Celebración Litúrgica REL. CRIST.
Categoria:
Religión Cristiana
1. Noción. En general, c.l. es toda acción litúrgica, es decir, todo acto de culto público cristiano. El culto (v.) puede ser tanto público como privado; los actos de culto privado (interno, o externo e interno a la vez) no suelen llamarse c.; se llaman así a los de la Liturgia (v.) que, por institución divina, es culto público -en el que cada uno participa de modo personal, interna y externamente- y es también medio de santificación de los hombres.En la vida ordinaria del hombre y en la historia de la humanidad hallamos también c. naturales, tanto religiosas como profanas. Se habla de c. o de fiesta (v.) cuando se dan ciertas acciones que detentan una especial vitalidad. En la raíz latina de la palabra hay la idea de multitud y de frecuentación. Los hombres celebran el nacimiento de un hijo, el matrimonio, la sepultura de un difunto, etc. Se celebran también victorias militares, la conclusión de tratados o alianzas, el principio y fin de las cosechas, etc. En resumen, todo aquello que interesa más a la vida de la persona humana y de la sociedad es objeto dé c. festiva.La visión espontánea y natural considera todos esos acontecimientos vitales como algo sagrado (v.), y por ello toda c. reviste en el fondo un carácter religioso. Sólo cuando, en el transcurso de la historia, se opera una división entre eJ campo de lo estrictamente sagrado y de lo profano, se produce también una disociación entre c. profanas o cívicas y c. sagradas o religiosas. Sin embargo dicha disociación nunca es total y absoluta; incluso en las sociedades más profanizadas, las c. auténticamente vitales conservan algún entronque o relación con lo sagrado y religioso. El cristianismo acepta todos los valores inmersos en las c. naturales, profanas o religiosas; y con frecuencia, después de purificarlos, los integra en su específica acción cultual y santificadora que es por excelencia la c. 1. (v. t. SAGRADO Y PROFANO).2. Elementos. La comparación con las c. festivas de tipo natural es útil para determinar los elementos de la c.l. cristiana. Según el análisis de J. Hild (Notion et structure classique d’une célébration, "La Maison-Dieu" 20, 1949, 114), "para que se dé una celebración es necesaria la conjunción de tres cosas, de tres circunstancias, alguna de las cuales excepcionalmente puede fallar. El punto de partida o la ocasión de una celebración es ordinariamente un acontecimiento importante o sensacional (festivitas, solemnitas). Este acontecimiento, actual o conmemorado, determina, en segundo lugar, la convocación de una asamblea, de una reunión más o menos grande y solemne (conventus, coetus, frecuencia). De ahí deriva en seguida la acción festiva (actoo, ef fectio), el tercer elemento constitutivo de la celebración típica". La c.l. cristiana posee también esos tres elementos:a) Acontecimiento. Todo el cristianismo se basa en el acontecimiento de la comunicación sobrenatural de Dios a los hombres, para salvarles, por medio de hechos o acciones y de palabras o doctrina (v. REDENCIóN; REVELAC1óN). La Liturgia (v.) renueva y hace presentes los hechos salvíficos divinos y sus palabras, es la historia de la salvación (v.) en acto; especialmente su acontecimiento central: el misterio pascual de Jesucristo, es decir, su Pasión (v.) y Muerte y su Resurrección (v.). Como dice la const. Sacrosanctum Concilium del Vaticano II: "Cristo no sólo envió a los apóstoles a predicar el Evangelio a toda criatura y a anunciar que el Hijo de Dios, con su muerte y resurrección, nos libró del poder de Satanás y de la muerte y nos condujo al reino del Padre, sino también a realizar la obra de salvación que proclamaban mediante el sacrificio y los sacramentos, en torno a los cuales gira toda la vida litúrgica. (...) La Iglesia nunca ha dejado de reunirse para celebrar el misterio pascual" (n. 6). El acontecimiento pascual es un hecho histórico que se renueva y hace presente su actualidad por medio de la acción y memoria litúrgica (v. ANÁMNESis); a través de ella Dios aplica misteriosa y realmente a cada uno en el hic et nunc de la c. 1. todo el contenido salvífico del hecho salvador. La memoria del hecho histórico quiere Cristo que se realice para provocar una nueva acción vital en la Iglesia, su Cuerpo. Con mandato y poder divinos la acción litúrgica celebra el acontecimiento histórico de Cristo haciéndolo presente para que cada cristiano participe personalmente en él, por la acción divina lo convierta en suyo y reciba de Dios sus frutos. Y todo ello como una proyección hacia el futuro escatológico (v. CIELO III; ESCATOLOGÍA III), donde el acontecimiento salvífico llegará al acabamiento de su realización y efectividad.
