China. Historia Antigua y Medieval. HIST.
Categoria:
Historia
Comienzos de la historia. Según la historiografía china, en una época que coincide con el final del Paleolítico (2700? a. C.), aparece el primer Emperador, Huang Ti. Durante su reinado, el pueblo ya usaba una forma primitiva de escritura, conocía un sistema de numeración y poseía gran variedad de artículos de uso diario, tales como vestidos, vasijas y dinero. Según parece, no les-era extraña la cría del gusano de seda y el arte de devanar los capullos. El reinado de Huang Ti y de sus sucesores es denominado Edad de las Cinco Reglas. En este tiempo se estableció el calendario y se delimitaron las relaciones individuales, que tanta influencia habrían de tener en el pensamiento de Confucio (v.). La economía era agrícola y ganadera. Una inundación del río Amarillo hundió al país en la pobreza durante casi 100 años, hasta que fue controlada por Yu el Grande, que fundó la dinastía Hsin (2205?-1766? a. C.), durante la cual el reino fue dividido en nueve distritos administrativos y las fronteras territoriales de Ch. se definieron poco a poco.Ch. entra en la historia con la dinastía Shang (17661122 a. C., si bien las fechas han de considerarse con reservas), en cuyo reinado el país alcanza un elevado grado de desarrollo en la agricultura y en la utilización del bronce, mientras que el régimen político dominante es el feudalismo. La escritura de este periodo reúne todos los rasgos esenciales del lenguaje escrito actual. Sin embargo, aún se desconoce el origen de esta escritura, a la que se ha intentado buscar conexión con el oeste de Asia. La teoría que supone un origen independiente se ve reforzada por el hecho de no encontrar paralelo posible a un determinado número de ideogramas chinos. Ya dentro del periodo Shang, algunos de los signos de la escritura china aparecen lo suficientemente estilizados como para poder suponerles un larguísimo pasado. En un principio, la dirección de los renglones no estaba fijada, pero generalmente corrían verticalmente, tal como se ha hecho hasta nuestros días.En cuanto al lenguaje hablado, nuestra información es mucho menor, y lo único que conocemos con cierta seguridad es la existencia de numerosos dialectos. La estructura social y administrativa muestra cierta complejidad: a la cabeza figuraba el rey, con quien se asociaban una o varias reinas, ya que la institución del matrimonio polígamo es antigua en Ch. El rey dirigía la guerra, la caza y los sacrificios especiales; esto último le dio cierto carácter sacerdotal. Cuando tenía alguna duda, consultaba a sus antepasados. El derecho de sucesión pasaba del hermano mayor al menor, y de éste a los hijos del primogénito. El gobierno de la ciudad estaba bien atendido, y se conocen los títulos de numerosos funcionarios, cuyos deberes se relacionaban con el cobro y contabilidad de tributos, la construcción de edificios públicos y defensas, y el cuidado de los trabajos de riego. Los sacerdotes constituían una importante asociación, presidían todas las ceremonias y hacían sacrificios.La dinastía Chu y el esplendor de la Filosofía. En fecha no bien determinada (¿1122?), los Shang fueron vencidos por los chu (v.), pueblo chino menos civilizado que vivía al oeste. La nueva dinastía fue la de mayor duración de la historia de Ch. (1122-221 a. C.), y en ella se pueden distinguir dos periodos: de los chu occidentales (1122-771), con su capital en las proximidades de la actual ciudad de Sian (provincia de Shensi); y de los chu orientales (771-221), con capital en Lo Yi, hoy Loyang (provincia de Honan). A su vez, pueden distinguirse igualmente dos periodos en los chu orientales: Edad de la Primavera y Otoño (hasta el 481 a. C., aprox.), y Edad de los Reinos Combatientes (desde mediados del s. v hasta el 221 a. C.). Los chu basaban su fuerza en el feudalismo y en el sistema hereditario llamado tsung fa, que consistía en la transmisión hereditaria principal al hijo mayor de la esposa de más alto rango o estirpe, en tanto que a los demás hijos se les daban feudos subordinados. Mediante este sistema, los descendientes reales extendieron su influencia a los más lejanos rincones del país.La dinastía Chu abarca una época de elevada civilización, en la que los escritores y pensadores son tenidos en gran estima. En los s. vi-iv a. C., florecen los más destacados filósofos de la historia china: Lao-tse (v.), cuya escuela mantendrá a lo largo de los siglos una actitud de oposición directa al confucianismo. El taoísmo (v.), que surge como filosofía nihilista de la vida, deriva con el tiempo hacia una magia de tipo popular, que le priva del apoyo de las clases cultas. En el s. iv a. C., un pensador genial y brillante escritor, Chuangtse, lo eleva momentáneamente al rango de filosofía (v. vIn). Mo Tse, representante de la baja