Chamberlain, Arthur Neville
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Biografía GER
Político inglés. Miembro de una de las dinastías de hombres públicos más famosas de la Inglaterra contemporánea. Hijo de Joseph Chamberlain (v.) y hermanastro de Austen Chamberlain; n. en Edgbaston, Birmingham, el 18 mar. 1869.Un administrador eficiente. Tras cursar estudios universitarios, pronto dio muestras de sentir vivamente la misma vocación política que caracterizara a su familia. Durante el crítico periodo de los troubled years (1911-14), detentó con gran eficacia la alcaldía de su ciudad natal, una de las ciudades en que revistieron mayor magnitud y trascendencia los antagonismos sociales que pusieron a Inglaterra al borde de la guerra civil. En el ámbito de su competencia, Ch. pretendió arrebatar a laboristas y liberales las banderas del reformismo social, con fortuna en la mayor parte de las ocasiones. Pese a ello, no pudo evitar que la profunda crisis económico-social que afectaba a Gran Bretaña se reflejara también en Birmingham en un considerable desempleo, principal causa de las agudas tensiones que provocaron las grandes huelgas de los años citados. No obstante, en la dura prueba, Ch. acreditó los innegables talentos administrativos y organizadores que le proyectaron, tiempo adelante, sobre el primer plano de la vida pública británica. Diputado conservador en las elecciones generales decretadas por Lloyd George en diciembre de 1918, esperó pacientemente su hora, que llegó en 1923 al ser designado, en el Gabinete conservador formado por Stanley Baldwin, canciller del Exchequer, cargo ocupado por su hermanastro Austen, en el último Ministerio presidido por Lloyd George. Su fugaz paso por el poder, desde el que defendió un proteccionismo a ultranza, en idéntica línea a la preconizada tiempo atrás por su padre, consolidó su fama como economista sagaz y competente. De ahí que los factotums del Gabinete nacional constituido en 1931 por Ramsay MacDonald vieran en él al hombre idóneo para hacer frente a la gran crisis de 1929, con secuelas tal vez más intensas en Inglaterra que en ningún otro país europeo, a causa de su liderazgo industrial.Sustancialmente, las medidas arbitradas por Ch. para paliar los efectos de la gran depresión consistieron en el abandono del libre cambio (imposición de fuertes tarifas protectoras para la industria británica), en la renuncia por parte inglesa a mantener el valor oro de la libra, y en la drástica reducción de algunos presupuestos, al mismo tiempo que en la tributación de nuevos impuestos. Cuando MacDonald dejó la jefatura del Gobierno nacional en 1935, el espectacular paro que se registraba en los comienzos de la década de los 30 había casi desaparecido. Como consecuencia de su brillante gestión al frente de la economía, Ch. es convirtió en la segunda figura del Gabinete conservador presidido desde 1935 por Stanley Baldwin. Tras la grave crisis provocada en la vida constitucional inglesa por la abdicación de Eduardo VIII y una vez retirado Baldwin del poder, Ch. vio coronadas todas sus ilusiones políticas al encargarle Jorge VI (agosto 1937) la formación de un nuevo Gabinete conservador, en el que Ch., aparte de las funciones de premier, se encargó de la de lord del Tesoro.Chamberlain en la tormenta. Pródromos de la II Guerra mundial. Rehecha un tanto la economía británica, los asuntos internacionales ocuparon el primer plano de la actividad gobernante de Ch. que, a diferencia de su antecesor Baldwin, se mostró siempre muy interesado por su marcha. A pesar de los juicios adversos que mereciera su actuación en tal esfera por los círculos laboristas e, incluso, por algunos sectores conservadores, y no obstante la visión negativa ofrecida acerca de ella por la historiografía posterior, la gestión internacional de Ch. estuvo asentada sobre una sólida plataforma doctrinal y se encontró respaldada por la casi totalidad