China. Historia Moderna y Contemporánea. HIST.
Categoria:
Historia
Si bien es difícil precisar en qué momento comienza la Edad Moderna de Ch., los historiadores coinciden en afirmar que del mismo modo que la aparición de la burguesía es el rasgo característico de los tiempos modernos en Europa, también en Ch. la nueva era coincide con el momento en que surge esta nueva clase social. Es imposible señalar cuándo ocurre este fenómeno; pero, en líneas generales, puede afirmarse que tiene lugar durante la dominación mongola, es decir, entre los s. xiii y xiv. Los tiempos modernos, desde el punto de vista político, suponen para Ch. un largo periodo de dominación extranjera. Los mongoles primero, los manchúes después, ocupan el poder durante 355 años.1. Dinastía Yuan. Los mongoles (v.) fueron el primer pueblo extranjero que dominó todo el territorio chino. Este éxito se debe, en primer lugar, a que la Liga política mongola representaba, numéricamente, una fuerza más importante que la de los demás conquistadores; pero, además, a que su organización militar y su equipo técnico eran, con mucho, los más modernos de su época.Tras derrotar a los Hia y a los Jutchen (los dos reinos del Norte que compartían con los Song, v., el dominio de Ch.), los mongoles emprendieron la conquista del sur del país. Kubilai, que coronó victoriosamente la empresa en 1279, reconoció bien pronto que los chinos no podían ser tratados del mismo modo que las otras conquistas de sus guerreros. Por esta razón, él y sus sucesores dictaron medidas que tendían a proteger y favorecer a los mongoles. Sobre un conglomerado de razas (mongoles puros, tártaros blancos, tártaros negros, maiman, uigures, chinos del Norte, chinos del Sur, etc.), los mongoles formaban una clase dirigente privilegiada que conservaba su organización militar y ocupaba las guarniciones de todas las grandes ciudades, monopolizando los altos puestos del gobierno. El hecho de que en la escala racial establecida por los mongoles los chinos del Sur ocupasen el último escalón, fue, sin duda, la causa de la caída de la dinastía.Los mongoles, que adoptaron el nombre de dinastía Yuan (v.), establecieron su capital en Pekín (v.), por la proximidad de esta ciudad a la Mongolia. Pekín, que era cabeza de un enorme Imperio y albergaba a un numeroso funcionariado perteneciente a diversas nacionalidades, fue embellecida. Los ricos botines de las guerras que los mongoles sostenían en toda Asia suministraban fondos suficientes para construir palacios de una magnificencia que nunca se había visto en Ch. La mano de obra era campesina; pero los cultivos eran abandonados, y al regresar a sus tierras, los campesinos se encontraban sin recursos, ya que el suelo había pasado a manos de los poderosos. Pekín vio aumentar su población de manera desmesurada; y para su abastecimiento (procedente, en su mayor parte, de las zonas del Sur, especialmente de Nanking y su comarca) fue preciso crear una extensa red de canales que permitiesen el transporte fluvial. Por otra parte, a los terratenientes, que habían conservado su poderío por haberse unido a los nuevos dominadores, se sumaba un millón de mongoles, que ocuparon los más elevados niveles de la aristocracia. Las clases pobres, que hubieron de soportar esta carga, se empobrecieron más. Desde 1204, año en que Gengis Khan (v.) se hizo dueño de toda Mongolia, hasta 1260, los mongoles penetraron en el interior del país, apoyándose en la brillante y moderna estrategia de sus generales, y en ocasiones, también en la colaboración de las monarquías septentrionales, que comprendían la imposibilidad de oponerse a un invasor tan poderoso. Gengis Khan llevó a cabo la destrucción del reino de Si Hia, e inició la conquista del reino Kin, concluida después de su muerte (12 ag. 1227) por su hijo Ogodai. En 1234 empezaron las campañas que conducirían a la caída de los Song. Kubilai fue el primer Emperador mongol que ocupó el trono de Ch., instaurando una nueva dinastía