Cavour, Conde de (Camilo Benso)
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Biografía GER
Político italiano. Segundón de la familia noble de los marqueses de Cavour di Chieri, n. en Turín el 10 ag. 1810. Por parte de madre estaba emparentádo con la familia de los Sellon y de los De la Rive, pertenecientes a la aristocracia protestante y liberal de Ginebra, y con la familia de los Clermont-Tonerre y de los d’Anzers de la nobleza legitimista francesa: feliz condición familiar ésta que le permitió durante mucho tiempo tener abiertos los ojos más hacia Europa que hacia Italia, además de atemperar su liberalismo. Pero no obstante lo dicho, se sintió siempre ligado al Piamonte, a su tradición realística, aun sustentando un profundo descontento por la somnolienta atmósfera reaccionaria del Piamonte saboyano.Juventud polifacética. De la milicia a la política. En 1820 ingresó en la Acad. militar, donde permaneció hasta 1826. Su interés se dirigió inmediatamente no tanto a los estudios de tipo literario como a los de tipo científico. Apenas con 20 años, oficial de Ingenieros en Génova, dio tan claras señales de simpatía por la revolución parisina de 1830, que fue reclamado enseguida a Turín y trasladado después al Valle de Aosta. La carrera militar no estaba hecha para él, y el 20 nov. 1831 presentó la dimisión del Ejército, dedicándose completamente a la agricultura y a las ciencias económico-sociales. Habiendo ido primero a Ginebra y después a Francia, en París entró en contacto con los salones aristocráticos e intelectuales de la capital, frecuentando allí el Parlamento y la Universidad, interesándose por los nuevos medios de producción y dirección agraria. En Londres se relacionó con personalidades de la política y estudió los mecanismos parlamentarios y administrativos de aquel país, convirtiéndose en un ferviente admirador del régimen constitucional y del dinámico liberalismo económico ingléS. Vuelto a la patria en 1845, tomó en sus manos la administración de los bienes familiares, a los que su padre no podía ya atender. Instalándose en las fincas familiares de Lieri, aplicó inmediatamente sus experiencias europeas, modernizando científicamente la dirección agrícola de las mismas y dedicándose a los negocios. Aunque noble de nacimiento, C. casó así tal condición con la mentalidad trabajadora y emprendedora de la burguesía capitalista. Este fue un periodo fundamental en su formación, porque tomando contacto directo con los problemas económicos y financieros de su país, pudo inmediatamente encuadrar los problemas políticos en una clara visión de la realidad.En Lieri permaneció hasta 1848, abriéndose camino en el mundo de los negocios y en el de la política. En 1836 fue nombrado miembro de la Comisión Superior de Estadística, se ocupó de asilos infantiles y escuelas populares, fue uno de los fundadores de la Asoc. Agraria, y comenzó a publicar estudios de carácter económico, sosteniendo la nueva política comercial inglesa y el principio del libre cambio. En 1847 entró de lleno en el mundo periodístico, dirigiendo la revista " Il Rinnovamentq" y alineándose con los partidarios de la Constitución y de la guerra contra Austria. En junio de 1848 fue elegido parlamentario. En marzo de 1850 se distinguió en la defensa de la ley para la abolición del fuero eclesiástico, y una parte de la derecha, favorable a la ley, se reunió en torno a C., que se convirtió así en jefe del grupo parlamentario de centro-derecha. En octubre de 1850 D’Azeglio le ofreció la cartera de Agricultura y de Comercio, pasando en 1851 a Hacienda. En tanto, el 2 dic. 1851, Luis Bonaparte realizaba su golpe de Estado: pareció la consagración de la reacción en Europa, y la mayoría conservadora de D’Azeglio estimó oportuno considerar vana la Constitución. Entonces C. derribó al presidente de ministros y concertó un acuerdo entre la derecha liberal y la izquierda moderada (el denominado connubio). No pudiendo enfrentarse a tal alianza, D’Azeglio fue obligado