte, a la miseria material y mental en que vivían las masas europeas. Otros cruzados de esta índole, mandados por personajes como Volkmar, Gottschalk o el conde Emich de Leisingen, arrasaron las juderías de ciudades alemanas (Spira, Worms, Maguncia, Tréveris, Colonia, Praga, Ratisbona, etc.) antes de ser a su vez aniquilados durante su turbulento viaje a Constantinopla.Las primeras huestes de peregrinos organizadas al modo feudal y al mando de nobles importantes comenzaron a llegar a Constantinopla a finales de 1096. Primero Hugo de Vermandois, hermano de Felipe I de Francia, que lo hizo por la vía de DurrUs. A continuación Godofredo de Bouillon (1060?1100), duque de la Baja Lorena y vasallo del Emperador romanogermánico, con sus hermanos Eustaquio, conde de Bolonia, y Balduino, uno de los políticos más clarividentes de la c. Tras aquella "c. de los barones" (Alphandery) llegó por vía marítima desde el sur de Italia la "c. normanda", encabezada por el ambicioso Bohemundo de Tarento, y poco después el grueso de los caballeros provenzales con Raimundo de Saint Gilles, marqués de Provenza y conde de Tolosa, uno de los primeros colaboradores de Urbano II en la tarea. Acto seguido entraron en Constantinopla Roberto, duque de Normandía, y Esteban, conde de Blois, con numerosos caballeros franceses. Aquella masa de guerreros llegada en el espacio de cuatro meses planteó problemas difíciles a Alejo I, que pretendía lograr un juramento de vasallaje de sus jefes para tener la alta dirección política de la expedición y de las conquistas que se realizasen. Lo logró, en términos generales, y pudo respirar tranquilo cuando el último de los cruzados salió de Constantinopla a fines de abril de 1097: de 60.000 a 100.000 peregrinos habían pasado por la ciudad en menos de un año.El avance de los cruzados a través de Asia Menor fue lento a causa del deseo de asegurar su retaguardia. Tomaron Nicea en junio, derrotaron a los turcos en Dorilea (julio) y se encaminaron hacia Antioquía, cuyo asedio comenzó a finales de octubre. Alejo I aseguró la comunicación terrestre y marítima de los expedicionarios mediante la conquista de las costas y la fortificación de la ruta que habían seguido. Antioquía cayó en junio de 1098 tras porfiada resistencia, y los meses siguientes, una vez fallecido el legado Ademaro de Monteil, transcurrieron en continuas disputas entre Raimundo, el provenzal, y Bohemundo, el normando. Este último deseaba enseñorear la ciudad y constituir en ella el feudo con el que soñaba desde que salió de Italia, y logró cumplir su ambición: en enero de 1099 el marqués de Provenza salió al frente de los cruzados camino de Jerusalén, dejando atrás a su rival bien establecido. El a. 1098 había sido también útil a Balduino, hermano de Godofredo de Bouillon: so pretexto de proteger los accesos a Antioquía y evitar ataques turcos, se apoderó de Edesa y de su amplio territorio y fundó allí un condado del que fue titular y entre cuyos vasallos había numerosos armenios cristianos.Satisfechas las ambiciones políticas de aquellos jefes cruzados, el grueso de la expedición pudo reanudar la marcha y calmar la inquietud colectiva creciente en los últimos meses y atizada por visiones y augurios que siempre tuvieron buena acogida. Raimundo no llegó ante los muros de Jerusalén hasta el 7 jun. 1099; su marcha había sido lenta: durante ella tomó His al°Akrád, unaimpresionante posición donde después se alzó la fortaleza del Krak de los Caballeros, y asedió sin éxito la ciudadela de `Arga. Sin embargo, la toma de Tortosa en la costa aseguraba su línea de comunicación y la de Belén era un éxito psicológico. Jerusalén era una urbe muy bien fortificada y su gobernador fatimí esperaba resistir hasta la llegada de refuerzos, pero la ciudad fue tomada al asalto el día 14 tras una visión profética de las muchas que excitaban la fe mística de los cruzados, según la cual Jerusalén caería, cual nueva Jericó, si se realizaba una procesión de penitencia