a la que dio el nombre de Yuan (Grandeza). En 1279. la conquista había llegado a su plenitud, comprendiendo Corea, Indochina y Birmania. En este punto, el Imperio mongol alcanzó su máximo esplendor.Los primeros tiempos de la nueva dinastía constituyen uno de los momentos más grandiosos de la historia mundial. Marco Polo (v.), que durante 20 años visitó el Imperio chino y residió en la fastuosa Kanbalik (Pekín), afirmaba que Kubilai, "poseedor de China, soberano teórico del Turquestán y de la Rusia mongola, soberano efectivo del Irán, es el más poderoso dominador de gentes, tierras y tesoros que ha habido desde Adán a nuestros días". Sin embargo, la decadencia de la dinastía, aunque iniciada después de su muerte, debe imputarse a Kubilai. Según la costumbre mongola, el khan era elegido por una asamblea constituida por príncipes, miembros influyentes de la familia reinante y altos dignatarios. Kubilai adoptó la costumbre china de sucesión por orden de primogenitura, lo que provocó el descontento entre todos aquellos que aspiraban al trono. Los sucesores de Kubilai fueron monarcas ineptos, y por doquier estallaron sublevaciones. Ch., sin embargo, se había beneficiado de la dominación mongola. Se reorganizaron y mejoraron las comunicaciones y se establecieron, para las necesidades oficiales, estaciones de postas que contaban para los relevos con 200.000 caballos ligeros. La ganadería se expandió considerablemente. Al país afluían los enormes botines de las numerosas guerras, y visitaban Kanbalik embajadores, comerciantes, estudiantes y curiosos, procedentes de tierras remotas. Europa conoció a Ch. por los relatos estusiastas de Marco Polo, Pian Carpino, Juan de Montecorvino, Odorico de Pordenone y Guillermo de Prato.El gigantesco Imperio, construido sobre nacionalidades tan diversas, se derrumbó rápidamente. En el Sur estallaron diversas revueltas, ya desde los primeros años del s. xiv. Los impuestos empobrecían al país, y el nacionalismo característico de las zonas meridionales de Ch. encontraba justificación en las medidas de discriminación racial a que antes aludimos. Un hombre de origen humilde, de aspecto grotesco, pero honrado y emprendedor, despertó el entusiasmo popular, y en una rápida campaña ocupó Nanking (1356), y años después Pekín. En 1368 quedaba instaurada la dinastía, que adoptó el nombre de Ming (v.).2. Dinastía Ming. Esta dinastía se caracteriza por su tradicionalismo y por su vuelta a las fuentes puramente chinas, encarnadas en los Tang y los Song. Bajo sus primeros reinados, el Imperio fue próspero, la riqueza aumentó y se construyeron muchos edificios, tanto por el Estado como por los particulares. Nunca llegó el comercio marítimo tan lejos como en los primeros decenios del s. xv. Sin embargo, no se alcanzaron realizaciones tan importantes con los Ming como con los Han (v.) o los Tang (v.). El genio chino de esta época fue mucho menos creador culturalmente que el de los periodos anteriores. La reacción contra la dominación extranjera convirtió a los chinos en tradicionalistas y conservadores, cerrando la puerta a toda influencia extraña.El primer monarca Ming gobernó durante 30 años, durante los cuales restableció el orden después de la casi absoluta anarquía de los últimos años de la dinastía Yuan. Renovó los exámenes para el servicio civil, embelleció Nanking, que fue elevada a la categoría de capital, promulgó un nuevo código y eliminó a los elementos disidentes. A su muerte, cuatro años de guerra civil decidieron la sucesión al trono, del que, finalmente, se adueñó Yung Lo, bajo el cual llegó la dinastía a su apogeo. La capital fue trasladada a Pekín; y en cuanto a las relaciones exteriores se siguió una política agresiva, consistente en abrir relaciones comerciales por medio de la violencia. Ch. ocupó Annam, Birmania y Mongolia. A la muerte de Yung Lo, el vigor de la casa reinante declinó, tanto en el interior como en el exterior. Las intrigas palaciegas, promovidas