Criollos I. Historia. HIST.
Categoria:
Historia
Palabra que designa a los hijos de español y española nacidos en Indias, durante el periodo hispánico. Adaptación del portugués crioulo. Documenta la palabra el P. José de Acosta, y la explica el Inca Garcilaso. Usada por Cervantes, Lope, Tirso, Góngora, etc. Testimonio portugués más antiguo, el de fray Luis de Sousa. En francés, créale, Designaba en principio a negros (v.), luego se hizo extensiva a blancos (portugués y castellano). En Hispanoamérica, había dos clases de negros: c. y "bozales" o "guineos"; éstos, emigrantes; aquéllos, nativos. De ahí la aplicación a blancos: c., hijos de la tierra, hijos patrimoniales, por la forma de incorporación de las Indias a la corona de Castilla; americanos, en el s. XVIII. En Brasil se llamaba mazombo al hijo de europeos.Aparte de las "castas", mestizos (v.), mulatos (v.), coyotes, etc., la sociedad colonial comprende dos grandes grupos o "repúblicas": de indios y españoles. Según su nacimiento, de éstos, hay dos sectores: c. y españoles europeos, castellanos o peninsulares. Aquéllos, herederos de conquistadores y primeros pobladores, forman una aristocracia. Otros c. que no son nobles: artesanos, tenderos, escribanos, pequeños agricultores, mineros, etc. Núcleo particular: altos funcionarios, religiosos, militares, cortesanos, comerciantes y armadores, de variada procedencia social, sin arraigo en la tierra. Retornan a la metrópoli apenas satisfacen algún incentivo económico o cumplen un servicio. Para ellos, las Indias no son más que una fuente de riqueza, piensan los c. Y se sienten pospuestos en las rentas de oficios, en concesiones lucrativas. Hostilidad hacia los "advenedizos" usufructuarios de provincias ganadas por sus antepasados. Muchos peninsulares se radican en Indias; sus descendientes pasan a ser c. Caso de parigual nobleza pueden entroncar con la aristocracia de c. La diversidad y oposición de intereses económicosociales y nobiliarios define el antagonismo entre c. y peninsulares. También fomenta cierto descontento ante la política real; estimula después una conciencia regional americana. La terminología revela viva rivalidad (J. Juan y A. Ulloa, Humboldt) Antecedente del antagonismo: recelo de los conquistadores por nuevos funcionarios. Los "ganadores de la tierra" ceden a una política centralista (audiencias, oficiales reales, La Gasca, etc.). El incumplimiento del pacto coronaconquistadores será luego argumento sustantivo de J. P. Vizcardo y Guzmán (1792); del separatismo. Aparece ya una tesis anticriollista en la discusión sobre la encomienda (s. XVI). Prevenir, dicen, lo ocurrido en Nápoles: mayor es el vínculo afectivo a la tierra nativa que no a la metrópoli. Sin embargo, el desarrollo del grupo c. es objetivo de la corona. Una sociedad fuerte para sustento y defensa de reinos distantes, apetecidos por otras potencias. Al mismo tiempo, se impone la limitación de pretensiones cuasi señoriales. Impedir, también, se adueñara del aparato estatal indiano, cuya alta dirección será inaccesible a los c. Solución: encomienda "reformada", títulos de nobleza, declaraciones de "preferencia". Una política de concesiones y recelo a la vez será la norma. Y la consiguiente insatisfacción de los c. que, en última instancia, pretenden la exclusión de los peninsulares. Los oficios de virrey, gobernador, capitán general, presidente, arzobispo, obispo, salvo excepciones, quedan reservados a peninsulares. Mayor acceso hay a la magistratura (oidores, fiscales). Una limitación: no ejercer en la audiencia natal. No faltan en un cargo importante: asesores de virrey. Una estadística, incomprobada, facilita cierta proporción: 702 y 287 obispos y arzobispos; 166 y cuatro virreyes; 588 y 14 capitanes generales; peninsulares y c. respectivamente (s. XVI-XIX).Para los c. quedan oficios de rango provincial, algunos vendibles: alcaldías mayores, corregimientos, cabildos eclesiásticos y seculares, contadurías, escribanías, cátedras, rectorados. Aceden, igualmente, a provinciales de órdenes religiosas. Aquí con elecciones sujetas a la "alternativa", regla que data, a petición de peninsulares, de 1622. Por constituir minoría, los comerciantes c. piden la "alternativa" para el consulado de Lima (1793). Todos los citados oficios producen renta apreciable. Declaraciones de los Austrias: que sean "Antepuestos" los c. en oficios