Chile. Música. MÚSICA
Categoria:
Música
Dentro de su rica gama, la música de Ch. no ofrece un acento tipológico. De un centenar de compositores, se destacan Soro (1884-1954), H. Allende (v.) y G. Becerra (v.); sólo Allende intenta el filón nativista. Tal fenómeno tiene raíces socio-políticas. El influjo enciclopedista pespuntante a fines de la época española, es vago y contradictorio; conduce a la burguesía latifundista-minera, a un fatal desdoro de los acentos étnicos y vernáculos, en aras de sumarse a la plutocracia internacional capitalista. Lograda la emancipación política (1810), la oligarquía gobernante escinde a las clases populares del ejercicio cívico que la llevara al poder; la esencia de la nacionalidad se diluye y lo criollo se desecha, pues trasunta a burdo. Todo intento de recuperación será vano. Si a ello añadimos el insularismo geográfico, es lógico que los compositores se refugien en estilísticas foráneas.Entre 1553 y 1810, la corona está atenta al ejercicio musical; en 1600 hay autos sacramentales, gozos y estribillos, generando farsas, romances y música popular profana. La catedral de Santiago (1652) alienta cantantes, instrumentistas y compositores que, reflejamente, tonifican la vida cívica. En 1707 llegan claves y hay música hogareña; a mitad del siglo, frailes foráneos divulgan obras de cierta calidad. Las clases pudientes tienen pianoforte en 1795, y el clarinete (una novedad en Europa misma) llega por igual fecha. A comienzos del s. xix, en todo el país hay arpas, guitarras, claves, pianos, violines, violonchelos, instrumentos de viento y percusión. En 1819, en vida de Beethoven, se interpreta una de sus sinfonías, en plena plaza pública, por una crecida orquesta. Dos músicos de extracción popular, el violinista Robles (17901836) y el clarinetista Zapiola (1802-85), compositores asimismo, junto a Isidora Zegers (1803-69), española diestra en canto rossiniano e instrumentos, crean una Soc. Filarmónica (1827), antesala de lo que añora la clase dirigente: la ópera. Ésta llega en 1830 y dura un siglo. Ch. pasa a ser el emporio lírico americano. Tres consecuencias conlleva esta gesta: el Conservatorio Nac. de Música (1849), el Teatro Municipal (1857) y el progresivo desclasamiento social de los educandos beneficiarios quienes permiten, más tarde, una reforma (1928), emboscada oligárquica que ataca demagógicamente principios gestados en su propio seno: misoneísmo, italianismo y antinacionalismo.Amparada en momentos históricos de quiebra institucional, la reforma logra su principal objetivo: el manejo total de la vida musical chilena. La ley tributaria 6696 (Inst. de Extensión Musical, 1940) crea la Orquesta Sinfónica de Chile (1941), la "Rev. Musical Chilena" (1945), el Inst. de Investigaciones Musicales (1947), los festivales de música chilena (1948) y la radioemisora IEM (1966); en otro aspecto se crearon una Escuela de Danza (1941) y los premios de composición (1947). El Inst. de Extensión Musical, que nació autónomo, pasó a depender de la Univ. de Chile (1942), cosa que había ya sucedido con el Conservatorio (1929). El absolutismo liquidó la iniciativa privada y los derechos gremiales; las convenciones de autores fueron estatizadas y hurtadas las reciprocidades, cerradas las fronteras a la música hispánica hemisférica, y mantenida la marginación cultural de las masas laborales. Un posterior movimiento, surgido de la concienciación social de las nuevas promociones (1968), augura un enfoque realista de los problemas culturales.Del Conservatorio surgen los ya citados tres compositores; Padovani, Carvajal, Tevah (directores); A. Cocq, R. Renard, J. Reyes, A. Tapia C. (pianistas); P. d’Andurain (violinista); P. Navia, E. Núñez, Claudia Parada (cantantes). Marginalmente, varios de fama internacional: F. Guzmán (s. xix), A. García Guerrero, A. Palacios, C. Arrau (pianistas); A. Silva, F. Mora (violinistas); Zanelli, Vinay, Rayén Quitral (cantantes). La Orquesta Filarmónica de Ch. (1955) y el Coro Polifónico de Concepción (1935-37), 15 conjuntos de cámara y varias centenas de coros particulares, conforman el resto de la vida musical chilena. El rico venero étnico austral, como asimismo las expresiones del agro central y mineras del norte, forman un conjunto pintoresco solamente circunstancial. Bardos populares (Pérez Freire, Molinare, Violeta Parra), son acogidos con reserva. La "canción de protesta" (Alarcón, jara, Manns) se abre camino.PABLO GARRIDO.
BIBL.: V. SALAS Vlu, La creación musical en Chile, Santiago de Chile 1951; E. PEREIRA SALAS, Los orígenes del arte musical en. Chile, Santiago de Chile 1941; G. CANALES, El arte musical en Chile, Santiago de Chile 1923; L. SANDOVAL B., Reseña histórica del Conservatorio Nacional de Música y Declamación, Santiago de Chile 1911; J. CÉSAR JOBET, Ensayo crítico del desarrollo económico-social de Chile, Santiago de Chile 1951; J. EYZAGUIRRE, Chile en el ocaso del siglo XIX, "Finis Terrae" 5, Santiago de Chile 1955; F. A. ENCINA, Breve bosquejo de la evolución histórica de Chile, "Histonium" 124, Buenos Aires 1949; J. ORREGO SALAS, Americanismo en la música, "Zig-Zag" 13 oct. 1960; D. SANTA CRUz, Trayectoria de la música en Chile, "Buenos Aires Musical" 197, Buenos Aires 1957.
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