en torno a sus murallas. El asalto fue seguido de una matanza espantosa e incontrolada. ¿Por qué muchos cruzados vivían en un mundo emocional tan excéntrico? La consecuencia de aquel acto fue sellar la imposibilidad de toda futura convivencia sincera. La conquista planteaba un inmediato problema político de permanencia y organización. Los jefes militares reunidos ofrecieron el título de rey a Raimundo de Saint Gilles, el noble provenzal que los dirigiera, pero éste rehusó; Godofredo de Bouillon tomó el cargo, aunque ’ con el hábil título de "Defensor del Santo Sepulcro", pero como no tenía descendencia, su nombramiento no hacía sino aplazar el problema (v. JERUSALÉN, REINO DE).Los años siguientes sirvieron para redondear las conquistas y organizar el dominio político. El papa Urbano II nombró nuevo legado a Daimberto, arzobispo de Pisa: con él llega a Tierra Santa el primer interés mercantil fuerte, la flota pisana, en 1099. Aquel año Bohemundo de Antioquía y Balduino de Edesa peregrinaron a Jerusalén para ver también cuáles eran sus posibilidades de sucesión mientras Tancredo, sobrino de Bohemundo, se convertía en príncipe de Galilea, asentando un gran feudo en torno a Belén. Más importante aún fue el sometimiento de los jeques musulmanes de Transjordania, la toma de puertos fatimíes costeros (Gaza, Ascalón) realizada por Godofredo de Bouillon y la ayuda prestada por las flotas italianas, en especial la de Venecia, cuyo comercio gozará de grandes ventajas y exenciones. La muerte de Godofredo en 1100 facilita la subida al trono de Balduino de Edesa, a pesar de la oposición del legado Daimberto y de los normandos de Antioquía y del principado de Galilea. Balduino 1 se tituló rey y llegó así a la cumbre de sus aspiraciones políticas.3. Las condiciones de permanencia (110087). Segunda cruzada. Balduino I (10581118) completó el dominio de la costa mediante la toma de Arsúf, Cesarea, Acre, Beirut y Sidón. Raimundó de Saint Gilles ocupó Tortosa de nuevo en 1102 y Yabayl (Biblos); asedió Trípoli y su hijo y sucesor Beltrán fue investido con el condado de Trípoli en 1109. Jerusalén, Trípoli, Antioquía y Edesa constituyen los cuatro poderes europeos en Oriente. El primero es su cabeza, el segundo el de mayores posibilidades defensivas, el tercero el más brillante en el aspecto económico, el cuarto el más heterogéneo y expuesto a ataques. La presencia de los cruzados se vio favorecida además por la división musulmana: fatimíes en Egipto, turcos en Alepo y Damasco. Esto permitió a Balduino I dominar el desierto del Negeb, llegar al golfo de `Agaba e incluso invadir Egipto (1118). Pero los europeos nunca dominaron las ciudades sirias fundamentales para impedir avances hacia la costa (Alepo y Damasco); ni los accesos desde Egipto a través de la península del Sinaí; esto, unido a sus dificultades de adaptación y a la escasez de combatientes, será el defecto de fondo de toda la empresa.Balduino 11 (111831), primo del anterior y hasta entonces conde de Edesa, ocupó Tiro en 1124 con ayuda de una gran flota veneciana que barrió a la egipcia en la batalla naval de Ascalón y consolidó el predominio de las repúblicas mercantiles italianas en la empresa de los Santos Lugares y en el comercio con el Próximo Oriente. Las esporádicas derrotas y capturas del rey de Jerusalén o de tal o cual conde no variaban la situación de conjunto, pero en 1128 el turco Zengi ocupó Alepo. II y su hijo Núr alDin intentaron reunificar toda la Siria musulmana como paso previo para expulsar a los europeos hacia el mar. El rey Fulco I (113143) hubo de hacer frente a aquel peligro,’ que coincidía con el ataque bizantino contra Antioquía, consecuencia de la desconsiderada actitud de sus condes hacia el Emperador de Constantinopla, su verdadero señor. El sitio de Damasco por Zengi, en 1139, fracasó gracias al apoyo prestado al señor musulmán de la ciudad por los europeos; sin embargo, en 1144 el mismo caudillo tomaba Edesa aprovechando el caos