Castelo Branco, Camilo
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Biografía GER
Polígrafo portugués. Uno de los mayores cultivadores de la lengua portuguesa de todos los tiempos. La vida de C. B. fue una de las fuentes más importantes de su obra novelística, y sus circunstancias una de las causas de su inmensa extensión y variedad. N. en Lisboa el 16 mar. 1825, perdiendo a su madre a los dos años y a su padre a los 10. A partir de 1835 vivirá en Vila Real (Tras-os-Montes), en casa de una tía paterna, de donde intentará escapar a los 15 años. Siempre recordará ese ambiente triste, ese tiempo en "que ya no jugaba", poblado por las sombras desgraciadas de su familia paterna: el abuelo asesinado, un tío degradado, el padre loco. Su educación literaria fue confiada a dos sacerdotes de la aldea y a ellos debe, en gran parte, sus contactos con los clásicos portugueses y latinos, y con la literatura eclesiástica a la que siempre se mostrará aficionado y gran conocedor. Esta adolescencia abandonada, que se desarrolla un poco libremente por las sierras y en cacerías, le dotará de un espíritu independiente y de un gran bagaje de observación sobre la gente de provincias, sus costumbres y su moral, que utilizará en su obra de novelista.Entre 1841 y 1846 C. B. se casa (matrimonio muy rápidamente olvidado) e intenta cursar Medicina en Oporto y, después, en Coimbra. En 1848 inicia sus intentos literarios y a los 23 años participa en las tertulias literarias de Oporto con sátiras políticas, folletines, las primeras poesías y novelas publicadas. Se apasiona por la literatura, el periodismo, por los grupos literarios, por la aventura amorosa, por el duelo. Se enamora de Ana Plácido, cuyo matrimonio es causa para C. B. de una crisis religiosa que le lleva a frecuentar el Seminario de Oporto (1850-52). Son tiempos (las Horas de paz, titulará los escritos publicados en este periodo) para C. B. de una intensa emoción religiosa. Este periodo se prolongará como recuerdo durante algunos años, y no es extraño que la novela camiliana típica gire alrededor de los temas de la Providencia, el pecado, eJ rescate. Su novela "no podrá comprenderse sin la concepción cristiana de la existencia" (1. Prado Coelho, Introdupáo ao estudo da novela camiliana, p. 28).En 1859 ocurren acontecimientos que llaman la atención sobre su persona, pues como escritor ya tiene su fama asegurada: Ana Plácido abandona a su marido y se va a vivir con C. B. El escándalo, las dificultades económicas, la persecución de la justicia, le obligan a una vida difícil que concluye con la prisión de ambos. Absuelto en 1861, aparecerá en 1862 Amor de perdipáo, que marca su apogeo en cuanto a popularidad literaria.Después de 1864 vivirá en S. Miguel de Seide (Minho) donde hoy se guardan sus recuerdos y donde escribirá para poder vivir. Traduce y edita. Pero su vida se va transformando lentamente en una tragedia que terminará el 1 jun. 1890 con un tiro de revólver: dificultades de dinero (en 1883 le fue subastada su biblioteca), la ceguera progresiva, la locura de uno de sus hijos, la inutilidad de otro, la muerte de varios de sus mejores amigos, la desesperanza de un escritor que en posesión de todos sus recursos ve agonizar a su propio mundo por las transformaciones sociales imperantes. A veces se siente traspasado como romántico por la llegada de las nuevas generaciones literarias y por la puesta en práctica de nuevos gustos, y sin posibilidad de una adaptación cabal y profunda, ya que en gran parte dependía del interés de sus editores. Es justo reconocer que, al lado de estas circunstancias adversas, C. B. conoce algunos momentos de gloria, cuando el rey Pedro V le visita en la prisión, cuando Castilho le dedica las críticas más elogiosas, cuando es elevado a la categoría de vizconde. Sin embargo, estos momentos tan fugaces no le impedirán que el suicidio terminase, parafraseando sus propias palabras, con aquel "cadáver representante de un nombre que tuvo alguna reputación gloriosa en este país" que se llamó C. B., ciego por añadidura.Si la obra de C. B. es el reflejo de su agitada existencia también a ella debe algo de su enorme variedad, mostrada en centenares de títulos. Todo parece haberle atraído, y a todo parece haber amado. La poesía lírica -Inspirapóes (1852), Anoitecer da vida (1875)-, la sátira poética -Pundonores desagravados (1845)-, las polémicas literarias e históricas con portugueses y extranjeros -Sebenta (Separata), Bolas e bulas, A senhora de Ratazi-, reunidas algunas de ellas en Noites de Insónia (1875); la crítica literaria -Esbopos