Cataluña. Prehistoria y Arqueología HIST.
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Historia
Paleolítico.C.se forma en la Edad Media como fenómeno histórico y lingüístico. Dentro de los límites de esta C. se desarrollan las mismas culturas prehistóricas que en el resto de España, con matices originales. Antropológicamente se señala el hombre de Neanderthal (v.), en Bañolas (mandíbula hallada en 1887 en la toba caliza del lago); podrían asignársele también un premolar y tres molares de la estación Agut de Capellades (Barcelona); el homo sapiens fossilis, del Paleolítico superior, sólo ha dado algunos huesos en yacimientos de Seriñá (Gerona), persistiendo estos elementos cromañoides a lo largo de la Edad del Bronce y encontrando en la cultura de sepulcros de fosa paralelismo con los grupos europeos y no con "los de la Península. Hay que señalar también la llegada desde el N de elementos braquicéfalos a la comarca de Solsona. La base de la población es el elemento mediterráneo grácil, como en la mayor parte de España.Arqueológicamen te no hay restos del Paleolítico inferior, y del Paleolítico medio sólo los restos musterienses del abrigo Romaní y la estación Agut de Capellades. Del Paleolítico superior se conocen dos núcleos importantes: el de Seriñá (Reclau Viver, Els Encantats y Bora Gran d’en Carreres) y la garganta de San Julián de Ramis (Cau de les Goges y Cova de les Goges), por una parte, y el de Falset en el Priorato tarraconense (San Gregorio), por otra; el primer grupo ha dado materiales aurmacienses típicos y gravetienses, de tradición europea los primeros y mediterránea los segundos; en San Julián de Ramis los restos son esencialmente solutrenses, con excelentes puntas de flecha de sílex. El magdaleniense se presenta claramente en la Bora Gran d’en Carreres, con reno como fauna y microlitos y puntas de dorso rebajado, punzones de hueso y arpones de sus etapas inicial y desarrollada. En San Gregorio predominan las hojas gravetienses y se halló una plaqueta de piedra con una cierva grabada. Parece que el gravetiense cubriría toda Cataluña, recibiendo la intrusión solutrense y la invasión nórdica magdaleniense que no pasaría de Seriñá.El Mesolítico, tras la postrera glaciación, se reconoce en el último estrato de San Gregorio y en la Cueva del Filador (Margalef), quizá en los talleres de sílex al aire libre, de dudosa datación, en la comarca del Priorato, y en las industrias toscas de cuarcitas del Cau del Duc, de Torroella de Montgrí (Gerona), atribuidas a la industria asturiense, aunque por algunos se hagan mucho más antiguas, incluso del Paleolítico inferior.El arte rupestre levantino está representado en C. por la Roca dels Moros de Cogul (Lérida), con la escena de la danza de mujeres alrededor de un hombrecillo desnudo; por el grupo de Tivissa, Perelló y Vandellós (Tarragona), en gran número de pinturas esquemáticas, con bellos conjuntos en Cabra Feixet y en los dos abrigos de la Sierra de Prades, Mas d’en Besóó y Mas del Llort (Rojals, Tarragona), cuya mejor figura es un toro naturalista. Neolítico. Su fase más antigua se reconoce en cuevas con cerámicas incisas e impresas, llamadas cardiales (del cardium edule) en las montañas de Montserrat, en la Balma de la Espluga de San Quirico Safaja, con posición estratigráfica y en una quincena de estaciones más, desde Reclau Viver de Seriñá hasta la Cova del Vidre, en Mas de Barberans, al sur del Ebro; hay además toscas cerámicas a mano, pobres sílex de carácter mesolítico, hueso bien trabajado y hachas pulimentadas de piedras duras. Sus creadores fueron pastores de economía rudimentaria, relacionados con el sur de Francia, el noroeste de Italia, la costa valenciana y todo el Mediterráneo occidental. Su procedencia sería oriental, llegaría por vía marítima y se iniciaría a partir del V milenio a. C. Una segunda fase de agricultores, habitantes de poblados, originaría la cultura de los sepulcros