causado por la minoridad del nuevo rey de Jerusalén, Balduino III (114362). La caída de Edesa mermaba mucho la potencia de los cruzados y ponía en peligro el principado de Antioquía. La afluencia constante de peregrinos y de expediciones armadas de diverso tipo había permitido hasta entonces mantener la situación militar, pero ante la ofensiva de Nñr alDin, hijo de Zengi, Balduino III hubo de dirigirse al papa Eugenio III para que predicara nuevamente la c.Esta tarea recayó en especial sobre los hombros del abad cisterciense de Claraval, el famoso S. Bernardo (v.). Hubo episodios de emoción desbordada similares a los de 50 años atrás. Luis VII de Francia y el emperador Conrado II se pusieron al frente de la expedición organizada, llegaron a Constantinopla por tierra, atravesaron Asia Menor y, en lugar de atacar a Núr alDín en Alepo, como recomendaba el príncipe de Antioquía Raimundo de Poitiers, asediaron Damasco, la aliada de la víspera. Su fracaso y las disensiones internas acabaron con la expedición aquel mismo año. Esta segunda cruzada tuvo efectos contraproducentes, pues debilitó la ya precaria situación de los establecimientos europeos en el mismo momento en que el comercio de las ciudades mercantiles con Oriente había tomado tanta amplitud que ya no dependía de ellos sino en una parte muy débil. La consecuencia inmediata fue que en 1154 Niír alDin ocupó Damasco y reunificó toda la Siria musulmana.Balduino III y luego su hermano Amalarico 1 (116274) intentaron consolidar la alianza con Bizancio, sin conseguirlo, aunque casaron con princesas de la dinastía Comneno, y evitar la unión de Siria y Egipto, donde los fatimíes se extinguían. El fracaso en el primer aspecto se debe a la tendencia manifiesta en los occidentales de atacar, debilitar y explotar al Imperio bizantino, creciente a medida que disminuye su propia fuerza en los Santos Lugares: aquella actitud, como veremos, contribuyó a privar a la cristiandad oriental del único poder político dispuesto verdaderamente a defenderla. En el segundo es de notar el esfuerzo de Amalarico I entre 1164 y 1167: alianza con los fatimíes, invasión de Egipto poco después para evitar la entrada de los sirios. Éstos, bajo el mando de un capitán de Núr alDin llamado Saláh alDin (Saladino) le derrotaron en 1168; tres años más tarde Saladino eliminaba y sustituía en el poder al último fatimí. Entre 1174 y 1183 Saladino ocupó Siria y fundó una nueva dinastía, la ayyúbí, tras la muerte de Nñr alDin, al par que completaba el cerco de los europeos. En 1177 los bizantinos fueron derrotados por los turcos de Asia Menor en la gran batalla de Miriocéfalo y dejaron de ser un posible aliado. Así, el reinado de Balduino IV (117487), un leproso, se resume en la defensa, cada vez más angustiosa, frente a los ataques de Saladino en medio de la impotencia y disgregación de esfuerzos del sistema feudal, a cuya cabeza se hallaba. Por fin, en julio de 1187 los musulmanes aplastaron en Hattin, cerca del Tiberiades, al ejército de Guido de Lusignan, recién subido al trono de Jerusalén: toda la población europea combatiente murió o fue apresada allí. Inmediatamente caían Acre, Jafa, Beirut y Jerusalén, mientras se concentraba la resistencia en Antioquía, Tortosa, Trípoli y Tiro, bases de la futura reacción militar de los occidentales.4. La organización del Próximo Oriente europeo. a) La sociedad. La cúspide de la pirámide social estaba formada en el reino de Jerusalén por unos mil caballeros, varios centenares de clérigos y otros cientos de caballeros de las órdenes militares. A continuación venían los escuderos, unos 5.000 en 1187, que, a diferencia de los caballeros, no practicaron la endogamia, sino que se mezclaron con la población indígena, lo que aseguró su mayor crecimiento demográfico; sus descendientes recibían los nombres de poulains y turcopolos. Los colonos rurales eran también de origen francés en su mayoría y hablaban bien la lengua francesa, bien la provenzal en el