Catarsis CIENCIA
Categoria:
Ciencia
La significación médica del vocablo c. y su inclusión en el léXIco profesional son tan antiguos como la medicina hipocrática. Su etimología griega remite a la acción de purificar o purgar; así se ha venido aplicando el calificativo de catártico a determinados medicamentos purgantes. Lógicamente, al disminuir el empleo de este tipo de medicación como consecuencia de los progresos en el conocimiento y cura de los trastornos digestivos, tanto los vocablos de esta estirpe, como la acción farmacológica por ellos expresada tienden a convertirse en una especie de recuerdo histórico. Pero la infleXIón semántica que la palabra c. sufrió con la aparición a fines del s. XII de las doctrinas psicoanalíticas ha determinado que su concepto, referido casi exclusivamente al campo de la Psicopatología (v.) y en particular al de la Psicología profunda (v.), recobrase y aun mantuviese un interés indudable.Fue el médico vienés Breuer (1841-1925), colaborador de Sigmund Freud (v.) durante la primera época de sus investigaciones, quien designa como c. un nuevo método terapéutico de determinados trastornos psíquicos. En 1895, y a propósito del tratamiento de una enferma histérica (v. HISTERIA), Breuer y Freud publicaron conjuntamente un trabajo que, bajo el título de Estudios sobre la histeria, desarrollaba la primera teoría sobre la c. Desde entonces, aun cuando la c. haya perdido importancia como ingrediente técnico dentro del esquema general del Psicoanálisis (v.), como se verá más adelante, las psicologías de esta inspiración han tratado de reivindicar y mantener la arcaica significación del vocablo como limpieza o purificación del psiquismo.Hace ya muchos años apuntó López lbor (v.) que el fenómeno catártico no era en realidad un hecho enteramente nuevo: en todas las religiones se ha atendido de siempre, de un modo u otro, a esa especie de purificación ad extra del espíritu, capaz de devolver al creyente la paz perdida. En cualquier caso, el hecho de que el habla purifica y sosiega al hombre, es de observación común. El método preconizado por Breuer y Freud se apoyaba en ello. Su originalidad técnica consistía en aprovechar la hipnosis (v. PSICOTERAPIA) que, como tratamiento de la histeria se empleaba en la clínica de la Salpétriére de París (v. CHARCOT), para facilitar el recuerdo de ciertos acontecimientos que por su sobrecarga emocional habrían actuado patogenéticamente. En esta primera época, la c. se considera y estima como c. ex ore.Sin embargo, bien pronto se advirtió que el intento de evocar en estado hipnótico la experiencia traumatizante (v. TRAUMA PSÍQUICO) no siempre era posible ni siquiera satisfactoria. Freud restringió esta especie de c. al tratamiento de los síntomas histéricos. Por estas deficiencias y la no menor dificultad de provocar el estado hipnótico, Freud propuso la hipótesis que, realmente, se iba a convertir en el punto de partida del Psicoanálisis como doctrina y terapéutica de las neurosis (v.). Dicha hipótesis contiene, en síntesis, dos nociones fundamentales e interconexas: a) En el habla hay algo más que un relato expresivo; cuando alguien comunica algo, lo que acontece no es solamente la declaración de unos contenidos de conciencia: lo dicho comporta significaciones no siempre manifiestas para el sujeto; queda algo oculto que el fundador del psicoanálisis no duda en situar fuera del ámbito y control de la consciencia (v. CONCIENCIA 11; INCONSCIENTE Y SUBCONSCIENTE); la palabra se convierte en símbolo, pero la sola verbalización resulta insuficiente para purgar el psiquismo; y b) el símbolo verbal reclama una interpretación aclaradora. De esta suerte, la pesquisa de los recuerdos y su hermenéutica (o traducción) realizadas por el terapeuta, convierten las manifestaciones verbales del mismo en un factor imprescindible para obtener la necesaria descarga curativa. Surge así, como. algo complementario, para convertirse después en elemento de superior rango de la terapia, la llamada c. ex auditu.La importancia de la c. en su doble faceta es evidente. Lo ocurrido con la simple observación y registro del fenómeno es nada menos que la introducción del diálogo como ingrediente fundamental de la relación médico-enfermo: a la vez que la anamnesia (ordenación cronológica de los antecedentes de la enfermedad y su conversión en "historia interna" o personal), la propia palabra del médico, en tanto interpretación de los síntomas, produce también efectos curativos.Sin embargo, la singular y extremada manipulación freudiana del proceso dio lugar a una de las tantas paradojas del psicoanálisis. En principio, la c. como método postulado por Breuer y el mismo Freud desaparece prácticamente, siendo asumido en su aspecto de c. ex auditu en el primer esquema doctrinal de la nueva teoría de las neurosis que, justamente, desde ese mismo momento Freud va a bautizar con el nombre de Psicoanálisis. Lo notable es que, sin subestimar la importancia de la palabra del enfermo, el relato evocador de las experiencias traumatizantes va siendo sustituido por simples manifestaciones verbales, evitando el orden y por palabras sugeridas de acuerdo con determinados inventarios. Unas y otras, designadas como "asociaciones libres", y la narración, lo más espontánea posible, de los sueños de los enfermos, se constituyen como "material" a interpretar. La c. hipnótica se transmuta de esta suerte en Psicoanálisis, hasta que, pasados los años, la evolución misma de las ideas psicoanalíticas y la progresiva importancia concedida a otros factores actuantes en el plano de la relación médico-enfermo, en especial la transferencia (v.), arrumben prácticamente y de manera definitiva el concepto de c. y su significación técnica.Hoy el término c. apenas se encuentra como recuerdo histórico en los vocabularios psicoanalíticos. En los tratados de Psiquiatría ni siquiera se le menciona. Sin embargo, la vieja idea de la c. como acción "sanadora" de la palabra sigue latente en cualquier método psicoterapéutico. El éXIto que entre el gran público de la primera época del Psicoanálisis y la influencia que en la opinión de las gentes profanas sigue teniendo en la actualidad se debió y se debe al empleo técnico del diálogo como modo de satisfacer la exigencia de conocimiento de la criatura racional.El alcance del fugaz y ya olvidado método catártico consistió precisamente en haber introducido en la clínica y en la investigación de cualesquiera formas de enfermar, no sólo la palabra hablada, sino el gesto y hasta los mismos síntomas como fisiognómica.V. t.:PSICOANÁLISIS;INCONSCIENTE Y SUBCONSCIENTE.J. Mª POVEDA ARIÑO.
BIBL.: P. LAÍN ENTRALGO, Estudios de Historia de la Medicina, Madrid 1943; 1. 1. LóPEZ IBOR, La agonía del psicoanálisis, Buenos Aires 1951; R. MANDOLINI, Historia general del Psicoanálisis, Buenos Aires 1960; S. NACHT, El Psicoanálisis de hoy, Barcelona 1959; B. SZEKELY, Diccionario Enciclópedico de la Psique, Buenos Aires 1958.
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