b) Asamblea. Aunque el sujeto de una c. puede ser una sola persona, en general suele ser un grupo, una familia, un pueblo, etc. De modo que las c. constituyen una de las formas de realización o de manifestación de una comunidad. Así ocurre con las c. l.: "Las acciones litúrgicas no son acciones privadas, sino celebraciones de toda la Iglesia" (const. Sacr. Conc., n. 26). Son acciones de toda la Iglesia, por tanto públicas, porque son acciones de Cristo salvador, de la Cabeza que une a sí a todos sus miembros para santificar a cada uno. Sin entrar en una descripción detallada de la asamblea litúrgica (v.), podemos decir que la palabra "asamblea" es una de las que la literatura teológica y pastoral han revalorizado estos últimos años, aunque ha de entenderse que es Cristo el que convoca y realiza la asamblea y el que santifica, y, por tanto, su acción, independiente del número de fieles que físicamente se hayan reunido, alcanza a todos los cristianos de la Iglesia universal de diversos modos. Siempre se ha relacionado esta realidad de toda la Iglesia con cada c. l.; lo indica la misma terminología usada para designar las c. l.: synaXIs, synagogé, coetus, convocatio, processio. en cuanto a sustantivos; cofre, convenire, congregara in unum, en cuanto a verbos. La palabra griega ekklesia, que pasa sin traducir al latín ecclesia (v. IGLESIA), y cuya etimología también sugiere la idea de una "reunión convocada", se emplea tanto para designar toda la colectividad de los cristianos como su reunión periódica en orden a la c.l_ y termina refiriéndose al mismo edificio material que alberga esa reunión y en donde se celebra la liturgia. Así, cada c.l. es un signo de toda la Iglesia; especialmente la celebración de la Eucaristía o Santo sacrificio de la Misa (v.) es la principal, no la única, manifestación o epifanía de la Iglesia (cfr. const. Sacr. Conc.. n. 41).c) Acción festiva. Además del acontecimiento que se celebra y de las personas que lo celebran, toda fiesta necesita unos medios de expresión típicos. En las c. de tipo natural será todo aquello que es susceptible de ofrecer a los hombres gozo, alegría, satisfacción: convite, música, baile, descanso del trabajo, etc. La c. l. cristiana comporta también, como elemento integrante de la misma, una serie de medios exteriores a través de los cuales se realiza propiamente la c. Son los llamados signos litúrgicos (cfr. const. Sacr. Conc. n. 7). La importancia teológica de los signos sensibles estriba, en último término, en el hecho de que la liturgia continúa en el tiempo la persona y la obra de Cristo, a través de quien se revela la indivisa Trinidad divina y tenemos acceso a ella y a su vida. La principal cualidad que deben tener los signos sensibles de la Liturgia es que sean claramente los mismos usados e instituidos por Cristo; para salvaguardarlos la competente jerarquía de la Iglesia ha ido instituyendo otros, sugeridos por la piedad y experiencia de los siglos, cuya misión es resaltar aquéllos y ayudar a su inteligibilidad (cfr. Sacr. Conc., n. 21 ; v. t. SIMBOLISMO RELIGIOSO 111; SIGNO Y SIGNIFICACIóN IV). La comprensión y la expresividad festiva de los signos se logra mejor si el sacerdote y demás ministros celebrantes no se contentan con el mínimo requerido para la validez jurídica sino que procuran cuidar todos los elementos de las rúbricas (v.), todo lo que facilite la piedad y el recogimiento y la mejor participación activa de los fieles presentes: pausa en los actos de adoración, inclinaciones, genufleXIones, buena pronunciación, orden, etc. Entre dichos elementos el canto sagrado y el arte sagrado no son elementos meramente decorativos, sino que forman parte integrante de la c. l., resaltando su carácter de fiesta. "La acción litúrgica reviste una forma más noble cuando los oficios divinos se celebran solemnemente con canto" (Sacr. Conc. n. 113). "Las cosas destinadas al culto sagrado deben ser en verdad dignas, decorosas y bellas, signos y símbolos de las realidades celestiales" (ib., n. 122). Es de suma importancia