Caro, Miguel Antonio
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Biografía GER
Escritor y político colombiano, hijo de José Eusebio Caro (v.), n. en Bogotá el 10 nov. 1843, y m. en esta misma ciudad, el 5 ag. 1909. Como político, fue autor intelectual de la Constitución colombiana de 1886, aún vigente, y que realizó en compañía del poeta Rafael Núñez (1835-1894), después de culminar la revolución política que derrocó al partido liberal, e instauró la república conservadora que se perpetuaría durante 40 años. El Señor Caro, como suele distinguírsele, fue jefe del partido conservador y ocupó la presidencia de la República a finales del s. XII. Así como su personalidad política, recia, combativa y expresada admirablemente en sus dotes de orador, hace de él una figura muy controvertida en la historia del país (V. COLOMBIA III); su genio humanístico, sus aportaciones a la filosofía y su obra poética, le han hecho merecedor en el ámbito de las letras hispanoamericanas a un puesto de honor.Con R. J. Cuervo (v.) y M. F. Suárez (v.), conforma la trilogía por excelencia en los estudios de gramática castellana y latina, en línea de continuidad con los trabajos de Andrés Bello (v.). Sus aportaciones en esta materia se concretan fundamentalmente en la Gramática latina (1867) que escribió en colaboración con Cuervo; y en su Tratado del participio (1870), que ha pasado a ser una obra clásica de la gramática castellana.A pesar de no haber viajado, pues nunca salió fuera de su ciudad natal, hablaba varias lenguas antiguas y modernas; sin embargo, manifestaba una especial predilección por el latín. Su inspiración prefirió verterse en traducciones de los clásicos latinos, con desmedro de su propia obra lírica. Sus versiones de La Enéida, de las Églogas de Virgilio, y de las Odas de Horacio, han sido consideradas por críticos tan severos como Menéndez Pelayo, Juan Valera y J. Cejador y Frauca, como ejemplares en su género.BiBL.: M. A. CARO, Obras Completas, Bogotá 1956; J. ARANGO FERRER, Historia Extensa de Colombia XII, Bogotá 1966; C. HERNÁNDEZ DE MENDOZA, Miguel Antonio Caro, Bogotá 1943.**AUD. MEJÍA VELILLA.
**BIOCARO, RODRIGO
Poeta español; n. en Utrera en 1573 y m. en Sevilla el 10 ag. 1647. Pertenece a una escuela poética posherreriana aparecida en Sevilla a principios del s. XVII. Inmerso en una dorada medianía, será el representante de un tímido clasicismo libre de toda influencia barroca. Si queremos conocer las costumbres sevillanas de su tiempo no tenemos más remedio que acudir a este espíritu observador y metódico.
Vida y obra. Estudió Humanidades y Derecho en las Univ. de Sevilla y Osuna, donde se graduó de licenciado; más tarde se ordenó de sacerdote y ejerció su apostolado, a lo largo de 20 años, en su ciudad natal; trasladado a Sevilla, desempeñó los cargos de juez de testamentos, consultor del Santo Oficio y visitador del arzobispado. Alternó estas comisiones con el cultivo de la poesía y la historia local, y tuvo verdadera vocación por la arqueología, llegando a poseer una nutrida biblioteca y un interesante museo. Fue-amigo de reconocidos ingenios sevillanos, tales como F. Pacheco del Río, F. de Rioja y J. de Robles. Toda su fama se cimenta en una sola composición, Canción a las ruinas de Itálica, de la que se conservan cinco copias en dos versiones distintas. Se suele editar la quinta por ser poéticamente superior a las demás. Durante mucho tiempo se atribuyó esta canción a Rioja, pero la crítica ha reconocido la paternidad de C. al encontrarse dos textos de la misma en su propia obra. Fue muy celebrado como erudito local. Plasmó su saber en varios libros, Memorial de Utrera, Relación de las inscripciones, antigüedades y principado de la ilustrísima ciudad de Sevilla y Días geniales o lúdicos. Los dos últimos conservan aún cierto valor de época y son un documento fehaciente de amor por la patria chica. El prólogo de las Antigüedades es harto significativo, "intento en este tratado conservar en la corta memoria que merecieren y alcanzaren mis escritos lo que resta de las antigüedades de Sevilla y su tierra, antes que del todo desaparezcan y acaben a manos de este poderoso contrario, el tiempo, que cada día las va gastando y consumiendo". Dividida la obra en tres partes, C. sigue paso a paso, apoyado en numerosos documentos, el quehacer cotidiano de Sevilla desde la época romana hasta el s. XVI, su grandeza y decadencia comprobadas con,fuentes epigráficas y