Cataluña. Literatura. LIT.
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Literatura
1. Primeros textos en lengua catalana. Es casi imposible fijar el momento en que empieza la historia de la literatura catalana. Como todas las lenguas derivadas del latín, la diferenciación fue lenta y gradual, casi imperceptible. Los cambios más radicales debieron producirse en los S. VIi y vIII. Ya en el s. ix, y mucho más en el x y XI, palabras y frases enteras en catalán aparecen con mucha frecuencia intercaladas en los documentos latinos, por lo que cabe pensar que la lengua hablada en aquel momento era esencialmente la que ahora denominamos catalana. Sin embargo, los primeros documentos escritos totalmente en catalán datan de mediados del s. XII, y de entre ellos el más importante es una versión del Forum Iudicum. El primer texto catalán propiamente literario es de principios del s. XIti y se conoce con el nombre de las Homilies d’Organyá (Homilías de Organyá); se trata de un sermonario, del que nos ha llegado un fragmento de seis piezas, estrechamente relacionado con sermonarios provenzales.A partir del matrimonio de Ramón Berenguer III con Dolga de Provenga (1112), el provenzal (v.) se impuso en C. como la lengua literaria de moda, de tal manera que todos los poetas catalanes de aquel momento escribieron sus composiciones en provenzal, y son considerados autores clásicos de aquella literatura: así Berenguer de Palo], Guerau de Cabrera, Guillem de Cabestany (1162-1212), Cerverí de Girona (1250-80), Guillem de Berguedá (1140-1203) y el mismo Alfonso 11 (1152-96). Como ocurría durante estos siglos con el latín, la de Oc fue una lengua artificial y jamás hablada por el pueblo catalán. Ya los mismos juglares, encargados de divulgar la poesía lírica, para divertir a su auditorio recitaban poemas épicos en catalán, de los que se conservan fragmentos incorporados en las crónicas del s. XIII. A pesar de que hasta el s. XV no puede hablarse de poesía culta propiamente catalana, muy pronto, el lenguaje de la lírica aparece como una mezcla de provenzal y catalán, con una constante tendencia a desprenderse de los occitanismos, de tal manera que ya a finales de la Edad Media se llegó a escribir en la lengua autóctona.En prosa, en cambio, no se empleó jamás el provenzal. En el s. XIII el catalán acaba su proceso de formación, y con Ramón Llull (v. LULIO, RAIMUNDO), la figura máXIma de las letras catalanas, llega a la categoría de lengua literaria y se convierte en instrumento apto para toda expresión literaria y científica, una lengua de excepcional exactitud y precisión, si tenemos en cuenta su incipiente condición. Llull viene a ser para el catalán lo que Alfonso X para la lengua castellana. Con su coetáneo Arnau de Vilanova (v.) son los escritores catalanes más europeos y trascendentales; con ellos la cultura catalana se extiende por Europa y el Mediterráneo.2. Historiografía. Desde loss de la literatura catalana se cultiva la historiografía, que adquirirá importancia capital. La primera obra conocida de este género es Gesta comitum barcinonensium et regum Aragoniae, de la que existen dos versiones latinas y una catalana, redactadas entre los s. XII y XIII. A ésta sigue Crónica d’Espanya (Crónica de España), redactada hacia 1268 por Pere Ribera de Perpejá; es una adaptación del libro De rebus Hispaniae, del arzobispo de Toledo Jiménez de Rada (v.). Se tradujeron asimismo muchas otras obras que no han llegado a conocerse. Ya en este tiempo se redactan las dos primeras grandes crónicas: el Libre de feyts o Crónica de faume I (Libro de los hechos o Crónica de Jaime 1) y la Crónica (Crónica). El Libre de feyts es la relación de las conquistas de Mallorca y de Valencia, dictada por el rey a sus colaboradores. Es un documento realista, de un verismo histórico totalmente comprobado, en el que se conjugan elementos épico-heroicos. Su prosa es fluida y de tono coloquial, de gran agilidad en los diálogos. La segunda gran crónica, la de Desclot (v.), personaje no identificado históricamente, nos da cuenta de la expansión catalana por tierras de Italia; su protagonista es Pedro III el Grande de Aragón (v.), por quien el autor siente una admiración sin límites. En esta