Canto MÚSICA
Categoria:
Música
I. ESTUDIO GENERAL. Introducción. Esta palabra, considerada musicalmente, presenta varias acepciones cuya cifra es mayor aún cuando a tal vocablo se adiciona un adjetivo calificativo o alguna breve expresión complementaria. Claro que, para todos, "canto" significa una melodía vocal y monódica, la cual tiene vida propia, lo mismo si no incorpora ningún acompañamiento, como sucede casi siempre en la melodía popular, que si asocia un acompañamiento o también un conjunto sonoro cantado, como lo muestran las canciones corales. J. J. Rousseau, en su Dictionnaire de Musique, definió el c. así: "Una especie de modificación de la voz humana, por la cual se forman sonidos variados y apreciables", extendiéndose luego en amplias consideraciones. Según él, es el c. una imitación apacible de la voz parlante o apasionada. Aunque las personas gritan o se lamentan, sin cantar, es lo positivo que, mediante el c., se imitan gritos y quejas. Por su parte, el preceptista José Col] y Vehí dijo un siglo más tarde: "En el canto es mucho mayor la unidad que en el habla; pero también es infinitamente mayor la variedad. Por esta sola razón, prescindiendo de otras muchas, el canto supera en hermosura a la palabra más artificiosamente declarada".Historia. Remóntase a los primeros hombres la antigüedad del c. y tuvo las manifestaciones más heterogéneas en el transcurso de los siglos. Actualmente viene ofreciendo múltiples variedades, sobre lo cual influyen las zonas geográficas por una parte y las razones étnicas por otra. Precisamente el estudio analítico y sistemático de esas peculiares manifestaciones constituye una ciencia moderna que apasiona a sus investigadores y que se denomina etnomusicología o folklore musical (v. ETNOLOGÍA II; FOLKLORE III).A falta de testimonios audibles, los hay visibles sobre el c. en la Antigüedad con referencia a países de elevada cultura, merced a supervivientes producciones escultóricas cuyo valor expresivo es innegable. La veneración, a sus dioses y la adulación a sus monarcas inspiraron grandes conjuntos corales, perfectamente disciplinados desde el punto de vista musical, cuando brillaban por su grandeza y poderío Babilonia, Nínive y Tebas. También ofrecen manifestaciones corales algunos relieves en sepulcros del antiguo Egipto. Asimismo, a falta de textos musicales (salvo algunas escasísimas excepciones), nos podemos formar una idea del c. en la vida social de Grecia y de Roma en la Edad Antigua. Los agones, o certámenes periódicos desde la época de Homero, alcanzaron una importancia radiante. Atenas, donde sabemos que existían escuelas de canto y declamación, contribuyó a tanto esplendor enviando coros de niños y de jóvenes. Se crearon "canciones de marcha" para ir a Delos. El culto dionisiaco alcanzó allí suma importancia. Evolucionó el ditirambo merced a los concursos iniciados en el 508 a. C. La tragedia también alcanzó renombre imperecedero, alternando la simple declamación con las piezas cantadas. Cuando triunfó la lírica en la escuela de Lesbos, aquí merced a Píndaro, alcanzó gran altura como había logrado la tragedia con Sófocles. Heredó luego Roma grandes tradiciones helénicas en varios aspectos culturales, sin que ahora la música obtuviese tan alto nivel, por lo que sin duda careció de personalidad; pero el c. mereció suma consideración (c. anacreónticos, p. ej.), y el mismo Nerón llegó a competir con los más hábiles cantores de su país. Si bien la comedia romana eliminó el coro, a diferencia de lo sucedido en Grecia, la intervención coral pareció muy útil para exornar las representaciones.En la Edad Media, el c. monódico adquirió gran difusión merced a intérpretes que incluso eran acogidos en otras naciones por encumbrados magnates. Francia, país en el que aparecieron escuelas de c. a partir del S. VIII, se distinguió bajo tal aspecto. Luego, al lado de la canción popular, prosperan las canciones que en Provenza crearon los trovadores y cuyo ejemplo habrían de seguir en la Francia septentrional los "troveros"; en tanto que por la Alemania caballeresca brillaron los Minnesinger o "cantores de amor", y en la Alemania gremial resplandecerían los Meistersinger o "maestros cantores", cuya existencia se prolongó larguísimo tiempo.En España, de la calidad de cuyos cantores en la época romana queda constancia cierta, el c. adquirió gran importancia y consideración entre los visigodos y más aún entre los árabes. Los reyes moros protegían las escuelas de c. que los cristianos creaban en sus territorios y dieron un gran impulso a las propias. Los árabes españoles fueron considerados los más perfectos en el arte del c. Entre todos ellos destacó ’Al¡ B. Ziryáb, de voz privilegiada, perfecto conocedor además de la teoría del c. y el mecanismo del órgano