Cerezo, Mateo
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Biografía GER
Pintor español del s. XVII. Una de las más fuertes personalidades artísticas del momento, que aunaba el dominio del dibujo con una gran sensibilidad para el color. N. en Burgos, ca. 1626. De su padre, también pintor, aprendió las primeras lecciones artísticas. Antaño se le atribuyeron obras realizadas por su progenitor. Hacia 1641 entra, en Madrid, en el taller de J. Carreño de Miranda (v.), donde colabora con el maestro y realiza copias de cuadros famosos. Cinco años más tarde se independiza y colabora con Herrera el Mozo (v.) en los perdidos frescos de la iglesia de Atocha, y realiza numerosos encargos, destacando los cuadros de altar que eXIstieron en S. Isabel. A fines de 1656, abandona la corte por tres años y visita su ciudad natal y Valladolid. De 1657 es el S. Francisco de la catedral de Burgos. También son de esta época los Crucifijos de la catedral y Mus. Provincial. Años antes realizó para la capilla madrileña de la Soledad, el bellísimo ejemplar que hoy está en el Mus. de Berlín (zona oriental). En Valladolid, el conjunto más importante conservado es el retablo de jesús y María. Obra realizada en esta ciudad, hoy en el Mus. Lázaro Galdiano, es el S. Francisco y la Virgen, una de las obras más bellas salida de sus manos; ha pasado inadvertida la noticia dada por Palomino, en la que se le situaba en la iglesia del convento de S. Francisco. Todo el gran cuadro es de técnica fulgurante y apasionada, sin que por ello abandone el sentido compositivo y el dibujo; en el fondo el cielo azul se entremezcla con verde. Todo ello es característico de su etapa burgalesa-vallisoletana, pero aquí los caracteres se acentúan.Una de las primeras obras realizadas en Madrid después de su retorno, es la Inmaculada de la Col. Mac Crohon (1659), en la que los tonos claros contrastan con cierta sequedad en el dibujo. Este tema mariano, como todos los pintores españoles del momento, también lo cultiva C.; así, son espléndidos ejemplares los de las Comendadoras de Santiago, y col. Benavides, los dos conservados en Madrid. En 1660 realiza los Desposorios místicos de S. Catalina (Prado), donde la composición se hace más complicada. Existe una réplica en la catedral de Palencia. Próximo a éste es el S. Tomás de Villanueva (Louvre), que hasta hace poco ha sido atribuido a Carreño. Pero una de las obras más hermosas de este periodo es la Asunción (en el Prado), donde los contrastes cromáticos alcanzan gran valentía; así, el azul intenso del manto de María resalta sobre el añil del cielo o se perfilan a contraluz las figuras de los asombrados apóstoles.También es C. pintor de cuadros pequeños, realizados para la devoción popular. El juicio de un alma es un buen ejemplo de esta modalidad; en él la composición es de rítmica modernidad, y se le puede considerar un asunto místico, lo mismo que el Cordero y el Libro de los Siete Sellos de la Col. Adanero, en Madrid. Sin embargo, el tipo iconográfico que más éXIto popular alcanza, en la obra de C., es el de la Magdalena arrepentida. Tema apto para expresar emocionadamente la belleza femenina. El ejemplar del Rijksmuseum, de Amsterdam, fechado en 1661, es el más bello de la serie; gracias a la jugosidad de sus pastas y brillantez cromática, se puede equiparar a las versiones de Tiziano o el Greco. Otra versión famosa es la del Ecce Homo, destacando el soberbio ejemplar del Mus. de Budapest, donde se conjuga la influencia de Tiziano con la de Van Dyck; el de la Col. Simonsen, de Sáo Paulo, es también de bella expresividad. Son numerosas las versiones de S. Francisco; en la de la Col. Halles, de Bristol, C. da un paso hacia la simplificación de la forma humana, que se acentúa en el perdido S. Francisco y el hermano León, de la catedral de Valencia. Entre otras obras, sobresalen el S. Jerónimo penitente, del Mus. de Leipzig y el S. Juan Bautista del Mus. de Cassel. Pero donde logra una íntima unión con la naturaleza es en los bodegones, sobresaliendo la pareja conservada en la Acad. de Bellas Artes de México; estas naturalezas inertes aunque domésticas y reposadas, no llegan a alcanzar el ascetismo de Sánchez Cotán o Zurbarán; obras de última época están fechadas en 1666.El 29 de junio de este mismo año m. en Madrid, siendo enterrado en la desaparecida iglesia de S. Millán. De lo poco que conocemos de su vida se deduce que fue hombre apacible, como demuestra la carencia de anécdotas pintorescas, tan características de otros pintores, y el no haber abandonado nunca su residencia oficial burgalesa. Su obra, en cambio, denota una fuerte personalidad, y en ella, junto a influencias tradicionales españolas, se aúnan las flamencas e italianas.V. t.: MADRILEÑA, ESCUELA (Pintura).L. ROGELIO BUENDÍA.
BIBL.: E. TORMO y MONZO, Mateo Cerezo, "Archivo Español de Arte y Arqueología", 111 (1927) 113-233; 1. R. BUENDÍA, Mateo Cerezo en su 3- centenario, "Goya" 7 (1966) 278-291.
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