de fosa, por su forma de enterramiento, independientes de sus contemporáneos peninsulares, extendiéndose por un triángulo ideal con vértices en el Ampurdán, Reus y Solsona, en las montañas del litoral, prelitoral y Prepirineo central; las fosas son simples, rectangulares, y el cuerpo protegido por losas que acabarán formando una verdadera cista; los cadáveres se disponen de costado, con las piernas fleXIonadas; los ajuares son núcleos de sílex, cuchillos, puntas de flecha (escasas triangulares y de pedúnculo), poco cobre, un par de vasijas por tumba, hachas pulimentadas, collares de calaíta, colgantes y punzones de hueso; las tumbas se agrupan en necrópolis poco extensas; las viviendas fueron cabañas simples, en poblados sin muros ni defensas. Puede fecharse esta cultura en el III milenio a. C. y aunque ha sido siempre considerada como una rama de la de Almería, a la que habría servido de puente para su difusión por Europa, actualmente se niega tal vinculación, incluso con los yacimientos almerienses valencianos, siendo en cambio claras las relaciones con Francia, Italia y Suiza.Eneolítico y Edad del Bronce. Por sus tumbas colectivas conocemos un pueblo que se enterró en megalitos (v. MEGALÍTICOS, MONUMENTOS), dólmenes, numerosos en la C. vieja, con límites en el río Besós y en la divisoria del Segre y el Noguera Pallaresa; de ahí su nombre de cultura pirenaica, estudiada por L. Pericot. Las plantas son diversas (dolmen, cista) con pocos sepulcros de corredor y galerías cubiertas, que son de una fase más antigua, concentrándose en el Alto Ampurdán, siendo el mayor el de Creu d’en Cobertella (Rosas) con losa de cubierta de 5,75 por 4,15 m. Los ajuares son objetos de piedra, cerámica y raros utensilios de metal, puntas bifaciales de sílex (pedunculadas con aletas), cuchillos que llegan a 0,20 m. de largo, pocas hachas pulimentadas, cantos rodados, cuarzo, placas de pizarra, vaso campaniforme (inciso o liso), botones de perforación en "v", perlas de collar en hueso, piedra o concha, etc.De la misma época deben ser las cuevas con enterramientos colectivos, pequeñas y difícilmente habitables, p. ej., Cau d’en Serra, Picamoixons, Tarragona, con espectaculares sílex. Su extensión por la costa es mayor que la de los megalitos, rebasando la línea del Francolí y sus materiales muy semejantes. La transición entre los sepulcros de fosa y las cuevas sepulcrales colectivas del círculo mesolítico podría estar en el Forat de les Tombes (Santa María de Besora). Problema sin solución hasta ahora es el del poblamiento de las llanuras después de la cultura de los sepulcros de fosa, ya que no fueron ocupadas por la gente de los megalitos. La citada cultura se relaciona con la de cuevas de Valencia y con los dólmenes del Pirineo, como haciendo de C. una zona secundaria entre el sudeste español y el sur de Francia. Podría datarse desde el 2000 hasta el 1500, en que se iniciaría su decadencia.Más inciertos de cronología y de fijación geográfica son los ya aludidos talleres de sílex de superficie, tal vez vinculados al Mesolítico, con largas perduraciones arcaizantes; las cuevas de la época de los megalitos; y las cuevas de la Edad del Bronce. Aquí pueden agruparse las últimas fases del arte rupestre, pinturas y grabados esquemáticos, que hallamos en las ya citadas estaciones de arte levantino y en muchos puntos de C.No hay poblados de la Edad del Bronce’ en C., continuando la vida cavernícola. Prácticamente la cultura argárica, contra lo que se ha dicho, no llegó al NE de España. Finalmente, una oleada de braquicéfalos que llegaría desde el Norte y que se identificaría por medio de elementos arqueológicos (asas de apéndice de botón, cerámica excisa), denotaría una población europea que se extendería desde el norte de Italia hasta el Ebro.Los indoeuropeos (v.). La 1 Edad del Hierro se inicia en C. poco después del principio del 1 milenio a. C., con invasores que viven en