Carpeaux, Jean-Baptiste
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Biografía GER
Escultor francés; n. en Valenciennes el 11 mayo 1827, m. en Courbevoie el 12 dic. 1875. Es el suyo un ejemplo de tenacidad y de superación, gracias a su solo esfuerzo, verdaderamente ejemplar. Hijo de una familia humildísima (su padre era albañil) comenzó a asistir a las clases de la Escuela de Arquitectura de Valenciennes, donde su rudimentaria cultura excitaba las risas de sus compañeros. En 1842 se trasladó a París, sin ningún apoyo, pasando temporadas de negra miseria, empleándose de cargador en las Halles y aceptando cualquier oficio para subsistir y seguir algún aprendizaje del arte que ama. Esta situación, que le permite asistir a los cursos de dibujo de la Escuela de Medicina, comenzará a mejorar con los primeros encargos, los de los bajorrelieves decorativos para el palacete parisiense de un paisano suyo y los de algunas imágenes religiosas para una iglesia de Pas-de-Calais.Pocos años más tarde ingresa en el taller del honrado y derecho Rude (v.), que advierte su vocación y la fomenta. En 1850 pasa al taller de Duret. Comienza a participar en concursos, siempre con la ambición de ser pensionado en Roma. Después de algunos galardones menores, logrará este anhelo en 1854, pero es dudoso que el contacto de este hombre del norte con la Ciudad Eterna resulte provechoso; en realidad sólo vivió para complicar alguna de sus convicciones más personales. Ello va dicho a propósito del Hugolino y sus hijos, obra excesivamente truculenta, que data de 1862, y que pese a haber sido premiada, no mereció los honores del bronce hasta cinco años más tarde, y los del mármol hasta bastantes más después. En 1866 es encargado por Napoleón III de la decoración escultórica del Pabellón de Flora, en las Tullerías, y de aquí nacerá una etapa de colaboración durante los últimos años del Segundo Imperio, en la que el artista no fue demasiado feliz en sus relaciones con el arquitecto imperial Lefuel. Obra última del momento napoleónico sería el grupo de La danza, justamente famoso, para la nueva ópera construida por Garnier. Es una creación efectivamente musical, ritmada, alegre, viva, dotada de una espontaneidad en ningún caso académica ni demasiado decimonónica. Mas siendo todo ello exacto, se hace difícil comprender la gazmoña reacción de no pocos parisienses ante este airoso mármol, actitud que tuvo por desgraciada consecuencia el lanzamiento de una botella de tinta, que ensució gravemente las figuras, y que costó, para limpiarlas, muchos esfuerzos y dinero. Ya posterior a la guerra de 1870 es otro grupo en que soñara C. inmediatamente después de concluir La danza: es el de las Cuatro partes del mundo, monumento verdaderamente eurítmico y grácil, elevado en los jardines del Observatorio. Última gran obra del artista, quien la sobreviviría muy poco tiempo.Pero, atentos a su evolución personal, hemos omitido otras piezas menores, y no por ello en minoridad menos exigidoras de elogio. Son varios bustos-retratos en los que el gran escultor da la verdadera medida de su genio: el del pintor Giraud, el del arquitecto Garnier, el del escultor Gérome, el del novelista Alejandro Dumas, y, sobre todo, el bellísimo de Mademoiselle Fiocre. En esta incomparable serie, C. se deja ver como quien exactamente era, como el hombre de Valenciennes, como el paisano de Watteau, como el setecentista retrasado que, en cuanto le era dado -fuera de academias, concursos, pensiones y encargos oficiales- comunicaba a sus retratados esa donosa mezcla de señorío, elegancia y frivolidad que tanto enalteciera a la mejor escultura francesa del s. XVIII, y, en este aspecto, cabe pensar que, para la perfecta calificación de C., es más valioso el busto de Mademoiselle Fiocre que La danza, y no digamos que el Hugolino, porque tan sólo las aberraciones del arte burocrático podían fijarse en semejante engendro. Cuando ha sido hacedero admirar los rientes, gratísimos estudios de C. para la decoración del Pabellón de Flora, asimilables en espíritu a otros de Clodion o de Pajou, advertimos bien que el hijo del albañil de Valenciennes conservaba, seguramente sin saberlo, la esencial maestría, la ejemplar gracia, el pequeño y amoroso rigor de sus maestros del siglo precedente.BiBL.:L. RIOTOR, Carpeaux, París s. a.;P. VITRY, Carpeaux, París 1913.**AUJ. A. GAYA NuÑo.
