Coello, Claudio
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Biografía GER
Máxima figura de la última generación pictórica española del s. XVII. Cuarto hijo del broncista portugués Faustino Coello y de Bernarda Fuentes, es bautizado en Madrid el 20 mayo 1642. Inicia su formación en el taller de su padre, dibujando proyectos que éste realiza en bronce. Para perfeccionarse en el oficio entra en el taller de Francisco Rice¡, del que consigue ganar el afecto y probablemente el consejo de un viaje a Italia que realiza entre los 15 y 16 años. El único dato de su estancia en Roma es un dibujo autógrafo que reproduce la casa de Rienzi, conservado en la Col. Albertina, de Viena. A su retorno asimila las composiciones de la pintura italiana y de la flamenca; en el color es especialmente Venecia la que informa sus obras; sin embargo, es Rubens (v.) quien influye en sus afortunados escorzos. Su técnica es cuidadosa, en contraste con la mayoría de sus contemporáneos, en los que el desenfado y la chapuza era lo normal.En 1660 firma su primera obra pictórica conocida: jesús hallado en el templo (Prado), en la cual existe una gran influencia de Sassoferratto. Pero es posible que sea algo anterior La entrada de Cristo en Jerusalén (col. particular), quizá un boceto. En 1664 conoce en Madrid a Valdés Leal (v.) y realiza su Triunfo de S. Agustín (Prado), donde ligeramente se percibe la influencia del sevillano. En esta obra triunfa plenamente lo barroco en la pintura de C.; desde entonces comienza su tema favorito: la figura principal surgiendo entre las nubes y con acompañamiento de ángeles. En la parte inferior del cuadro y a un lado se ven columnas y arquitrabes de un templo clásico, mientras unos dragoncejos culebrean en torno a un torso antiguo. C. ha simbolizado aquí no sólo el triunfo de la Iglesia sobre el paganismo, sino también de lo barroco sobre el clasicismo.En 1666 encontramos a C. pintando el soberbio retablo en la madrileña iglesia de S. Cruz. Este año también realiza la Susana y los viejos (Mus. de Ponce, Puerto Rico) presentándonos un desnudo frontal, el más bello de la pintura del s. XVIt español, puesto que los de Velázquez y Cano se representan de espaldas. Por esta época es cuando logra la amistad de J. Carreño (v.), pintor de cámara; con ello se le abren las puertas de palacio pudiendo estudiar y copiar las obras de los grandes maestros. Dos años más tarde realiza la espléndida Anunciación de las benedictinas de S. Plácido, obra tan meditada que consigue producir una sensación de serena belleza, dentro de una composición totalmente barroca. En esta obra no se sabe dónde empieza la arquitectura y termina la pintura, o viceversa. Este efectismo "trompe 1’oeil" es moda totalmente barroca, usada en estos años en Italia y otros países europeos, que C. introduce en España. En esta apoteosis mariana, C. coloca a los pies de María símbolos y profetas que predijeron el hecho milagroso, y en lo alto la corte celestial presidida por el Padre Eterno, que envía al Espíritu Santo. Los dos retablos laterales de la misma iglesia son también de C.; el de S. Gertrudis es obra característica de su mano, en cambio el de S. Benito y S. Escolástica, recuerda, sobre todo en el lienzo central, al arte de su maestro; sin embargo, sus pequeños lienzos están realizados con técnica abocetada.En 1669 pinta dos Vírgenes con el Niño, rodeadas de santos y virtudes, probablemente realizadas en pareja y hoy en el Mus. del Prado. Son obras de delicioso colorido y clara composición, en las que existe el recuerdo de las "sacre conversazione" italianas. De esta misma fecha son unos Ángeles Niños en Col. privada alemana. Por esta época también realizó el retrato de D. Juan de Alarcón (Col. Valdés, Bilbao), ya que en 1667 fue investido caballero de la Orden de Santiago. Las decoraciones murales que realizaron entre 1671 y 1672, C. y Jiménez Donoso, para