condado de Trípoli: los europeos de aquellas tierras recibirán el significativo nombre de "francos". Los mercaderes genoveses, venecianos, pisanos o amalfitanos tenían comunidades con estatuto especial, lengua italiana y vida al margen de la del resto de la población en todos los puertos de alguna importancia. La escasez de musulmanes y, sobre todo, de judíos contrastaba con la abundante población de cristianos indígenas, armenios, ortodoxos, maronitas o monofisitas: ellos constituían el núcleo más importante de población.El sistema feudal aseguró la organización social. Sobre las aldeas de campesinos, donde la vida se desarrollaba según normas inmutables, vivían los señores ayudados por mayordomos (dragomanes) que administraban los feudos. La cadena de infeudaciones se hizo muy complicada: era el único medio de asegurar un servicio militar continuo, pues todo señor y todo propietario debía mantener una fuerza militar equivalente a su poder. Transjordania, Sidón, Jafa y Galilea eran los cuatro principales feudos dentro del reino de Jerusalén.b) La organización jurídica y política. Se basa también en las costumbres feudales, manifestadas en las colecciones de jurisprudencia (Assises). La monarquía era electiva; el rey, señor supremo de toda la tierra y dueño de la no enajenada en feudo, podía llamar a todos sus vasallos a la guerra sin limitación de tiempo. Acompañado por los altos nobles formaba una Haute Cour en la que se resolvían los asuntos más importantes de acuerdo con la práctica feudal, que llegó a manifestarse allí con más pureza que en la misma Europa. La Haute Cour nombraba regente (bailly) en caso preciso. Los europeos no nobles tenían tribunales especiales (Cours des bourgeois). La fragmentación jurisdiccional sólo desaparecía en asuntos de tipo económico, resueltos por tribunales comunes para toda la población (Cours de la Fonde). La corte de Jerusalén y sus cargos (senescal, condestable, canciller, etc.) no difiere del resto de las europeas; el mayor problema de sus reyes fue la falta de poder ante su propia organización feudal y ante la independencia con que actuaban los condes de Trípoli y Edesa y el príncipe de Antioquía, vasallos sólo nominalmente. Antioquía, por su parte, debía un vasallaje a Bizancio que casi nunca pasó tampoco del plano teórico.c) La Iglesia palestina. Era muy rica no sólo por sus rentas y tierras, sino también por los donativos que recibía de toda Europa. Hubo dos patriarcas, en Jerusalén y Antioquía, y arzobispos en Rabbat Moab (Rabba), Tiro, Nazaret y Cesarea, más otros nueve obispos, cinco priores y nueve abades mitrados en el reino de Jerusalén, cuyo rey prestaba homenaje al Papa como mejor medio para lograr su apoyo. Las órdenes militares (v.) tenían todavía mayor importancia que el clero secular y son un fenómeno iniciado en Tierra Santa; eran un ejército permanente, las mayores poseedoras de tierras y fortalezas, dependían directamente del Papa, lo que les daba excesiva autonomía política y, en el caso del Temple, llegaron a ser grandes potencias financieras.d) El comercio y la organización económica. Estuvieron en manos de las ciudades mercantiles y marineras de Italia, rivales entre sí, cuya ayuda fue siempre esencial y logró compensación adecuada en la anulación de aduanas y concesión de barrios especiales en los puertos. Su actividad comercial nunca estuvo sujeta a los aspectos políticoreligiosos de la presencia europea en Oriente; el reino de Jerusalén era sólo un punto, aunque muy favorable, en las relaciones que mantenían en el Próximo Oriente con Bizancio y el Islam. De él y de sus aledaños traían a Europa azúcar de caña, tejidos de seda, maderas de cedro y bálsamo, pero, sobre todo, los productos que aportaba el comercio de tránsito desde el interior de Asia: especias, productos tintóreos, marfil, porcelanas. Este comercio de tránsito fue más importante en el último tercio del s. xn y primera mitad del s. xIII, favoreció el establecimiento europeo