nobleza, encarna el ideal del altruismo y también el de la más absoluta legalidad. Su escuela preconiza la supresión del homicidio y de la venganza privada, mediante la institución de una justicia pública y de un poder autocrático apoyado en la clase social pobre y cercana al campesinado, al -que Mo Tse pertencía.Con luz propia brilla Confucio (Kung Fu-tzu), cuya huella en la historia del pensamiento chino es imperecedera. N. en el 551 a. C., desde sus primeros años se dedica al estudio de la Antigüedad; no es un pensador original, sino un transmisor e intérprete del pasado, en algunos de cuyos monarcas, hoy considerados míticos, ve modelos para los corrompidos príncipes de su época. Considera que las ceremonias tradicionales constituyen el medio mejor para promover buenas cualidades morales en gobernantes y gobernados. La sociedad ideal debe lograrse, no por la fuerza, sino por el ejemplo de los monarcas y de las clases superiores. _Pone por encima de todo el cultivo de un status elevado de los sabios y recalca la importancia de la familia. Es agnóstico, pero tiene confianza en un poder rector dirigido hacia el orden y la justicia; cumple con las observancias religiosas tradicionales como si los espíritus estuvieran presentes, pero rehúsa hablar de la inmortalidad.Bajo los chu orientales hay una marcada decadencia de la autoridad real, pasando progresivamente el poder político a manos de los señores feudales. Las antiguas instituciones van desapareciendo y el orden social se desintegra. Esta descomposición se acentúa en el periodo de los Reinos Combatientes, durante el cual perduran sólo siete Estados, que llegan a ignorar la autoridad de la casa de Chu. Los s. vi-in a. C. aparecen perturbados por incesantes guerras y por un equilibrio difícilmente mantenido por la sombra de un poder más teórico que real.Los primeros Imperios. En el 221 a. C., el Estado de Tsin (v.), dotado de armamento y estrategia superiores a los de sus rivales, extinguió la vacilante vida de los Chu y unificó el país. El gran creador de la dinastía Tsin, Shin Huang Ti (221-210 a. C.), es uno de los monarcas más sorprendentes de la historia universal. Extraordinario guerrero y hábil político, estableció un sistema de gobierno que ha durado hasta el s. xx; organizó el país; creó una red de carreteras de 50 pasos de anchura; unificó las costumbres, las leyes, los pesos y las medidas; redujo a uno solo los diferentes tipos de escritura, para lo cual quemó gran parte de la literatura antigua; levantó la Gran Muralla para contener a los bárbaros del norte y conquistó varias regiones al sur de ella. Su Imperio fue de corta existencia, no logrando sobrevivir al tercer año del reinado de su hijo; pero la gran obra de Huang Ti fue dar conciencia de unidad a los pueblos establecidos en el interior de la Gran Muralla; esta conciencia no desaparecerá ni siquiera en los momentos más difíciles de la historia de Ch., aquellos en los que peligre su propia existencia como país.En el 202 a. C., Liu Pang instaura la dinastía Han (v.), edad gloriosa cuyo poder político y militar impresionó tanto al mundo entero que, desde entonces, los chinos serán llamados "hijos de Han", e incluso la ciencia denominada en Occidente Sinología es conocida en Ch. con el término "han xue" o estudio de Han. La nueva dinastía, que inicia el periodo medieval de Ch., presenta dos etapas: Han occidentales (202 a. C.-9 d. C.), con capital en Chan An; y Han orientales (25 d. C.-221 d. C.), con capital en Loyang. Desde el 8 d. C. hasta el 25 ocupa el poder el usurpador Wang Mang. La dinastía tiene su apogeo durante el reinado de Wu-Ti (140-87 a. C.), que fomenta en gran manera el desarrollo y la cultura del país. Este Emperador inicia la expansión de Ch., conquistando el Sinkiang tras derrotar a los hunos; se establecen relaciones comerciales indirectas con el Imperio romano; los mercaderes persas son los intermediarios de estas relaciones. Las rutas comerciales que se extienden desde Chang An, a través del río Amarillo, Sinkiang, Afganistán, Irán y Asia Menor, hasta Europa son llamadas por los occidentales camino de la seda. En fecha no bien determinada del primer siglo de la Era cristiana, penetra en Ch. el budismo (v. BUDA), que pronto alcanza gran difusión.La lucha por la unidad. Como en tantas ocasiones, la corrupción política y el caos social debilitan a la dinastía; después de sangrientas luchas, prevalecen los tres reinos más poderosos: Wei (v.), Shu y Wu, que se combaten entre sí, para acabar siendo derrotados por la dinastía Tsin (265-420; v.). La guerra constante con los bárbaros determina el traslado de la capital desde Loyand hasta Nanking (v.), con lo cual el valle del río Amarillo queda temporalmente en poder de las hordas bárbaras, que fundan hasta 16 reinos diferentes.A los Tsin les suceden las dinastías