Castilla la Vieja. Etnograffa y Folklore.
Categoria:
Cultura
Desde un punto de vista etnográfico y folklórico se consideran incluidas en C. la V. las provincias de Valladolid y Palencia.Vivienda. Es como el corazón de España, equilibrada entre el Norte y el Sur. Hay que distinguir la Meseta y la Sierra. La primera es una gran llanura arcillosa, la Tierra de Campos, centrada en Palencia con parte de Valladolid, León y la Tierra del Pan en Zamora, que brinda para sus construcciones el barro que emplean en adobes y tapial secados al sol; siendo el material su propio suelo, las casas no se ven y resultan tristes. Son de dos pisos con entramado de madera, el bajo se retrotrae dando lugar a los soportales. País de poca leña, utiliza para el fuego la paja quemada en la "gloria"; es ésta un doble piso en la mitad de la habitación, elevado menos de un metro, y en el hueco que forma entre este doblete y el suelo se hace la lumbre, cuyo tiro pasa bajo la "gloria" calentándola. Al sur de C. hay una región que comprende partes de Segovia, Ávila, Valladolid, Zamora y Salamanca, cuyo suelo es arenoso, y no sirviendo para hacer adobes, construyen con ladrillo traído de fuera las esquinas, cercas y cornisas, rellenando los muros de pequeños cantos rodados; construcción de gran resistencia, como lo demuestran algunas medievales, p. ej., el castillo de la Mota. Son casas de ascendencia mudéjar, de una o dos plantas, con gran puerta de dos hojas y grandes chimeneas de ladrillo. Otro tipo de viviendas es el de las zonas altas pinariegas de Soria y Burgos. Es su base de mampostería, continuando el muro por un entramado de madera relleno con adobes y ladrillos; como en todo país muy frío, tiene pocos y pequeños huecos enlucidos con cal en la fachada; en la parte de atrás de la casa, orientada al N, no hay más hueco que un pequeño ventano por el que meten la paja o el heno al pajar. La pieza esencial es la cocina, con gran chimenea cónica que ocupa toda la habitación, rematada con un copete calado, por donde sale el humo y entra algo de luz; esta gran chimenea está acharolada, es decir, negra y reluciente por el humo. En el centro se hace la lumbre y a su alrededor se colocan los escaños; hay una o dos mesas abatibles, y delante de la puerta de entrada hay un trozo de tabique para que no entre el frío. Por el exterior, la chimenea es tan alta como un piso, está escamada de tejas, colocada en el centro de la casa; al lado del mediodía están los dormitorios, al opuesto las cuadras, por detrás el pajar, y de este modo, con todo alrededor de la cocina, se defienden mejor del frío.Traje. Las grandes diferencias de temperatura de invierno a verano obligan a que sus trajes presenten dos aspectos. Las mujeres usan gruesas bayetas o paños, de tonos vivos, siendo negros en los vestidos de ceremonia. Las sayas en Valladolid, Palencia y zonas lindantes con el reino de León reciben la influencia de sus ricos bordados en lanas de colores. En Ávila emplean para adornarlas y como contraste, sobrepuestos de otro tono, recortado en dibujo floral; hacia Segovia es más corriente el adorno de tiras de terciopelo y agremanes de azabache; en Soria son más sencillas. Llevan varias sayas, frecuentemente para abrigarse vuelven la primera sobre la cabeza. Usan jubón negro y dengue o capita que se cruza al pecho, o mantón. En verano lucían las camisas de lino con mangas ricamente bordadas en lana negra con dibujo de flores y pájaros; para librarse del sol en las tierras de Ávila se ponen unos sombreros de paja con ala acapotada, adornados con flores de la misma paja y algunas cintas; como son muy prácticos hoy siguen usándolos. Es zona en que se conoce el uso de monteras por las mujeres; la última que ha quédado es la de la Alcaldesa de Zamarramala, cerca de Segovia, por S. Águeda, 5 de febrero, día que las mujeres tienen el mando del pueblo. La mantilla es esencialmente castellana, aunque con gran expansión a otras regiones, negra con zócalo de terciopelo. El mismo papel que la mantilla en la mujer tiene en el hombre la capa de paño con o sin esclavina que usaban para abrigarse y sobre todo como prenda de ceremonia, aunque fuese en pleno verano. Merece señalarse que los pastores de