en Chipre y el apogeo del comercio con Egipto. Después, la dominación mongola lo desvió hacia Cilicia y el mar Negro.e) Modo de vida. La forma de vida de los "francos" varió al contacto con hábitos más lujosos, con enfermedades desconocidas, horarios diversos, comidas exóticas, vecinos musulmanes a los que había que tolerar y con los que era preciso convivir. Pero los caballeros recién llegados renovaban a cada instante el impulso primero, apoyados por la jerarquía eclesiástica. El lujo, sorprendente para los nuevos peregrinos, mostraba en realidad una incertidumbre en el mañana y una desmoralización que se reflejan incluso en el rápido agotamiento biológico de muchas grandes familias feudales palestinas. Con todo, la mezcla cultural no fue intensa: existió en el s. XII pero desapareció prácticamente en el s. XIII. Desde este punto de vista los contactos medievales entre Islam y Europa fueron mucho más fecundos en Sicilia o en España.5. Renovación y fin de la cruzada. La crítica situación europea en Tierra Santa dio lugar a la llamada tercera c. (118892), compuesta por diferentes expediciones entre las que destacan la del emperador alemán Federico I, que se disgregó en Anatolia en junio de 1190 a causa de su muerte, y la de los reyes Felipe II de Francia y Ricardo 1 Corazón de León de Inglaterra, llegada por vía marítima en la primavera de 1191. Con su ayuda los cruzados venidos anteriormente completaron el cerco de Acre y tomaron en junio la ciudad. Ambos reyes resolvieron además la disputa entre Conrado de Montferrato y Guido de Lusignan sobre el trono de Jerusalén: el primero fue rey y el segundo recibió en compensación la isla de Chipre, arrebatada por Ricardo I a los bizantinos en su viaje a Tierra Santa. Aquellos años, en efecto, presenciaron una profunda descomposición política en Constantinopla, que acabó con la dinastía de los Comneno, y también la construcción de un Estado armenio en Cilicia, al norte de Antioquía (v. LATINO, IMPERIO). Tras la toma de Acre, Felipe II volvió a Francia mientras que el rey inglés continuaba las operaciones militares: derrotó a Saladino en la batalla de Arsixf, pero no pudo conquistar Jerusalén y en septiembre de 1192 hubo de firmar una tregua, acuciado por la necesidad de regresar a Inglaterra. Los años de lucha habían servido al menos para detener el ímpetu de Saladino, que muere en 1193, y reconstruir el antiguo reino de Jerusalén en tono menor alrededor de Acre. La adquisición de Chipre, poco relacionable con la c., tendría también gran importancia, así como la formación del reino armenio de Cilicia, que logró absorber políticamente a Antioquía en 1216.Desde comienzos del s. xIII la historia de las tierras europeas nacidas por el impulso de la c. se mezcla en la más amplia del Oriente latino. La c. deja de ser en Europa un impulso colectivo para transformarse en idea lejana a la que se apela cuando las conveniencias lo aconsejan; la espiritualidad de las masas es cada vez más ajena a su mística; los intereses políticos de los monarcas se prestan cada vez menos a secundar en la empresa los deseos papales de prestigio; por último, el impulso caballeresco, la avidez de señoríos y los intereses comerciales se desvinculan cada vez más de la Siria europea, para la cual toda expedición que no llegara bien organizada y con ánimo de permanencia era más dañina que beneficiosa, porque rompía imprudentemente el statu quo con los musulmanes quienes, desde la tregua de 1192, permitían pacíficamente la peregrinación y el culto en los Santos Lugares.Cuanto queda dicho se manifiesta en la cuarta c. (120204) financiada por Venecia y desviada hacia la toma de Constantinopla y el reparto de los restos de su Imperio en una verdadera feria de feudos. La acción arruinó las posibilidades bizantinas de reconstrucción posterior, aunque no el patriotismo y el espíritu de resistencia griegos. Balduino, duque de Flandes, fue hecho emperador de la Romania, que así se llamó a la