generalmente por los eunucos, no encontraron la resistencia de los débiles monarcas; en las fronteras volvieron a presionar los mongoles, en tanto que en las costas hacían su aparición los piratas japoneses. La vida china, sin embargo, continuó siendo próspera, y se realizaron importantes adelantos culturales. El confucianismo (v. CONFOCIO) volvió a ser distinguido con el apoyo de las clases letradas, debido a la influencia de Chu Hi, el filósofo que ahora se consideraba intérprete ortodoxo del pensamiento del maestro. La imprenta, ya muy extendida, facilitó la producción y la amplia difusión de la literatura: se redactaron enciclopedias, especialmente extractos de libros existentes, y se realizó el gran Corpus de escritos taoístas. Empero, todas estas obras, realizadas con rapidez, pecan de falta de originalidad creadora. Las necesidades del comercio exigieron mayor productividad de obras artísticas, en detrimento de la calidad. Sólo en el campo de la cerámica, la dinastía Ming produjo algunas obras muy bellas.En el s. xvi Ch. entró en contacto con el mundo europeo. Las exploraciones portuguesas a lo largo de las costas de África culminaron en el establecimiento de factorías en la India y Malaca. Desde aquí se acercaron a Ch., a donde llegaron en 1514. Los españoles, por su parte, conquistaron el archipiélago filipino en 1565, y pocos años después los primeros misioneros occidentales penetraban en el territorio del Celeste Imperio. A través de estos contactos llegaron aportaciones que, más tarde, tendrían efectos profundos sobre Ch. La plata procedente de Nueva España, que entraba en el país por medio del comercio entre chinos y españoles, incrementó la tendencia a una economía monetaria que fue la característica de la dinastía Ming. Se introdujeron diversos productos de América, entre ellos el tabaco y el maíz.Desde los primeros años del s. xvil, los peligros que tanto en el interior como en el exterior amenazaban a Ch . se agravaron. Las ya difíciles relaciones con los manchúes empeoraron, y éstos empezaron a atacar las ciudades chinas. En 1616, su jefe Nurhatchi obtuvo un señalado éxito contra las tropas imperiales e instauró una nueva dinastía, que recibió el nombre de Ching. Dueños de gran parte de Manchuria, se dedicaron a consolidar sus dominios, y en los años sucesivos presionaron sobre las fronteras. Al caer Pekín en manos de una horda de bandoleros, los manchúes acudieron en su defensa llamados por los chinos; en 1644, los aliados se habían convertido en dominadores.3. Dinastía Manchú. China frente a Occidente. La historia de la dinastía Manchú (v.) reproduce el ciclo de todas las dinastías anteriores. Tras un primer periodo de grandeza, la política interna y externa de sus gobernantes condujo al país a una caótica situación. Incluso antes de haber eliminado a los Ming, los manchúes estaban impregnados de cultura china. Una vez en el poder, si bien se apartaron de los chinos, y mantuvieron algunas de sus costumbres hasta el fin de la dinastía, conservaron las leyes e instituciones Ming y asimilaron a las tareas administrativas y de gobierno a numerosos chinos.El primer gran monarca de la dinastía fue Kang Hi, contemporáneo de reyes occidentales tan destacados como Luis XIV y Pedro el Grande. En los primeros tiempos de su reinado, se dedicó a eliminar o debilitar los últimos focos de resistencia que los partidarios de los Ming sostenían en el Oeste (Wu San-kuei) y Sudeste (Koxinga). La fragmentación del país, la pobreza a que había conducido la mala administración de los últimos Emperadores de la dinastía anterior y la evidente necesidad de apoyarse en la fuerza dominante, los manchúes, si se quería reconstruir el país, apagó poco a poco todo rastro de nacionalismo, excepto en el seno de algunas sociedades secretas. Al prometerles conservar sus posesiones, los manchúes se habían ganado a la nobleza rural; y como, por otra parte, Kang Hi mostró desde muy pronto gran afición a la cultura china, los