a dimitir, y el 4 nov. 1852 C. asumió la Presidencia del Consejo, reservándose la cartera de Hacienda. Fue un movimiento genial, que paralizó a la reacción y permitió al Piamonte tanto transformarse en un país moderno como ponerse a la cabeza de la redención de toda Italia.Artífice de un nuevo Piamonte. En pocos años, por mérito de C., el viejo Piamonte "obtuso y conservador" se transformó en un organismo estatal y económico a nivel europeo. C. abolió el proteccionismo y estipuló tratados de libre cambio con Inglaterra, Francia y Bélgica.Emprendió una valiente política de comunicaciones, desarrollando la red ferroviaria y las instalaciones portuarias de Génova y La Spezia. Se multiplicaron las industrias y fueron aportadas importantes mejoras a la agricultura (canalización del Vercellese). En pocos años se triplicaron las importaciones y las exportaciones. Además, C. reformó el viejo sistema financiero, aumentando los impuestos y la deuda pública, lo que le permitió una vasta política de obras públicas.Importantísimo fue el papel de C. en política eclesiástica. Su planteamiento del problema de las relaciones entre Iglesia y Estado condicionará toda la política eclesiástica de la Italia unida. C. se separó tanto del jurisdiccionalismo setecentesco como del clericalismo ultramontano, y su célebre fórmula "Iglesia libre en Estado libre" (v. CATOLICISMO LIBERAL) significaba, por un lado, el deseo de una vida religiosa desarrollándose en un clima de completa libertad, fuera de toda injerencia del Estado; por otro, la voluntad de una total desvinculación del Estado de toda injerencia del clero. Esta batalla de C. fue difícil y arriesgada, pero la supo ganar incluso contra la misma voluntad del soberano, y culminó en la ley de 1855, que redujo el número de las órdenes religiosas, a las que despojó de toda personalidad jurídica.Pero la máXIma obra política de C. fue la de conseguir europeizar la política del reino de Cerdeña y, junto al problema italiano, a "diplomatizar" la revolución, como se dijo, y a encontrar el punto de unión entre las tradicionales tendencias "italianas" de los Saboya y las aspi-. raciones nacionales. C. inició, por tanto, una política exterior de gran audacia, acusando a Austria de violar los tratados de Viena, acogiendo a los prófugos lombardos y rompiendo las relaciones diplomáticas con Austria, basándose en que Francia no habría de permitir a este país destruir el reino subalpino. El plan "resurgimental" de C. no debe ciertamente ser considerado con la misma perspectiva del mazziniano de crear una Italia unida; C. permanecía aún ligado a la tradicional diplomacia saboyana, y su objetivo inmediato era, por un lado, crear un reino de la Alta Italia para Víctor Manuel II (v.), por otro, quitar la iniciativa política de las manos de los democráticos, para ponerla en las de la casa de Saboya, de su ejército y de su diplomacia. C. se dio cuenta lúcidamente de que era necesario insertar al pequeño Piamonte en el tablero de la política internacional. Estallada la guerra ruso-turca (noviembre de 1853), la diplomacia anglo-francesa hizo presión sobre Turín para que interviniese en el conflicto, lo que equivalía a una alianza indirecta con Austria. C., que era favorable a ello, se encontró enfrentado a toda la izquierda, mientras la derecha, hostil a su ley sobre las órdenes religiosas, intentó aprovecharse de la ocasión para desembarazarse de él con la ayuda del rey ("crisis calabiana"). C. consiguió mantenerse erguido frente a las dos alas de la formación parlamentaria y transformar la imposición anglo-francesa en una oferta formal de alianza. Piamonte participó así en la guerra, lo que le dio el derecho de sentarse junto a las grandes potencias en el congreso de París (1856). Entonces C. supo hábilmente primero sentar las bases de la armonía entre intereses italianos y franceses, que sería fundamental para el Risorgimento (v.), y después volver sobre Austria, sobre el gobierno papal y borbónico la