de la opinión pública de su país. En consonancia con las poderosas corrientes que impulsaban en aquel entonces, en particular desde los círculos militares y del Almirantazgo, a los dirigentes británicos a una amistad con el "hermano de sangre" Alemania, Ch. buscó en los comienzos de su ministerio el entendimiento con el régimen hitleriano. Consciente de las injusticias introducidas en el mapa europeo por las cláusulas del tratado de Versalles, formuló la célebre tesis que recibió el nombre de doctrina del appeasement, según la cual no debería ponerse en peligro la causa de la paz cuando las reivindicaciones de algunas potencias se encontraban justificadas por la onerosa herencia legada por los acuerdos de 1919; doctrina a la que se atuvo no sólo en sus relaciones con la Alemania del tercer Reich, sino que informó sus contactos con el régimen de Mussolini (v.) con el que, a principios de 1938, concluyó un gentlement’s agreement, que puso fin, transitoriamente, a las diferencias entre ambas naciones provocadas por la conquista italiana de Etiopía. El "apaciguamiento", que tuvo también una proyección menor en la estricta neutralidad británica frente a la Guerra civil española y el conflicto chino-japonés, halló en el otoño de 1938 un importante y difícil banco de prueba. En dicha fecha, las afirmaciones expuestas por los más relevantes críticos de la política internacional de Ch., Churchill y Eden, su ex ministro de Relaciones exteriores, acerca de que la política de fuerza y de hechos consumados practicada por Hitler (v.) podía no tener punto final si no se adoptaban posiciones tajantes, parecieron confirmarse. Las reivindicaciones alemanas respecto al territorio checo de los Sudetes pusieron al Gabinete presidido por Ch. ante el dilema de una ruptura con su mejor aliado continental, Francia, comprometida solemnemente con Checoslovaquia, o la intervención en un eventual conflicto, en el que ningún interés británico se hallaba comprometido. Frente a la crítica situación, Ch. se afanó por encontrar una solución conciliadora, prodigando gestos de buena voluntad, como sus dos entrevistas con Hitler en septiembre del citado año. Entusiasmado con los acuerdos de Munich (29 sept. 1938), Ch. pronunció, de regreso a Londres, ante una multitud delirante, la frase: "Creo que la paz está asegurada por toda nuestra generación".El fracaso de una política. La anexión de Checoslovaquia por las tropas hitlerianas abrió paso a una nueva actitud de Ch. en política internacional. Frustrado en sus mejores ilusiones, el premier británico consagró en adelante todas sus energías a preservar los territorios europeos más apetecidos por el imperialismo alemán. A partir de marzo de 1939, Inglaterra firmó pactos bilaterales con Polonia y Rumanía e, incluso, con Grecia, al tiempo que establecía contactos con Rusia de cara a un posible acuerdo frente a Hitler. Estallada la guerra (v. GUERRA MUNDIAL, SEGUNDA), Ch. siguió al frente del Gobierno hasta mayo de 1940. La fracasada expedición aliada a Noruega, en abril de dicho año, la ruptura de la neutralidad belga por la Wehrmacht y la negativa de los laboristas a constituir un Gobierno nacional bajo su presidencia, fueron las principales causas que condujeron a su abandono del poder. Su sustituto, Winston Churchill (v.), solicitó, no obstante, su presencia en el nuevo Gabinete, en el que permaneció, ya como figura cal¡ decorativa, hasta su muerte, acaecida en Londres el 9 nov. 1940.J. M. CUENCA TORIBIO.
BIBL.: D. LINDSAY KEIR, The Constitucional History of Modern Britain since 1485, Londres 1964; J. KEITH FEILING, Life of Neville Chamberlain, Londres 1955; 1. MACLEOD, Neville Chamber1ain, Londres 1961; J. CHASTENET, Churchill y la Inglaterra del siglo XX, Barcelona 1957. A. EDÉN, Memorias. 1923-1938, Barcelona 1963; D. C. SOMERVELL, British Politics since 1900, Londres 1953.
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