vocal, que gozó de dignidades bajo el reinado de Abderramán III y creó en Sevilla una escuela de c. (v. II).La voz humana. Mientras la música instrumental emplea gran variedad de utensilios sonoros, la música vocal dispone tan sólo de un recurso para darle vida, que es la voz humana. A su vez, ésta comprende varias divisiones de acuerdo con la altura, la profundidad, y la extensión de las regiones sonoraS. Vastísimo es el ámbito sonoro de la música instrumental; pero el de la voz (v.) humana es mucho más restringido, siendo la región central de aquel ámbito la única propia para el c. El c. unisonal, o para una sola voz, va casi siempre acompañado instrumentalmente, pudiendo correr ese apoyo a cargo de un solo instrumento (piano, órgano, arpa, guitarra, etc.) o de un conjunto más o menos amplio (desde el dúo instrumental hasta la gran orquesta), y no siendo insólito que sobresalga en tal conjunto un determinado instrumento (violín, violonchelo, flauta, etc.) y a éste se le denomina "instrumento obligado".Clases. Enumeremos ahora varias expresiones lexicográficas donde la palabra c. va seguida de otra o de otras complementarias, y muy especialmente de adjetivos. C. aleluyático es aquel integrado por un aleluya, un versículo de la Sagrada Escritura y otro aleluya más. C. coral es el constituido por una asociación de voces destinadas a un coro o a un conjunto de voces solas, como lo muestran las corporaciones orfeonísticas; y también recibe igual nombre el simple c. eclesiástico si se lo entona homofónicamente, es decir, al unísono, por un grupo de cantores. C. dado es una melodía o un bajete que se armoniza al practicar ejercicios de armonía; y asimismo se llaman de este modo las melodías sobre las cuales habrán de formarse ciertos artificios, tales como fugas y cánones en la práctica del contrapunto. Se designan con el nombre de c. del cisne las producciones póstumas de música y de poetas, haciéndose referencia con ello a cierta fábula según la cual los cisnes, estando a punto de morir, entonaban sus cantos más encantadores. C. de órgano es una expresión arcaica, con la cual se había designado siglos atrás la música polifónica y ceñida a compás, en oposición al tradicional c. gregoriano, que era monódico e isócrono, siendo, por tanto, sinónima de c. figurado y cayó en desuso al correr el s. XVIII. C. eclesiástico equivale a c. litúrgico, o sea, el propio de la Iglesia (v. III). El c. elegíaco se distingue por su ternura o su melancolía. El c. en contrapunto fue una denominación aplicada a obras donde se prodigaban las imitaciones y otros adornos. C. firme o c. f ermo es sinónimo de c. figurado. C. gregoriano es el instituido por la Iglesia romana, de un modo oficial, para entonar en las solemnidades litúrgicas, y con tal nombre se honró la memoria del pontífice S. Gregorio Magno (v. GREGORIANA, MÚSICA). El c. litúrgico afecta al culto divino, y desde los s. tv y siguientes presentó cuatro dialectos, a saber: c. ambrosiano (v. AMBROSIANA, MÚSICA) y gregoriano en Italia; c. galicano (v.) en Francia y c. mozárabe en suelo español (v. III). El c. polifónico, a diferencia del c. homófono, combinaba diversas voces cantantes. En el antiguo c. responsorial de la Iglesia alternaban un solista y los fieles, mientras que en las antífonas intervenían alternativamente dos coros. El c. popular ofrece muchos aspectos; recordaremos en rápida enumeración las canciones de cuna, de ronda, de siega, de trilla, de aguinaldos de Navidad, de Reyes, de procesiones y de romerías, etc. (v. CANCIÓN II); todo ello sin contar los c. asociados a ciertas danzas folklóricas, de lo cual en España son buenos ejemplos la jota aragonesa, la sardana de Cataluña y el zorcico vasco. Por otra parte, la canción (v.) considerada literariamente, es una poesía integrada por varias estrofas que suele adicionar un estribillo, y, considerada musicalmente, es una composición que repite la misma melodía en las sucesivas estrofas literarias. También asociaron letra y música los "cantares"; tienen gran variedad y ocupan un relevante papel histórico los "cantares de gesta". Denomináronse Cancioneros desde siglos atrás, grandes recopilaciones de poesía, eruditas por lo general donde prevalecieron los temas amorosos; y algunos de ellos adosaron las correspondientes músicas, a veces de alto valor artístico, como el Cancionero de Medinaceli, de época algo posterior, cuya notación arcaica ha sido transcrita a caligrafía moderna, a lo cual han contribuido Pedrell, Aroca, Anglés y Querol, entre otros (v. CANCIONERO). La publicación de estos tesoros artísticos mostrará a las futuras generaciones lo que las pasadas hicieron con elevado sentido musical.V. t.: Voz (Música);CANCIÓN.JOSÉ SUBIRÁ.
BIBL.: V. II.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.