Cesarismo
Categoria:
Cultura
Concepto. La palabra c. podría indicar el gobierno de julio César o el sistema implantado por él; pero no es así. De un lado, el régimen que le sucedió (consolidado por Augusto) se llama Principado o Imperio. Cierto que del nombré personal de César se tomó el título genérico de los emperadores romanos (los césares), como también sirvió de base para los de zar ruso y kaiser alemán. Sin embargo, el c. no es el imperio. Está muy en lo cierto Stuart Mill al decir que es el despotismo (v.) basado en la democracia. Se trata de un caso de lo que el historiador holandés J. Huizinga llama "inflación de conceptos": una palabra que designa un fenómeno histórico concreto, como Renacimiento (transformación de las ciudades del norte de Italia a fines de la Edad Media), sirve para designar otros procesos europeos similares acaecidos después, e incluso fenómenos de otras culturas con alguna analogía. El c. expresa la situación y forma general de poder que se da cuando la democracia entra temporal o definitivamente en crisis, sin que la legitimación tradicional, barrida ya por la democracia, pueda sustituir a ésta. Y entonces no hay más remedio que recurrir al poder personal, no frenado por la tradición ni por la ley. En todo gobierno cesarista hay una fuerte dosis de carisma político (v.). Lo específico de aquél es que no se atreve a formalizar la dominación carismática y tiene que mantener las apariencias democráticas y republicanas.Expresiones históricas. El precedente está en las "tiranías" griegas, que surgen cuando las facciones se hacen irreconciliables, haciendo ingobernable al Estado con las formas ordinarias. No se está en condiciones de crear un nuevo sistema original (ni de volver a la tradición, como querían Platón y Aristóteles) y lo que se hace es llenar las formas republicanas, las magistraturas, con un poder carismático. Ese personalismo se acentúa en Roma con J. César (v.); y lo curioso es que, al parecer, el propósito de éste no fue establecer un "cesarismo", en ese sentido, pues aspiraba a una especie de monarquía oriental. Fue Augusto (v.) el que le dio forma, al cubrir su poder absoluto con la apropiación y desfiguración de las principales magistraturas republicanas, entronizando el Principado. Otro tanto podemos decir de las formas más modernas, como el napoleonismo. Napoleón 1 busca la legitimación plebiscitaria, mantiene la Marsellesa y la bandera tricolor y aparece como "hijo de la revolución". Napoleón III adquiere y consolida su poder dentro de formas republicanas y a él se debe esta breve justificación del c.: en la naturaleza de la democracia está el encarnar en un solo hombre. Más recientemente Mussolini y Hitler subieron al poder constitucionalmente y ambos mantuvieron algunas apariencias democráticas (más el primero).Algunas observaciones sociológicas. Los "césares" suelen proceder de las oligarquías (v.); al menos, no del pueblo, al que recurren para vencer a sus iguales. La base de su poder es su prestigio y no la Constitución. Según Bertrand de Jouvenel, al c. le importan tres cosas: a) que los miembros más antiguamente libres de la sociedad pierdan su prestigio moral, para impedir todo resurgimiento de la libertad; b) la elevación de una nueva clase capitalista, sin autoridad moral y cuya riqueza excesiva los divorcie de la masa, apoyando así a los tiranos; c) reunión de la fuerza política con la debilidad social en una amplia base de personas dependientes (el séquito incondicional de los césares). El c. contemporáneo, del s. XX, puede caracterizarse por dos cosas: su socialización, el César representa a las masas y no requiere una personalidad "cesariana" (J. Monnerot); y su vigorización, pues, como observa C. W. Mills, César pudo en Roma menos que Napoleón, éste menos que Lenin en Rusia o que Hitler en Alemania.El cesaropapismo. Este concepto, con alguna homonimia con el c., es algo muy distinto y tiene un valor meramente histórico. Al imponerse la Iglesia católica fue chocando con el poder civil clásico, el cual, ya desde Constantino, intentó a menudo dominar dentro de la institución eclesiástica, o sea, hacer que el César o Emperador estuviera por encima del Papa, incluso en materias de competencia de éste. V. BIZANCIO; ORTODOXA, IGLESIA.A. PERPINÁ RODRÍGUEZ.
BIBL.: Aparte obras históricas sobre periodos "cesaristas", se hallarán amplias referencias en B. DE JOUVENEL, El poder. Historia natural de su crecimiento, Madrid 1956; C. W. MILLS, La élite del poder, México 1957; J. MONNEROT, Filosofía del comunismo, Madrid 1968; O. SPENGLER, La decadencia de Occidente, II, Madrid 1958.
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