crónica encontramos, admirablemente enlazados, relatos históricos, narraciones juglarescas y testimonios propios y de otras personas que presenciaron los acontecimientos. Hay que señalar su objetividad y su estilo preciso y flexible.La obra considerada como más importante de la historiografía catalana es la de Ramón Muntaner (v.) por las cualidades de su estilo directo y vivo, por su valor documental y por el entusiasmo que el autor pone en el relato de los acontecimientos. La última de las grandes crónicas catalanas es la de Pedro IV el Ceremonioso (v.). La escribió, por inspiración del rey, Bernat Descoll entre 1369 y 1388. En ella se dan a conocer datos de política interior, con la intención de justificar la actuación del monarca.La influencia de la materia de Bretaña (v.) se deja sentir en C. entre mediados del s. XIV y principios del XV. La obra más representativa de esta corriente es la Faula (Fábula) de Guillem de Torruella. A imitación de las fabliaux (v.) francesas se escriben: Disputació d’en Buch ab son cavall (Disputa de Buch con su caballo), sátira de la sociedad de su tiempo; el Testament d’en Serradell de Vich (Testamento de Serradell de Vich), obra de intención irónica; y el Procés de la senyora de Valor contra en Bertran Tudela (Proceso de la señora de Valor contra Bertrán Tudela), de Francesc de la Via, que podemos considerar las más representativas del género.3. Influencia del humanismo italiano. A raíz de la íntima relación que C. estableció, a finales del s. XIII, con el sur de Italia, es uno de los primeros países en que se deja sentir la influencia del humanismo italiano. Dante, Petrarca y Boccaccio serán ahora los modelos más imitados. Bernat Metge (v.) es la figura más notable de esta influencia, a la vez que la personalidad de mayor relieve del movimiento humanístico catalán, que tendrá continuidad hasta la figura de loan Roís de Corella, de finales del s. XV, pero que no conseguirá enlazar con el Renacimiento europeo. Dentro del periodo humanístico hay que destacar un gran número de traducciones, y en especial la obra del mallorquín Ferran Valentí, que vivió en la corte de Alfonso el Magnánimo, escribió correctamente en latín y tradujo al catalán las Paradoxa, de Cicerón. El prólogo de esta traducción es el primer intento conocido, junto con la Carta o Proemio del marqués de Santillana al condestable Pedro de Portugal, de componer una historia de la literatura. Joan Roís de Corella cierra con dignidad la prosa renacentista catalana, con sus originales adaptaciones de las fábulas clásicas. Su estilo, como el de sus coetáneos, resulta barroquizante al intentar adaptar la frase románica a la latina clásica. Son sus obras más notables: Historia de Leánder i de Hero (Historia de Leandro y de Hero) y Raonament de Telamó i Ulixes (Razonamiento de Telamón y Ulises). Al margen del movimiento renacentista, hay que situar la obra enciclopédica de Francesc EiXImenis (v.), quien, con su Lo crestiá (El cristiano), además de ofrecernos muchos datos sobre la vida y costumbres de la época, se propone una intención moralizante. A EiXImenis le anima un espíritu de reforma y una preocupación por los problemas políticos y religiosos, debido a lo cual tomó posición en la cuestión del Cisma de Occidente (v.). Un espíritu parecido anima a S. VIcente Ferrer (v.), el persuasivo predicador que influyó poderosamente en los principales acontecimientos de su tiempo. A finales del s. XIV escribió Ramón Perellós su Viatge al Purgatori (Viaje al Pugatorio), precedente de la novelística catalana que no tardaría en aparecer.En el s. XV la poesía catalana, que continuaba la tradición de la lírica provenzal, recibe la influencia rejuvenecedora de la poesía italiana: Dante y Petrarca empiezan ahora a ser los modelos. El primer texto en que ya apuntan los motivos y temas de procedencia italiana son las poesías de Andreu Febrer, cortesano de Alfonso V el Magnánimo. Pero más importante que sus poesías es quizá la traducción que hizo de la Commedia de Dante (v.) "non menguando punto en el orden de metrificar e consonar", como apuntó el marqués de Santillana. Es una traducción íntegra, y tan al pie de la letra que a menudo incurre en italianismos. También la doble