miembros de las academias, que en los primeros tiempos de la conquista habían sido duramente perseguidos, retornaron a Pekín. Kang Hi concedió altos empleos oficiales a los descendientes de la dinastía derrotada, e incluso ofreció sacrificios sobre las tumbas de los emperadores Ming. Era un viajero infatigable y albergaba un profundo respeto por el estudio. Por sus extensos conocimientos sobre la literatura china y por haber reorganizado los exámenes oficiales, se ganó la simpatía de los intelectuales.Su reinado había de tener tristes consecuencias para Occidente. Divergencias acerca del método que se debía seguir en la evangelización de Ch., de la traducción del vocablo Dios, del culto a los antepasados (y especialmente a Confucio), separaban a los jesuitas, de una parte, y a los dominicos, franciscanos, y agustinos, de otra. La disputa de los ritos (v. CHINOS, RITOS) se había iniciado con los PP. Rice¡ y Longobardi. En 1628, este último se negó a vestir a la usanza china, tal como lo había hecho Rice¡. Al plantearse el problema de si los chinos conversos que obtenían el rango de letrados podían o no rendir homenaje a Confucio (así lo disponían las leyes chinas), la cuestión escindió profundamente a los misioneros. Los PP. Martini, jesuita, y Morales, dominico, fueron a Roma para exponer sus puntos de vista al Papa. El Decr. del Santo Oficio de 23 mar. 1656 aprobaba el uso de los jesuitas y disponía que las ceremonias en honor a los antepasados podían ser toleradas. A partir de 1665, el problema se agravó, y Tournon fue enviado a Ch. como legado pontificio. En 1706, Kang Hi promulgó un decreto imperial que ordenaba a los misioneros presentarse en Pekín para aceptar públicamente los ritos chinos. Tournon amenazó con la pena de excomunión a los que se sometiesen, y fue expulsado. Finalmente, en 1717, el Emperador ordenaba la destrucción de todas las iglesias y la persecución de los misioneros (v. vii).En cuanto a política exterior, el reinado de Kang Hi es de expansión. de se limitó a defender sus fronteras, sino que conquistó gran parte del Sinkiang actual y colocó guarniciones en los caminos que enlazaban con Tibet. Esta evolución favorable se continuó a lo largo de la primera mitad del s. xvtn. Después se iniciaba la decadencia, lentamente al principio, y vertiginosa más tarde. Se han señalado como causas de la ruina del país las costosas campañas militares de Kien Long, el nieto de Kang Hi; así como el lujo de la corte. Pero un país tan rico como la Ch. del s. xvin tenía recursos suficientes para afrontar tales dispendios. Las largas guerras de conquista llevadas a cabo por Kien Long no tuvieron otro motivo que la seguridad del Imperio. En primer lugar, derrotó a los mongoles orientales, eliminando así la amenaza que suponían para Manchuria; seguidamente, atacó a los mongoles occidentales, cuyo crecimiento era un peligro para Ch.; conquistó el Turquestán y el Ili, y desde aquí se dirigió al Tibet, cuyo dominio garantizaba la posesión de los territorios citados. Al propio tiempo, estas conquistas creaban una barrera infranqueable que protegía a Ch.: un agresor no hubiera podido cruzar estas inmensas zonas solitarias y estériles. Kien Long, además, adivinó las intenciones de Rusia e Inglaterra de dividirse Asia, y comprendió que a Ch. le convenía reservarse previamente una buena parte del continente.Si se quisiera fijar una fecha para señalar el momento inicial de la decadencia, se podría escoger el a. 1774, durante el cual estalló una sublevación en el Chan-tong; al año siguiente, la Soc. del Loto Blanco fomentaba otra revuelta en el Honan. Estos primeros estallidos populares contra la opresión de las clases dirigentes hicieron renacer el nacionalismo. Los gastos ocasionados al Gobierno por estas guerras civiles fueron cuantiosos. Al retirarse los rebeldes hacia el nordeste, se emprendió una gran campaña militar contra ellos: los más violentos combates se libraron entre 1793 y 1802. Aunque las