Camitas I HIST.
Categoria:
Historia
HISTORIA. Pueblo de piel oscura que vive sobre todo en África donde ha logrado crear a lo largo de la historia culturas tan importantes como la antigua egipcia (v. EGIPTO III, Iv). Aunque aún no se haya probado suficientemente, la cuna de los pueblos c. parece estar en el sudeste de Asia, sur de Arabia o territorios al O del golfo Pérsico. Desde allí, a consecuencia de la presión de tribus procedentes del Norte, debieron emprender la marcha hacia poniente llegando a las regiones del nordeste y este de África, desde donde se esparcieron siguiendo rutas distintas por diversos territorios africanos. Las emigraciones más primitivas, las dé los llamados protocamitas, empezaron probablemente durante el Paleolítico superior; de su mezcla con los sudaneses, en época posterior, se originaron las tribus bantú (v. BANTúIDAS) en una región situada hacia el NE del distrito de los Grandes Lagos. Estas primitivas emigraciones protocamitas se extendieron por la mitad meridional de África, a lo largo de una linea ideal de unión de las costas del golfo de Guinea con el mar Rojo. Su cultura era muy rudimentaria, con una agricultura incipiente y algunos animales domésticos.Las oleadas posteriores de c. salieron de los mismos territorios asiáticos ya señalados y pasaron al continente africano, seguramente a través del istmo de Suez. Luego se extendieron a todo lo largo de la costa mediterránea y, probablemente, saltaron hasta las islas y penínsulas del sur de Europa para formar la base de su primitiva población prehistórica. En África, étnicamente, los c. no se mantuvieron puros sino que se mezclaron con los anteriores pueblos negros, dando origen a muchas de las tribus que habitaban en el Nordeste africano. Una de susramas, que se dirigiría hacia el S, se cruzaría con los bosquimanos que allí habitaban para formar el pueblo hotentote (v. KHoÍSÁNIDAs). Su establecimiento dio origen a dos culturas importantes: en el norte de África, la capsiense (v.), la misma que en el Paleolítico (v.) superior hallamos en la parte oriental de España; y en el Sahara, que entonces no era un desierto, sino una región con abundantes corrientes de agua, una cultura cuya mejor muestra es un arte rupestre, que se extiende desde el Paleolítico superior al Neolítico. Fue en el Neolítico cuando, a consecuencia de la desecación del Sahara, esta última cultura comenzó a extenderse hacia Oriente, a lo largo de los territorios del norte de África, para originar junto a otras aportaciones la civilización del Egipto predinástico. De acuerdo con sus migraciones, se ha dividido a los c. en dos grandes grupos: orientales y septentrionales, separados por el desierto de Libia. Los c. orientales ocuparon todo el territorio comprendido desde el Valle del Nilo al Cuerno de África (en Etiopía) y hasta la región de los Lagos. Ellos formaron la base de los antiguos egipcios, junto con otros elementos raciales. Entre Abisinia y el mar se situaron los que luego serían llamados somalíes y gallas, pueblos sometidos constantemente al influjo abisinio. Los gallas, al mezclarse con negros sudaneses nilóticos dieron origen a los masais, pueblos de pastores con grandes rebaños y una formidable organización militar, gracias a la cual lograron dominar fácilmente a sus vecinos negros que se dedicaban a la agricultura. Los c. son el origen también de la nación de Abisinia (v. ETIOPfA v), aunque sobre este primitivo grupo étnico a lo largo de los siglos fueron asentándose numerosos semitas y árabes.
Los c. septentrionales, llamados también libios (v. LIBIA II), se extendieron, al parecer, desde las Canarias y costas atlánticas, hasta Egipto, a todo lo largo del Mediterráneo. Los beréberes (v.) pertenecen a este grupo: montañeses austeros y de instintos bélicos e independientes, han soportado difícilmente primero la colonización romana, luego la árabe y, por último, el colonialismo europeo antes de integrarse en las nuevas naciones del norte de África. Los tibu son también de este mismo grupo racial y se establecieron en las montañas Tibesti, desde donde en su momento de esplendor ocuparon algunos oasis del Sahara: sus mujeres, muy bellas y cantadas por los poetas árabes en distintas épocas, fueron presa preferida de los mercaderes de esclavos que las vendían en los mercados del Fezan. Los fulalls (fulbe o fulani), hoy esparcidos entre los negros sudaneses, fueron en su origen un pueblo nómada dedicado a la ganadería; pero, a mediados del s. xvIII, al abrazar el islamismo, fundaron Estados independientes e iniciaron un periodo de conquistas. Hacia 1802 habían logrado crear una nación poderosa que se extendía entre el Bomuy y el Níger, en lo que hoy es el Sudán (v.). V. t.: BERÉBERES; BANTUIDAS; EGIPTO III, IV; CAM.A. LAZO DÍAZ.
BIBL.: Las Razas Humanas, ed. INSTITUTO GALLACH, Barcelona 1967; G. SERGI, The Mediterranean Race, Londres 1901; A. BERTmLO, L’Afrique saharienne et soudanaise ce qu’ont connu les anciens, París 1927; H. A. BERNATZIK, GariGari, Viena 1930.
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