Madrid y Toledo, han sufrido desafortunadas restauraciones, que las hacen un tanto vulgares. El retablo de Torreión de Ardoz (1674-76) es un tanto pesado y de tonos fúnebres: ello y otras obras desafortunadas hacen pensar que C. por esta época debió sufrir una crisis artística. En 1681, con La Virgen del Socorro del convento de S. Martín Pinario en Compostela, se abre en la vida artística de C. un decenio fructífero. De esta época es el retablo de Ciempozuelos, que concluye en el año siguiente; otras obras de este momento son El éxtasis de la Magdalena, de la que realiza diversas réplicas (Mus. de Cádiz y Colec. particulares). La deliciosa S. Catalina (1683), que procedente del colegio madrileño del Rosarito, se encuentra en la Col. Wellington, formaba conjunto con el S. Domingo de Guzmán (Prado), siendo el retablo presidido por La Aparición de la Virgen del Rosario a S. Domingo. En este mismo año comienza C. la decoración, por desgracia no al fresco, sino al temple, de la iglesia de la Mantería, en Zaragoza, cuyo estado de conservación es lamentable a causa de la técnica. En ella colaboró Juan Sebastián Muñoz, recién llegado de Italia. De este mismo momento son los S. Benito y Bernardo (Mus. de Zaragoza).Cuando muere F. Ricci regresa a la corte, con el encargo de continuar el gran cuadro, Adoración de la Sagrada Forma, que había comenzado este pintor para la sacristía de El Escorial. En él se debía de representar la adoración por la corte y el pueblo de la hostia de Gorkun, acto celebrado en 1684. Mas en lugar de continuar la labor de su maestro, como era obligado al discípulo predilecto, modifica lo establecido y realiza una composición totalmente distinta, haciendo primero "un borroncillo admirable" (Palomino), que entusiasma al rey, además de algunos estudios de cabezas (Galería Nacional de Praga y Col. particular). Tres años dura la ejecución de esta obra maestra, de 1685 a 1688. En ella, el artista corta un tanto las alas a su fantasía barroca para ceñirse a la realidad del retrato; así, lo religioso es expresado con sencillez y sin la grandilocuencia de otras de sus obras, mientras que la corte del último de los Austria es representada con toda su pompa y crudo realismo. La composición es estrictamente barroca, la característica diagonal da movilidad a seres y cosas, y ahuyenta a la rigidez frontal. Cirios y vanos especialmente distribuidos acentúan el dinamismo con sus golpes luminosos. Este cuadro, eslabón que une la pintura de Velázquez con la de Goya, no es el único exponente de la actividad retratística de C., pues son abundantes los retratos debidos a su mano; así, realizó varios del rey y se conservan algunos masculinos como el de luan de Alarcón (Col. particular) y el del P. Cabanillas (Prado). En algunos de sus cuadros aparecen rostros con calidades de retrato, así el S. Pedro de Alcántara que da la comunión a S. Teresa, conservado en el Mus. Lázaro Galdiano.En el Mus. de Bellas Artes de Budapest se conserva una Sagrada Familia que, por sus vivas tonalidades tornasoladas, se puede considerar de última época. Mas su última gran obra es el gigantesco Martirio de S. Esteban, del retablo mayor de la iglesia de los dominicos de Salamanca, encargado por el P. Matilla, confesor del rey. La apoteosis fue ejecutada con técnica ágil, casi impresionista, lo que causó estupor entre los entendidos madrileños y al mismo Lucas Jordán (v.), su competidor. Se dice que los triunfos de éste aceleraron la muerte de C. ocurrida en Madrid el 20 abr. 1693. Con ella se pone punto final a la gran etapa de la pintura española del S. XVII.V. t.: MADRILEÑA, ESCUELA.L.ROGELIO BUENDÍA. M
BIBL.: 1. A. GAYA NUÑo, Claudio Coello, Madrid 1957; D. ÁNGULO IÑIGUEZ, Claudio Coello, "Archivo Español de Arte", XXI (1958) 339; R. TAYLOR, Un Claudio Coello inédito, ib. XXXVIII (1965) 61-62.
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