sublevaciones fueron dominadas, Ch. ya no volvió a conocer días de paz dentro de sus fronteras. Con el reinado del emperador Tao Kuang (1821-50) se inicia un nuevo e importante periodo en la historia de Ch., cuya nota más característica es la intervención de las potencias extranjeras en la política del país, y la penetración de la cultura occidental en todas sus formas.La guerra del Opio (v.) abrió a Inglaterra los cinco puertos llamados de Tratado, le dio la posesión de la isla de Hong Kong y extendió las ventajas a otras potencias. Ch. había mostrado su debilidad, que no tardó en ser aprovechada por Francia e Inglaterra. En la guerra del junco (1857), el Palacio imperial de Pekín fue incendiado, 3, Ch. hubo de hacer nuevas y dolorosas concesiones. Al mismo tiempo, el Gobierno mantenía una guerra civil contra la parte meridional del país, sublevada por la secta Tai Ping, que mantenía un curioso sincretismo religioso fuertemente impregnado de cristianismo. Las potencias occidentales, empero, ayudaron a la corte a aplastar la sublevación, porque las ventajas que esperaban obtener de una monarquía debilitada e impopular eran mayores que las concesiones hechas por un partido revolucionario que contaba con el incondicional apoyo del país. Una vez más, el egoísmo e incomprensión de los europeos cerraba las puertas de Ch. se cristianismo. La historia de los últimos 50 años de la dinastía Manchú es la de los conflictos interiores y exteriores a los que había de hacer frente un Gobierno incompetente y aferrada a los viejos moldes culturales y administrativos. Entre 1855 y 1873 estallaron cinco sublevaciones de las minorías musulmanas; la represión fue muy cruel, y sólo en la provincia de Kansu las víctimas sobrepasaron los 14 millones.En los años siguientes, Ch. se encontró presionada en todas sus fronteras. En 1876, Japón penetró en Corea y en 1895 se apoderó de Formosa (v. CHINO-JAPONESA, GUERRA); Inglaterra, dueña ya de la India y Birmania, adquirió nuevos privilegios por la convención de Chefu (1876); en 1863 y 1883, Francia se apoderó de Indochina oriental; Rusia, a su vez, era una permanente amenaza en la frontera septentrional (Manchuria) y occidental (Turquestán). La necesidad de reformas era evidente, y así lo exigían Kang Yuwei y un equipo de colaboradores; pero la emperatriz Tsu Hi supo aniquilar a los innovadores, fomentando nuevamente la xenofobia del pueblo, ya exacerbada por la creciente influencia de un movimiento que en los últimos años del siglo tenía considerable fuerza en el nordeste del país: los boxers (v. BOXERS, GUERRA DE LOS). Cuando este grupo, alentado por la emperatriz, atacó las legaciones extranjeras de Pekín, las potencias se vieron en la necesidad de intervenir con toda dureza, aplicando a Ch. una sanción económica que imposibilitaba el desarrollo del país. Tsu Hi, por fin, accedió a las reformas, que no contentaron a los revolucionarios, cada vez más numerosos. En 1911 estallaba la revolución (10 de octubre) y en los primeros meses de 1912 la dinastía abdicaba.4. La República. El 16 dic. 1912, los delegados provinciales, reunidos en Nanking, votaban la Constitución provisional, y el 30 de diciembre era elegido presidente de la República el Dr. Sun Yat-sen (v.). Yuan Che-kai, alejado del Gobierno manchú por sus ideas reformadoras, fue llamado por la corte para hacer frente a la situación; pero pactó con los revolucionarios. Sun Yat-sen dimitió inmediatamente sus funciones de presidente provisional, y el 1 de marzo, por unanimidad, la Asamblea Nacional elegía a Yuan Che-kai presidente de la República, y a Li Yuan-hong vicepresidente.El país se encontraba ante un nuevo destino. Durante la segunda mitad del s. xix, Ch. había caído en un régimen semicolonial, y eran numerosas las voces que se alzaban pidiendo una reforma. La ineptitud de la emperatriz y su Gobierno impidió la puesta en marcha de la evolución propugnada por Sun Yat-sen: aceptar el desarrollo técnico de