influencia, provenzal e italiana, se deja sentir en la obra de Jordi de Sant Jordi (v.), más cerca ya de Petrarca y de los italianos que Andreu Febrer. El proceso de desprovenzalización de la poesía catalana culmina en la gran figura de Ausiás March (v.), que después de asimilar la tradición provenzal, la escolástica y la escuela italiana, deja desbordar su fuerte y original personalidad. Con él la, poesía catalana llega a su máXImo esplendor y es tomado como modelo por los escritores del Siglo de Oro castellano: Boscán, Garcilaso, Hurtado de Mendoza, Hernando de Acuña, Gutierre de Cetina, Fernando de Herrera, fray Luis de León, Lope de Vega, Quevedo, etc.Jean Roís de Corella, ya mencionado como prosista, es un poeta de notable importancia. Su interpretación de los clásicos es completamente nueva: en él son un elemento meramente ornamental, no ya moralizador, como en los escritores medievales; así en sus versos, libres de toda reminiscencia tradicional o provenzal, el endecasílabo catalán suena como el italiano. En este sentido Roís de Corella culmina la introducción de elementos nuevos en la poesía, que habían empezado Andreu Febrer y Jordi de Sant Jordi. Sus poesías, según el tema, pueden clasificarse en profanas y religiosas. Al primer grupo pertenecen las amorosas: Debat ab Caldesa (Debate con Caldesa) y Plant d’amor (Llanto de amor), diálogos del poeta con su amada, Caldesa, en los que vibra un sutil apasionamiento. Entre las poesías religiosas se encuentra su obra maestra Oració a la Sancta Verge Maria (Oración a la Santa Virgen María), una de las mejores composiciones de la lírica religiosa catalana. Aquí se revela Reís de Corella como poeta de extraordinaria calidad, pulcro y sabio versificador.4. Narrativa del siglo XV. Está encabezada con una gran obra de la que únicamente conocemos una traducción francesa de 1544: La disputa de Pase (La disputa del asno). Su autor, fra Anselm Turmeda, llevó una vida azarosa y complicada. N. en Mallorca ca. 1352, tomó los hábitos franciscanos y estudió teología en Bolonia. A los 35 años se trasladó a Túnez, abjuró de la fe católica y tomó el nombre de °Abd Alláh. Intérprete del sultán, escribe en árabe y catalán. Sus obras más famosas, además de La disputa, son el Libre de Bons Amonestaments (Libro de buenas advertencias) y las Cobles a la divisió del Regne de Mallorques (Coplas a la división del reino de Mallorca). Parece que ea. 1412 hizo gestiones para volver al catolicismo. La última noticia lo sitúa en Túnez en 1423, y se cree que m. entre 1425 y 1430. Su obra en prosa, La disputa de l’ase, está inspirada en un apólogo árabe, pero con una gran diferencia: el original árabe es una obra seria, mística e idealista, y la versión de Turmeda es irónica, socarrona, mordaz y escéptica. Se trata de una discusión entre un asno y el autor, sobre la superioridad del hombre con respecto al animal. El asno es cínico, racionalista, con gran poder dialéctico, y cuenta divertidas historias, de una picardía popular graciosísima. Es uno de los libros más amenos de la literatura catalana. El mismo espíritu irónico y corrosivo anima la obra del valenciano lacme Roig (principios del s. XV-1478), titulada Spill (Espejo) o también Libre de les dones (Libro de las mujeres). Es una novela escrita en versos pareados de cinco sílabas, que sigue todavía la tradición de las noves rimades, y refiere las andanzas del protagonista. A pesar de la extensión del libro (15.000 versos), el interés se mantiene vivo y la rima no se hace nunca pesada. El autor combina el tono grave con el satírico, en un lenguaje altamente colorista y expresivo, por lo que tiene un gran valor estilístico. La obra se encauza, por su tema, en la corriente misógina de su tiempo.En el s. XV se escribieron abundantes novelas sentimentales y ejemplares, de las cuales sólo merece destacarse la anónima História de Jacob Xalabín, ambientada en Turquía, de clima sentimental y con trágico fin. La novelística de verdadera importancia es la caballeresca que da en este siglo dos grandes obras: Curial e Güelfa (v.) y Tirant lo Blanch (v. MARTORELL, JOANOT).La prosa religiosa es ampliamente cultivada en el s. XV, en traducciones y obras originales, de las que sobresalen