responsabilidad de la agitación revolucionaria italiana, gran peligro para la paz europea.Artífice de la unidad italiana. Después del congreso, la opinión pública italiana estaba con C. Municipalistas, republicanos, moderados toscanos, desterrados sicilianos y napolitanos se adhirieron así a la Societá Nazionale, que, bajo el control secreto de C., contribuyó eficazmente a casar el programa unitario mazziniano con el monárquico constitucional de los moderados. Dos héroes de las defensas republicanas de 1849 se adhirieron: Garibaldi (v.) y Manin.Entretanto, C. continuó sus maniobras diplomáticas, aprovechándose hasta de las insurrecciones mazzinianas, y del mismo atentado a Napoleón III de F. Orsini, con el fin de convencer al emperador de la necesidad de una acción en Italia para prevenir la revolución democrática. En julio de 1858 C. se encontró con Napoleón III en los baños de Plombiéres, llegándose allí al acuerdo de que Francia intervendría al lado de Piamonte en caso de una agresión austriaca. Después de los acuerdos de Plombiéres la situación se precipitó. El 30 en. 1859 se firmó una alianza militar entre Piamonte y Francia. C. intentó entonces empujar a Austria a declarar la guerra. Enroló voluntarios y dejó que Garibaldi procediese a la constitución de un cuerpo de "Cazadores de los Alpes". Inglaterra se ofreció en ese momento como mediadora para la paz, y Rusia y Francia aceptaron las propuestas inglesas y presentaron el proyecto de una conferencia diplomática. Era el derrumbamiento de todo el castillo diplomático minuciosamente construido por C., el cual pasó momentos de verdadera desesperación. Austria, entretanto, segura como nunca de que el Piamonte había sido abandonado por todos, hizo el falso movimiento de rechazar las propuestas anglo-francesas y de enviar un ultimátum, imponiendo a Piamonte el desarme en el plazo de tres días. C. tuvo condiciones inmejorables para responder negativamente, y así estalló el tan deseado conflicto (23 abr. 1859).Fue la II guerra de Independencia (v. ITALIA v). La amenaza de una intervención de Prusia y el fracaso de la política napoleónica de los Estados vasallos indujeron a Napoleón III al armisticio de Villafranca. Fue un nuevo golpe para C. Después de haber intentado en vano persuadir al rey para que no firmase el armisticio, C. volvió a Turín y traspasó el poder a un ministerio RattazziLamarmora. Mientras, alcanzaba alto nivel el prestigio de Mazzini, que había siempre advertido a los italianos que no se fiaran del emperador. C. comprendió que, si se quería bloquear la solución democrática mazziniana, necesitaba volver a tomar en sus manos la situación. Fortalecido por el apoyo de Inglaterra, a la que interesaba ahora apoyar la causa italiana, C. volvió a tomar el poder (21 en. 1860), e inició negociaciones con Napoleón, convenciéndole de conceder, a cambio de Niza y Saboya, la anexión de Toscana y Emilia. El 2 de abril se inauguró en Turín el Parlamento de Italia septentrional y central. Entre tanto, a Fernando 11 de Borbón había sucedido en el trono de las Dos Sicilias el inexperto Francisco 11. C. hábilmente animó al joven rey a aliarse al Piamonte y conceder una Constitución, desacreditándole después ante los liberales por la negativa opuesta. Los patriotas sicilianos proyectaron mientras una insurrección de la isla, apoyada por una expedición de Italia septentrional. C. trenzó entonces un complejo juego político en torno a la proyectada expedición, que habría debido ser mandada por Garibaldi, no haciendo nada por impedirla. Por el contrario, cuando Garibaldi conquistó Sicilia, apoyó la empresa y, después, seguro del apoyo de Inglaterra y de la pasividad de Austria, convenció a Napoleón III, flameándole ante sí el espantajo de la república democrática mazziniana, a permitir que Víctor Manuel tomase la iniciativa y pusiese fin a la aventura garibaldina con el envío de las tropas reales a las Marcas y Umbría. El encuentro de Teano entre el rey y Garibaldi puso fin a