Occidente, conservando intactas las más puras esencias chinas. El país, en 1911, estaba sin recursos y, lo que era más grave, sin una personalidad política capaz de galvanizarlo. El propio Sun Yat-sen, recto y bien intencionado, carecía de dotes para el mando; y al no ser militar no podía controlar el Ejército. Durante los 10 primeros años de la República, Ch. corrió el peligro de desaparecer como nación, al perder, en un fraccionamiento estéril, la raíz de su pasada grandeza: la unidad. Desde su reducto de Cantón, la generosa voz de Sun Yat-sen se alzó contra esta desunión..El logro más importante de la República, ya en germen en los primeros brotes revolucionarios de 1911, fue la supresión del sistema de exámenes confucianistas y la reforma de la enseñanza. El movimiento del 4 mayo 1919 consiguió la modernización del lenguaje: el idioma escrito y el hablado serían desde entonces el mismo, desterrándose para siempre la arcaica e impenetrable forma de escribir de los letrados. La emancipación de la mujer y, sobre todo, la prohibición de vendarles los pies fueron hábiles medidas sociales. En el terreno político deben destacarse la adopción del sistema parlamentario y la modernización de la Administración.Por desgracia, la unión sólo era aparente. Los republicanos manifestaron muy pronto serias inquietudes ante la política personal del presidente Yuan, que no tardó, a pesar de la oposición de Kuomin-tang (v.), partido nacionalista, en ejercer una verdadera dictadura. El 6 de octubre se hizo nombrar presidente perpetuo; el 12 en. 1914 disolvía el Parlamento, y el 13 dic. 1915 tomaba el título de Emperador. Inmediatamente estallaron revoluciones en varias provincias, y cuando el general enviado por el Emperador se disponía a pactar con los rebeldes, se produjo un hecho inesperado: Yuan Che-kai moría el 6 jun. 1916. Al día siguiente era nombrado presidente Li Yuan-hong. A partir de este momento, la República vivió unos años caracterizados por la rápida sucesión de los Gobiernos: Li Yuan-hong dimitió el 12 jul. 1917, y le sucedió Fon Kuo-tchang, bajo cuyo breve mandato (m. el 4 sept. 1917), Ch. entró en la 1 Guerra mundial junto al bando aliado. Seguidamente, ocupó la presidencia Siu Cheu-tchang, hombre de vasta cultura, que hubo de hacer frente a una difícil situación interior y exterior: en Cantón, Sun Yat-sen había agrupado a los miembros del antiguo Parlamento disuelto por Yuan Che-kai, y formaba un Gobierno independiente del central. El resto del país se encontraba fragmentado, y las provincias obedecían la autoridad de gobernadores militares, que poseían un ejército propio y llegaban a acuñar moneda. Estos cabecillas (tu kiun, o señores de la guerra) eran el obstáculo principal con que tropezaba todo el que quisiera reconstruir Ch. En 1922, uno de estos tu kiun, Wu Pei-fu, entró en Pekín y exigió que el presidente de la República fuese reemplazado por el ya anciano Li Yuan-hong. La desorganización fue en aumento, y en 1926 sólo subsistía en Pekín una sombra de Gobierno nacional, con la presidencia vacante.En estas circunstancias, el Gobierno revolucionario de Cantón, que no había sido reconocido por las potencias y contaba sólo con el apoyo de Rusia, nombró generalísimo del Ejército a Chiang Kai-chek (v.). En una brillante campaña se adueñó del país, que, cansado de la desorganización, estaba dispuesto a aceptar cualquier caudillaje. El éxito, que se había iniciado con la colaboración de los comunistas, mostró bien pronto la imposibilidad de una coalición. Los nacionalistas se encargaron de desprestigiar a los comunistas, y a fines de 1927 la opinión pública les era abrumadoramente adversa. Algunas revueltas en las grandes ciudades (especialmente en Shanghai y en Cantón, donde llegaron a establecer una comuna) facilitaron la represión sangrienta de los nacionalistas.En 1928, los ejércitos de Chiang Kai-chek pudieron proseguir su avance hacia el norte, donde se les enfrentó Chang Tso-lin, un señor de la guerra