Clave MÚSICA
Categoria:
Música
Entre los instrumentos de cuerdas y teclas el c. (francés clavecín, italiano clavicembalo, inglés harpsichord, alemán cembalo) encabeza una gran familia instrumental singularizada por la forma de obtener el sonido. En ella, las cuerdas son pulsadas o heridas por un plectro de pluma o cuero (sautereau), mientras que en el clavicordio (v.) o en el piano (v.) la cuerda es golpeada por medio de una tangente o un martillo, respectivamente.Aun cuando entre los c., al igual que entre los órganos (v.), no hay dos instrumentos exactamente iguales; podríamos describir a un ejemplar típico de su época floreciente de la siguiente forma: una gran caja de resonancia, en forma de ala de pájaro, muy parecida a la del moderno piano de cola; dos teclados, o manuales; una serie de cuerdas metálicas, totalmente fijas, perpendiculares al teclado, y un ingenioso sistema de plectros y martinetes que hieren las cuerdas. El c. dispone de varias cuerdas por cada tecla, y se puede herir a todas a la vez, a algunas, o solamente a una, gracias a una regla móvil agujereada que se desplaza a voluntad del tañedor y anula los plectros deseados. Por ello, el c., como el órgano, puede obtener variadas sonoridades y dar así colorido a sus músicas. Cada serie de cuerdas de sonido diferente dispone de una serie particular de plectros, denominada fuego, al igual que la serie de tubos del órgano que tienen el mismo timbre. El paralelo con el aerófono de tecla no termina aún: ambos tienen como gran desventaja la imposibilidad de operar sobre la intensidad del sonido desde la misma tecla, potestad privativa de los cordófonos percutidos. Para terminar la descripción, hay que resaltar el notable enriquecimiento exterior del instrumento: un pintor discreto, que puede llegar a ser uno de los Brueghel, o Teniers, o el mismísimo Rubens, ha decorado sus nobles maderas, mientras que las teclas de marfil, concha o nácar, y los barrocos ornamentos de su estructura (patas, ángulos, etc.) le convierten en una verdadera joya, tan grata a los ojos como al oído. El c. procede, al parecer, de una variante del salterio medieval, el micanon ("medio caño" en la célebre terminología del Arcipreste de Hita), al que se le hubiese añadido el teclado y el dispositivo automático para herir la cuerda. Pero antes de evolucionar hasta el modelo clásico, conoce variantes notables: la espineta, con su tabla de armonía en forma de ala, pero encerrada generalmente en una caja rectangular y con las cuerdas paralelas al teclado; y el virginal, de caja y tabla armónica rectangulares. Ambos son instrumentos más reducidos, de un solo teclado, que coexisten con el modelo más perfeccionado.La literatura musical del c. es abundantísima, sin posible comparación con ningún otro instrumento antiguo. En sus comienzos, s. XVI, no es música específicamente compuesta para el c., sino para "instrumentos de tecla", como reza la edición que de las obras de Cabezón (v.) hizo su hijo Hernando en 1578, obras que pueden tañerse indistintamente en el arpa y la vihuela. Los primeros en componer música destinada al instrumento de las cuerdas heridas son los virginalistas ingleses: Byrd, Bull, Gibbons, más tarde Purcell. El holandés Sweelinck, Frescobaldi, Froberger, Kuhnau y los primitivos franceses van preparando el clima que estalla esplendorosamente en la obra clavecinística de cinco compositores geniales: Couperin, Rameau, J. S. Bach, Hándel y D. Scarlatti. Con ellos, el c. despliega sus más portentosas facultades. Después comienza la decadencia y la progresiva desaparición del instrumento, que deja paso al pianoforte. Las causas de ello son complejas y apenas podemos esbozar una: evolución de las formas instrumentales (de la suite a la sonata), que supone una transformación de la severidad contrapuntística en busca de la melodía expresiva revestida armónicamente. A pesar del renacimiento actual, el c. sigue siendo un instrumento antiguo, insustituible para recrear las músicas del Renacimiento y el Barroco. Las obras actuales, entre ellas el bello Concierto de Falla, no han podido añadir más gloria a la vieja historia del c.V. t.: ORGANOLOGíA; CLAVICORDIO.A. GALLEGO GALLEGO.
BIBL.: A. PIRRO, Les clavecinistes, París 1925; N. DOFOURCQ, Le clavecin, París 1949.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.