Coro I. Música. MÚSICA
Categoria:
Música
En gr. coros; en lat. chorus. En la terminología musical actual se entiende por c. el canto ejecutado por varias personas; también, el grupo de cantores. Si el canto es una melodía, se llama c. monódico o unísono; si las líneas melódicas son diversas, polifónico. C. masculino (tenores, barítonos, bajos), femenino y de voces blancasniños(sopranos o tiples, mezzosopranos, contraltos) y mixto. C. a capella (sin acompañamiento instrumental) o acompañado.Coralidad. Manifestación colectiva de sentimientos universales por medio del canto, que encontramos en todos los países y a todos los niveles culturales, p. ej., entre los egipcios, asirios, hebreos, en India y en China, lo mismo que entre los pigmeos del Congo; y es la expresión más elevada de la civilización local, principalmente en las grandes ceremonias religiosas y civiles. Coralidad que va estrechamente unida al fenómeno literario, cuyas vicisitudes sigue paralelamente y del que es una traducción e interpretación canora. Poesía, canto y danza son los componentes esenciales de las manifestaciones oficiales, rituales y artísticas de la colectividad.El coro en los pueblos hebreo y griego. En Ex 15,2021, en 1 y 2 Par y, sobre todo, en los Salmos, se encuentra suficientemente documentado el sentido y el uso del canto coral por el pueblo hebreo.Para los griegos, la palabra coros al principio designaba la danza, el grupo de danzantes y también el lugar, y más tarde el canto. Los testimonios de Homero y de Hesíodo demuestran una madura práctica coral con motivo de la celebración de una victoria, en las ceremonias religiosas y siempre que el ánimo de las multitudes manifiesta un sentimiento o valor particular; himnos, epitalamios, tronos, encomios, peanes, epinicios, etc., son las expresiones corales de una poesía, en su raíz, religiosa y civil; cantos monódicos y sencillos. De espíritu diverso es el ditirambo, canto orgiástico de febril exaltación en honor de Dioniso, ejecutado por una masa de 50 elementos y constituye la forma musical que más variadamente ha evolucionado en la música griega. La tragedia, principalmente con Esquilo, sigue siendo coral en su acción, así: el parodos (entrada del c.), los episodios, que son diálogos del c. con los actores (amoibai), o diálogos entre sólo actores (kommoi); los stasima son la base de los cantos corales, el núcleo lírico principal, así como el c. es parte fundamental de la tragedia. Son intermedios, a veces antifónicos; el último se denomina exodos o salida. En la comedia tiene particular importancia la parabasis (el c. de 24 coreutas es doble que el de la tragedia), que consta de siete partes; el corifeo es guía del c. Una idea del importante papel que la música ocupaba en la educación de los griegos se obtiene del hecho de que su estudio se prescribía hasta los 30 años. Todo sacrificio y consulta al oráculo, toda fiesta, iban precedidos del canto del c.; y un especial orgullo de la ciudad era poder emplear en tales ocasiones muchos c. independientes. La civilización romana heredó, en parte, la práctica musical griega, pero no el espíritu que la penetraba.El coro en el culto cristiano. El cristianismo, que nace y se propaga en el ambiente judaico, al salir de Palestina entra en contacto con la cultura y civilización grecorromanas. El nuevo culto no puede sustraerse a esta doble influencia de las formas musicales judías y helénicas. De las primeras adopta los recitados litúrgicos y la salmodia responsorial; de las segundas, la forma himnódica. En el s. iv se introduce la práctica del canto antifonal (respuesta a la octava entre dos c.: antifonía). Una de las características sobresalientes del canto cristiano es su coralidad, expresión de la unidad de sentimientos de la comunidad de hermanos, hijos de un mismo Padre. El himno, que en Oriente había dado con S. Efrén sus frutos, llega a su plenitud en el s. VI con Romano, autor del Kontakion, colección de más de mil himnos estróficos. En Occidente, los difunde S. Hilario; en Roma, los papas Celestino y León Magno; y en Milán, S. Ambrosio, autor de excelentes ejemplos (v. AMBROSIANA, MÚSICA).A partir del s. IV, el c. es ya una actividad especializada de cantores, pero será S. Gregorio Magno (s. VI) quien institucionalice todos estos esfuerzos (v. GREGORIANA, MÚSICA), publicando el Antifonario, simplificando y ordenando la modalidad gregoriana y, como complemento necesario, instituyendo la Schola Cantorum, instrumento indispensable para la difusión de este canto monódico, que acaba por imponerse a los llamados mozárabe (v. MOZÁRABES III) y galicano (v.), y que, juntamente con las abadías, es la forja del arte coral gregoriano: espontánea expresión, libre y genialmente genuina, que se especializa y refina artísticamente. Plegaria musical por excelencia al servicio de un texto literario sacro, y tan íntimamente unida a él, que la naturaleza de los acentos tónicos y fraseológicos condicionará intrínsecamente su estructura (v. II; CANTO III).El coro polifónico. "Había llegado el momento en que la monodia eclesiástica o profana alcanzaba el límite extremo de su capacidad expresiva y necesitaba expandirse en términos específicamente musicales" (Salazar). La novedad es la polifonía (v.). Pluralismo y simultaneidad de partes abren una nueva dimensión, que nos permite vislumbrar y delinear el aspecto fónico y organizativo del c. moderno. El paso de la sensibilidad monódica a la polifónica, el punto crucial, está en el organum (s. IX). Diafonía, discanto, fabordón, cánones, motete, etc., sagrados