que gobernaba en Manchuria con innegables aptitudes militares. Su muerte, provocada por los japoneses, contribuyó en gran medida a la unificación del país, aunque todavía algunos señores locales oponían resistencia, y en el sur los comunistas se reagrupaban y aparecía Mao Tse-tung (v.) como caudillo popular.5. El Gobierno nacionalista frente al Japón. La labor de reconstrucción emprendida por los nacionalistas fue obstaculizada por la penetración japonesa. La primera acción dramática tuvo lugar en Manchuria, en septiembre de 1931. Desde que había reemplazado a los rusos en Manchuria meridional en 1905, el Japón estuvo explotando los ricos recursos de esa región de minas de carbón y establecimientos siderúrgicos. En la noche del 18 al 19 de septiembre los japoneses se adueñaron de Mukden y, pocas semanas después, controlaban los principales centros estratégicos. A principios de 1932 creaban el Estado de Manchukuo, a cuyo frente fue puesto Pu Yi, el último Emperador manchú.Ch. apeló a la Sociedad de Naciones, que designó una comisión para estudiar la situación; pero su informe no satisfizo ni a los chinos ni a los japoneses. En 1933, la Asamblea de la Liga condenó a Japón, que abandonó el organismo, quedando así en disposición de proseguir sus agresiones fuera del control internacional. En 1933, los ejércitos japoneses ocupaban Mongolia interior y las provincias nordorientales de la propia Ch. En 1936, se concertó una tregua entre los nacionalistas y los comunistas, como una fase de la guerra de resistencia contra el invasor. La agitación popular aumentó, en tanto que Japón se sentía alarmado por la depresión mundial del decenio de 1930. Al hacerse cargo del poder el ala extremista, se decidió expulsar a los occidentales del Extremo Oriente y mantener esa vasta área como zona de explotación reservada a los japoneses. En julio de 1937, la crisis se agravó a causa de un choque entre las fuerzas japonesas acantonadas en Pekín y tropas chinas. Japón inició la invasión de Ch. con un despliegue de hombres y material, al que la coalición entre nacionalistas y comunistas, desgastada por largos años de lucha, no pudo hacer frente. A fines de 1937, habían ocupado Nanking, cuya dominación fue marcada por la matanza de civiles y prisioneros que estremeció al mundo. Ch., apoyada por los Estados Unidos e Inglaterra, emprendió una valerosa y difícil guerra de resistencia. La retirada de tropas japonesas, requerida por el arrollador avance norteamericano en el Pacífico, ayudó a la liberación del territorio chino.6. La guerra civil. Acabada la Guerra mundial, y cuando Ch. pensaba de nuevo en la reconstrucción nacional, surgió de nuevo el fantasma de la guerra civil. El Gobierno estaba agotado por el esfuerzo de la resistencia, y carecía de personal administrativo experimentado y honrado. En las comarcas liberadas aparecieron fricciones debilitadoras entre los funcionarios que procedían de Chunking (sede del Gobierno durante la guerra) y los chinos que vivieron en ellas durante la ocupación, ahora acusados de colaborar con el enemigo. La falta de democracia y la enérgica represión de los disidentes aumentaron el descontento. Los esfuerzos de los norteamericanos por crear un Gobierno de coalición fracasaron, y estalló nuevamente la guerra civil. El ejército de Chiang Kai-chek estaba dotado de un armamento moderno y eficaz, que perdió su utilidad por la falta de moral combativa en oficiales y soldados. En octubre de 1949, los comunistas proclamaban en Pekín la República Popular, y los nacionalistas se refugiaban en Formosa (v.)