del Norte: Wei N, Chi N, Wei O, y Chu N, y del Sur: Sung, Chi, Liang (v.) y Cheng, que dominan del 420 al 589. En este último año Yang Chien unifica de nuevo el país y funda la dinastía Suei (589-618; v.), que a pesar de su corta duración aporta nuevas instituciones políticas y emprende la construcción en gran escala de proyectos, entre los que destacan el Gran Canal, que une los ríos Amarillo, Huai y Yang-tse. Los Suei llevan a cabo, igualmente, magnas expediciones militares a los lugares más distantes.La dinastía Tang. En el 618 sube al poder la dinastía Tang (v.), que reina hasta el 906. Su segundo Emperador, T’ai-Tsung (627-649), es un héroe nacional. Su gobierno era instruido y capacitado, el ejército poderoso y el nivel de vida próspero. La grandeza de su reinado se mantiene durante un siglo, hasta que en el 755 una revuelta promovida por jefes militares locales abre un periodo de luchas internas que minan el poder de los Tang. Esta dinastía prosigue y aumenta muchas de las medidas políticas iniciadas en el breve periodo Suei. Los emperadores Tang mantienen la capital de Chang An, que había sido corte de la dinastía anterior y que ahora se convierte en la ciudad más grande de la época, con una población de más de dos millones de hab. Numerosos mercaderes, procedentes de Asia central y occidental, contribuían a su carácter cosmopolita.Lo que da verdadera grandeza a la dinastía Tang es su decidida protección a la cultura, se puede hablar de un auténtico siglo de oro de la civilización china, en el que florecen la literatura, el arte y la libertad de enseñanza y de creencias. En el campo literario (v. ix), la poesía ocupa un lugar destacado. No sólo se escribía en los círculos cortesanos; también los pintores, los monjes y los soldados han dejado un rico caudal poético. Las artes literarias de los Tang y la gran demanda de ejemplares de obras de la época dieron lugar a una invención de importancia universal: la plancha de imprimir, que ya había alcanzado difusión a finales del s. vii.La escultura (v. x) alcanza cimas insuperables en algunos ejemplares producidos a principios del s. VII; después decae poco a poco, a medida que declina el espíritu religioso y pierde su poder de inspiración. A juzgar por ciertos ejemplares y por las palabras de los críticos chinos posteriores, también en la pintura ocupa la dinastía Tang un elevado lugar, sobre todo en la de figura, sin que esto quiera decir que no progresará la representación del paisaje. Digna de señalarse es la libertad de creencias. Se introducen el nestorianismo, el maniqueísmo y la religión musulmana; triunfan el taoísmo y el confucianismo y prospera el budismo, que acaba por alarmar a la corte y, a mediados del s. ix, sufre una dura persecución.La dinastía Song. Una serie de guerras civiles pone fin a esta época de florecimiento. Entre el 907 y el 960 hay cinco dinastías en el valle del río Amarillo, y las áreas confines se derrumban en la anarquía. Este periodo es conocido con el nombre de Edad de las Cinco Dinastías y los Diez Reinos. Finalmente, el general Chao Kuang-yin unifica nuevamente el país y funda la dinastía Song (960-1279; v.), débil económicamente y desprovista de fuerza militar, que tiene que hacer frente a tres poderosos enemigos: los tártaros Khitan, que fundan la dinastía Liao; los tártaros Nüchen (dinastía Kin), ante cuyo ataque los Song trasladan la capital a Hangchow (Song meridionales), y los mongoles, el más formidable de todos los enemigos del Imperio.Si desde el punto de vista político la nota dominante del periodo Song es la mediocridad, en el ámbito cultural, especialmente con los Song meridionales, alcanza momentos de gran brillantez. La corte está enteramente sometida a la nobleza, cuyos turbulentos miembros obligan a abdicar a más de un Emperador. Jamás época alguna de la historia ha sido tan rica en poetas, pertenecientes a la pequeña burguesía. Se construyen nuevas ciudades y algunas son amuralladas. Hay un notable incremento de las obras públicas, tales como vías hidráulicas, represas de contención de las inundaciones (el más constante azote de Ch.), y, sobre todo, se emprende una audaz obra de ingeniería: la construcción de un muro marítimo de contención al N de Hangchou. El comercio se expande y las clases elevadas dan a sus hijas en matrimonio a los comerciantes, para asociarse después con ellos y participar así de los beneficios de un comercio muy floreciente. Es época de grandes inventos: a fines del s. xi se aplica a la navegación la aguja magnética o brújula; y en 116162, cuando las tropas jurchen intentan cruzar el Yang-Tse, cerca de Nanking, los chinos utilizan por vez primera la pólvora en el campo de batalla, arrojando proyectiles ígneos contra el enemigo.C. L. DE LA VEGA Y DE LUQUE.
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