Crónica y Cronista IV. Cronista de Indias. HIST.
Categoria:
Historia
Crónica oficial. Hay que advertir la existencia de dos tipos de c. distintos: el oficial, y toda aquella crónica llegada a nosotros de los acontecimientos indianos, bien sea escrita por un conquistador, por un misionero o por un historiador humanista. La crónica oficial parece que surgió con la polémica entre Las Casas (v.) y Sepúlveda, y con la inquietud producida en la Corte por la actitud del dominico. Como consecuencia de ello, se ordenó al c. de Castilla, fray Antonio de Guevara (v.), que prosiguiera el trabajo de Pedro Mártir de Anglería (v.). Pero ni aquél, ni el encargo que posteriormente se dio a Fernández de Oviedo (v.), significan que puedan considerarse c. mayores de Indias. Este título recae por primera vez en la persona de Juan López de Velasco, que realizó una gran labor de síntesis con el abundante material que tuvo a su alcance, escribiendo su Geografía y Descripción Universal de las Indias, obra, principalmente, como indica su nombre, de carácter geográfico. La gran figura de la crónica oficial fue Antonio de Herrera y Tordesillas (v.), que ocupó el cargo hasta 1625.Posteriormente, y a lo largo de todo el s. XVII, fueron nombrados destacados historiadores, como Gil González Dávila, autor de Teatro eclesiástico de la primitiva Iglesia de las Indias. Su sucesor, León Pinelo, fue c. mayor entre 1658 y 1660; el escaso tiempo que desempeñó el cargo impidió que hiciese una gran obra como su erudición le hubiese permitido, y había dado muestras al coronar la Recopilación de Leyes de Indias, al preparar una Historia de la ciudad de los Reyes y dejar terminado un estudio sobre El gran canciller de Indias. Antonio de Solís, su sucesor, fue autor de una Historia de la conquista de México, población y progreso de. la América septentrional conocida con el nombre de Nueva España. Los últimos c. mayores del s. XVII fueron Pedro Fernández del Pulgar y Luis de Salazar y Castro, y ya en la época borbónica el cargo comienza a estar siempre vinculado a miembros de la recién creada Acad. de la Historia. Así, hasta 1744, año en que todos los cargos de c. que fueron vacando quedaron incorporados a la misma Academia, como tal institución. Y el de c. mayor de Indias también pasó a ella. Independientemente de esta crónica oficial, existió otro tipo representada, como ya hemos dicho, por todos los estamentos sociales que a las Indias acudieron, y que, lógicamente, fue muy distinta una de otra según que el historiador que la hiciera fuera soldado, eclesiástico, humanista, etc.Comienzos historiográficos. La historiografía del Nuevo Mundo hay que comenzarla con los escritos de Cristóbal Colón (v.): sus diarios el del primer viaje no se conoce el original y los de los demás se han perdido o sus cartas dirigidas a los reyes o particulares. Su hijo Hernando Colón, gran bibliófilo, es autor de una biografía del Almirante que es obra capital para su historia, ya que fue redactada por un testigo presencial de los hechos y a base de los perdidos manuscritos colombinos. Para completar las crónicas de este primer momento del descubrimiento habría que citar la carta del médico sevillano Dr. Alvarez Chanca, compañero del Almirante en su segundo viaje, dirigida al cabildo de Sevilla, y los escritos de Nicolás Scillacio, Simone dal Verde y Michele de Cuneo. La obra de Las Casas, y las relaciones de Diego Méndez y Diego Porras, junto con los escritos de Américo Vespucio (v.) completan la historiografía del descubrimiento. Cinco son las cartas de Vespucio que hacen referencia a sus viajes y que alcanzaron una gran difusión con el título de Mundus Novus. También las incidencias de esos viajes y de otros realizados en la misma época, todos ellos conocidos con el nombre de viajes andaluces, están recogidas en las obras de Las Casas, Oviedo y Herrera. En cuanto a la primera vuelta al mundo, son varias las crónicas que tenemos: la más importante es la de Pigafetta (v.), pero queden reseñadas también las de Francisco Albo y Ginés de Mafra.A la vez que las crónicas citadas, empiezan a aparecer las primeras Historias generales de las Indias. De ellas, al tener artículos independientes Fernández de Oviedo, Las Casas y López de Gómara (v.), vamos a tratar aquí de Pedro Mártir, Sepúlveda y Acosta. Pedro Mártir de Anglería, c. de los Reyes Católicos, es el primer historiador de América al escribir