en la c. l. que, a través de todo lo externo (v. CANTO III; CAMPANA; COLOR 111; IMÁGENES; INSIGNIAS LITÚRGICAS; VESTIDURAS LITÚRGICAS; GESTOS Y ACTITUDES I1), Se logre de verdad en la comunidad un ambiente de alegría, ya que ésta es el signo de la redención mesiánica (cfr. Ps 118,24; Le 5,34), objeto último de toda celebración cristiana.3. Leyes. El análisis de los elementos de la c. l. nos permite establecer las principales leyes que rigen su realización correcta. Hay leyes que derivan del acontecimiento conmemorado, leyes que provienen de la comunidad celebrante, y leyes entroncadas con la misma acción festiva (V. t. RÚBRICAS; DERECHO LITÚRGICO).a) Leyes derivadas del acontecimiento. Dado que en la c. l. se renuevan y aplican los actos salvadores de Cristo, ley fundamental sobre todas las demás es hacer lo que Cristo instituyó y confió a los Apóstoles o Jerarquía de la Iglesia. De ahí que ésta no pueda variar lo sustancial o esencial de los sacramentos (v.) instituidos por Cristo. Consecuencia de esto es la importancia de la proclamación de la Palabra de Dios en cada c. 1. de los sacramentos. La Liturgia es la historia de la salvación en acto, forma parte de ella; y conocemos el desarrollo y sentido de esa historia por medio de la Biblia (v.) y de la Tradición (v.) con la ayuda del Magisterio (v.) eclesiástico. Por eso la c. 1. proclama la Palabra de Dios, para resaltar su entronque con la historia salvífica y para que no se convierta en un esfuerzo más de la historia simplemente humana. Corno dice la const. Sacrosanctum Concilium: "En la celebración litúrgica la importancia de la Sagrada Escritura es sumamente grande. Pues de ella se toman las lecturas que luego se explican en la homilía y los salmos que se cantan; las preces, oraciones e himnos litúrgicos están penetrados de su espíritu y de ella reciben su significado las acciones y los signos" (n. 24). Según ello, los modos más importantes de utilización de la S. E. en la c. 1. son los siguientes: lectura directa, según las dos modalidades de lectura continua y lectura de trozos escogidos; comentario de la lectura, realizado a través de la homilía (v.); salinos, usados no tanto como lectura bíblica cuanto como expresión de la oración de la comunidad (V. SALMODIA); inspiración de los himnos, oraciones y preces en las fuentes mismas de la S. E. y, por último, entronque del significado profundo de las acciones y signos en los hechos narrados por la Biblia. De modo que no puede darse ninguna c. 1. sin que, de un modo u otro, eXIsta la presencia de la Palabra de Dios. Al mismo tiempo es necesario que los fieles respondan a la Palabra de Dios: "En la liturgia Dios habla a su pueblo; Cristo sigue anunciando el Evangelio. Y el pueblo responde a Dios con el canto y la oración" (n. 33). A través de ese diálogo amoroso entre Dios y su pueblo, el acontecimiento salvador, objeto de la c. l., se hace más presente y operante en la Iglesia (V. t. PALABRA DE DIOS III).b) Leyes derivadas de la asamblea. Pueden verse en los n. 26-32 de la const. Sacr. Concilium. Cualquier Misa tiene siem~re carácter público y social, por ser acto de Cristo Cabeza de su Cuerpo místico (y lo mismo se puede decir de la administración de cualquier sacramento); pero se debe procurar, como es lógico, la asistencia y participación activa del mayor número posible de fieles (n. 26-27; v. PARTICIPACIÓN IV). Además: "En las celebraciones litúrgicas, cada cual, ministro o simple fiel, al desempeñar su oficio, hará todo y sólo aquello que le corresponde por la naturaleza de la acción y las normas litúrgicas" (n. 28). La razón profunda de esta ley está en que la asamblea litúrgica, aunque es reunión fraternal y unánime, no es cuerpo amorfo, sino jerárquicamente estructurado como organismo vivo, en el que cada miembro ejerce una función propia y todas ellas se conjugan armónicamente en la c. l.: 1) el celebrante, preside y dirige toda la acción litúrgica, no por delegación de los fieles, sino por su carácter sacerdotal, por el cual actúa en nombre de Cristo, en la persona de Cristo Cabeza (const. Lumen gentium. 