toda ilusión democrática y selló la victoria de la política cavouriana de aneXIones. Las elecciones para el nuevo parlamento llevaron a la Cámara 443 diputados: 80 diputados garibaldinos formaron la extrema izquierda, pocos clericales la extrema derecha, y C. se encontró así con una amplia mayoría sobre la cual poder contar. Fueron extendidos a las regiones meridionales los códigos piamonteses, fue abolido el concordato con la Santa Sede de 1818, y se hicieron ejecutivas las leyes piamontesas sobre las comunidades religiosas y sobre los beneficios eclesiásticos.Los últimos problemas. Muerte de Cavour. Al joven Estado italiano quedaban todavía dos problemas abiertos: Roma y Venecia, pero el primero, concerniente al fin del dominio temporal de los Papas, era el más grave. C. empleó sus últimos meses de vida en sentar las bases para la resolución de este gravísimo problema. La situación era compleja. En danza no estaban solamente los principios doctrinales de la Santa Sede, la cual no estaba dispuesta a llegar a un acuerdo con el "progreso y el liberalismo" y a descender a tratos con quien había ocupado ¡legalmente los territorios del Estado Pontificio, sino también los intereses de Napoleón III, el cual, inicialmente dispuesto a retirar las tropas francesas de Roma, frente a la reacción negativa de los católicos franceses, fue obligado a dar marcha atrás y a abandonar a C. En un discurso a la Cámara, el 27 de marzo, C. tomó posición sobre la necesidad de la renuncia por parte de la Iglesia del poder temporal, a lo cual habría de corresponder la renuncia por parte del Estado de sus armas jurisdiccionales. La única vía posible para C. era no el viejo camino de los concordatos, sino "un acuerdo sobre la base de la libertad". "Nosotros creemos, dijo C., que se debe introducir el sistema de la libertad en todas las partes de la sociedad religiosa y civil: queremos la libertad económica, queremos la libertad administrativa, queremos la plena y absoluta libertad de conciencia: queremos todas las libertades políticas compatibles con el mantenimiento del orden público y por tanto como consecuencia necesaria de este orden de cosas, creemos necesario para la armonía del edificio que queremos alzar que el principio de libertad sea aplicado a las relaciones de la Iglesia y del Estado... Nosotros estamos dispuestos a proclamar en Italia este gran principio: libre Iglesia en libre Estado". Pero esa frase -que C. toma de ambientes relacionados con el catolicismo liberal (v.) francés- tiene en él, junto a acentos de sinceridad, un claro tono estatalista, e implicaba la exigencia de que la Iglesia renunciara a la casi totalidad de su derecho público eclesiástico (v.). Su ofrecimiento no podía por eso ser acogido. Esta batalla no consigue, pues, llegar a puerto. Fue por lo demás la última de este estadista. Quemado por su misma febril actividad, m. el 6 jun. 1861.C. fue sin duda una de las más grandes figuras del Risorgimento, en los límites evidentemente de una concepción moderada del mismo. Hombre de justo medio, tuvo la gran habilidad de hacer de esto último "no un punto fijo matemáticamente en el predominio plutocrático de la burguesía, sino una posición a conquistar y a mantener perennemente en el fluir de las circunstancias históricas" (A. Omodeo).V. t.:RISORGIMENTO;ITALIA V;GARIBALDI,GIUSEPPE.E. PASSERIN D’ENTRÉVES, CULTIMA BATTAGLIA POLÍTICA DEL CONTE DI CAVOUR, TURÍN 1956.
BIBL.: CAVOUR, Discorsi parlamentar¡, Florencia 1932-61; está en curso la publicación íntegra de los Carteggi, Bolonia 1926-61; A. OMODEO, Copera política del Conte di Cavour, Florencia 1940; U. MARCELLI, Cavour diplomático, Bolonia 1961; R. LURAGHI, Pensiero e azione economica del Conte di Cavour; P. GUICHONNET, Cavour agronomo e uomo d’af fari, Milán 1961; R. ROMEO, Dal Piemonte sabaudo all’Italia, liberale, Turín 1963; D, MACK SMITH, Cavour and Garibaldi 7860. A study in political conflict, Cambridge 1954;
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