las de Felip Malla y Sor Isabel de Villena. Aquél (principios del s. XV-1431) fue canónigo de la catedral de Barcelona y brillante orador; ostentó cargos importantísimos en la vida política de su tiempo e intervino en la preparación del Compromiso de Caspe y en el conc. de Constanza. Su obra más importante es Memorial del pecador remut (Memorial del pecador redimido), alegoría teológica, encaminada a, demostrar la necesidad de la muerte de Cristo para salvar la humanidad. Su lenguaje es cuidadísimo y se advierte incluso una cadencia en el periodo y una propensión a la rima a fin de dar mayor sonoridad a la prosa. La más grande figura de la literatura religiosa del s. XV es, sin duda, sor Isabel de Villena (1430-90), hija del escritor Enrique de Villena; se educó en la corte de la reina María, esposa de Alfonso el Magnánimo, profesó como religiosa del monasterio de la Trinidad de Valencia del que fue abadesa y murió durante la peste de 1490. Su obra más conocida es Vita Christi, publicada en 1497, a instancias de Isabel la Católica. Se trata de una historia de la vida de Jesús según la sensibilidad de la época. En ella se mezclan los relatos evangélicos, las citas de los Santos Padres y de los clásicos, y temas de las novelas sentimentales y caballerescas, todo ambientado en una corte real como la que ella había vivido. La habilidad narrativa de la autora hace que de todo esto resulte una obra graciosa y amena, y logra dar una visión de Cristo muy emotiva. Es interesante también porque recoge la tradición popular de los Evangelios. De la misma época es una traducción del Kempis realizada por Miquel Pérez.5. La Decadencia. Con la desaparición de la corte de C., a raíz de la unión política de los Reyes Católicos, la literatura catalana dejó casi automáticamente de cultivarse. Con ello se inicia un periodo de decadencia que durará tres siglos: XVI, XVIIy XVIri, y en el que los pocos escritores que nacerán en C. se incorporarán a la literatura castellana. Pero el esplendor de las letras catalanas de los s. XIV y XV dio su fruto en las otras literaturas hispánicas. Ausiás March influyó notablemente en el Siglo de Oro castellano, e incluso en las letras portuguesas de este periodo; Tirant lo Blanch está presente en el Quijote; y a través de C. penetró la influencia italiana en Castilla y en el resto de la Península. Si bien la incidencia de la literatura catalana sobre la castellana es de tipo culto, la influencia que Castilla ejerció durante la decadencia en C: es incluso a nivel popular. El cancionero y el romancero, vertidos al catalán, crean un tipo de poesía popular y tradicional. El único género cultivado con cierta dignidad es el historiográfico, continuando de una manera muy modesta la magnífica tradición de las Cróniques. Se escriben las Cróniques d’Espanya (Crónicas de España) de Miquel Carbonell y el interesante Libre dels Feyts d’Armes de Catalunya (Libro de los Hechos de Armas de Cataluña), cuyo verdadero autor es loan Gaspar Roig i lalpí, quien simuló que el libro lo había escrito Bernat Boades, personaje que vivió efectivamente a finales del s. XIV y principios del XV, época en la que pretende datar su obra apócrifa. Para convencer a sus contemporáneos de que se trataba de una crónica medieval se esforzó en escribir el libro en lenguaje antiguo.En el triste panorama de la poesía catalana de la Decadencia adquieren cierto relieve Pere Serafí, loan Pujol, Viceng García y Francesc Fontanella, los únicos cuya obra alcanza cierta dignidad. De Pere Serafí sabemos que n. hacia 1510 y que fue poeta y pintor. En su obra, dividida en dos partes, Libre primer d’amors (Primer libro de amores) y Obres espirituals (Obras espirituales), se nota claramente la influencia de Boscán, Garcilaso, Petrarca, los poetas provenzales y sobre todo de Ausiás March, a quienes quiere imitar deliberadamente. Sin embargo, cuando deja de lado la imitación de grandes autores y se inspira en la lírica popular, consigue momentos de interés.Otro ferviente admirador de Ausiás March es Joan Pujol. Su mérito consiste en haber escrito la única obra de carácter épico de la Decadencia, en endecasílabo tradicional catalán, y con una gran dignidad. Su título es: La singular i