10; Sacr. Conc. 7; decr. Presbyterorum ordinis, 5 y 10). 2) Los ministros, es decir, servidores, los cuales ejercen un verdadero ministerio litúrgico (cfr. Sacr. Conc. n. 29): al servicio del celebrante, al servicio de la Palabra y al servicio del pueblo. 3) La "schola cantorum", o coro (v.), ejerce un verdadero ministerio colectivo, encargándose de los cantos que acompañan una acción y de los difíciles para el pueblo; a los cantores pueden asimilarse el organista y los músicos. 4) El pueblo; no es que sea únicamente objeto de la acción de los demás, sino que tiene su papel activo propio, que es el de participar en la acción litúrgica (v. vARTICIPACIóN, IV) mediante las aclamaciones (v.), la oración (v.), el canto (v.), la comunión (v.), los gestos (v.) y actitudes corporales, y el silencio sagrado.c) Leyes derivadas de la acción festiva. Ya hemos dicho que lo fundamental es realizar lo que Cristo instituyó, y por tanto, utilizar los mismos signos, gestos y palabras que confió a la Iglesia y que ésta manda. Sin ello no habría ninguna participación en los hechos salvíficos, no se aplicaría la salvación ni habría celebración festiva cristiana. Y para facilitarla, para que los fieles participen más activa y conscientemente se debe cuidar con esmero la ejecución de los ritos, tanto de los esenciales como de todos los demás que indican las rúbricas (v.) y el derecho litúrgico (v.), procurando su recta comprensión, su mayor inteligibilidad o transparencia, por parte de todos. En relación a todo ello, la const. Sacrosanctum Concilium, entre otras cosas, dice: "La Iglesia no pretende imponer una rígida uniformidad ni siquiera en la liturgia; por el contrario, respeta y promueve el genio y las cualidades peculiares de las distintas razas y pueblos" (n. 37). "Al revisar los libros litúrgicos, salvada la unidad sustancial del rito romano, se admitirán variaciones y adaptaciones legítimas a los diversos grupos, regiones, pueblos, especialmente en las misiones, y se tendrá esto en cuenta oportunamente al establecer la estructura de los ritos y las rúbricas" (n. 38). Estas variaciones y adaptaciones a distintos grupos, pueblos y épocas no se refieren a lo esencial de la Liturgia, que es "inmutable, en cuanto es de institución divina" (n. 21), sino a las partes no esenciales: pero aun en estas partes variables, salvo la competente autoridad de la Iglesia (el Papa y, en la medida que lo permita la ley, los Obispos), "ningún otro en absoluto, aunque sea sacerdote, puede por iniciativa propia añadir, quitar o cambiar cosa alguna en la Liturgia" (n. 22). La razón es clara, puesto que las c. l. no son de particulares, sino de toda la Iglesia, y los fieles participarán Inás en ellas cuanto mejor se sigan sus normas litúrgicas.4. Clasificación. La c.l. más importante desde el punto de vista objetivo es la celebración eucarística (v. MISA; EUCARISTíA), por la que se renueva el sacrificio de la Cruz y el Misterio Pascual de Jesucristo, se produce la realización más plena de la Iglesia, y tiene lugar la fiesta cristiana primordial. Vienen después las c. de los demás sacramentos (v.) y de los sacramentales (v.) y, por último, los diversos tipos de reuniones de plegaria, ya estén centradas en la proclamación de la Palabra de Dios -celebraciones de la Palabra (v.)-, ya consistan básicamente en la alabanza v la súplica -Iwras del Oficio Divino (v.)Para terminar diremos que la c. l. por excelencia es la Vigilia Pascual (V. SEMANA SANTA; PASCUA), corazón de todo el alío litúrgico (v.).V. t.: CULTO; FIESTA;LITURGIA; RÚBRICAS I.JUAN LLOPIS.
BIBL.: A. G. MARTIMORT, La Iglesia en oración, 2 ed. Barcelona 1967; H. A. P. SCHMIDT, Introductio in liturgiam occidentalem, Roma-Friburgo-Barcelona 1960; VARIOS, Comentarios a la constitución sobre la sagrada liturgia, 2 ed. Madrid 1965; 1. H. DALMAIS, Initiation á la liturgie, París 1958; J. A. JUNGMANN, Las leyes de la celebración litúrgica, San Sebastián 1960.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.