Carpaccio, Vittore
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Biografía GER
Vida. Pintor veneciano de los s. XV-XVl, insigne en todos sus aspectos, pero principalmente por haber sido el primero en advertir y utilizar como valores plásticos las perspectivas de su ciudad. El nombre familiar parece haber sido Scarpazza, bastante común a la sazón en Venecia y en las islas próximas, pero alguno de sus antepasados lo latinizó, convirtiéndolo en Carpathius, de donde la forma vulgarizada de Carpaccio, y ya con este apellido se conocía a Pietro Carpaccio, mercader de pieles y padre del artista. Se ignora la fecha de su nacimiento, quedando supuesta ca. 1455-60. En todo caso, el primer documento en que consta, es en uno de 1472 en el que recibe cierta herencia, y vuelve á aparecer en otro, sin trascendencia biográfica, de 1486. Pero ya en 1490 firma una de las pinturas de la serie de S. Úrsula, y corresponderá, según se cree, a los comienzos de su carrera como pintor. Esa serie la terminaría en 1500. De 1502 a 1507 trabaja para la Scuola dei Schiavoni, y en 1508 figura como valorador de los frescos de Giorgione (v.) en el Fondaco dei Tedeschi. En 1511 trabaja para el marqués de Mantua, y en 1523 para Capodistria. Se desconoce la fecha exacta de su muerte, ocurrida entre el 28 oct. 1525 y el 26 jun. 1526, en que ya se le designa como fallecido. Sus hijos Benedetto y Pietro siguieron actuando como pintores, aunque muy lejos de la maestría paterna, hasta mediados del s. XVI. Tenía que ser así, dado que el encanto de C. no era transmisible.Obra. Si alguna de sus obras primerizas, como Jesús y cuatro discípulos (Florencia, Col. Contini) manifiesta indudables torpezas de composición, la vena verdadera del artista ya aparece cumplidamente en las nueve esce-. nas de la leyenda de S. Úrsula, en la scuola de esta advocación. El encargo, que parece financiaba la familia Loredán, dataría de 1488, y se compone de pinturas apaisadas, cuyos temas fueron extraídos de la narración de Jacopo da Voragine. La complicada incidencia de la leyenda dio motivo a C. para hacer intervenir en cada una de las composiciones a numerosos personajes, y, excepto en El sueño de S. Úrsula, a donosas y perfectas vistas, perspectivas de parajes venecianos, siendo esta combinación de figuraciones humanas y urbanas el distintivo más característico y repleto de sugestiones de la obra del artista, quien procuró a toda costa ser convincente y realista. Los cuadros dichos, recortados en 1647 al ser rehecho el edificio, fueron trasladados, después de la clausura de la scuola en 1810, a la Acad. de Venecia.La segunda gran obra de C. se desarrolla de 1502 a 1507 (aparte su intervención en las decoraciones del Palacio Ducal) mediante el ciclo de la Scuola degli Schiavoni, edificio que en este caso sí ha retenido el conjunto. Este se compone de tres cuadros relativos a S. Jerónimo: S. Jerónimo en su celda, Milagro del león y Muerte de S. Jerónimo; dos cuyo protagonista es S. Jorge: su S. Jorge matando al dragón y Triunfo de S. Jorge, y dos cuadros más: Bautismo del rey y Milagro de S. Trifón, sin relación con los anteriores. Pues bien, esta serie de los Schiavoni nos presenta un C. totalmente magistral, más abundante en recursos de lo que mostrara en la leyenda de S. Úrsula. Sin duda, las pinturas referentes a dicha santa son, en principio y para una mirada superficial, más vistosas y seductoras, pero creemos que la verdadera madurez de C. reside en el ciclo que nos ocupa. Hay, p. ej., en el cuadro de la Muerte de S. Jerónimo un fondo rural, campesino, con palmeras, animales de labor, un pozo y unos orientales desentendidos de la escena principal y sólo pendientes de su conversación, que sorprende por su naturalismo, pues se diría que estamos contemplando un cuadro orientalista del s. XII. Otro notable cuadro del ciclo, el de S. jerónimo en su celda, es de una diáfana claridad que hace resaltar en toda su recogida pureza los muchos objetos representados, como el facistol con los libros, la estantería repleta de volúmenes y las esculturillas y demás menudencias de la repisa bajo la anterior, en un concepto casi barroco de la preeminencia del objeto. Y, en trueque, la larga, alargada tela de S. Jorge y el dragón, sin perjuicio de presentar con un realismo digno de Géricault (v.), los restos humanos de personas devoradas por el monstruo, se acompaña de un paisaje que es pura fantasía decorativa. Entre unos y otros aditamentos tan dispares, la brava apostura del acometedor jinete de Capadocia.Todavía, tras el ciclo de los Schiavoni, la actividad de C. se prolongará durante unos 15 años que se caracterizan, en lo mejor de esta producción, por su afán de describir, de cronizar, de no dejar nunca suelto ningún cabo iconográfico. Una bella obra es su Retrato de un caballero, ca. 1507 (Castagnola, Suiza, Castillo de Rohoncz), donde la apostura del joven y armado protagonista quizá atraiga menos la mirada que la fluidez y verdad de la naturaleza que le rodea, al fondo de un jinete enarbolando su lanza. Cuadro famoso es, en el Mus. Correr, de Venecia, el de Las dos cortesanas (ca. 1510); famoso e interesante, pero un tanto extraño de concepto en este especialista en grupos y multitudes.Si es indispensable mencionar un acierto, pero acierto en el que sobra gente, como es el Cristo muerto, del Mus. de Berlín (ca. 1510), el C. habitual, el que ya hemos empezado a conocer, resurgirá con los cuatro cuadros que compusieron la decoración de la Scuola degli Laneri, y que hoy están esparcidos entre la Pinacoteca Brera, de Milán (S. Esteban con los doctores), el Mus. del Louvre (Predicación de S. Esteban), el de Stuttgart (Lapidación de S. Esteban) y en el de Berlín (Consagración de los siete diáconos). este fue el primeramente realizado, en 1511, y los restantes datan de 1514. Siendo todos ellos homogéneos en su inclusión de muchedumbres y arquitecturas, resulta singularmente atractivo el fondo, con personajes al parecer turcos y construcciones muy sintéticas del cuadro custodiado en la Pinacoteca Brera, con ese patente naturalismo ya destacado en lo mejor del artista. Después de estas obras, se hace evidente la progresiva decadencia de C., cuyo estilo, demasiado cuatrocentista en el primer cuarto del s. XVl, tenía que pugnar con los nuevos conceptos de un Tiziano, p. ej. Y, sin embargo, C., artista personalísimo, con algo de lá meticulosidad gráfica de los pintores flamencos, había iniciado la valoración del escenario urbano de Venecia, descubrimiento que sería especialmente válido para su más plena indagación por Canaletto (v.), y demás colegas setecentistas.J. A. GAYA NUÑO.
BIBL.: G. Flocco, Vittore Carpaccio, Roma 1942; T. PIGNATTI, Vittore Carpaccio, Milán 1955; M. MURANO, Vittore Carpaccio alía Scuola degli Schiavoni, Milán 1956; T. PIGNATTI, Carpaccio, Ginebra 1958.
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