Carbón. Economia. ECON.
Categoria:
Economía
La trascendencia histórica de la revolución industrial está íntimamente unida a la explotación masiva de los yacimientos de c. mineral, pues aunque el c. era ya conocido y utilizado por las antiguas civilizaciones, no es hasta mediados del s. XVIIl cuando se superan las dificultades técnicas para su extracción. Por otro lado, el proceso de industrialización que tuvo su origen en aquel acontecimiento fue el factor decisivo para convertir al c. en la primera fuente de energía durante los dos últimos siglos. El progreso industrial iniciado en Inglaterra hace cerca de 200 años, hubo de apoyarse en la explotación de sus yacimientos de c. como fuente de energía adecuada, abundante y relativamente barata. Las limitaciones para una extracción masiva de c., en cantidad suficiente para abastecer la creciente demanda, fueron superadas con el empleo, entre otras mejoras técnicas, de la máquina de vapor de James Watt y de la lámpara de grisú de Davy.El c. representó, al igual que en Gran Bretaña, el pilar básico del fuerte crecimiento económico de varios países de Europa occidental. La trascendencia del c. en la economía quedó demostrada históricamente en la pérdida de la primacía británica y europea, en especial de la primera, en favor de los EE.UU.., país que basó en gran parte su desarrollo, en la explotación de sus enormes reservas de c. Posteriormente, la Unión Soviética se ha convertido en una primera potencia, en base a la industrialización de sus grandes recursos naturales, en los que el c. juega un papel de primer orden. En fecha más reciente otro país socialista, China continental, está experimentando una gran transformación económica de signo claramente positivo, y al igual que las naciones anteriormente citadas utiliza los yacimientos carboníferos (en particular lignito) para su electrificación e industrialización.El c. tiene para ciertos fines algunas desventajas económicas en relación con otras fuentes de energía que la investigación científica ha ido descubriendo y ampliando en su utilización. De ahí que el c., si bien ha mantenido una línea de crecimiento a lo largo del tiempo, va cediendo paulatinamente su relevante papel de impulsor del desarrollo industrial y económico, siendo superado ya hoy, a escala mundial, por el petróleo como principal fuente de energía. Sin embargo, en muchos países que no cuentan con yacimientos petrolíferos y, por el contrario, tienen reservas de c., la sustitución de éste es lenta debido a que los gobiernos practican una política proteccionista.La producción mundial de c. rebasó en 1966 los 2.800 millones de t., de los cuales 2.076 correspondieron a hulla y antracita y el resto a lignito; el crecimiento anual medio en el periodo 1957-66 ha sido de un 18%, cifra muy inferior al registrado por todas las fuentes de energía, que ha sido del 53%. Los Estados Unidos (zonas de los Apalaches, interior oriental y montañas Rocosas) son los principales productores de hulla y antracita, con cerca de 500 millones de t. (23% del total mundial). Las últimas cifras conocidas de la producción de China continental (Manchuria y zona occidental) son, según la ONU, las de 1960, que la sitúa en 420 millones de t., incluyendo la de lignito; es muy probable que China esté a la cabeza de los productores de c. si ha mantenido el ritmo de crecimiento que experimentó en el periodo 1948-60, que fue superior a un 1.200%. La producción de hulla y antracita de la Unión Soviética (Tula, Donbass, Karaganda y Kuznetsk) también se ha elevado considerablemente, pasando de 150 millones en 1948 a 439 millones en 1966, lo que representa un 21% de la producción mundial. El Reino Unido y la República Federal Alemana arrojan, junto con EE.UU.., una producción inferior a la de los años anteriores a la II Guerra mundial. En efecto, la producción del primero (regiones de Midland, tierras bajas de Escocia, Northumberland-Durham, Gales del Sur, entre otras) fue en 1966 de 177 millones de t., frente a los 212 obtenidos en 1948. La de Alemania Federal (cuencas de Westfalia y del Sarre) descendió en 1966 a 126 millones de t., frente a los 140/150 millones anuales obtenidos como media en la década anterior. En cuanto al lignito, los principales países productores son la República Democrática Alemana, con 249 millones de t.; Unión Soviética, con 146 millones; Alemania Federal, 100 millones; y Checoslovaquia, 74 millones de t. Respecto al Mercado Común, su servicio estadístico señala, referidas