poblados, incineran los cadáveres y depositan las cenizas en urnas (cultura de los campos de urnas), usan abundantemente el bronce (fíbulas, agujas, navajas de afeitar) y escasamente el hierro, extendiéndose por toda C. desde Agullana a Llardecans. Una necrópolis básica para su estudio es la de Can Missert, de Tarrasa y el poblado más interesante, el de La Pedrera (Vallfogona de Balaguer) con importante estratigrafía. Aparte de este poblamiento en aldeas situadas en las llanuras o laderas de las montañas, sigue la ocupación de cuevas, incluso más intensa, sirviendo a un tiempo de habitación y enterramiento y éste, tanto de inhumación como de incineración. Los poblados, pequeños y sin defensas, superponían sus ruinas formando auténticos tells o colinas de restos. Sus habitantes protagonizaron la segunda colonización agrícola de C. conviviendo con los pastores de la montaña. Su utillaje fue la cerámica a mano, abundante y bastante fina, con incisiones geométricas o cordones, objetos de bronce o hierro. Entrarían en C. por el Rosellón, procedentes del Rin y el Ródano, extendiéndose por el Vallés, el Panadés, el Campo de Tarragona y el llano de Urgel, sin llegar al Ebro; poco después, otra oleada, por los pasos del Pirineo, mucho más compleja, descendería por el Segre hasta el Ebro, procedente del noroeste de Italia y el sur de Suiza, entre los S. VII y VI.Los griegos. Sus establecimientos en C. se conocen por escasas fuentes literarias y abundantes restos; éstos son de factorías del S. VI, como Emporio y Rode, en el golfo de Rosas, y Ullastret, tal vez la Cypsela de la Ora Marítima. Ello supone asentamientos de rodios (excavaciones recientes en la ciudadela de Rosas) y focenses (v.) (viejas excavaciones de Emporion), con intensificación del comercio massaliota a lo largo del S. VI y a finales de las importaciones atenienses.Los iberos (v.). Pueblos de la costa mediterránea, extendidos desde el estrecho de Gibraltar al río Hérault, con cultura común (escritura, lengua, arte) y variedad étnica, que conocemos bien desde el S. V a. C. En C. había pueblos indoeuropeos iberizados y otros iberos en sentido estricto, aunque algunos supongan que tal cultura no es más que la influencia clásica sobre los pueblos de la I Edad del Hierro. Los poblados, grandes y amurallados, se construyen en lo alto de los cerros. Las fuentes citan nombres de grupos étnicos; así Hecateo a los esdetes, ilaraugates y misgetes. Las tribus principales (según Estrabón, Plinio, T. Livio y Ptolomeo), fueron los ilergetes (desde Ilerda, Lérida, hasta el Montsech), los ilergavones (Dertosa, Tortosa y Bajo Ebro), cessetanos (Cesse-Tarraco, Tarragona y su campo), los indigetes (Undica-Emporion, Ampurdán), los layetanos (Laies-Barkeno-Barcino, Barcelona), los lacetanos (región de Solsona), los bergistanos (Berga), los ausetanos (Ausa, Vich), los cerretanos (Cerdaña), aparte de otros menos importantes. Conocemos sus poblados (Castell, en Palamós; Puig Castellar, sobre la boca del Besós; La Gessera, Caseras, Tarragona); murallas, con dudas sobre su datación en Tarragona y Olérdola; necrópolis (Cabrera de Mataró), y como materiales los de hierro, cerámica a torno y pintada (horno de Fontscaldes), textos escritos con un alfabeto especial usado en las monedas (dracmas de imitación emparitana, piezas de tipo romano con el jinete).Los romanos. Desde el S. III, tomaron C. como lugar de desembarco y retaguardia, primero en Emporio y luego en Tarraco. Desde allí se organizaron las campañas contra los cartagineses, cuya línea avanzada estaba en la orilla derecha del Ebro, y contra los indígenas del interior (los Escipiones, Catón). C. formó parte de la Citerior y luego de la Tarraconense (v.); realmente no fue conquistada del todo hasta el 183, habiéndose establecido antes (desde el 205) turres sobre todo contra los ilergetes e importantes fortificaciones en Olérdola, Tarragona, Ampurias, Gerona, Guissona y