admirable victoria que per la grácia de N. S. Déu obtingué lo sereníssim senyor don foan d’Áustria de la potentíssima armada turquesa (La singular y admirable victoria que por la gracia de N. S. Dios obtuvo el serenísimo señor don Juan de Austria de la potentísima armada turca).En 1582 n. en Tortosa Francesc Vicenç García, que, con el nombre de Rector de Vallfogona, fue el más popular de los escritores de la Decadencia. Sacerdote, rector de la parroquia de S. María, de Vallfogona (de ahí su nombre); como secretario del obispo de Gerona visitó varias veces Madrid, donde, según la tradición, trabó amistad con Lope de Vega y se dio a conocer en la corte. M. en Vallfogona en 1623. Su obra poética es muy extensa y en ella se revela como un autor sumamente irónico, ingenioso y agudo. Alterna el tono serio con el burlesco incluso en un mismo poema, y asimismo escribió composiciones de estilo culterano y otras groseras, populares y burlescas, que son precisamente las que le han dado más popularidad. Es un ejemplo típico del barroco, discípulo de Quevedo y Góngora. Cultivó también el teatro y la única pieza que conocemos es una Comédia de S. Bárbara (Comedia de S. Bárbara), que imita las comedias castellanas de santos de la época. Ni que decir tiene que el lenguaje del Rector de Vallfogona está plagado de castellanismos, debido a la imitación de la poesía barroca castellana, y, sin embargo, es el escritor culto de más envergadura de la Decadencia.Francesc Fontanella, que vivió en la primera mitad del s. XVII, fue tan poco original como el anterior y firmó sus poesías con el seudónimo pastoril de Fontano, en las que imita claramente a Garcilaso y a los culteranos. Lo curioso es que, a pesar de la imitación constante de los castellanos, tiene una profunda conciencia de catalanidad; p. ej., en su obra dramática Amor, f irmesa i porf la (Amor, firmeza y porfía) las escenas bucólicas y mitológicas se desarrollan entre los ríos Besós y Llobregat. En su producción poética de tema religioso es donde se muestra más sincero y humano, y donde su lenguaje parece más descastellanizado.6. La Renaixenga. Después de este largo periodo de más de tres siglos de decadencia, y por influencia del romanticismo histórico, se inició un movimiento de actualización del glorioso medievo catalán. Poco a poco se despierta el interés por la lengua y la literatura catalana y se inicia el movimiento literario que se conoce con el nombre de la RenaixenCa (v.). La Oda a la Pátria (1833), de Bonaventura Carles Aribau (v.) se acostumbra a colocar como el primer eslabón que inicia este movimiento. Pero hay que tener en cuenta algunos precedentes, como Josep Pau Ballot, autor de Gramática i Apologia de la Llengua catalana (1815), y Antoni Puigblanch. Dentro de la Renaixenpa, junto a Aribau, hay que citar los nombres de Antoni de Bofarull, Manuel Milá i Fontanals (v.), Torras i Bages (v.), Rubió i Ors, Víctor Balaguer (v.) y Marian Aguiló, promotores de la restauración de los Juegos Florales (1859), hecho trascendental para el reforzamiento del movimiento. La aparición en 1877 de L’Atlántida de Jacint Verdaguer (v.) cierra el periodo propiamente dicho de la Renaixenipa.La novela catalana, que en el s. XV había dado obras tan notables como Curial e Güelfa y Tirant lo Blanch, dejó prácticamente de cultivarse durante la Decadencia. Al iniciarse la Renaixenopa la novela tarda en aparecer. La primera, de corte romántico, fue L’orfeneta de Menargues o Catalunya agonitzant (La huerfanita de Menargues o Cataluña agonizante) de Antoni de Bofarull, publicada 29 años después que Aribau hubiese dado a conocer su Oda a la Pátria. Bofarull realizaba una proeza excepcional al escribir una obra al estilo de las de Walter Scott, en una literatura con un inmenso vacío de tradición novelística. Se cultivó también un tipo de narrativa menor, pero la novela con características autóctonas aparece con la obra de Carles Bosch de la Trinxeria, autor de relatos excepcionales como L’hereu Noradell (El mayorazgo Noradell). Emili Vilanova (1840-1905), otro prosista, combinó el humorismo con el costumbrismo. Es mejor descriptor de tipos, costumbres y ambientes que ágil constructor de novelas. Con sus Quadres de Barcelona (Cuadros de Barcelona) y Escenes barcelonines (Escenas barcelonesas) nos da una imagen realista de la Barcelona de su tiempo, de alto valor documental; su relato más popular es Tristeta, quizá de excesivo sentimentalismo, pero admirable como pintura de la menestralía barcelonesa. El verdadero creador de la novela catalana es Narcís Oller (v.), equivalente en la prosa a Jacint Verdaguer en la poesía. Marian Vayreda (1850-1905) con La punyalada (La puñalada) continúa la tradición de la novela naturalista rural iniciada por Bosch de la Trinxeria. Su obra tiene un ambiente agreste y montañés, con propensión al aguafuerte.Esta corriente naturalista culmina con la obra de Víctor Catalá (v.), seudónimo de Caterina Albert i Paradís, que representa la superación del tipismo y la asimilación perfecta del naturalismo. Joaquim Ruyra es el gran maestro de la narrativa corta catalana. Es quien se propone por vez primera la cuestión de la narración y de la descripción como auténtica creación artística. Su prosa es una de las más cuidadas y trabajadas, un prodigio de perfección, que tiene su correlato, en la actualidad, en la obra de Josep Pla (v.). A diferencia de la prosa y la poesía, el teatro se encontraba con una escasa y pobre tradición. Josep Robrenyo y Francesc Renart, que son en realidad sus precursores, empezaron a escribir para sesiones familiares y luego representaron sus obras públicamente. Fervientes partidarios del constitucionalismo, sus obras responden a sus ideales políticos. Los personajes, para darse a entender mejor, hablan en catalán, pero cuando desean producir una impresión de seriedad lo hacen en castellano. Josep Robrenyo (1780-1838) escribió además numerosos pasquines, proclamas, himnos patrióticos, octavillas revolucionarias, que las clases populares aprendían de memoria con entusiasmo. Entre sus obras dramáticas cabe destacar La huida de la Regencia de la Seo de Urgell, Numáncia de Catalunya y Mossén Anton en les muntanyes del Montseny. Francesc Renart (1783-1852) fue amigo y seguidor de Robrenyo. Su teatro no es tan vigoroso, pero más cuidado formalmente. Sobresalen La Laieta de Sant Just y La casa de dispeses (La casa de huéspedes).Producción teatral. El teatro contó pronto con gran cantidad de cultivadores, estimulados por la buena acogida a las obras de estos dos iniciadores. Abdon Terradas (1812-56) es autor de la popular farsa Lo Rey Micomicó (El rey Micomicó), 1838, divertida sátira contra la monarquía. Pocos años después Frederic Soler (1839-95), famoso con el seudónimo de Pitarra, escribió una parodia a La campana de I’Almudaina (La campana de la Almudaina) de Palou, con el título de L’esquella de la Torratxa (El cencerro de la Torratxa), obra que halagó al público, puesto que, más que en el teatro romántico, vio reflejadas en ella sus preferencias. De una edición de esta obra se vendieron 16.000 ejemplares. Pitarra escribió gran número de obras teatrales en este estilo, si bien algunas, como Les joies de la Roser (Las joyas de Roser), Batala de reines (Batalla de reinas), judas de Keriot y Lo ferrer de tall (El maestro herrero) alcanzaron un indudable nivel literario y se representan todavía hoy. Los poetas de los juegos florales, preocupados por la pureza e integridad de la lengua, quisieron imponer un teatro culto e histórico para contrarrestar la enorme influencia sobre el público del teatro más bien vulgar de Pitarra, escrito en "el catalá que ara es parla". Sólo Eduard Vidal i Valenciano (1839-99) consiguió con un drama serio la adhesión popular: Tal farss, tal trobarás (Tal harás, tal hallarás), la primera obra verdaderamente romántica. Este éXIto fue lo que impulsó a Pitarra a escribir también obras "en serio". Víctor Balaguer (v.) inició el teatro literario; con Don Juan Serrallonga o los bandoleros de las Guillerías alcanzó notable éXIto. Pero el verdadero fundador del teatro literario catalán es Ángel Guimerá (v.). Tiene el gran mérito de haber creado de raíz un teatro de altura, humano y universal, al principio adherido al movimiento romántico y después al naturalismo. A pesar de su extraordinaria aportación, hay que esperar hasta el s. XX para encontrar en el teatro catalán personajes completamente caracterizados