**BIOCARPENTIER VALMONT, ALEJO
Novelista y cuentista cubano, considerado entre los mejores de Hispanoamérica. También musicógrafo y ensayista. De ascendencia galo-rusa, n. en La Habana en diciembre de 1904. Después de abandonar los estudios de Arquitectura, en 1922 comienza a escribir en La Discusión y en 1924 es designado jefe de Redacción de Carteles. Miembro fundador del Grupo Minorista, coeditor de la "Rev. de Avance", en 1927 sufre prisión por motivos políticos. Con Amadeo Roldán, que compuso partituras sobre textos suyos (El milagro de Anaquillé, La Rebambaramba), organiza los primeros Conciertos de Música Nueva en La Habana. Trasladado a París en 1928, gracias a su amistad con Robert Desnos (v.), se relaciona con el grupo surrealista (v. SURREALISMO) parisino, es jefe de redacción de la revista "Imán" y colabora en publicaciones de vanguardia. En 1933, en Madrid, publica su primera novela, Ecué-Yambo-O, sucesión de estampas afrocubanas. En 1935 es nombrado director de los estudios "Foniric" para grabaciones de discos y en 1937 participa en el Congreso de Escritores celebrado en Madrid y Valencia. De regreso a La Habana en 1939, trabaja en la radio y se dedica a investigaciones musicológicas que lo llevan al hallazgo de los manuscritos de Esteban Salas, primer músico cubano del s. XVIIl. En 1943 viaja con el actor Louis Jouvet a Haití. Después de una estancia de varios años en Venezuela, donde trabaja en una empresa de publicidad, dicta cursos sobre Historia de la Cultura y recorre los paisajes del Alto Orinoco y la Gran Sabana, regresa en 1959 a Cuba, incorporándose a las labores culturales de la Revolución como subdirector de la Dirección de Cultura del Ministerio de Fducación (1960), vicepresidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (1961) y director de la Editorial Nacional desde 1962.
Las novelas de C. se distinguen por la textura barroca de su prosa y el intelectualismo de sus concepciones. Después de un largo silencio, interrumpido sólo por su estudio sobre La música en Cuba (1946), en el prólogo a El reino de este mundo (1949), relato fantástico-histórico situado en la isla de Santo Domingo durante la Revolución, C. formula la tesis de "lo real-maravilloso" como esencia del acontecer en América. Este libro alcanzó el primer lugar en la selección de la Société des Lecteurs de France (agosto de 1954). En Los pasos perdidos (1953) "lo real-maravilloso" americano, enmarcado en territorios vírgenes de Venezuela, se confronta con la corrupción, la angustia y los valores pragmáticos de la civilización racionalista occidental. Esta novela, que a veces tiene algo de ensayo y poema, relata el periplo de un músico contemporáneo en busca de las fuentes de la inspiración y de la vida primigenia.Con el título de Le Partage des Eaux obtuvo en París el premio del Mejor Libro Extranjero en 1956. En El siglo de las luces (1962), ficción basada en un episodio ocurrido en la isla Guadalupe durante la Revolución francesa, C. vuelve a plantear el tema del choque de dos mundos: el europeo "iluminista" y el mágico y telúrico americano, a lo que se agregan, en las relaciones dialécticas de los personajes, los conflictos interiores del fenómeno revolucionario. Un jurado de críticos, convocado por France Soir, eligió esta novela entre los 10 mejores libros del año. Más tarde El derecho de asilo (1972), El recurso del método (1974) y Concierto barroco (1975). También publicó cuentos y novelas cortas como El acoso (1956), y ensayos como Tientos y diferencias (1964). Pero la obra de C. -Consejero de Asuntos Culturales en la embajada de Cuba en París- mediatizada por un cierto materialismo, ha ido siendo influenciada por la ideología marxista. A lo largo de sus obras se ha ocupado de los lazos profundos entre Hispanoamérica y Europa, especialmente Francia.C. VITIER BOLAÑOS.
BIBL.: F. ALEGMA, Breve historia de la novela hispanoamericana, México 1959; S. BUENO, Antología del cuento en Cuba, La Habana 1953; fu, La letra como testigo, Santa Clara (Cuba) 1957, 153-179; R. LALou, Le Royaume de ce Monde, par Alejo Carpentier, "Les Nouvelles Litteraires", París 1954; 1. LOVELUCK, Diez Conferencias, Chile 1963; A. RAMA, El siglo de las luces, coronación de Carpentier, "Marcha", Montevideo, 22 mayo 1964; Rotograbado de "Revolución", La Habana, 15 abr. 1963.
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