de apreciapóes literárias (1866), Curso de Literatura portuguesa (1879), Seróes de S. Miguel de Seide (Veladas de ... ), 1886-; los problemas genealógicos, en los que era un especialista consumado; el teatro -Agostinho de Ceuta (1848), O morgado de Faje en Lisboa (El mayorazgo de ... ), 1862-; eJ periodismo, el trabajo editorial de los clásicos portugueses, la epistolografía que revela mucho de su genio violento y desengañado, la investigación histórica -Perfil do Marqués de Pombal (1882)- y la novela, el principal género cultivado por C. B. Su ciclo novelístico evoluciona gradualmente de la novela de gesto folletinesco y acción moralizante -O anátema (1851)-, a la novela realista -Novelas do Minho (1875-77), Eusébio Macário (1879), A corja (La canalla), 1880-, pasando por la novela de crítica de costumbres -A queda dum anjo (La caída de un ángel), 1866-; la novela pasional -Amor de perdipáo (1863), "la novela de pasión amorosa más intensa y más profunda que se haya escrito en la Península", opina Unamuno-; la novela histórica -O judeu (1866), biografía novelada de A. J. da Silva (v.)-; hasta, por fin, la novela de intención social y humanitaria -Os misterios de Faje (1868).Todo este esfuerzo de evolución y de adaptación de C. B. gana nuevas perspectivas, aunque su intencionalidad haya sido la crítica de los procesos de la novela naturalista, con A brasileira de Prazins (1882). Este rápido análisis de la novela de C. B. confirma el peligro de cualquier panorámica general y de reducir a esquemas su obra novelística, escrita en pasado y con evidentes intenciones de sobreponer la intriga al dibujo de los caracteres. Desde el punto de vista de la narrativa "su mayor conquista fue su concentrada sobriedad", o, según sus propias palabras, "la rapidez de las peripecias, la descripción concisa del diálogo para los puntos esenciales del enredo" (). P. Coelho, Estrada larga, 1, p. 433-36). Por todas estas cualidades, y también con sus defectos, C. B. puede ser considerado el más completo representante portugués de novela y cuento del s. XII y uno de los elementos claves de la visión del Romanticismo literario en Portugal.BiBL.: C. CASTELO BRANCO, Obra selecta, Río de Janeiro 1960; J. PRADO COELHO, Introdufo ao estudo da novela camiliana, Coimbra 1946; R. A. LAWTON, Technique et signification dans "L’Amor de Perdieáo", "Bull. des Études Portugaises", XXV, 1964; M. UNAMUNO, Por tierras de Portugal y España, Madrid 1958.**AUJOSÉ A. DE CARVALHO.
**HISCASTELLANA, ESCUELA (Escultura)
No es fácil determinar con precisión ni el significado ni el alcance cronológico y geográfico que encierra la E. C. En la práctica engloba el arte escultórico producido en las dos Castillas a lo largo de los s. XVI y XVIi, es decir, durante el Siglo de Oro. Por lo que se refiere al s. XVI, la E. C. estableció la tónica nacional, de suerte que en Castilla vivieron los artistas principales. En cambio, en la centuria siguiente, la gran escuela andaluza se impuso por una nómina más apretada de artistas de primer rango. En la E. C. predomina una tendencia expresivista y directa, que no se detiene ante el menor correctivo. Ella encarna la "bravura hispánica". En el s. XVI será el movimiento frenético lo que predomine; en el XVII, el realismo a ultranza.
El siglo XVI. En esta centuria han de reconocerse dos épocas en Castilla. En la primera, la escultura c. discurre por un cauce impetuoso, que determina figuras angustiadas. En el último tercio del siglo se impone el regreso a la calma.En el primer cuarto del s. XVI Burgos es el hogar principal de la escuela. No se hace sino proseguir el esfuerzo del s. XV. Felipe Vigarny (v.) introduce el Renacimiento con los altorrelieves del trasaltar, y crea un taller fecundísimo, que ha de extender su acción por tierras de Palencia y Valladolid. Este escultor francés será siempre un artista correcto, pero no asimilará la expresividad castellana. Otro será el caso de Diego de Siloé (v.), que, formado en Italia, traerá de aquel país la perfección técnica y el gusto más exquisito, para ponerlo al servicio del bravo sentimiento castellano. Bartolomé Ordóñez (v.) aportará de Italia eJ concepto de la forma plena y maciza, a lo Miguel Ángel, creando las esculturas más robustas de la época. Andrés de San Juan será, con la sillería del monasterio vallisoletano de S. Benito, el enlace entre Burgos y Valladolid.El foco palentino ofrece en Juan de Balmaseda la figura descollante. Prolonga el goticismo, creando las esculturas de mayor dramatismo antes de Berruguete. Miguel de Espinosa propaga el influjo de Diego de