psicológicamente y que hablen un lenguaje moderno.Escuela mallorquina. Mallorca, con Marian Aguiló (1825-97) se había incorporado desde el primer momento al movimiento de la Renaixenca. Un poco más tarde los poetas de la escola mallorquina introdujeron en C. la preocupación por el rigor formal y la intensidad lírica. Miquel Costa i Llobera (v.) y Joan Alcover (v.) son los nombres más importantes de esta escola. Miquel dels Sants Oliver (1864-1919), periodista y crítico, escribió un volumen de Poesies (Poesías) que evoca el mundo decadente de los s. XVlii y XII, con unos versos de gran efecto plástico y musical. Gabriel Alomar (1873-1941), también periodista y crítico, representa el ala izquierda de la lírica balear, a la vez que la asimilación del parnasianismo con La columna de foc (La columna de fuego). Maria Antónia Salvá (1869-1958) permanece ajena a la problemática de su tiempo y en sus libros Poesíes (Poesías) y Espigues en flor (Espigas en flor), evoca la vida rural y las costumbres de su isla, a la manera franciscana; tradujo admirablemente a F. Mistral (v.). Lloren Riber (1882-1958) cierra la galería de grandes escritores de la escola mallorquina.El País Valenciano. La Renaixenca halló muy pronto eco en el País Valenciano, donde se creó la sociedad "Lo Rat Penat" (1878) y se instituyeron unos Juegos Florales (1879) a imitación de los de Barcelona. Teodor Llorente (1836-1911), Wenceslau Querol (1836-89), Constantí Llombart (1848-93), Jacint Labaila (1833-95), figuran entre los nombres más importantes. Llorente es sin duda alguna la personalidad más sobresaliente y su obra y su labor equivalen a la generación de los Juegos Florales de Cataluña.7. Modernismo. Joan Maragall (v.) es la figura cardinal del modernismo catalán y representa la reacción espiritualista que sucede al naturalismo. Tiene el gran mérito de haber creado una verdadera escuela, tanto por su actitud estética como por su riqueza ideológica y su personalidad realmente fascinadora, como ha dicho Josep Pla. Raimon Casellas (1855-1910) inició el cultivo de la prosa modernista y, como Joan Maragall, es considerado primera figura del movimiento modernista. Colaboró como crítico en las revistas y diarios "L’Avenc", La Vanguardia y La Veu de Catalunya. Su producción narrativa (la novela El sots feréstecs (Las hondonadas bravías) y las dos narraciones cortas Les multituds (Las multitudes) y Llibre d’históries (Libro de historias) reflejan una personalidad dostoievskiana. Santiago Rusiñol (v.) fue uno de los más apasionados portavoces del modernismo y uno de los personajes más pintorescos y populares de su tiempo. Adriá Gual (1872-1943) es una figura trascendental para el teatro catalán; gran admirador de Maeterlinck, supo incorporar el simbolismo al teatro; sus obras más notables son Nocturn (Nocturno) y Misteri de dolor (Misterio de dolor). Con Ignasi Iglesias (1871-1928) el teatro adquiere una nueva orientación temática, al hacerse eco en sus obras de las reivindicaciones obreras: Els emigrante (Los emigrantes), Els vells (Los viejos).S. Del "Noucentisme" a las letras actuales. Pronto se produce una profunda renovación estética, capitaneada por Xénius (v. o’ORS, EUGENIO) y otros jóvenes entusiastas. Este movimiento será denominado Noucentisme y tendrá profundas consecuencias en toda la vida política y cultural de C.; en líneas generales, se caracteriza por una sobrevaloración de la cultura y de la civilización, frente a la exaltación romántica de la vida rural. Las orientaciones de Ors son puestas en práctica en la poesía por Josep Carner (v.) y Jaume Bofill i Mates, conocido por Guerau de Liost (v.), que encabezan una generación de grandes poetas: Josep Maria López Picó (1886-1959), que cultiva una poesía conceptual, centrada principalmente en tres temas: el religioso, el amoroso y el urbano, que tan pronto resuelve en epigramas o en sonetos como en odas y composiciones de gran aliento, como Invocació secular (Invocación secular); Carles Riba (v.), que representa la culminación de la escuela; su esposa Clementina Arderiu (1893-1976), en sus Cancons i elegías (Canciones y elegías) y L’alta llibertat (La alta libertad), se revela como la poetisa del acento más cálido, que centra