Lérida. Conocemos muchas ciudades, la mayor parte sin excavar, colonias como Barcino y Tarraco, municipios como Emporio y Dertosa (luego colonia) y, desde el punto de vista arqueológico, las ruinas de Gerunda (Gerona), Muro (Mataró), Baetulo (Badalona), las tardías y espectaculares de Barcino, junto a las murallas y Tarraco; y las nacidas como establecimientos termales como Aquae Voconis (Caldas de Malavella) y Aquae Calidae (Caldas de Montbuy). Es conocido el fenómeno de la destrucción de los poblados indígenas fortificados de las montañas y su nuevo establecimiento en el llano, en la época imperial, así como la gran densidad de casas de campo (villae rusticae) denunciadas por los mosaicos y la cerámica (Bel-loch, Gerona; Altafulla y Pineda, Tarragona; Vilagrasa, Albesa, Lérida; Tossa, Gerona, etc.). También la intensificación de las vías, como la de Tarraco-Osca por Ilerda o la de Iliberis (Elne) a Gerunda, por Banyuls, Perelada y Figueras; la vía Hercúlea poseía un trofeo de Pompeyo en el Perthus y por la costa cruzaba toda C. comunicándola con Sagunto y Carthago Nova. Los puentes más importantes son el de Martorell, sobre el Llobregat, con arco de triunfo, muy restaurado, como lo están también el de Manresa, sobre el Cardoner y el de Lérida, sobre, el Segre, conocido por las noticias de Lucano. A citar también el puerto de Emporio, el acueducto de Tarragona, el templo de Vich y las columnas del de Barcelona. los circos de Gerona y Barcelona, conocidos por espléndidos mosaicos; el arco de triunfo de Bará, el columbarium de Vilarrodona (Tarragona) e innumerables restos, aparte de los grandes conjuntos de Tarragona, Ampurias y Barcelona.Paleocristianos y visigodos. Aparte de la predicación paulina, que no tiene exacta localización, C. se cristianizó a mitad del s. III, según sabemos, por la fuerte comunidad de Tarraco, con su obispo S. Fructuoso, mártir en el 259 (v. TARRAGONA IV). No obstante, la predicación debió ser anterior, con fuerte influencia de Roma primero y luego de la Iglesia norte-africana (noticias de Prudencio sobre Félix Africano y S. Cucufate). En la época visigoda, pese al especial papel de la Tarraconense, la continuidad demográfica hispano-romana es un hecho, bien sea en el romanizado reino de Ataúlfo con cabeza en Barcino (S. V), o en los intentos de autonomía durante la decadencia del reino de Toledo, con la rebelión de Paulo en C. y la Septimania. Los restos más importantes son los sarcófagos (S. Félix de Gerona, supuestos de Arlés, pero seguramente de Roma; los constantinianos del Museo de Barcelona y del Paleocristiano de Tarragona; el taller local de Tarraco, del S. V); el mausoleo de Centcelles, tumba de Constante II con mosaico en la cúpula (353-358); edificios de culto de Tarrasa, Barcelona, Tarragona, San Cugat del Vallés y Rosas, planteando el grupo de Tarrasa muchos problemas y pudiendo fecharse en los S. V a VII; el templo de S. Fructuoso de Tarragona puede ser de fines del v; rotundamente visigodos serían los de San Cugat y el del anfiteatro de Tarragona. De aire africano y cronología avanzada serían las mesas de altar y las laudas sepulcrales de Rosas, Ampurias, Rubí y San Feliu de Llobregat. Del S. V el mosaico de Optimus, de Tarragona y posterior el de Ampelius y otros semejantes. La escultura tendría un grupo de Tarragona (sarcófagos del S. V) y otro del VI y el VII. Los hallazgos de artes menores responden a la tradición romana.A. BELTRÁN MARTÍNEZ.
BIBL.: M. TARRADELL, Les arrels de Catalunya, Barcelona 1962; J. C. SERRA RAEOLS, El poblament prehistóric de Catalunya, Barcelona 1930; P. BoscH GIMPERA, Prehistória catalana, Barcelona 1919; UNIV, DE BARCELONA, Problemas de la Prehistoria y de la Arqueología catalanas, Pamplona 1963 (C. romana por ARRIBAS, BALIL, y BLAZQUEZ; Paleocristiana y visigoda por PALOL); L. PERICOT, Los sepulcros megalíticos catalanes, Barcelona 1950.
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