Décadas De Orbo Novo. Toma su nombre de la división que hizo en 10 libros de cada una de las ocho décadas en que se compone. Escritor humanista y sin haber pisado las Indias, relata la geografía de aquellas tierras, sus minerales, vegetales y animales, aunque muchas veces con la imprecisión y desorden propio del que transmite las noticias que le van llegando. En 1511 se publicó la primera Década, posteriormente las otras, y en 1530 apareció en Alcalá la obra completa. En castellano, fueron publicadas por vez primera en 1892. Juan Ginés de Sepúlveda, c. de Carlos V, tampoco estuvo en las Indias. Su obra, De rebus hispanorum gestis ad Novum Orbem, tiene como fuente principal a Oviedo. El trabajo del gran contradictor de Las, Casas quedó inédito hasta el s. XVIII, en que fue publicado por la Acad. de la Historia. José de Acosta (v.), jesuita, fue un gran conocedor de América, como consecuencia de los diversos cargos que de su Orden tuvo, y fruto de ello fue su obra Historia natural y moral de las Indias, que le coloca en un lugar destacado dentro de la historiografía de aquel continente. De los seis libros que componen el trabajo, los cuatro primeros están dedicados a la historia natural y los otros dos tratan de la historia moral.Crónicas de las provincias. Independientemente de estas Historias generales, cada una de las provincias indianas tiene sus crónicas. En la Nueva España, además de la obra de Bernal Díaz (v.), son dignas de reseñar las cartas de Hernán Cortés y diversas relaciones de soldados que narran los hechos que ellos protagonizaron, como Alonso de Aguilar, Andrés de Tapia y Bernardino Vázquez de Tapia. Y junto al relato de la conquista armada, la conquista espiritual del suelo mexicano cuenta con grandes c. De la Orden franciscana, los más conocidos son fray Toribio de Motolinia, fray Gerónimo de Mendieta, fray Juan de Torquemada y fray Bernardino de Sahagún (v.). Este último, además de ser c. de la historia eclesiástica, es un gran investigador de los asuntos indígenas mexicanos; de la misma Orden, en el s. XVII, citemos a fray Agustín de Betancur y Baltasar de Medina. Entre los dominicos reseñaremos a fray Diego Durán, Juan de Tovar y Agustín Dávila; y de los agustinos, a Juan de Grijalva, Juan González de la Puente y Diego Basalenque. En cuanto a los c. jesuitas citemos a Pérez de Ribas, Francisco de Florencia, Kino (v.), Venegas y Clavijero. Hay además numerosos relatos de todos los viajes descubridores que se realizaron por el ancho espacio del virreinato mexicano, como el itinerario de Grijalva, narrado por Juan Díaz, capellán de la expedición; la empresa de Hernando de Soto (v.) por La Florida, referida por el hidalgo de Elvas; la fabulosa expedición de Alvar Núñez Cabeza de Vaca (v.), relatada por él mismo en Naufragios; o la relación que fray Marcos de Niza dejó de su búsqueda de las Siete Ciudades.En la conquista de América Central también hubo soldados c., de cuya obra son muestra las ya citadas cartas de Cortés, o la relación que de su viaje hizo Pedro de Alvarado (v.). Completa la crónica la labor de los religiosos, como el franciscano Francisco Vázquez o los dominicos Antonio de Remesal y Francisco Jiménez. Lo mismo ocurre en Nueva Granada y Venezuela: junto a las relaciones de los conquistadores las de Jiménez de Quesada (v.), Pedro de Heredia (v.), Nicolás Federman, tenemos las de los religiosos Pedro de Aguado, Esteban Asensio, Pedro Simón, Antonio Caulín y Alonso de Zamora. Gran historiador del Nuevo Reino de Granada fue Juan de Castellanos, que influenciado por Ercilla escribió en verso la historia de aquel país. En cuanto a la historiografía del Amazonas es también muy amplia: el relato de la aventura de su descubrimiento por Orellana (v.) nos lo da fray Gaspar de Carvajal, y expediciones posteriores son referidas por Pedro de Munguía, Gonzalo de Zúñiga, Francisco Vázquez y otros.En cambio, a pesar de la importancia que tuvo el descubrimiento y conquista del Perú, las relaciones no abundan. Por primera vez se refiere en una carta de Pedrarias Dávila (v.), y después en la relación de Pascual de Andagoya, en una carta de Hernándo Pizarro (v. PIZARRO, FAMILIA) a la Audiencia de Santo Domingo, y la crónica conocida con el nombre de Anónimo sevillano de 1534, atribuida a Cristóbal de Mena. El primer gran historiador de este suceso es Francisco de Xerez con su Verdadera relación de la conquista