su atención en temas sentimentales; Josep Maria de Sagarra (v.), una curiosa personalidad; Mariá Manent (1898-1988), además de ser un excelente traductor (en catalán y en castellano) de poesía anglosajona, ha dado la obra poética quizá de más exquisita y depurada sensibilidad; Tomás Garcés (n. 1901), de contenido neopopular, cuyo primer libro Vint Cancons (1922) representa para la poesía catalana algo parecido a la irrupción de las canciones de García Lorca (v.) y Alberti (v.) en la castellana.El Noucentisme, que cuenta con tan grandes poetas, es más bien pobre en narrativa: Prudenci Bertrana (18671941), cuyas obras, Josafat, Náufregs (Náufragos), Proses bárbaras (Prosas bárbaras), producidas en pleno auge del modernismo, son interesantes por los personajes idealistas y por la visión trágica del paisaje. Josep Maria Folch i Torres (1880-1950), que al principio escribió obras interesantes y llenas de vigor como loan Endal, se dedicó después con gran éXIto a la literatura infantil y a la novela rosa. Josep Pous i Pagés (1873-1951) representa el paso del naturalismo a las corrientes literarias europeas. La vida i mort d’en Jordi Fraginals (La vida y muerte de Jordi Fraginals) es un cuadro realista de la vida rural catalana. Joan Puig i Ferreter (1883-1956) escribió su biografía en una obra extensa y apasionada, Camins de Franca (Caminos de Francia). Sebastiá Juan Arbó (1902-84) incorpora el paisaje del Delta a la novela catalana con su obra Terres de VEbre (Tierras del Ebro); Carles Soldevilla (1892-1967), novelista (Fanny) y dramaturgo (Els milions de Poncle, Los millones del tío), muestra su adhesión a la novela psicológica francesa, que también influyó en el mallorquín LlorenQ Villalonga (1897-1980), que con su exquisita novela Mort de dama (Muerte de dama) dejó un documento de la buena sociedad mallorquina de antes de la guerra civil, así como Miquel Llor (1894-1966) con su obra Laura a la ciutat dels Sants (Laura en la ciudad de los Santos). En la narrativa de la posguerra destacan entre otros: Mercé Rodoreda (1909-83), Lluís Ferran de Pol (n. 1911), Pere Calders (n. 1912), Joan Sales (1912-83), Manuel de Pedrolo (n. 1918), Maria Aurélia Capmany (n. 1918), Joan Perucho (n. 1920), Jordi Sarsanedas (n. 1924), Ramon Folch i Camarasa (n. 1926), Josep Maria Espinas (n. 1927), Carlos Pujol (n. 1936), Baltasar Porcel (n. 1937), Carme Riera (n. 1949), etc.Poesía. Joaquim Folguera (1893-1919) representa el comienzo de una generación de poetas que se separan del modernismo maragaliano, dando a su lírica un tono más personal y austero, y se adscribirán a los "ismos" para seguir luego cada uno diferentes caminos. Joan Salvat Papasseit (1894-1924) evoca con sorprendente realismo la vida obrera de Barcelona, con una evidente influencia del vanguardismo; J. V. Foix (v.) representa la incorporación del surrealismo en la poesía catalana. Joan Oliver (1899-1986), conocido por Pere Quart, empieza cultivando una poesía humorística e interesa después por el contenido ético-político de sus escritos. Bartomeu Rosselló-Pórcel (1913-37) está influido por el surrealismo y la generación del 27 castellana, y abre una nueva época en la poesía catalana, con una visión del mundo, unas imágenes y unos recursos estilísticos inusitados. Es la suya una poesía alucinada, cuya mejor definición puede ser el título de su libro póstumo, Imitació del foc (Imitación del fuego), 1938. Márius Torres (1910-42), nos legó una profunda meditación espiritualista. Salvador Espriu (v.) es el más interesante poeta catalán de la posguerra. Otros poetas importantes de la segunda mitad del siglo XX son Agustí Bartra (1908-82), Rosa Leveroni (n. 1910), Joan TeiXIdor (n. 1913), Joan Vinyoli (1914-84), Josep Palau i Fabre (n. 1917), Josep Romeu (n. 1917), Joan Brossa (n. 1919), Joan Perucho (n. 1920), Gabriel Ferrater (1922-72), Blai Bonet (n. 1929), etc.A. COMAS PUJOL.
BIBL.: A. TERRY, J. RAEEL, Introducción a la lengua y literatura catalanas, Barcelona 1983 (Ariel); J. MOLAS, J. ROMEU, Literatura catalana antigua, Barcelona 1966 (Barcino); M. DE RIQUER, A. COMAS, J. COMAS, História de la literatura catalana, 11 vol., Barcelona 1982-89 (Ariel).
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