a 1969, las siguientes cifras: 176.400.000 t. de c., lo que representa un descenso del 2,5% respecto a la producción de 1968, que fue de 181.000.000 de t.La producción de c. en España (región Astur-leonesa) muestra una línea de estancamiento en torno a los 13/15 millones de toneladas, como consecuencia del periodo de crisis que está atravesando al no contar con yacimientos de mucha riqueza ni emplear en las explotaciones una técnica muy moderna. Sin embargo, el mayor consumo de este tipo de combustible, derivado del establecimiento de centrales térmicas, hace prever una modificación de la situación actual. Así lo ha entendido el Gobierno español, que mediante la acción concertada trata de estimular la producción de c. a través de la modernización y reorganización del sector. El 11 Plan de Desarrollo ha establecido como objetivo a alcanzar en 1971 en la producción de este combustible una cifra superior a los 17 millones de t. Los países iberoamericanos son fuertemente deficitarios de c. Sólo tienen cierta importancia las producciones de Brasil, Colombia, México y Chile, que en conjunto representan más del 90% de la producción total de Iberoamérica.Las reservas mundiales de c. se estiman en 5.000 millones de t., lo que unido a las mejoras técnicas introducidas en la explotación de los yacimientos y a la gradual sustitución del c. por otros combustibles, asegura por mucho tiempo su abastecimiento.El consumo de c. es muy semejante a la producción, localizándose en las zonas industrializadas. De los 2.296 millones de t. equivalentes de c. demandadas en 1966 en el mundo, las grandes regiones consumidoras de combustibles sólidos fueron los países socialistas, con un total de 1.080 millones de t. equivalentes de c., que representan un 47% del consumo mundial. Europa occidental, con 486 millones de t. equivalentes (21,1% del total), es otro importante consumidor, así como América del Norte, que absorbió 471 millones (20,5%) y Extremo Oriente, con 154 millones (6,7% del total mundial).La demanda total de c. en España supera actualmente a la producción, por lo que es preciso realizar importaciones del orden de 1.300-2.200.000 t. que continuarán en el futuro, pues aun cumpliéndose las previsiones del 11 Plan, el consumo de c. en 1971 superará en 1.500.000 toneladas aproximadamente la producción programada para ese año. Consecuencia de la escasa producción de c., el consumo de este producto en Iberoamérica arroja cifras de escasa cuantía a escala mundial y es una de las zonas clásicas donde se utilizan otras fuentes de energía en sustitución de dicho producto.La generalización del consumo del c. en todos los países del mundo y la desigual distribución de los yacimientos carboníferos produce un comercio internacional relativamente activo. En 1966 el comercio mundial supuso menos del 10% de la producción, con una cifra total superior a los 160 millones de t. La formación de los grandes mercados de c. requiere una serie de condiciones, entre las que destacan: existencia de un excedente exportable; ser de ciertas variedades (antracita o carbones bituminosos) o bien calidades de hulla especialmente comerciales; y baja incidencia del coste de transporte, que es el factor que condiciona más decisivamente la exportación de carbones.En cuanto a la industrialización del c., cabe señalar que sus distintas variedades se utilizan fundamentalmente como combustible, para la industria y minería, ferrocarriles, usos domésticos y para la obtención de electricidad. Transformado en coque, materia prima de la industria siderúrgica, el c. sirve para obtener gas de ciudad, cuyos empleos son también muy diversos. Las materias volátiles que resultan de su utilización se aprovechan además para obtener alquitranes, amoniaco, petróleo artificial y fertilizantes nitrogenados, entre otros productos. A pesar de que el c. está siendo desplazado paulatinamente por otros productos en su utilización para determinados fines, no se ha encontrado, sin embargo: sustituto para el coque, que es elemento indispensable en la fundición del mineral de hierro.V. t.: COMBUSTIBLES II.R. MARTÍNEZ CORTIÑA.
BIBL.: C. F. JONES y G. G. DARKENWALD, Geografía económica, México 1962; NACIONES UNIDAS, Statistical Yearbook, 1967, Nueva York 1968; fD, Estudio económico sobre los productos básicos, 1967, Nueva York 1968; J. L. SAMPEDRO y R. MARTÍNEZ CORTIÑA,, Estructura económica. Teoría básica y Estructura mundial, Barcelona 1969.
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