Carducho, Familia
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Biografía GER
Artistas florentinos establecidos en España a fines del s. XVI, que ejercieron una importante influencia como artistas y teóricos en los primeros años del naturalismo barroco. El hermano mayor, Bartolomeo Carducci (Carducho, a la española) había nacido en Florencia seguramente hacia 1560, educándose con Ammannati y luego con Federico Zuccaro, con quien colabora en repetidas ocasiones en Roma y Florencia. Al ser llamado su maestro a El Escorial en 1685, le acompaña, con otros oficiaíes, Bartolomeo, que es el único de sus discípulos que continúa al servicio de Felipe II después de la despedida de sus compañeros y el relativo fracaso de su maestro. El 1598 obtiene el título de pintor del rey con sueldo, y en los años sucesivos trabaja para la corte y los conventos en El Escorial, Madrid y Valladolid. M. en Madrid el 13 nov. 1608. Artísticamente Bartolomeo C. es figura de consideración, cuya importancia e influencia son cada día más estimadas, al ser mejor conocido. Aunque formado en pleno manierismo zuccaresco, y aunque en El Escorial colaborase con Tibaldi, algo de cuya grandiosidad miguelangelesca pasa a ciertas de sus composiciones, en los lienzos de caballete da paso a un naturalismo creciente que hace de él una de las primeras figuras del pleno naturalismo barroco. Hubo además de ejercer influencia considerable no sólo con su obra propia, sino como importador y vendedor de pinturas italianas, pues hay noticias de esta actividad suya, recogida por sus biógrafos italianos. Artista de la misma generación que los toscanos Cigoli, Pasignano y Pagan¡, representa como ellos la crisis del manierismo tradicional y el paso a un naturalismo creciente, paralelo a veces al boloñés, y muy influido por el colorido y el sensualismo veneciano, que Bartolomeo demuestra conocer muy bien (Adoración de los Reyes, 1600, Alcázar de Segovia). En algún caso (Muerte de S. Francisco, 1593, Mus. de Lisboa) el naturalismo es tan claro y avanzado que puede hermanarse con el de 25 años más tarde. Es suya la serie de lienzos con la Vida de S. Lorenzo en el Claustro alto de El Escorial (1598) donde, como en el Descendimiento del Mus. del Prado (1595) muestra un hábil compromiso entre la composición aún tradicional y el realismo creciente en rostros y pormenores, tratados con pincelada veneciana y rico colorido.Su hermano Vicente, n. también en Florencia, en 1576, le acompañó en su venida a España cuando apenas contaba nueve años, sin moverse ya de ella y considerándose él mismo como madrileño. Discípulo de Bartolomeo, aprendió con él todos los recursos de la más exigente formación académica y su contacto con el medio cortesano le familiarizó con las pinturas atesoradas en el Alcázar, a la vez que completaba y facilitaba una educación de tipo humanístico nada frecuente entre pintores, y que hicieron de él el teórico español más importante de su época. Sucesor de su hermano en el puesto de pintor del rey, ejerció, junto a su colega y amigo Eugenio Caxés, una especie de dictadura artística en Castilla hasta la llegada de Velázquez a la Corte en 1623. Hombre muy fecundo y con un taller muy bien organizado, atiende incansablemente encargos de Palacio y de los conventos e iglesias de Madrid y toda Castilla a la vez que prepara su libro teórico Diálogos de la Pintura, publicado en 1633. M. en Madrid en 1638. Su estilo, derivado claramente del de su hermano, insiste en los aspectos naturalistas que aquél apuntaba, pero se sirve siempre de una composición equilibrada de estirpe florentina y de una cierta búsqueda de prototipos de significación clásica. Sin embargo, la pincelada y el color deben mucho a Venecia (Predicación de S. Juan Bautista, 1610, Madrid, Acad. de San Fernando) y el énfasis de sus figuras de santos, a la vez distantes y próximos en su naturalismo, hermanan con los florentinos contemporáneos y, en algún caso, con la pintura boloñesa (Visión de S. Antonio, 1631, Leningrado, Ermitage; Visión de S. Francisco, 1631, Mus. de Budapest). Con Eugenio Caxés compartió a veces encargos de importancia (Capilla del Sagrario, catedral de Toledo, 1616; Retablo de Guadalupe, 1618) tanto al fresco, cuya técnica dominaba por tradición escurialense, como en lienzos. Su obra más importante, la serie de 52 lienzos con historias de cartujos, pintada entre 1626 y 1632 para la Cartuja de El Paular, y hoy dispersa en diversos museos e instituciones provinciales, es uno de los conjuntos más interesantes de la pintura monástica española, rebosante de habilidad narrativa, algo declamatoria a veces, pero otras de rara intensidad emotiva y siempre con un tratamiento muy naturalista en los detalles. Tuvo abundantes discípulos y a su través ejerció considerable influencia en la pintura conventual madrileña de todo el barroco. Como escritor y teórico se ha señalado en él un cierto rezagamiento, pues los principios teóricos que defiende en sus Diálogos y su concepción de la pintura se basa en los postulados del idealismo manierista ya ampliamente superado en su tiempo. Sin embargo, en ciertos pasajes se transparenta su interés por la realidad y su sentido práctico de la pintura tal como aparece en lo mejor de su obra pintada.A. E. PÉREZ SÁNCHEZ.
BIBL.: Z. CUEVAS, Pintores italianos en S. Lorenzo el Real de. El Escorial, Madrid 1931; B. CUARTERo HUERTA, Relación descriptiva de los cincuenta y seis cuadros pintados por Vicencio Carduchi para el Claustro Grande de la Cartuja del Paular, "Bol. Real Academia de la Historia" (1950-51); E. LAFUENTE FERRARI, Breve historia de la pintura española, Madrid 1953.
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