arqueológicas. Carente de un auténtico sentido crítico, nos sorprende en cambio su honradez histórica. Los Días tienen aún más interés si cabe; paso a paso, desfila por las jugosas páginas la alegre muchacha sevillana sorprendida en sus juegos, en sus costumbres folklóricas, en sus ferias y fiestas. Una tenue emoción embarga al poeta cuando recuerda su infancia, "yo me acuerdo que siendo de esta edad, edifiqué en un grande arenal de un camino, después de haber llovido, una ciudad con sus murallas y plazas, compartimientos de barrios, calles y casas, y quedé más ufano que Rómulo con su edificio". Las supersticiones y creencias populares están descritas con singular regusto y para no faltar a su condición de erudito, estudia los orígenes de toda costumbre cuyas raíces él suele, en la mayor parte de los casos, hundir en el pasado romano.La "Canción a las ruinas de Itálica". C. no fue un poeta fácil ni abundante. Su obra lírica, muy breve, adolece de cierta premiosidad, producto tal vez de continuos retoques y de un depurado gusto clásico. Sólo una de sus composiciones merece la pena del recuerdo, la justamente celebrada Canción a las ruinas de Itálica, producto de una lenta elaboración nacida en momentos de auténtica inspiración. Perfecta es su arquitectura, pero más hermosa aún es la doctrina expuesta por el poeta. El paso implacable del tiempo, el olvido del pasado y la soledad, la brevedad de la vida, fueron temas entrañablemente barrocos, pero la poesía y la forma de la Canción nada tienen que ver con él. C., al igual que los restantes compañeros de la escuela, se muestra continuador del mundo renacentista y ese tono sentencioso, marmóreo y atildado, recuerda más un contenido neoclasicismo que el consciente pesimismo violento y dinámico de los poetas barrocos. La delicada melancolía, casi saudadosa pero viril, está muy lejana del ensueño atormentado de otros poetas evocadores de ruinas. La temática enlaza más con otras composiciones dedicadas a Itálica, de Herrera y Rioja, que con el planteamiento retórico de los gongorinos y posteriormente de los románticos.La Canción, en forma renacentista, consta de seis estancias de 17 versos. Cada una de las estancias apunta un contenido concreto gradualmente desarrollado. Toda evocación de las grandezas pasadas sirve de contraste con la miseria aterradora de la soledad presente, "sólo quedan memorias funerales". Nace después el recuerdo, en mesurada ubi sunt, de gloriosas figuras y acuden a la mente del poeta las calles, los arcos medio derruidos y las estatuas reveladoras de un pasado esplendoroso.En logrado contrapunto, sutiles meditaciones van dejando en el ánimo del lector el poso de una contenida amargura. Nadie mejor que el mismo poeta ha evocado en prosa la doctrina esculpida en verso. Dejemos paso a sus propias palabras. "Aviendo yo leído en varios autores que ubiese estado en aquel sitio la famosa Itálica, me dio deseo de verla. Fuime un día con algunos amigos por la orilla de el río desde Sevilla, y llegado a este puesto, le miré y consideré atentamente; parecióme que a cualquiera persona de consideración y que alargue el pensamiento a las cosas de este mundo daría mucho en que entender, pues con la fuerza irreparable del tiempo verá en aquel lugar que las altas murallas yacen oy por tierra cubiertas de yervas y monte, que las anchas plazas y passeadas calles están sin habitadores, y que las casas que antes eran refugio de los hombres, aora de savandijas; parece que aquellos derribados edificios están llorando la larga ausencia de sus dueños, y amonestando a los que los miran con un mudo sentimiento, quan breve es la gloria de este mundo y quan flaca la mayor firmeza. Leen allí los ojos la destruición de aquella fuerte ciudad, y recelan los ojos del alma la de su propio cuerpo flaco y miserable."P. CORREA RODRÍGUEZ.
BIBL.: Obras de Rodrigo Caro, Sevilla 1883-84; R. CARO, La Canción a las ruinas de Itálica, ed. 1. 1. RIVAS, Bogotá 1947; M. MENÉNDEZ PELAxo, Noticia sobre la vida y escritos de Rodrigo Caro, en Estudios y discursos de crítica histórica y literaria, II, Madrid 1941, 161-196; A. FERNÁNDEZ GUERRA, La Canción a las ruinas de Itálica, "Rev. de Madrid" III (1882) 246-258, 302-308, 446-453, 548-552; M. MORALES, Rodrigo Caro. Bosquejo de una biografía intima, Sevilla 1947; A. DEL CAMPO, Problemas de la "Canción a Itálica", "Rev. de Filología Española" XLI (1957) 47-139.
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