Villaciervos, en Soria, visten capa blanca de mucho abrigo. El traje sobrio de buriel o paño, presenta su adorno en polainas y algunos vistosos cinturones en sedas de colores, así como sombrero de ala con vuelta de terciopelo. En las sierras los pastores se abrigan con zahones y zamarras de piel, y cubren la cabeza con monteras.Alimentación. El castellano es sobrio. Tienen buen pan muy metido en harina, e igual que en C. la Nueva con él hacen sopas de ajo y migas. El cocido, plato que por ser muy generalizado puede ser considerado nacional, con carne, algo de cerdo, garbanzos, tocino y alguna verdura; con su caldo se hace una excelente sopa. El cordero asado en horno de leña tiene merecida fama. Quesos blandos como el de Burgos y Villalón, en Valladolid. Especialidades en confitería, muchas a base de yemas.Arte popular. Las largas horas de permanencia de los pastores en el monte vigilando el ganado les hace ocuparse de algo; antes tocaban el rabel, que han cambiado por una radio de transistores. Han destacado en el arte de tallar y grabar astas de bueyes, de las que hacen vasos y recipientes para guardar algo, ya sea ajos, pimentón o aceite. Las adornan a punta de navaja con temas religiosos, como la custodia que les impresionó el día del Corpus, la Virgen, la Cruz y los santos; también han mantenido el mito de las sirenas. Igual que a las mentes infantiles, no les gustan los espacios libres, que rellenan con flores, animales y estrellas; suelen poner su nombre, la fecha y alguna dedicatoria. Las mujeres son hábiles en bordar, tanto su ajuar coma ropas para el culto. Las camisas o camisones, que ambos usos tienen, los bordan en negro con técnicas muy diversas pero siempre muy bellas. Merecen mención los imagineros, sencillos carpinteros o pastores, que con un buril o una navaja han hecho tallas incorrectas pero de gran expresividad, y muchas se conservan en las iglesias y ermitas.Fiestas y bailes. En todos los pueblos se celebran las fiestas del patrón, a las que aún acuden el tamborilero acompañado de un chiquillo con una flauta, que tocan para que bailen la rueda en la plaza haciendo dos círculos: las mozas por dentro y ellos por fuera. Muy castellanos son los danzantes, danzas de hombres solos, vestidos en unos sitios con enagüillas blancas, otros con calzón, pero siempre muy engalanados con mantones de Manila, cintas y gorras con flores. Se acompañan de palos que hacen chocar con ritmo y fuerza. En Palencia por S. Antolín, en Segovia y en San Leonardo de Soria, usan gruesas mazas; es normal que los dirija un hombre grotescamente vestido, con un zurriago en la mano, el "zagarrón" o "zigarrón" que espanta a los chiquillos. En muchos sitios organizan danzas de cintas enlazando y desenlazando las cintas pendientes de un vástago, en una dirección las mozas y en otra ellos. Es muy general la fiesta de mayo o del árbol que en la plaza plantan los mozos el primero de mayo, con vísperas cantadas. Merece especial mención la fiesta que en San Pedro Manrique de Soria celebran por S. Juan, con ritual complicado en el que hay dos fases, una ofrenda por las mozas, "las móndidas", y el pisar el fuego, pasando los mozos y a veces algunas mozas sobre las brasas con los pies descalzos; en Europa, fiesta semejante sólo se conoce en Grecia. La fuerza expansiva de este folklore es tan grande, que se ha extendido a varios países de Hispanoamérica y al Brasil.N. DE HOYOS SANCHO.
BIBL.: C. y M. P. ALFAYA LóPEZ, Los bordados populares de Segovia, Madrid 1930; 1. GARCÍA RAMILA, Fiestas tradicionales en tierras burgalesas, en Libro de Homenaje a Luis de Hoyos Sáinz, I, Madrid 1958, 182; N. DE Hoyos SANCHO, Algo de etnografía de Burgos, "Rev. de Dialectología y Tradición Popular" XVI, Madrid 1960, 482; G. MANRIQUE, Castilla: sus danzas y canciones, "Rev. de Dialectología y Tradición Popular", V, Madrid 1949, 295; íD, Soria, la ciudad del alto Duero, Madrid 1927; F. PLREz DOLZ, La décoration populaire en Castille, "Art Populaire" I, París 1931, 52; 1. DEL Río VELASCO, Danzas típicas burgalesas, Burgos 1957; G. VERGARA MARTfN, Derecho consuetudinario y economía popular de la provincia de Segovia, Madrid 1909.
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