reales, p. ej., el Reglamento de 1619. Aparece una verdadera teoría procriollista de provisión de oficios: fray Buenaventura de Salinas (1639), Solórzano (1647), Pedro Bolívar (1667), Juan Antonio Ahumada (1725), Memorial mexicano de 1771, etc. Paralela respuesta filoindiana al menosprecio de la personalidad de los c. Más tarde, a la subvaloración del hombre y naturaleza de América (conde de Buffon, 1749 ss.; C. de Pauw, 1768, etc.). Criollistas: Juan de Cárdenas, C. deigüenza y Góngora, Diego de León Pinelo (1648, crítica a Justo Lipsio), Padre Feijoo (Teatro, Cartas, 172660), J. E. Llano Zapata (1760), etc. Después, jesuitas expulsos Clavigero, Molina; Velasco; Mercurio Peruano ("paralogismos" de la Enciclopedia).S. XVIII, una cuestión decisiva: más del 90% de c. en la población blanca. Algunos arruinados; otros, potente patriciado: hacendados, comerciantes, mineros, etc. No ha sido, pues, "opresión insoportable"; sí, una práctica de concesiones y restricciones a la vez. Los c. forman la élite intelectual (alabada por Feijoo), educada en sus propias universidades. Muchos, epígonos de la Ilustración; actitud reformista. Crean sociedades económicas; interés por temas americanos. A veces, de hecho, actúan como grupo político. Audaz pretensión limeña: virrey c. Resentimiento generalizado; consideran "extranjeros" a los peninsulares. Se sienten unidos al monarca; ajenos a súbditos de otros "reinos". Comuneros c. del Paraguay, Corrientes. Procúrase una política más definida: consejo extraordinario con Aranda (1768). Inténtase, aquí, incorporación de c. en un "solo cuerpo unido de nación", reconocimiento de la honda división. La idea sería un cambio fundamental de la estructura de la monarquía: del estado patrimonial al nacional (R. Konetzke). Restricción de la política austriaca de preferencias. Críticas al clan comercial de Cádiz, antes al de Sevilla. Reacción contra vascos y catalanes. estos, organizados, tratan de adueñarse del pequeño comercio. C. en el alzamiento comunero de Nueva Granada (1781). Túpac Amaru reclama apoyo de mestizos y "amados" c. (1780). Los de Lima ven, sin desagrado, el éxito inicial del caudillo precursor. Es una actitud antiAreche; semejante a la del libro de J. Baquíjano.Textos, como los de J. Juan, A. de Ulloa y Humboldt revelan la nueva faz del problema: la disputa se transforma en conciencia regionalista. Humboldt cita: "no soy español, soy americano". Esfuerzos tardíos; uno: Colegio de nobles americanos de Granada (1792). El mismo año: Carta a los españoles americanos del jesuita expulso J. P. Vizcardo y Guzmán (v.), c. peruano. Acusa: incumplimiento de lo capitulado por la corona. Incita al separatismo encabezado por c. Conspiraciones de c. en Londres, París y Washington (17901800). Perdura el fidelismo: invasión inglesa de Buenos Aires (1806). Tiende a generalizarse la insurgencia americana. Los c. afirman: América es nuestra patria (1811). Los c., protagonistas de la revolución hispanoamericana (180824). Culmina el proceso del criollismo, regionalismo, reformismo, autonomismo y separatismo, alentado éste por circunstancias exteriores.M. MATICORENA ESTRADA
BIBL.: R. KONETZKE, La condición legal de los criollos y las causas de la Independencia, "Est. Americanos) 5, Sevilla 1950; ÍD, Colección de documentos para la historia de la formación social de Hispanoamérica, 1493-1810, Madrid 1953-62; I. COROMINAS, Diccionario crítico etimológico, I, Berna 1953; I. VICENS VIVES, Historia social y económica de España y América, IV, Barcelona 1958; A. GERBI, La disputa del Nuevo Mundo, México 1960; S. ZAVALA, El mundo americano en la época colonial, Mé- xico 1967; I. H. PARRY, El imperio español de Ultramar, Madrid 1970; C. D. VALCÁRCEL E., La rebelión de Túpac Amaru, México 1947; Diccionario de la lengua española, R. A. Española, 19 ed. Madrid 1970 (registra una acepción contemporánea: hijo de padres europeos nacido fuera de Europa, etc.). En el Brasil: I. H. RODRIGUES, Brasil. Periodo colonial (Programa de Historia de América, [[,1), México 1953; G. FREYRE, Sobrados e mu~ambos, 2 ed. Río de Janeiro 1951; S. BUARQUE DE HOLANDA, Raíces del Brasil, México 1955; I. CAPISTRANO DE ABREu, Caminhos antigos e povoamento do Brasil, 2 ed. Río de Ianeiro 1960 (estudia la división y antagonismo, entre reinois o peninsulares y mazombos o nacidos en la tierra).
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