..7. China bajo el Gobierno comunista. Los sucesos más importantes acaecidos en Ch. comunista han sido los siguientes: en 1950, la firma del tratado de amistad con la Unión Soviética y la aprobación del proyecto de reforma agraria. Entre 1953 y 1957 se desarrolla el primer plan quinquenal, que concedía a la industria pesada prioridad sobre las industrias de consumo; el segundo plan quinquenal ocupa el periodo 1958-62. Consecuencia de ambos planes ha sido el aumento de la productividad, mientras que el consumo ha descendido a uno de los niveles más bajos de la historia del país.En 1969 se reunió el IX Congreso del Partido Comunista chino, en el que se pusieron de manifiesto dos tendencias: una encabezada por Mao y otra dirigida por Liu-Chao-si, presidente de la República y vicepresidente del Partido. Para romper el equilibrio, Mao, con el apoyo de Lin Piao, recurre a las masas y saca la "revolución" a la calle. La guardia roja depura a la jerarquía del Partido y a la burocracia del Estado. Sólo el Ejército queda incólume. La "Revolución cultural" inaugura una "revolución permanente" que debía acabar con el "hombre viejo" presente en cada chino y dar vida en él al "revolucionario puro", según un documento de 16 puntos emanado de la primera reunión del IX Congreso. El Ejército de Lin Piao sería el autor de ese proceso. La primera reunión del IX Congreso consagró, pues, la posición privilegiada del Ejército, y el mariscal Lin Piao fue nombrado sucesor de Mao, vicepresidente del Partido, viceprimer ministro y ministro de Defensa. Pero en la segunda reunión del IX Congreso (sept. 1970) el prestigio de Lin Piao se deteriora. En contra de sus pretensiones, el Congreso decidió reorganizar el Partido y delimitar la función de los Comités revolucionarios (nacidos durante la Revolución cultural para suplir a una Administración debilitada por las depuraciones). Rechazada su línea política, el mariscal Lin Piao parece que comenzó a preparar un golpe de Estado, a la vez que trataba de convocar una tercera reunión del IX Congreso o de su Comité Central con la esperanza de fortalecer su precaria situación. El Comité Central, efectivamente, se reúne a comienzos de septiembre de 1971, y Lin Piao, fracasado, huye hacia Rusia cuando su avión se estrelló (¿derribado?) el 12 sept. 1971 en Manchuria exterior. Tras su muerte, una "campaña de explicación" justifica la depuración de algunos elementos (Chen Po-ta, Kang Sheng). Al mismo tiempo, han continuado la represión de toda clase de libertades, la ruptura con la tradición china y la persecución a toda religión.Mao m. en Pekín el 9 sept. 1976 y le sucede en la Presidencia del Partido Hua Kuo-feng, que también es Primer Ministro. La política exterior es de buenas relaciones con el bloque comunista hasta 1962, año en el que la URSS y Ch. comienzan una campaña de mutuas acusaciones. Entonces, Ch. queda casi aislada; aunque en octubre 1971 ingresa en la ONU. La guerra de Corea, la anexión del Tibet (v.), los conflictos fronterizos con la India, URSS y, en 1979 con Vietnam y la tensión bélica en el estrecho de Taiwan, ha sido lo más destacado del Gobierno Chino en la política internacional. En 1979, Ch. rompe con la URSS el tratado de cooperación mutua.C. L. DE LA VEGA Y DE LUQUE.
BIBL.: VLADIMIRTSOF, Le Régime social des Mongols, París 1948; A. T’SERSTEVENS, Los precursores de Marco Polo, Barcelona 1965; G. F. HUDSON, Europe and China; a survey of their relations from the earliest times to 1800, Londres 1931; CHANG TIEN-TSE, SinoPortuguese Trade from 1514 to 1644, Leiden 1933; C. CARYELWEs, La Chine et la Croix, París 1959. HSIE PAO-CHAO, The Government of China, 1644-1911, Baltimore 1925; H. MCALEAVY, The Modern History of China. Nueva York 1967; E. R. HUGHES, The Invasion of China by the Western World, Nueva York 1938; W. 1 HAIL, Tseng Kuo-fan and the Tai Ping Rebellion, New Haven 1927; CH. HALDANE, La última gran emperatriz de China, Barcelona 1970; H. F. MACNAIR, China in Revolution, Chicago 1931; G. DUBARBIER, Histoire de la Chine Moderne, París 1949; C. BRANDT, B, SCHWARTZ j. 1. FAIRBANK, Historia de la China Comunista, Barcelona 1957; 1. GuILLERMAZ, La Chine Populaire, París 1959; E. SNOw, La China contemporánea. El otro lado del río, México 1966; A. HERRMANN, An Historical Atlas of China, Edimburgo 1966.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.