conquista, y los caballeros se repartieron sus tierras en feudos mucho más atractivos que los existentes en Siria. Los Comneno, en Trebisonda, y los Paleólogo (v.), en Nicea, formaron sendos núcleos de resistencia griega; estos últimos lograron expulsar a los occidentales de Constantinopla en 1262.Por el contrario, las c. infantiles de 1212, compuestas por jóvenes y adolescentes en su totalidad, constituyen una de las postreras explosiones de espiritualidad que se encauzan a través de la idea de c.; hechos similares ocurridos en 1254 y 1320 demuestran la complejidad del fenómeno en el medievo europeo. La c. sólo podrá comprenderse cuando conozcamos los elementos que formaban la espiritualidad de los campesinos y del pueblo urbano europeo en la Edad Media, porque para el Papa podía ser una idea saludable y una fuente de prestigio, para los señores un modo de manifestar su fe y de satisfacer sus ambiciones y afán de gloria, o para los mercaderes un arma útil a sus intereses, pero sólo las masas eran capaces de proporcionarle el impulso emocional necesario para convertirla en empresa gigantesca, impresionante y perfectamente caracterizada como hecho de civilización.Las manifestaciones políticas de la c. en la primera mitad del s. xin están unidas a la fase final de la lucha por la supremacía entre Pontificado e Imperio. Inocencio III (v.) impulsó desde 1211 sendas c. contra los almohades islámicos en España y contra los albigenses herejes del Languedoc. En 121722 el rey de Hungría Andrés II y otros muchos caballeros marcharon en ayuda de Juan de Brienne, entonces rey en Acre; esta quinta c. desarrolló un plan estratégico muy seguido después y consistente en conquistar Egipto como paso previo a un avance sobre Palestina; la conquista de Damieta, en el delta, no evitó un desastre final. Seis años después el emperador alemán Federico II, rey de Jerusalén además por su matrimonio con Yolanda, hija de Juan de Brienne, hubo de encaminarse a Tierra Santa para buscar la reconciliación con el papa Gregorio IX, que lo había excomulgado. Federico II era un político sin escrúpulos y exento de toda pasión de c.: a pesar de su difícil situación religiosa logró ocupar Jerusalén, Belén, Nazaret, Galilea occidental y un corredor hasta Jafa por pacto con el sultán alKámil, descendiente de Saladino, en medio de la violenta oposición de los nobles locales y de las órdenes militares. La inmediata marcha del Emperador dejó una confusa situación política al nombrar rey de Jerusalén a su hijo Conrado, menor de edad.Una nueva expedición de cruzados al mando de Tibaldo de Champaña y de Ricardo de Cornualles (124041) consolidó la situación militar y el dominio de Jerusalén. Conrado, mayor de edad en 1243, tampoco acudió a Acre, absorbido como estaba en ayudar a su padre. La muerte de alKámil en 1139 había provocado por su parte una nueva escisión entre los musulmanes de Siria y los de Egipto. Los nobles de Ultramar apoyaron a los sirios y sufrieron una aplastante derrota en Gaza y la pérdida de Jerusalén (1244). Sólo la resistencia de los musulmanes sirios impidió que el sultán de Egipto acabase con los pequeños restos del reino de Jerusalén, privado de rey, de tropas y de orden, en estado crítico de debilidad.La expansión mongola y las c. de Luis IX (v.) de Francia introdujeron nuevas esperanzas entre 1249 y 1260. La expedición del futuro S. Luis se dirigió a Damieta, que fue ocupada sin dificultad, pero los mismos errores provocaron la repetición de la catástrofe de 1222: el rey y su ejército hubieron de pagar fuerte rescate por su libertad. Posteriormente y hasta 1252 Luis IX permaneció en Acre para reorganizar la defensa europea y buscar contacto con los mongoles, de los que se pensaba serían aliados frente al Islam. S. Luis fue uno de los últimos cruzados: murió ante Túnez en 1270, cuando intentaba reemprender la lucha. Los mongoles habían reemprendido su ofensiva sobre el Islam, en 1251, bajo él mando de Húlágú. Ocuparon Bagdad