del Perú y provincia del Cuzco llamada Nueva Castilla, que publicada en Sevilla, en 1534, tuvo una rápida difusión. Las de Miguel Estete, Pedro Sánchez de Hoz, Pedro Pizarro, Diego de Trujillo, Juan Ruiz de Arce y Alonso Enriquez de Guzmán completan este interesante acontecimiento. El gran c. de las guerras civiles, que atormentaron los territorios peruanos momentos después de la conquista, fue Pedro Cieza de León (v.), ocupando un lugar destacado dentro de la historiografía indiana. Le sigue en importancia Agustín de Zárate, autor de Historia del descubrimiento y conquista del Perú, con las cosas naturales que señaladamente allí se hallan y los sucesos que ha habido; obra que alcanzó gran éxito al publicarse en 1555. En cuanto a los historiadores religiosos son muy numerosos en Perú. Muchos de ellos, más que las historias de sus órdenes religiosas, reflejan el marco donde se desarrollaron las misiones y sus obras adquieren un gran valor como crónicas; citemos al jesuita Anello Oliva, al dominico Juan Meléndez, al franciscano Buenaventura Salinas y al agustino Antonio de la Calancha. Como México, Perú fue otro gran centro de expediciones, las más importantes por el Pacífico, y los relatos de ellas abundan. Las expediciones de Mendaña (v.) las cuentan Hernando Gallego y varios manuscritos anónimos existentes en la Bibl. de Palacio, en Madrid; y lo mismo ocurre con las expediciones al estrecho de Magallanes, las de Juan Fernández y Pedro Fernández de Quirós (v.); y las científicas de Jorge Juan y Antonio de Ulloa, que dieron lugar a las Noticias secretas de América.La crónica de Chile, que comienza con las cartas de Pedro de Valdivia (v.), tiene su máximo exponente en la obra de Alonso de Ercilla (v.), La Araucana, el gran poema épico de la conquista americana. Alonso de Góngora, Pedro Mariño de Lobera, Cristóbal Suárez de Figueroa y el poeta Pedro de Oña (v.) son otras de las figuras más destacadas de la historiografía chilena. En la crónica del Río de La Plata el primer nombre que figura es el del alemán Ulrico Schmitdel, que minuciosamente refiere las expediciones de Pedro de Mendoza (v.), Ayolas y Martínez de Irala (v.). El otro gran c. de estos primeros momentos en el Plata es el ya citado Alvar Núñez Cabeza de Vaca con sus Comentarios. Y un pariente de éste, el mestizo Ruy Díaz de Guzmán, puede considerarse el primer historiador del Plata con su obra Anales del descubrimiento, población y conquista del Río de La Plata. Los poetas Luis de Miranda y Martín Barco de Centenera pueden considerarse c. distinguidos rioplatenses. Otro importante capítulo de esta crónica lo componen los jesuitas de la provincia del Paraguay: Antonio Ruiz de Montoya, Juan Romero, Juan Pastor, Pedro Lozano y otros muchos narran las vicisitudes de aquella provincia a lo largo de su colonización.Cronistas indígenas. Por último, queda por referir la crónica escrita por el indio o por el mestizo, bien en su idioma original o en castellano. En México, sus analistas siguieron escribiendo en el viejo sistema, es decir, con escritura jeroglífica, quedando ejemplos tan destacados como los códices Boturini, Aubin, Acaztitlán, Mendoza y otros muchos. Y escritas en nahuatl o en castellano se hallan también muchas crónicas indígenas, como la historia toltecachichimeca, los Anales de Cauhtititlán, la Crónica Mexicana de Hernando Alvarado, las obras del mestizo Juan Bautista Pomar, la de Fernando de Alba Ixtilxochitl o la de Muñoz Chimalpain. En Guatemala, escrito en idioma quiché, el Popol Vuli, donde se narra la historia del pueblo maya quiché. Los libros de Chilam Balam, los Anales de los Cakchiqueles y las crónicas de Yaxkukul y de ChacXulubChen completan la historiografía indiana de esta región. Perú es el tercer gran núcleo de historiadores indígenas, como Titu Cusi Yupanqui, el mestizo Cristóbal de Molina, y sobre todos la gran figura del Inca Garcilaso (v.), autor de los Comentarios Reales, donde relata la historia de su pueblo y su conquista por los españoles. Juan de Santa Cruz Pachacuti y Felipe Huaman Poma de Ayala son otros dos c. peruanos a destacar.V. t.: AMÉRICA IV, 3.B. TORRES RAMÍREZ.
BIBL.: B. SÁNCHEZ ALONSO, Fuentes de la Historia Española e Hispanoamericana, Madrid 1952; F. ESTEVE BARBA, Historiografía Indiana, Madrid 1964 (en esta obra se halla toda la bibl. existente sobre c. de indias).
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