Costes II. Costes Comparativos. ECON.
Categoria:
Economía
Concepto. Los economistas han tratado de responder, desde que comenzaron a preocuparse del comercio internacional, a la cuestión de qué determina el volumen, la dirección y la estructura del comercio. En otras palabras, cuáles son las fuerzas que determinan el que se importe o exporte un producto u otro, qué cantidad se comerciará de cada uno y a qué relación de intercambio.Una de las primeras respuestas a este problema la dieron los economistas clásicos con la teoría ricardiana de los costes comparativos, cuya proposición central es que si se deja el comercio libre, cada país tenderá a especializarse a largo plazo en la producción y exportación de aquellas mercancías, en cuya producción disfrute de una ventaja comparativa en términos de c. reales, importando aquellas otras en las que sufra una desventaja relativa. Aparte del trasfondo de ideas generales liberales que condujeron a los economistas clásicos a defender los sistemas autorregulados en los que privase la libertad individual, las ideas económicas sobre el librecambio fueron tomando cuerpo en un contexto histórico definido: el de la lucha por la abolición de la Ley de los cereales inglesa, que se desarrolló entre 1832 y 1868. y que imponía fuertes derechos arancelarios a la importación de estos productos, elevando los c. de la naciente industria.La doctrina de los c. comparativos no era más que la abstracción, generalización y formulación rigurosa de aquel hecho y se constituyó así en el respaldo teórico del librecambio. Es punto básico de esta teoría su enunciación en términos de c. reales. En la formulación clásica ricardiana, la doctrina de los c. reales es la doctrina del valor trabajo, en la cual sólo se consideraba un factor uniforme: eJ trabajo. El valor de los productos queda determinado por la cantidad de trabajo incorporado a los mismos. Las características del modelo clásico ricardiano son: se trata de un modelo a largo plazo, existencia de libre competencia, solamente considera dos países y dos mercancías, el trabajo es el único factor de producción, existe plena movilidad de factores dentro de cada país y absoluta inmovilidad entre países, los c. son constantes y se supone una proporcionalidad entre el precio de oferta y del c. del trabajo de cada bien dentro de cada país.A continuación se expone, en el cuadro adjunto, el ejemplo clásico para comprender mejor las ventajas queproduce el intercambio según los principios de los c. comparativos.Para Adam Smith, cada país se especializaría en las mercancías que produjera con un c. real absolutamente menor. Según Ricardo, esto ocurre efectivamente dentro de cada país, cambiándose los productos de acuerdo con sus costestrabajo. Pero en la esfera internacional, basta con la ventaja comparativa, pues la especialización, según tal principio, implica un ahorro del c. real. Así, en el ejemplo, halladas las proporciones entre las horas de trabajo necesarias para cada producto en los dos países,80 90 120 100se aprecia que Portugal tiene ventaja relativa en vino e Inglaterra en paño.Si cada país se especializa en el producto con ventaja comparativa y se establece una relación de intercambio internacional diferente de la de autarquía, cada país ganará con el intercambio. En el gráfico adjunto se puede analizar esta ¢anancia.Supongamos que se establece una relación de cambio entre ambos países de l / l . Portugal gana BC, obtiene una unidad de paño con eJ coste real de una de vino (gana 0,12 de paño). Inglaterra gana DB (0,20 de paño), pues para obtener una unidad de vino sólo necesita entregar una de paño.Cada país, por tanto, se especializa en el producto en que goza de ventaja comparativa. Las relaciones de c. internas en cada país fijan los extremos de la fluctuación del tipo de intercambio internacional. La teoría de los c. comparativos no dice dónde se fijará la relación real de intercambio de equilibrio. Fue Stuart Mill quien desarrolló la teoría de las demandas recíprocas, según la cual la relación real de intercambio de equilibrio se fija de acuerdo con la intensidad de las demandas recíprocas, de modo que para cada país las exportaciones fueran igual a las importaciones.Algunas críticas infundadas. La teoría de los c. comparativos ha sido objeto de numerosas críticas, gran parte de ellas infundadas. Repasemos algunas de ellas brevemente, lo que nos permitirá precisar el contenido de esta teoría.Una primera objeción consiste en afirmar que la teoría pierde precisión al ampliarse a más de dos mercancías. No obstante, esta teoría se puede aplicar a mayor número de bienes; éstos siempre se podrán ordenar según la ventaja comparativa. En cada país, existirá una línea que separe las mercancías de exportación de las que tendrá que importar. La posición de esta línea dependerá de las demandas recíprocas, cumpliéndose la condición de equilibrio de que las exportaciones totales han de ser iguales a las importaciones. También se ha acusado a esta teoría de que no puede generalizarse en términos monetarios. Puede hacerse, pero manteniéndose la especialización de las ventajas relativas en c. reales, siempre que no sea invertida por la