o profanos, aumentan las dificultades técnicas y se pasa a una coralidad concertante, posible para cantores ejercitados, profesionales. En este contexto técnicoprofesional, el c. sigue las vicisitudes y es intérprete protagonista de la producción polifónica, que alcanza su mayoría de edad en el s. XIV, Ars Nova (v.), y que, siguiendo un proceso ascensional, toca la cumbre en el XV, el siglo grande de la polifonía. Ockeghem (v.), uno de los exponentes más auténticos y cualificados de la escuela flamenca, es considerado como el precursor de un moderno espíritu coral. Con él se afianza un nuevo estilo sacro de escritura y ejecución a capella, que es imitado en el resto de Europa y se desarrolla espléndidamente con los polifonistas italianos y españoles; de su magnificencia y vastedad es culmnn y síntesis genial la obra de Palestrina (v.). Un florecer de capillas musicales es el signo de su fecundidad artística: Sixtina, Julia, de las cortes de Francia e Inglaterra. Paralelas a esta coralidad religiosa, florecen las varias formas del canto profano, que alcanzan su perfección en los diversos tipos de madrigal, de los que Marenzio, Gesualdo, Monteverdi (v.) y el mismo Palestrina (v.) nos han dejado experiencias técnicas y medios expresivos de espíritu nuevo.Reforma protestante. Lutero se hace cargo de la enorme importancia de la coralidad popular, como manifestación de los sentimientos religiosos de la comunidad, y, por tanto, de la sencillez que han de poseer estos cantos corales. Confía a la escuela pública el encargo de difundir la nueva coralidad litúrgica. S. Felipe Neri, en el campo católico, da también gran impulso al canto religioso popular con las Laudes spirituales, especialmente compuestas para ser cantadas en las asambleas de los f ¡eles.Del Renacimiento hasta nuestros días. Durante el Renacimiento, el c. adquiere una nueva dimensión merced a la escuela veneciana. Se considera c. todo bloque homogéneo, sea vocal o instrumental; nace así la práctica de coros múltiples, spezzati, un retorno a una cierta antifonía. Introducidos por Willaert, alcanzan gran esplendor con los Gabrielli (v.), Andrea y Giovanni. En el s. xvri, con la intervención del basso continuo (bajo cifrado) y el nacimiento del oratorio y del melodrama, el c. deja de ser el único elemento de interés musical y cede sus posiciones de privilegio a la melodía acompañada, al avanzar triunfante del cantante solista. Estos hechos marcan una nueva era en la evolución de la música coral. El melodrama culmina en el s. XVIII con el triunfo universal de la ópera italiana, al mismo tiempo que en Alemania e Inglaterra el c. mantiene su relevante papel, sobre todo con Bach (v.) y Hándel (v.), en los que la composición coral concentra todos sus recursos espirituales y técnicos. Después de ellos el c. sigue sobreviviendo, pero no se encuentra ya en la vía maestra del movimiento musical, dominada por el bel canto y por la música instrumental. Esto no quiere decir que los grandes compositores no hayan creado obras geniales para c., pero sí que la producción coral hasta nuestros días se puede encuadrar, y de hecho se encuadra, en la dimensión y estructuración que ellos le dieron; con un ámbito mayor, eso sí, de medios y posibilidades. Se llamará sacro o profano, a capella o acompañado, monódico o polifónico, a voces iguales o mixto, de cámara, orfeón, coral, etc. Se aumentarán voces e instrumentos o se introducirán otros diversos; seguirá las vicisitudes de la música teatral, y de la mano de Beethoven penetrará en la sinfonía; así continuará hasta plasmarse en el molde de las formas extrateatrales más usuales: cantata, oratorio, Misa, motete, etc.Las profundas transformaciones del s. XX le afectan, si no en su estructura, sí en la estética de la composición.Se amplía el ámbito vocal de manera increíble, sin que las dificultades de entonación constituyan un problema; se utilizan escrituras y grafías inéditas y se hacen habituales procedimientos impensados [murmullos, susurros, coros hablados (Sprechchor), voces, gritos, cantos, y de un empleo anticonvencional de todo género de material antiguo y moderno], hasta llegar a las elaboraciones electrónicas de los timbres corales (v. STOCKHAUSEIV), y siempre en estrecha unión, en un intento de simbiosis, con producciones literarias_ de más o menos categoría, a las que presta su colaboración evocadora y alusiva, no sólo como correspondencia a las insinuaciones estéticoconceptuales que le ofrecen, sino captando, incluso, la indicaciones formales, estructurales y técnicas que sugieren, y valiéndose de las posibilidades funcionales prosódicofonéticas que poseen.La dimensión organizativa y humana del c. se realiza en innumerables instituciones y agrupaciones. En España, p. ej., el c. de la RTV, el Nacional, los orfeones Catalá, Donostiarra y Pamplonés, son muestras de una vitalidad coral numerosa y entusiasta.MIGULI. ALONSO.
BIBL.: A. ZECCHI, Il coro nella storia, 3 ed. Bolonia 1968; A. DAMERINI, Coro, en Enciclopedia della Música, II, Turín 1966, 129144; R. RAUGEL, Le Chant Choral, París 1958; W. BI.ANKENBOURG, Chor, en Die Musik in Geschichte und Gegenwart, 11, BasileaKassel 1952; CH. KOECHIAN, Musique Chorale, en Encyclopédie Lavignac, parte 2, vol. 6, París 1930; G. Rossi DORIA, Coro, en Enciclopedia Italiana, Roma 1931; A. SALAZAR, La Música, México 1953; O. TIBY, La Musica in Grecia e a Roma, Florencia 1942; F. Bussl, Coro, en Diccionario Enciclopedico Universale della Musica e dei Musicisti, Turín 1983.
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