Siloé por una amplia zona de Tierra de Campos.Desde la tercera década del s. XVI empieza a latir con energía el foco de Valladolid. Hecho decisivo será el establecimiento en esta ciudad de Alonso Berruguete (v.), el escultor de Paredes de Nava. El taller burgalés quedará absorbido, y en gran parte también el palentino. Su formación italiana amplió sus posibilidades de expresión. Pero ni el miguelangelismo, ni el contacto con el arte de Leonardo, fueron suficientes para sofocar sus innatas energías, que le venían de familia. En él adquiere su fórmula perfecta el expresivismo angustioso, de raíz católica. Su discípulo Francisco Giralte extendió la manera berruguetesca, que los castellanos de la época entendieron como característica de la región.Si Berruguete encarna el Renacimiento plateresco, Juan de Juni (v.) es el representante del pleno Renacimiento. Establece un arte de conjuntos bien equilibrados y simétricos, pero donde cada pieza se debate en la más atroz de las pesadillas. De igual suerte, crea una amplia escuela, que extiende sus obras hasta Galicia. Pero con la llegada de Gaspar Becerra (v.) a Valladolid se impone de nuevo la calma. EJ arte trentino se revela a través de él por una severidad y un estatismo desconocidos. Se agiganta el monumentalismo de las esculturas. Y así se va a constituir la escuela en el último tercio del siglo bajo un signo marcadamente apaciguado, que sólo de vez en vez dejará latir violencias junianas. Tal es el arte de Francisco de la Maza, Adrián Álvarez y, sobre todo, de Esteban Jordán (v.). Pese a la extensa producción de este maestro, su arte acredita la caída de los peculiares sentimientos castellanos de intensidad y dramatismo.En Castilla la Nueva ha florecido en la etapa inicial del Renacimiento Vasco de la Zarza (v.). En el último tercio de siglo la escuela tiene un centro en Toledo, con el Greco y Juan Bautista Monegro, y otro cortesano, en Madrid, donde se distingue el arte académico de León y Pompeyo Leoni.El siglo XVII. La escuela vallisoletana, en el tránsito de siglos, cuenta con la gran figura de Francisco de Rincón. Con él, el apaciguamiento abierto por Becerra hace crisis, para iniciarse una nueva manera de la E. C. Se fabricarán ahora grandes retablos y pasos procesionales. El uso de los postizos hace que las imágenes cobren una fuerza expresiva inigualable. Valladolid adquiere en el primer tercio del s. XVIi un renovado impulso con Gregorio Fernández (v.). Llena los amplios presbiterios de colosales máquinas, crea pasos procesionales de complicada traza y establece una serie de tipos escultóricos, que se van a copiar hasta la saciedad en el resto del siglo. Puede decirse que toda la mitad norte de la Península, excepto Cataluña, aparece inundada por su influencia.Pero en la escuela de Madrid el panorama aparece más complejo. Es allí activo el influjo de Gregorio Fernández y se instalan maestros vallisoletanos. Ahora bien, Madrid integra elementos de varias procedencias. La corte atrae a numerosos artistas andaluces. Por ella pasan Montañés y Alonso Cano. Entonces, la recia austeridad de la E. C. se impregna de gracia andaluza. Un buen ejemplo lo depara el arte de Juan Sánchez Barba. Otro elemento habrá de añadirse aún a esta escuela: la presencia del portugués Manuel Pereira (v.), en el que confluyen la dulce melancolía lusitana, la gracia andaluza y la austeridad castellana.Durante la segunda mitad del s. XVIi la escuela vallisoletana vive de los recuerdos de Gregorio Fernández. Es de destacar Francisco Diez de Tudanca. En Medina de Rioseco se crea un taller escultórico notable, cuyo conductor es Tomás de Sierra y cuyo hijo, Pedro, crearía en el siglo siguiente la más notable sillería barroca de Castilla, la del Convento de S. Francisco.En la región de Zamora y Salamanca hay otro grupo importante de escultores, dentro del círculo de Fernández, descollando los maestros Sebastián Ducete y Esteban de Rueda.V. t.: FERNÁNDEZ, GREGORIO; LA ZARZA, VASCO DE.J. J. MARTÍN GONZÁLEZ.
BIBL.: J. A. y REVILLA, La obra de los maestros de la escultura castellana, Valladolid 1929; J. M. DE AZCÁRATE, Escultura del siglo XVI, en Ars, Madrid 1958; J. CAMóN AZNAR, Escultura y rejería españolas del siglo XVI, en Summa Artis, Madrid 1961; M. GÓMEZ-MORENO, Las águilas del Renacimiento, Madrid 1941; íD, Escultura del siglo XVII, en Ars, Madrid 1963; J. J. MARTíN GONZÁLEZ, Escultura barroca castellana, Madrid 1959; B. G. PROSKE, Castilian Sculpture, Nueva York 1951; G. WEISSE, Spanische Plastik, Reutlingen 1925-39.
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