en 1258 y Alepo y Damasco en 1260. Su proximidad destruyó la leyenda benéfica que los envolvía, aunque los europeos buscaron su alianza. Pero la expansión mongola había llegado a su apogeo y los nómadas eran muy escasos: en la batalla de `Ayn Yalut (septiembre de 1260) el sultán egipcio pudo derrotarlos con facilidad. A partir de aquel momento la actitud egipcia, donde ha tomado el mando la nueva dinastía de los mamelucos, es clara: desde 1265 su sultán Baybars procede a conquistár la Siria "franca". Cesarea, Haifa y Arsúf cayeron en 1265, Jafa y Antioquía en 1268, el Krak de los Caballeros en 1271, tras una momentánea detención causada por la expedición catalana que Jaime I envió en 1269 y por la nueva c. de Luis IX, cuyo objetivo no se conocía.La inmediata expedición del heredero de la corona inglesa, Eduardo, en 1271 y su alianza con los mongoles detuvo a los mamelucos, que ofrecieron tregua por diez años a partir de 1272. Su fin coincidió con la última expedición mongola sobre Siria y con la derrota infligida por Pedro III de Aragón a Carlos de Anjou, hermano de S. Luis, dueño de Sicilia y rey de Jerusalén desde 1276, que aspiraba a intervenir en Siria. Aquellas favorables circunstancias permitieron a los egipcios conquistar Laodicea en 1287, Trípoli en 1289 y Acre en mayo de 1291; su conquista pone fin a esta narración. Los europeos fugitivos se refugiaron en Chipre, cuyo rey lo fue también de Jerusalén en lo sucesivo.En la ruina del Ultramar europeo habían influido también circunstancias ajenas a su propia descomposición política y a la alteración del equilibrio militar. Una de ellas fue sin duda la lucha abierta entre Génova y Venecia por el dominio del comercio oriental que provocó, entre otras cosas, la entrada de los Paleólogo en Constantinopla (1262) y explica la prosperidad del reino de Chipre (v.) hasta mediados del s. xiv: su rey Pedro I sería capaz, incluso, de ocupar Alejandría en octubre de 1365. Otra, más importante, fue el desinterés creciente de Europa, donde predominan nuevos intereses e ideas en los s. xiv a’xvi, aunque fuera entonces cuando apareció la palabra c. y se especuló más sobre ella como reacción frente a la conquista del Oriente mediterráneo por los turcos otomanos, iniciada en 1329 (toma de Nicea) y que acabaría con los últimos poderes políticos cristianos en aquellas tierras. La solución otomana triunfó por varios siglos. Ella y la indiferencia europea terminaron con la idea y con la realidad de la c., manifestada todavía en diversas ocasiones: Nicópolis (1396), Viena (1529), Lepanto (1571).V. t.: JERUSALÉN, REINO DE; LATINO, IMPERIO; PALESTINA III; BIZANCIO I.M. A. LADERO QUESADA.
BIBL.: Recueil des Historiens des Croisades, 18411906, 16 vol., y Documents relatifs d fhistoire des Croisades, 1946..., 6 vol., ed. ACADÉMIE DES INSCRIPTIONS ET BELLES LETTRES DE PARIS; H. E. MAYER, Bibliographie zur Geschichte der Kreuzziige, Hannover 1960; A. S. ATIYA, The Crusade. Historiography and Bibliography, Londres 1962; A History of the Crusades, ed. K. M. SETTON, Filadelfia 19571962; R. GROUSSET, Histoire des Croisades et du Royaume franc de férusalem, París 19341936; P. ALPHANDERY y A. DUPRONT, La Chrétienté et I’idée de eroisade, París 195459; S. RUNCIMMAN, Historia de las Cruzadas, Madrid 195658; C. CAHEN, La Syrie du Nord á 1’époque des croisades et la principauté Tranque d’Antioche, París 1940; J. RICHARD, Le Royaume latin de férusalem, París 1952; íD, Le comté de Tripoli sous la dynastie toulousaine (11021187), París 1945; J. PRAWER, Estates, Communities and the constitution of the Latin Kingdom, Jerusalén 1966; F. CARDINI, La storia e (idea di Crociata negli studi odierni (19451967), "Anuario de Estudios Medievales", 5, 1968; R. GARCÍA VILLOSLADA, en VARIOS. Historia de la Iglesia católica, II, 3 ed. Madrid 1963, 358396, 469479 498 ss., 516 ss., 525 ss.; A. EHRHARD y W. NEuss, Historia de la Iglesia, III, Madrid 1961.
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