relación entre los niveles de salario monetarios, y estos niveles dependan de las demandas recíprocas.La teoría no se desvirtúa cuando se introduce una pluralidad de países. Traducida la teoría en términos monetarios, el análisis se amplía inmediatamente. En equilibrio, cada país exportará mercancías en las que tiene ventaja relativa respecto de las que importa, y su balanza comercial estará equilibrada. Las mercancías que importa y exporta cada país dependerán de la constelación de ventajas comparativas reales y del grado en que éstas se mantienen o modifican, eliminándose o acentuándose, como consecuencia de las relaciones de salarios monetarios, y el nivel de éstos dependerá, con tipos de cambio fijos, de la intensidad de las demandas recíprocas.La teoría exige especialización total de cada país en un bien (crítica de Graham). Este error ya fue dilucidado por Stuart Mill; la especialización total en el modelo de dos países sólo ocurre cuando ambos países tienen la misma dimensión aproximada y las mercancías comerciadas son de parecido interés. Si esto no sucede, el país más grande o el que exporta la mercancía menos interesante tendría que ceder en la relación real de intercambio, pudiendo ocurrir que, en situación de equilibrio, esté comerciando a la relación real de intercambio autárquica y que las importaciones no basten para cubrir su consumo de la mercancía importada, con lo que su especialización sólo será parcial.La introducción de los c. de transporte tampoco invalida la teoría. Sucede simplemente que el c. de transporte alterará las relaciones de ventajas comparativas y eliminará del comercio mercancías que sin ello se habrían intercambiado. Pero las proposiciones básicas de los c. comparativos se mantienen. Igualmente no se plantearían problemas en la introducción de los c. variables. Las ventajas comparativas se establecerían entonces mediante la comparación de los c. marginales variables; el resto no se alteraría.Críticas fundadas y nuevos desarrollos de la teoría. Dos críticas fundamentales se han hecho a esta teoría. La primera se refiere a las limitaciones que implica el uso de c. reales. La otra, se refiere al hecho de que esta teoría es estática.La teoría de los c. comparativos es una teoría en términos de c. reales. Ahora bien, ¿existe proporcionalidad entre los c. monetarios y los reales? Supongamos que se aceptara que los c. monetarios (iguales a los precios de oferta) fueran proporcionales a los reales en trabajo. Esto implicaría suponer: a) que los demás factores siempre cooperan en la misma proporción en todas las industrias y en todos los países; b) que la estructura del trabajo es idéntica en todas partes; c) que la participación de las diversas clases de trabajo en cada industria es igual en todos los países; d) que la estructura de los salarios es idéntica en todas partes.Estos supuestos son inaceptables. Se puede intentar un nuevo camino, siguiendo a Viner, reformulando la teoría de los c. comparativos como una teoría de los reales, entendiendo por éstos todos los c. subjetivos directamente asociados con la producción. Para Viner, los c. monetarios y los precios, como norma general, tienden a ser proporcionales a los c. reales. Haberler observa que según esta teoría: a) todos los inputs suponen un c. subjetivo; b) los precios de los inputs son proporcionales al c. subjetivo que implican; c) las proporciones en que se emplean los diferentes tipos de trabajo y de los demás inputs son aproximadamente las mismas en todas las industrias, o bien, que podemos sumar el c. subjetivo del trabajo al del capital y al de los demás inputs.Ante el carácter irreal de estos supuestos, hoy, al estudiar este problema, se aplica generalmente el concepto de c. de oportunidad de Haberler o la teoría moderna del equilibrio general al problema del comercio internacional, como han hecho Yntema y Mosak y, más recientemente, Meade, Johnson y Mundell. La otra crítica está fundada en las limitaciones que supone para la teoría de los c. comparativos el hecho de que sea estática, es decir, que determine la asignación óptima de unos recursos dados. La teoría no explica la contribución del comercio internacional al desarrollo económico. Esta teoría se refiere sólo a la oferta, por lo que únicamente trata de uno de los dos aspectos de la cuestión. El problema de indeterminación en la fijación de la relación real de intercambio será resuelto por la teoría de los valores internacionales de John Stuart Mill y de Marshall, introduciendo las condiciones de la demanda en el modelo clásico y determinando cómo se fija la relación real de intercambio de equilibrio dentro del margen de fluctuación fijado por las relaciones autárquicas de c.P. RODRÍGUEZ PADRÓN , P. DE TORRES SIMÓ.
BIBL.: l. VINER, Studies in the theory of International Trade. Londres 1955; D. RICARDO, Principios de Economía política y tributación, México 1959; H. R. HELLER, Comercio internacional, Madrid 1970; H. G. JOHNSON, Dinero. Comercio internacional y desarrollo económico, Madrid 1965; G. HABERLER, The Theory of International Trade with its Applications to Commercial Policy, Londres 1936.
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